El martes salimos de Vientiane rumbo al sur con el visado de Myanmar en el pasaporte (el día siete de octubre me voy para allá unos días y luego a Malasia). Salimos un poco tarde ya que estaba lloviendo y teníamos la esperanza de que aclarara pronto, cosa que no sólo no hizo, sino que cada vez llovía más. Ante este panorama, nos paramos al lado de un bus que hace la ruta al sur y le preguntamos si nos llevaría a Katanka y a mí hasta Thakhek, y como no hubo ningún inconveniente, continuamos el viaje al sur cómodamente sentado yo y Katanka incómodamente acoplada en la escalera de la parte de atrás del autobús. Thakhek está unos trescientos kilómetros al sur de Vientiane y es el punto de partida del “Thachek loop” que no es otra cosa que una ruta circular en carretera de unos cuatrocientos kilómetros que se adentra en las montañas del sur de Laos hacia el este hasta cerca de la frontera con Vietnam. Por supuesto, decidimos hacer este circuito del que todo el mundo nos hablaba maravillas.
El miércoles salió un día
estupendo y comenzamos
la ruta pronto, muy pronto por la mañana. El recorrido es espectacular, al principio vas por una carretera llana que se dirige directamente hacia una pared de rocas cársticas que permanecen en pie tras la erosión que se ha llevado todo lo que antes era suelo a su alrededor. Son paredes verticales de roca cubierta de vegetación, formando jardines verticales naturales.
No se suben las rocas, la carretera discurre entre ellas formando un recorrido realmente sobrecogedor. Luego la carretera asciende lentamente entre arrozales, con rocas siempre a la vista y siguiendo un valle hasta un pantano no muy
grande y desde allí se sube un puerto corto pero bastante empinado hasta una planicie que está completamente plagada de pantanos que se unen unos con otros formando formas extrañas y conformando paisajes completamente surrealistas. El origen de este paisaje parece estar en un dique que han construido y que hace que el agua permanezca embalsada muy por encima del nivel de los ríos. Se ven muchos árboles que se han muerto a raíz de la inundación del terreno y esto ha creado cierta polémica como suele ocurrir en estos casos. Hay que reconocer que el paisaje es espectacular y un poco místico.
Después de los pantanos viene una pequeña bajada y a subir de nuevo un puerto no muy largo. En este punto llevábamos ya más de cien kilómetros y ahí el asfalto desaparece y tuvimos que continuar unos treinta kilómetros por una pista que estaba muy embarrada por algunas zonas
debido a la lluvia del día anterior. Por suerte no llovió mientras cruzábamos esta zona ya que dudo mucho que hubiéramos podido pasarlo con lluvia. Nos pusimos de barro hasta arriba pero salvamos el tramo sin
mayor problema para llegar a un valle lleno de cultivos y con irrigación desde donde fuimos hasta Laksao que fue la primera parada. Habíamos recorrido más de ciento cincuenta kilómetros y era ya hora de ducha, cena y descanso.
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Desde Chiang Rai a la frontera con Laos en Huay Xay hay 110kms bastante llanos. El trayecto lo cumplimos sin mayores incidencias, una lluvia suave nos acompañó una parte del camino y luego un día nublado que mantuvo las temperaturas suaves. El trámite de la frontera, al ser ya conocido, lo cumplimos de forma sencilla y de ahí nos fuimos a la misma casa de huéspedes que ya había seleccionado hace unos meses. Es una curiosa sensación la de alojarte de nuevo en el mismo sitio en el que has estado antes. No sé si decir que es agradable o simplemente más sencillo, y con esto se pierde un poco de chispa y sensación de descubrimiento. Con esto en mente decidí cambiar la ruta y llegar a Luang Prabang en el barco que baja por el Mekong.
de camino en un pequeño pueblo que no es muy grande y que se ha convertido en un centro de casas de huéspedes y restaurantes enfocados a recibir cada día a los barcos que van en una y otra dirección en el río, y que hacen siempre su parada aquí. Los paisajes desde el barco son hermosos, aunque no tienen nada que envidiar los que se pueden ver desde cualquier carretera de la zona que invariablemente circulan por montañas arriba y abajo. En el barco coincidí con un montón de jóvenes rubios que el primer día nos dieron el viaje con un altavoz conectado a cualquier dispositivo que emitía lo que ellos llaman música y yo no definiría exactamente así. Por supuesto, tenían que competir por conocer y pinchar la música más rara y “cool” del momento. Ese primer día se bebieron prácticamente todas las existencias de cerveza del barco, más unas cuantas botellas de ron tailandés y varias más de la bebida espirituosa típica de Laos. El segundo día ni respiraron e incluso alguno estuvo leyendo y hasta escribiendo una especie de cuaderno de bitácora. Pensé en pedirles notas para este blog aunque pronto cambié de idea. El segundo día pudimos escuchar el río mientras navegábamos a una velocidad exasperantemente lenta.
Interesante ver los pequeños poblados en los que parábamos para dejar a algún habitante de esa localidad o recoger a otros. Los niños se acercaban al barco, al principio con timidez y luego más divertidos. Hubo algún turista que les arrojó unos caramelos desde el barco que los niños recogen, pelan, y tiran el envoltorio al suelo rápidamente. Si hubiera podido le hubiera dado un coscorrón al “solidario” viajero.
una noche y madrugué mucho para ver la procesión de los monjes pidiendo comida por la ciudad y salir con Katanka hacia la montaña. El plan era llegar a Phonesavan a 262kms en dos días y para eso hay que aprovechar el tiempo. El primer día pasamos de 400 metros sobre el nivel del mar a 1.400 y tuvimos que ascender varios puertos. El día fue muy cansado y muy espectacular. Un recorrido impresionante por una carretera que discurre en medio de un mar de montañas, da igual hacia dónde mires o lo lejos que se pueda ver en cada momento, siempre hay montañas verdes con laderas imposibles a tu alrededor. Llegamos a las cinco de la tarde pasadas a Phou Khoun que es el punto intermedio entre Luang Prabang y Phonesavan. A las seis o así empezó a llover y ya no hizo otra cosa hasta que nos fuimos de allí a las siete de
la mañana. Con este panorama, el estado de las carreteras y los consejos que nos dieron algunos locales, decimos bajar de las montañas hacia Vangvieng que está a 300 metros sobre el nivel del mar y seguro el clima iba a ser mucho más favorable. Empezamos el trayecto por una carretera en muy mal estado (esta es la principal no la que tenía pensado tomar) y pronto habíamos descendido suficiente para que la lluvia se fuera disipando e incluso pasamos a tener un día soleado en el valle.
furgoneta de transporte de pasajeros y nos fuimos a Vientiane el mismo día. Llegamos tarde a Vientiane, ya de noche y al llegar vi que se había perdido la tuerca que fija el eje de la rueda delantera de Katanka. Tuve que recorrer medio Vientiane en un moto taxi hasta que encontramos lo que nos hacía falta en una tienda que seguía abierta a las ocho de la noche en el barrio chino. Reparar, montar, volver a cargar el equipaje y
una forma tan rápida. Eran las nueve de la noche cuando llegué al hotel sin cenar y después de quince horas en ruta, 100 kms en bici y cuatro horas más en la furgoneta, pero todo había salido perfecto y ahora nos podemos dirigir hacia la zona de Laos que no recorrimos en la anterior visita.
Hoy, aparte de escribir estas líneas, no voy a hacer nada. Toda mi ropa salvo lo que llevo puesto está en la lavandería, no me quedaba nada limpio ni seco después de los últimos cuatro días de yincana, y cuando digo nada incluyo lo que llevo puesto, eso lo lavaré en otra ocasión. Supongo que es algo muy personal pero he de decir que, después de estos días
sentir mejor es volver a tener ropa limpia, si además pudiera cambiar un poco de vestuario… Saldremos hacia el sur el martes, aún no sé dónde vamos ni qué es lo que vamos a ver, intentaré planificar algo esta tarde.
Después de un par de días en Chiang Mai nos fuimos hacia Pai que está algo más al norte, en una zona que se supone es menos conocida y con montañas y valles. El trayecto de Chiang Mai a Pai es de 130 kms y la primera idea era hacerlo en dos días aunque luego resultó que se puede hacer en un día a pesar de los problemas mecánicos. Durante el viaje de ida tuvimos tres pinchazos que conseguimos ir solventando sobre la marcha, todos en la rueda delantera de Katanka y todos comenzando muy poco a poco. Al reparar los pinchazos revisé la cubierta, lo hicieron dos mecánicos de talleres que encontramos por el camino y no vimos nada raro hasta el día siguiente cuando al ir a reparar una cámara de repuesto y la puesta que también estaba pinchada miramos con lupa la zona del pinchazo y encontramos una espina tan pequeña que no se veía por fuera ni se podía palpar por dentro de la cubierta. La espina en cuestión es la responsable de, al menos, cinco pinchazos y varios quebraderos de cabeza. Es la típica “espina en el camino”.
montañosa, subimos de 400 a 1400 metros con varios puertos intermedios que hay que subir para luego perder cota de nuevo y tener que remontar otra vez. Es mucho más divertido que ir por zonas llanas y es más duro también, yo diría que, en conjunto, merece mucho la pena. El clima es ahora benigno, las nubes cubren el cielo casi todo el día, y llueve de forma suave frecuentemente. A veces tenemos tormentas que ya no son seguidas de un sol espléndido sino que el cielo se mantiene gris mucho más tiempo. Se acerca el monzón y, según tengo entendido, el clima evolucionará a muy lluvioso en breve. La parte positiva, es que no hace calor sofocante, y menos aún en las alturas, así que se puede andar en bici todo el día, cosa que antes era imposible. En la parte negativa está que los paisajes son más lóbregos y no se aprecia el verde intenso de la vegetación de la zona como ocurriría con un día soleado.
se me hizo eterna. Salí a las cinco y media de la mañana de Chiang Mai y llegué a las cinco y media de la tarde a Pai. Con tanta parada para reparar pinchazos e hidratarme, el día se me fue pedaleando. Cuando casi estaba llegando a Pai, se pararon dos motos a mi lado, una con una china y la otra con dos. A las criaturas aquellas les pareció muy pintoresco ver a un tipo en una bici, todo sudado, y con pinta de haberse pasado toda su vida unido a aquella estructura metálica con ruedas. Así medio en broma les hice entender que no importaba que me sacaran diecisiete fotos, en esos momentos me daba igual una que ochenta, y que si querían podíamos cambiar de montura. Para mi sorpresa, Lin, una de las chinas (las otras eran Min y Dan Kao o algo así quise entender), me dijo que sí que le bajara el sillín un poco y ella llevaría la bici y yo la moto. Sólo fue por un kilómetro o quizás menos pero creo que es la primera vez que alguien se monta en Katanka con equipaje y para ser una china que no pesaría más de cuarenta kilos no lo hizo nada mal. Por mi parte, recorrer un kilómetro más o menos no me iba a cambiar la vida aunque he de reconocer que en moto se hace menos esfuerzo.
a un valle y este a su vez cede el nombre a un pueblo. El nombre del pueblo originalmente era algo mucho más complicado que no recuerdo pero todo el mundo lo conoce como Pai. Hace veinticinco años ni siquiera había carretera asfaltada para llegar a este valle, era uno de esos lugares remotos, hermosos y poco conocidos, hasta que un tipo que se dedicaba a viajar por Asia y escribir para la Lonely Planet decidió que el valle era el más bonito de Tailandia y el lugar uno de los imprescindibles para ser visitado en un viaje por Tailandia. Ahora, el valle sigue siendo muy bonito, con sus cascadas por doquier, campos de arroz, el río, aguas termales naturales, un cañón formado por la erosión del terreno, y todos los lugares pintorescos que se puedan imaginar. El pueblo, sin embargo, ha cambiado para ser más una agrupación de casas de huéspedes, hoteles, restaurantes y agencias de viajes que una población en sí misma. A pesar de ser temporada baja, estaba plagado de turistas, en esta zona se unen los chinos a los ya conocidos rubios occidentales. A pesar de esto, la vida transcurre lentamente en este lugar y sigue teniendo mucho encanto e infinidad de puntos de interés.
Me sorprendió encontrar en algunas de las agencias de viajes que ofrecen paseos en elefante, motos de alquiler, visitas a los pueblos de la zona, rutas guiadas por el monte y billetes de autobús, que también ofrecían el viaje directamente a Luang Prabang. Es decir, te organizan una furgoneta hasta la frontera de Laos y de allí el barco por el Mekong hasta Luang Prabang. Me pareció una locura, ese viaje a mí me llevaría varias semanas hacerlo y seguramente cambiaría de rumbo entre dos y tres veces en el camino y sin embargo allí había gente que se iba en un par de días de uno a otro lugar. No es sólo una cuestión de distancias, es un cambio cultural enorme aunque hay que reconocer que los dos son dos sitios en los que sacar bonitas fotos. Me acordé de unas chicas argentinas que nos dijeron en Bali que estaban viajando por un mes y que “sólo” iban a visitar tres países ya que de lo contrario no les daba tiempo a conocerlos bien. Lamentablemente nos movemos cada vez más hacia ese tipo de viajes y personalmente me parece una pena aunque entiendo perfectamente que ocurra.
Bueno, llegó el momento de hacer una pausa. Regreso a España este mismo viernes y me quedaré allí hasta que Grecia salga del Euro o hasta el dos de septiembre. Katanka se queda en Chiang Mai desde donde seguiremos pedaleando a partir de entonces. Me vendrá bien el descanso, ver a los seres queridos y dejar que pase el monzón. Quizás escriba algo desde el hogar aunque no prometo nada.
Hemos vuelto a la “civilización” de Tailandia. Esta vez el choque no ha sido tan grande como al llegar desde Myanmar. No sé si es que Laos está en un punto de desarrollo intermedio entre Tailandia y Myanmar o simplemente que ya me lo esperaba y me estoy acostumbrando. En todo caso no deja de ser sorprendente como una línea imaginaria y un par de puestos de control de pasaportes pueden cambiar el nivel de vida y el tipo de vida a un lado y otro de la línea esa que trazamos para decir que a un lado el país se llama Tailandia y al otro Laos o cualesquiera sean los nombres que se pinten en mapas y banderas se desplieguen a uno y otro lado. En este caso, al menos está el río Mekong por medio que puede ser cualquier cosa pero desde luego no es una línea y tiene poco de imaginario.
lado del río a la derecha después de cruzar el puente. Cruzar el puente con Katanka sabiendo que estamos pasando de un país a otro y que en esos momentos no estamos oficialmente en ningún país genera una extraña sensación que está en alguna zona entre la libertad y la alegalidad. Es un poco como estar disfrutando de algo ilegal pero consentido. Se une esa sensación de estar llegando a otro lugar por tus propios medios, es agradable y raro al cincuenta por ciento.
Nong Khai es una ciudad pequeña y muy agradable, un gran lugar para pasar unos días ya que es de esos lugares en los que vas descubriendo cosas nievas de la mañana a la tarde y la ciudad también cambia de fisonomía dependiendo de la hora del día. Es algo general por esta zona del mundo, y supongo que tiene que ver con las temperaturas tan altas a mediodía y lo agradable de las tardes y las noches. Los ritmos humanos se han adaptado al medio, es importante tratar de sincronizar los movimientos y actividad con estos ritmos o acabas pasando por el mercado cuando ya no hay pescado o por los restaurantes más de moda cuando aún están cerrados. Me ha costado cierto trabajo adaptarme y aún tengo mis momentos de descoordinación adaptativa humana y geofísica ( ¿cómo os quedáis?). Coincidí en la comida con tres señores tailandeses de edad avanzada que han hecho un viaje en bici desde Luang Prabang hasta Nong Khai. Una pena que nos hayamos encontrado el último día de su viaje creo que yo he ido por delante y me han alcanzado al parar unos días en Vientiane.
hasta Udon Tthani. Las carreteras en Tailandia son de dos carriles o tres en cada sentido y bastante llanas en general. El viaje ahora consiste en estar varias horas encima de la bicicleta, avanzando a buen ritmo y sin ver demasiado paisaje ni puntos de interés. En base a esto, a que tengo un resfriado potente, estoy cansado y no llego a Ayutthaya de otro modo he decidido que mañana nos subiremos a un tren para llegar en un solo día a nuestro destino y tener tiempo de aterrizar y descansar antes de que lleguen los refuerzos romanos que seguro van a llegar con las baterías a tope y muchas ganas de ver mucho en poco tiempo.
Udon Thani es una ciudad de tamaño bastante respetable en la que no queda nada de etnias, naturaleza, tradiciones y todo eso. Hay muchas tiendas, el mercado ha sido sustituido por un gran centro comercial, los restaurantes tradicionales con mesas cubiertas de manteles de plástico han dado paso a pizzerías y hamburgueserías, las bicicletas se han cambiado por motocicletas chinas o coreanas, el trabajo duro en el campo se ha cambiado por lavanderías (con lavadoras) y servicios de masaje, veo muchas parejas de rubios de edad avanzada con mujeres tailandesas de no tan avanzada edad, en fin, se trata de desarrollo en estado puro, avances para la humanidad y esas cosas. Da pena ver el peaje que se paga para cambiar el nivel de vida y a la vez sirve para apuntalar mi pensamiento de que las cosas nos hacen esclavos cuando no orientamos bien nuestras necesidades. No está mal tener piscina en el hotel y, sin embargo, es mejor jugar con los niños que se bañan en el río (Sidharta).
se llama siesta) mientras pasa un poco el calor y la ciudad se prepara para ese rato de frescor de la tarde y todo lo que puede traer. Me estoy tomando unas pastillas que no sé ni lo que son ni para lo que sirven y que me ha vendido un señor muy amable que tenía algo parecido a una farmacia (las letras de la pared estaban en verde y no entendía nada) y que me ha recomendado descanso y beber mucho agua. ¡Si es que la sabiduría asiática es legendaria!
Estoy en Sittwe con Ana. He llegado en avión desde Yangon. El vuelo es corto (poco más de una hora) y el paisaje que se ve por la ventanilla es realmente impresionante. Cuando miras el mapa ya te das cuenta de que esta parte del país está surcada por ríos muy caudalosos que se mueven por un terreno casi completamente llano y al nivel prácticamente del mar con lo que dibujan cursos imposibles y hacen que cualquier traslado por la zona tenga que ser en barco, avión o dando grandes rodeos. Esto me ha hecho pensar en la forma de moverse de un lado para otro por estos lugares y especialmente por carretera. Os cuento como lo voy viendo…
suplemento con mucha más capacidad de carga y dos ruedas en lugar de una, las hay de varios tamaños y cilindradas) y una moto, una bicicleta con sidecar para un pasajero y todos circulando más o menos a su aire y con el convencimiento de que ninguno de los demás debería estar allí en aquel preciso momento. Se trata de ocupar el espacio con tu vehículo como sea para que no pueda pasar nadie y de ese modo supongo que ganan esa sensación de preferencia o al menos de que es importante que ellos se muevan ya que hay gente detrás apoyando esta posibilidad. Cuanta más gente consigues taponar, mayor apoyo a tu movimiento. Supongo que el símil político está servido. Si taponas a todos eres el presidente de lo que sea que pretendas presidir.
pesados. Aparte de esto, en Tailandia se circula por la izquierda y en Birmania por la derecha. En Birmania casi todos los vehículos en circulación hoy en día son importados de Tailandia, es decir, traen el volante en el lugar equivocado. Para añadirle un poco más de picante (por estos lugares se lleva mucho) los conductores birmanos deberían llevar la “L” de prácticas en la inmensa mayoría de los casos, no tienen mucho control de lo que va debajo de sus culos por decirlo de una forma entendible y no ser muy incorrecto. Con todo esto y teniendo en cuenta que todo lo aplicable a Tailandia se puede decir de Birmania sin ningún apuro, tenemos un caos circulatorio total.
el espacio necesario para no rayar su coche con tu manillar. Otra ventaja es que te ven desde más lejos, al asomarse por el lado derecho del vehículo que va justo delante de ellos ya te van viendo y saben más o menos por dónde puedes andar.
es que no están. En ciudades, sin embargo, es un lío, nunca sabes si te pitan a ti y si vienen o van o te están intentando taponar como a los demás. Se les ve frustrados cuando se dan cuenta de que una bici pasa por donde ya pensaban que no se les iba a colar nadie. Probablemente lo sientan como una especie de golpe de estado.
Hoy hemos salido de Ait Ben Haddou con un día nuboso aunque la temperatura no es demasiado baja. A mediodía la temperatura suele andar por los 18 grados en esta zona y las mínimas de madrugada se mueven entre los 6 y 8 grados. La pena de las nubes es que la calidad de las fotos que hago es bastante poca con lo que casi no hago fotos.
después y que, “hamdulila”, hablaba algo de francés. En total he estado una hora y pico en el taller para la reparación de quince minutos. Eso sí, a la hora de cambiar neumáticos parecían los talleres de Ferrari. Uno se ha puesto con la rueda de adelante otro con la de detrás y yo sujetaba la paleta para dar la salida.
suya por Babieca. En realidad no iba en serio cuando lo he dicho y creo que debo tener más cuidado con estas cosas. Babieca está un poco sensible estos días ya que por la zona se ven muchas bicicletas similares a ella, con trasportín y esas cosas, y que seguramente han sido abandonadas tras un viaje parecido al que hemos hecho. Creo que esto hace que la pobre piense que yo también la abandonaré pero eso no va a pasar por nada del mundo.
Ya por la tarde, dejamos atrás Extremadura con su lluvia y llegamos hasta Almaden de la Plata. El camino estaba perfecto a pesar de la lluvia caída. Una gozada andar por ahí levantando barro con el aire en la espalda.
Después de un par de días lamentables de lluvia y viento estos dos últimos me lo he pasado en grande avanzando por esos caminos andaluces entre bosques, prados, campos, arroyos y ríos. Una gozada!
