La ruta del miércoles de Nam Tok a Tong Pha Phum no la pude narrar ayer. No es que tuviera un problema de conexión ni nada de eso, es simplemente que me fui al barbero a quitarme siete u ocho días de barba y ahí se me pasó la tarde haciendo nada. El barbero de turno era un tipo muy meticuloso que tardaba bastante en atender a cada cliente y como
llevaba un par de Tailandeses por delante, me dieron las ocho y media. En este país eso es muy tarde, me costó encontrar un sitio abierto para cenar. Por cierto en el sitio que encontré nadie hablaba inglés así que pasé a la cocina a señalar a mis víctimas de esa noche.
Como siempre, salí antes que el sol y a las dos horas paré en un mercado a comprar unos plátanos. Me sentía como Rafa Nadal y él come plátanos cuando tiene partido. Los manojos de plátanos eran muy grandes, le pregunto a la señora cuanto me cobra por algo menos de la mitad, con gestos claro, ella me dice que veinte por el manojo completo, yo que cuántos me da por diez, ella que no lo puede partir y yo que sí y en estas me coge los diez y me entrega el manojo completo en su correspondiente bolsa. Ahí ya no sabía cómo reaccionar así que me lleve los dos kilos largos de plátanos para seguir mi ruta.
Dos horas después, cuando ya me había comido más de un kilo de plátanos, me paro en un manantial de agua caliente con sus pozas y demás para descansar un poco y relajarme. Primero, como llego en bici, me dicen que la entrada para mí es gratis. Luego un par de jóvenes de los que están allí para vender algún suvenir a los turistas me dicen que si pueden darse una vuelta con mi bici. Yo les dejo hacer, el parking tiene cincuenta por treinta metros y no tienen pinta de ir a salir de allí con las alforjas y demás. Efectivamente uno casi se cae nada más empezar y el otro me dice que eso cansa mucho, ha avanzado unos cuarenta metros con suerte. Entro en las termas, me baño, me tomo mi tiempo y al salir los dos tipos de la bici me la habían vigilado y me regalan una botella de agua y otro manojo de plátanos un poco mayor que el que yo había comprado. Les explico que ya llevo plátanos y que me he comido un montón como puedo pero que si quieres arroz Catalina. Voy cargando con un montón de plátanos todo el día y aquí no hay manera de regalarlos, todo el mundo tiene plátanos. Por cierto, cuando compras en la calle en Tailandia y eres blanco, no importa lo que quieras comprar que siempre costará, al menos, veinte Bath.
En cuanto a las incongruencias, voy encontrando unas cuantas, un par de ellas me han llamado mucho la atención hoy. En una cafetería de la carretera intento pedir un café en inglés, nadie habla inglés así que la chica de la barra, ni corta ni perezosa, me acompaña a la puerta del local y me muestra un cartel con los tipos de cafés y sus precios, lástima que las descripciones de los cafés estuvieran en tailandés y que no hubiera fotos de los cafés. Faltó poco. Paseando por Tong Pha Phum me he encontrado con una escuela,
aparentemente católica, en la que explicaban la navidad con una pintura de un muñeco de nieve y un Santa Claus. Creo que la última vez que nevó por esta zona se extinguieron los dinosaurios.
Por lo demás el viaje se me dio muy bien el miércoles y Tong Pha Phum es un lugar muy curioso con mucha vida y ubicado cerca del río y en medio de la jungla. Lamentablemente no me puedo entretener demasiado por esta vez, y habrá más ocasiones de visitar lugares parecidos.
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a decir que refrescara ya que ese viento viene a 25 o 26 grados, pero sí que hacía el paseo en bici agradable. Es a partir de las once cuando la cosa se pone tremenda. El sol pega de lleno y hay mucha humedad además de pararse casi totalmente el viento, cada pequeña cuesta se convierte en puerto de montaña.
stas temperaturas. Ahí he visto los últimos turistas blancos en furgoneta del día. En total he hecho unos 70 kilómetros pero, como no he avanzado siempre en línea recta, estoy sólo 62 kilómetros más cerca de Yangon. No tengo claro cuántos kilómetros hay de distancia total pero mis cálculos dicen que llegaré a Yangon el viernes que es lo que tenía marcado como plan de ruta. De momento no hay que variarlo y espero poder cumplirlo, más adelante espero viajar sin esta agenda marcada, es una cuestión circunstancial.
s y el proceso comienza a invertirse. Obviamente, la sensación de estar perdido la tienes a medida que te acercas a la frontera o te alejas de la civilización y todo se va haciendo más difuso.
ás económico, lejos del río y más cerca de la catarata y de lo que parece ser el pueblo. Un pueblo muy pequeño y tranquilo con otro tipo de calle principal diferente a lo que estamos acostumbrados, no encontré el Zara por ninguna parte.
Bangkok. El trayecto de la tienda de bicis a la estación de tren, apenas unos seis kilómetros, ha sido un infierno o lo más parecido a una yincana. Sin haber ajustado aún el motor a la máquina ni el resto de piezas el vehículo no se movía con solvencia. Se me ha caído el espejo y se ha soltado una alforja, por suerte todo a la vez y he tenido que ajustar algunas cosas pero esto no ha sido un problema serio, el inconveniente estaba en todos esos coches, motos, autobuses y tuc tuc que estaban dispuestos a pasar por encima de mí al más mínimo descuido. En fin, como me sobraba mucho tiempo y la paciencia es mejor que la inteligencia, me he armado de la primera sin
descuidar la segunda y he llegado a la estación sin mayores contratiempos.
Hoy no hay fotos apenas, he consumido la batería del móvil (que como todos imagináis es mi cámara) en seguir el navegador para llegar a la estación de tren. No me quedaba nada al llegar a Kantchanaburi y lo he dejado cargando en la habitación mientras me daba un paseo por el lugar. No he visto mucho tampoco ya que he llegado sobre las cinco de la tarde y a las seis y media o así anochece. Lo que sí he visto es un atardecer precioso sobre el famoso río Kwai. Sí, el del puente ese tan famoso con canción de silbidos, el mismo. Ahí os dejo la canción para animar el lunes.