Desde que salí de Santiago, hace ya unos cuantos días, he cruzado casi todos los ríos de la vertiente atlántica de la península Ibérica. Cruce el Miño en Orense, el Duero en Zamora, el tajo en Cáceres y ahora el Guadiana en Mérida. Decir Guadiana es como decir río dos veces en dos lenguas diferentes, el árabe y el celtíbero, asi que este cuenta por dos. Ahora sólo falta cruzar el Guadalquivir en Sevilla y podremos decir que he cruzado la península de Norte a Sur con Babieca. No es que sea algo como para ponerlo en el curriculum pero a mi me parece la leche.
Estos días ha llegado la lluvia para hacer que los caminos estén impracticables y los días son más grises pero es lo que toca. Los campos toman otro aspecto trás las lluvias. Los campesinos están revendimiando por Badajoz y ya empiezan a recoger las primeras aceitunas. Ahora son unas aceitunas grandes que supongo que son destinadas a consumo maceradas y no para aceite. Me iré enterando.
Estamos hoy en Zafra, al Sur de la provincia de Badajoz. Si el tiempo lo permite, mañana dejaremos la comunidad extremeña. La verdad es que me quedo con un sentimiento ambiguo acerca de esta región. Me parece que las ciudades principales tienen una riqueza monumental impresionante y que los paisajes son espectaculares pero es todo tan extenso,
tan fuera de escala (como dirían varios de mis lectores) que te supera. Te sientes pequeñito y como si estuvieras en los pasillos esos de las películas por los que la gente corre y corre pero no llegan nunca al final, incluso parece que retrocedes en ocasiones. Dicen que Castilla es ancha pero Extremadura es, ancha no,… lo siguiente.
Luego está el tema cultural. Hay veces que no entiendo a esta gente y ellos no me entienden a mí. La forma de vida aquí es completamente diferente a lo que podemos estar acostumbrados en otros lugares. Atentos a la foto que me encontré en el bar de un pueblo
estremeño. No se ve muy bien pero el muchacho de la foto no puede tener más de 13 o 14 años y ya lo califican como un poeta del toreo. Pretencioso y peculiar cuando menos.
A la izquierda de la foto (fuera del encuadre), dos guardias civiles se tomaban unas cañas con la pistola reglamentaria en su cinturón. En ciertos sitios si haces esto y no vas disfrazado de verde te pueden acusar de estar loco pero como estos señores están ahí para protejernos pues nada, podemos estar tranquilos.
Por desgracia pasé por Mérida en lunes y el Museo Romano, y alguna cosa más, estaban cerrados. Ya lo he visitado en el pasado y habrá ocasión de volver porque la visita merece la pena. Emerita Augusta fue fundada en tiempos del emperador Augusto para acoger a los veteranos (eméritos) de las guerras con los bárbaros del Norte. En época romana llego a tener 50.000 habitantes. Supongo que el profesor de latín querrá apostillar con algún comentario que enriquezca este modesto espacio. Si es usted tan amable…
Para acabar unas fotos más.
Una de Babieca en cáceres.
Otra del acueducto de Mérida.

Otra de una calle típica de Zafra.

Y otra del albergue dónde me quedo esta noche. Era un antiguo convento, está muy bien arreglado por dentro y es un sitio maravilloso. Cuantos hoteles quisiera poder competir con este edificio.

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Nadie dibuja corazones de amor en la corteza de los alcornoques. Sería realmente extraño que alguien quisiera grabar una promesa de amor eterno en la corteza de un árbol que será pelado cada nueve o diez años. Esto significaría una promesa de amor por esos años y, claro, cuando realmente estamos enamorados queremos firmarlo con sangre, con fuego, de una manera indeleble. Digo yo si no sería más razonable dibujar un corazón en la corteza de un alcornoque y regresar en diez años para renovar los votos. Probablemente esto tenga más sentido que volver a buscar el árbol dónde pusimos nuestro corazón con la flecha de marras y rasparlo por completo porque el amor se ha acabado. Otro pensamiento al aire para que cada uno vaya opinando.
Ayer salí de Salamanca tarde. Hacía mucho frío por la mañana, y no es aconsejable madrugar dadas las circunstancias. Aún así el día fue luego muy bueno y pasé el puerto de Bejar para llegar a la provincia de Cáceres. Me quedé a dormir en Aldeanueva del Camino y compartí albergue con un peregrino de Huelva que también va al revés. Paco (que así se llama aunque a él le gusta que le llamen pacomer) está de vuelta hacia su casa en Hueva después de un intento fallido de hacer el camino Francés. Alega que hay mucha gente y que estos peregrinos están todos locos. Creo que no le falta cierta razón. Al final, dejó el camino en Logroño y se fue en bus hasta Zamora para tomar la Vía de la Plata rumbo al Sur.
Es impresionante el cambio que se produce cuando pasas el puerto entre Castilla y Extremadura. El paisaje es diferente, los pueblos son distintos y las gentes hablan de otro modo. De nuevo me cuesta entender a la gente cuando habla cómo me pasaba en Galicia. La parte buena es que el clima es mucho mejor y he dejado atrás el frío de Castilla.
Pedalear luego ha sido todo un logro pero aún así merece la pena.
No parece que esté claro pero el muñeco marca las horas en la plaza mayor de Plasencia desde hace mucho tiempo.
Hay moscas por todas partes. Estoy sólo en la casa tengo Internet en sábado (cosa que venía siendo poco habitual) y Babieca duerme en garaje. Con todo esto y una buena ducha que ya me he pegado me parece más que suficiente pero el sitio no tiene desperdicio (bueno tiene muchos y por muchos lugares).