La historia que se relata a continuación es mera realidad y cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia. Para mantener el anonimato de algunos de sus protagonistas hemos cambiado los nombres y algunos datos que no afectan al relato de los hechos.
Sergio “el oso pardo” es un joven cántabro de unos treinta y tantos años de complexión fuerte, ojos azules, pelo rizado, bastante alto y con algo de sobrepeso. Con estos rasgos y una barba descuidada tiene el aspecto de un oso bonachón pero en algunos momentos saca su carácter para salvar las dificultades que la vida le plantea. Tuvo que dejar su trabajo como autónomo en España por la crisis y decidió ir a Mauritania con un amigo para descansar unos meses y replantearse su futuro profesional. Lo que se viene llamando tomar distancia para ver mejor la foto.
Cuando llegué a Nuakchot conocí a este oso pardo en casa de unos amigos comunes y lo primero que supe de él es que llevaba casi tres meses en Mauritania en casa de estos amigos y no había salido del país desde su llegada y pretendía viajar a Senegal para conocer otro país. Por una razón u otra, el viaje previsto a Senegal se había venido retrasando de forma sistemática un día tras otro y ahora le quedaban tan sólo dos semanas para hacer el viaje o regresar a España son conocer otra cosa que lo visitado en Marruecos durante el viaje de ida, las dos ciudades principales de Mauritania y lo visitado en el regreso a España. Con todos estos retrasos, la visa mauritana de entrada en el país por tres meses le había expirado ya hacía unos días lo que hacía imposible su entrada en el país si salía en estos momentos salvo que renovara el visado. Entre las gentes que conocí en Nuakchot había, en aquellos momentos, una especie de disputa acerca de si “el oso pardo” viajaría por fin a Senegal o nunca lo haría. Ocurrió al fin que Sergio “el oso pardo” reunió las energías o las ganas o las dos cosas a la vez y marchó hacía la frontera sur de Mauritania. Quedaban sólo diez días para su retorno a España con unos amigos en una furgoneta. Salió prácticamente el último día en que era razonable hacerlo ya que después de esta fecha ya no hubiera tenido sentido hacerlo por disponer de pocos días para hacer un viaje que mereciera la pena.
El plan de Sergio “el oso pardo” era viajar a Senegal el día 5 de diciembre con la visa de regreso a Mauritania caducada, renovar la
misma en Dakar y regresar a Mauritania para estar en Nuakchot el día 13 de diciembre y desde ahí emprender el viaje en coche a España con sus amigos. El plan en sí se cumplió casi de forma puntual en fechas y horarios sólo que la forma de completarlo no fue exactamente como cualquiera piensa que debe ser un viaje de turismo.
El mismo día 5 cruzó la frontera de Senegal sin ningún problema y llegó a San Luis a primera hora de la tarde. Después de reservar un alojamiento en el hotel que le había recomendado un amigo salió a dar una vuelta por la ciudad. Sucedió entonces que seis jóvenes armados con un machete grande y una navaja pequeña decidieron que el dinero que Sergio “el oso pardo” llevaba encima estaría mejor administrado por ellos que por él y le quitaron la mitad del dinero que llevaba para el viaje. Sergio “el oso pardo” no trato de defenderse del atraco por temor a que los jóvenes perdieran los nervios y le clavaran alguna de las armas blancas que llevaban y el problema fuera aún mayor. Después de denunciar el robo en la policía, se fue tranquilamente a su hotel a descansar y a replantear el viaje con el mismo recorrido quizás pero con algo menos de presupuesto o bien regresar de nuevo a Nuakchot y olvidarse de Senegal.
Por la mañana del día siguiente, nada más salir del hotel se le acercó un policía de paisano sin identificarse que se llevó un curioso recuerdo del codo de Sergio “el oso pardo” en la boca después de intentar quitarle a este los documentos y un bolso que llevaba de viaje. Los compañeros del desafortunado policía echaron mano a sus armas al ver a su compañero bajo las garras del oso y consiguieron convencer a nuestro amigo de que les acompañara a comisaría para unas preguntas rutinarias. Los agentes pretendían meterle en la cárcel por haber pegado a un policía y para que no fuera así le pidieron el pago de una “fianza” para compensar el daño causado. Como quiera que Sergio “el oso pardo” ya no tenía el dinero para la fianza completa, negoció con los defensores de la ley pagar todo lo que llevaba encima menos un poco de dinero para poder comer al menos y los agentes senegaleses aceptaron el trato.
Después de un día de viaje ya no tenía dinero para ir a Dakar a renovar el visado con lo que nuestro amigo se encontraba en una situación compleja. Consiguió contactar con un amigo senegalés (Samba) que le ayudó a moverse por el país durante unos días mientas intentaba tramitar alguna solución con la embajada española en Mauritania o conseguir que alguien le hiciera llegar dinero de algún modo. No consiguió ninguna de estas soluciones con lo que llegó a un acuerdo con un policía senegalés para que les ayudara a cruzar hacia Mauritania a él y a su amigo Samba que le prestaría dinero a devolver en Nuakchot. La forma de pasar la frontera no podía ser por Rosso como había llegado si no que tendría que entrar de forma clandestina en Mauritania. A Sergio “el oso pardo” le pareció, después de otros intentos vanos, que esta era la única solución posible para regresar y estar a tiempo de emprender el viaje de regreso a España como tenía previsto. Junto con Samba, contactaron con un policía que “ayuda” a cruzar la frontera y le pagaron una cantidad de dinero razonable para el desempeño de tales trabajos.
El corrupto policía senegalés llevó a Sergio “el oso pardo” a una zona del río Senegal por dónde se puede cruzar. Después de pasar varias horas en un piso franco, llegar hasta la frontera en un mercedes estupendo, vadear el río tumbado en una piragua, de reptar por el barro pantanoso de la tierra de nadie, cruzar una alambrada, fumarse un cigarrillo con un guía de los que gestionan el traslado, pasar bajo un alambre de espino y cruzar una pequeña grieta en el muro, nuestro amigo ya estaba en tierra mauritana en el pueblo de Rosso. Entretanto Samba intentaba pasar por la frontera de la forma habitual y no le dejaban pasar por ser senegalés y no llegar suficiente dinero encima, razones estas de muy diferente índole que tener el visado caducado. Cansados de intentar morder sin llegar a comer nada, los policías mauritanos de la frontera dejaron pasar a Samba por fin y los dos amigos se dirigieron a Nuakchot para llegar allí el día 14 por la mañana con un día de retraso y bastante dinero menos encima en el caso de Simba y deudas con Simba y un amigo en Nuakchot en el caso de Sergio “el oso pardo”. Sin apenas tiempo de comentar la aventura con sus amigos de Nuakchot, Sergio “el oso pardo” se dirigió a Nouadhibou y a la frontera de Marruecos en un “grand taxi” llegando a la frontera apenas unas horas después que su transporte a España y consiguiendo por fin llegar a Dakhla en Marruecos por la noche para alcanzarlo y seguir así el viaje hacia España con mayor tranquilidad.
Creo que no miento si digo que Sergio “el oso pardo” es el primer blanco que cruza la frontera para entrar en Mauritania de forma clandestina. Afortunadamente para él, el dinero lo pudo juntar rápidamente y esto mismo es lo que hacen muchos subsaharianos para ir cruzando fronteras en su camino hacia el dorado que para ellos representa Europa. Las fronteras son esas cosas que nos hemos inventado para intentar mantener el nivel de vida de unos muy por encima del de otros y además van y sirven para que policías
corruptos, guías, propietarios de piraguas y otros varios personajes sin escrúpulos se enriquezcan a costa de gentes en situaciones desesperadas. ¡Qué gran invento las fronteras! El caso de nuestro amigo Sergio “el oso pardo” es el ejemplo y la verificación de cómo funcionan estas fronteras pero no es, ni de lejos, un caso aislado y no se acerca ni con mucho a situaciones que pasan los inmigrantes clandestinos en estos países.
La madre de Samba estaba más preocupada por Sergio “el oso pardo” que por su propio hijo ya que, al ser blanco, lo pasaría peor ante las mismas adversidades que Samba por, en palabras de la buena mujer, “no estar acostumbrado”. Un gran ejemplo de humanidad que espero sirva para que reflexionemos todos un poco acerca de los valores y principios que nos rigen y nos olvidemos de todos esos elementos creados para mantener el estatus quo que nos mantiene en la parte de arriba de la afilada pirámide sin otra razón que haber nacido en un lugar u otro.
Follow
Mañana nos vamos de Mauritania. Hemos pasado quince días en este país saltando de Nouadhibou a Nuakchot en un par de ocasiones. Supongo que a estas alturas ya todo el mundo sabe dónde está Mauritania y tampoco conozco bien los datos de población, producto interior bruto, extensión y esas cosas así que si alguno tiene interés, que lo mire en una enciclopedia.
Lo que sí os puedo contar es que la mayoría de la gente vive en estas dos poblaciones que hemos visitado. La mayoría de su terreno es desierto y sólo hay zonas verdes con regadío y algún cultivo en el sur en la región del río Senegal que sirve de frontera con el país del mismo nombre. Mauritania no es un destino turístico que digamos y tampoco es que tenga un atractivo especial en ningún sentido. Sin embargo, hay un montón de extranjeros viviendo en este país por diferentes motivos. La mayoría de los extranjeros en este país son cooperantes que están representando a diversas ONGs o a organismos oficiales como la ONU o la CE. Por supuesto, hay un grupo bastante numeroso de diplomáticos de diferentes países, hay empresas occidentales que desplazan aquí a algunos trabajadores, hay algunos policías desplazados, hay servicios de inteligencia y siempre hay algún turista al que informaron mal y se vino a descansar en estas tierras. Casi todos estos inmigrantes de primera se concentran en Nuakchot y además suelen vivir en un barrio en concreto con lo que la concentración de “tubabus” (blancos) en este barrio es muy alta.
Cabría preguntarse qué interés puede tener un país tan pobre para que haya tanto movimiento. Hay varios motivos que provocan esta situación y que al final cierran un círculo bastante sencillo de entender. En Mauritania hay mucha pesca y esto hace que vengan empresas españolas, francesas y japonesas principalmente a explotarla. Ya nos hace falta la embajada y el agregado comercial para cerrar acuerdos de explotación marítima y como contraprestación enviamos a algunos científicos marinos que aporten conocimiento y algo de cooperación para mejorar las condiciones de vida de los habitantes locales. En Mauritania hay minas de oro, hierro, cobre y no sé qué más y por lo tanto seguimos añadiendo trabajadores especializados en explotar minas, logística y otro par de agregados comerciales de los países mencionados más Canadá y algún otro. Para compensar esta explotación de recursos mauritanos aportamos unos fondos estructurales y enviamos a otras ONGs para que gestionen y hagan todo lo que esté en sus manos para sacar proyectos que mejoren en algo las condiciones de vida del país. En Mauritania no se producen alimentos para toda su población ni se produce ningún producto de limpieza, ni ropas, ni electrodomésticos, ni coches ni prácticamente muebles con lo cual hacen falta unos delegados comerciales de empresas distribuidoras occidentales para hacer llegar a la población esos bienes tan necesarios (unos más que otros pero todos rentables para las distribuidoras). Nos hará falta otro agregado en la embajada y ya algo de seguridad para la gente que se nos va juntando con lo que desplazamos unos guardias civiles en el
caso de España y gendarmes en el de Francia por mencionar dos. Desde Mauritania salen pateras para intentar llegar a Canarias con lo que desplazamos a algunos guardias civiles más y regalamos dos patrulleras retiradas de la flota española al gobierno mauritano con la condición de que se controle bien la costa para que no salgan demasiadas pateras. También añadimos algunos cooperantes más que total ya puestos… En Mauritania ha habido algún que otro secuestro de cooperantes y por tanto desplazamos algunos espías de diversos países y pedimos apoyo total a las autoridades mauritanas y para compensar este apoyo les enviamos algún cooperante más y fondos para armamento que nos compraran a nosotros.
Después de este análisis queda claro que Mauritania es un negocio rentable para casi todos. Los únicos que pringan son los cooperantes pero tal y como están las cosas por los países occidentales, muchos de estos cooperantes están contentos de tener un trabajo con lo que cerramos el circulo con una satisfacción por todas las partes. Esto es así de duro pero no quiero dejar de matizar que los cooperantes, en su mayoría tienen la esperanza de que esto cambie para mejor en el futuro y trabajan para conseguirlo. Por supuesto dentro de esta visión catastrófica están las personas y los casos particulares que ven sus vidas mejoradas y que realmente son los que justifican la ilusión que no el dinero que se destina a las ayudas.
Las gentes mauritanas son tranquilas y se puede caminar por las calles con toda tranquilidad. Es una pena que las condiciones de vida en este país sean tan extremas y se haga tan difícil cambiar las cosas. Ayer estuve en un taller para elegir a 27 afortunados que tendrán un módulo con cocina, habitación y baño de entre 211 personas apuntadas que viven en barracas. La otra visión es que habrá al menos 184 familias que seguirán viviendo en barracas a pesar de merecer algo mejor. Quizás algún día nos demos cuenta que el cambio tiene que venir desde las bases que hacen funcionar este sistema macabro.
Lo primero que piensas cuando te hablan de cooperación es de gente que se va voluntaria al África Tropical (de dónde venía el negrito de aquel anuncio) a cuidar a niños que están en condiciones miserables. De esto hay mucho y es realmente loable esa actitud ante la vida que permite a una persona ser un ser humano muy humano y dedicar algunos años de su vida o la vida entera a los demás sin esperar nada a cambio. El problema es que aunque haya mucha gente de este calibre por el mundo (pienso que más del 0,7% de la población), hace falta una estructura bastante grande para hacer que esas personas puedan llegar al lugar adecuado y llevar a cabo esa labor que todos admiramos tanto y que tan difícil es emprender. Así, cuando hablamos de Cooperación Internacional
con mayúsculas hablamos de proyectos que mueven a mucha gente y sobre todo que mueven mucho dinero. Quizás no lo suficiente para los estándares occidentales pero cantidades ingentes para los países a los que va destinado. Es en esto en lo que se empiezan a originar las injusticias y las ineficiencias.
dedican cantidades bastante considerables de dinero para estos temas que en principio son muy lógicos y razonables y además prácticamente imprescindibles. La incongruencia no tarda en aparecer en este proyecto tan estupendo cuando juntan a 75 “jóvenes cooperantes” y los meten en un AVE para que vayan de Madrid a Alicante a un hotel de cuatro estrellas, hagan una reunión con una ministra de infausto recuerdo y regresen en el mismo día después de haber comido con la susodicha. El coste de este viaje viene a demostrar a estos jóvenes en formación que hay que ahorrar en papel de impresora y hacer juegos para los niños con chapas y canicas en lo que se viene llamando “terreno” (nadie piense que es un solar ni un huerto para plantar patatas) pero no importa gastar lo que sea para organizar estos eventos que saldrán luego en algún medio de comunicación. Moraleja: no importa lo que se haga en la cooperación lo que importa es que el logo de nuestra organización salga perfectamente en el semanal del periódico de turno y para qué comentar si es en la tele.
hacer la rosca ni por quedar bien pero hay que reconocer que la gente que se dedica a la Cooperación Internacional son en general personas hechas de buena madera. Probablemente ni mejor ni peor que la gente que colecciona sellos por nombrar un grupo, pero desde luego hay una cosa a reconocer y es que le echan un par de pelotas a la vida y esto ya es mucho.
se generan unos “Protocolos de Seguridad”. Lo normal sería ir a terreno para identificar la situación y ver qué normas de seguridad es necesario imponer a los expatriados pero como no siempre hay tiempo ni ganas se proponen e imponen protocolos de seguridad con normas absurdas o fuera de lugar. En Puerto Príncipe (Haití) los cooperantes no pueden caminar más de 15 metros por la calle. En Nuakchot una ONG de cuyo nombre no quiero acordarme ha despedido de un plumazo y sin demostrar la menor humanidad a dos personas realmente valiosas para su organización y que estaban sacando adelante proyectos para beneficio de los afectados locales y para mejor funcionamiento de esta ONG por el hecho de que se han saltado una norma de seguridad que sólo esta ONG y otras dos imponen en Mauritania. Es decir, otros cooperantes podrían haber salido de Nuakchot sin problema pero no estas dos personas que han sido despedidas. De este modo, las propias ONGs van quedándose con los autómatas, funcionarios e incapaces de discernir entre lo razonable y lo impuesto sin base lógica válida. No me parece una buena política esa que deja fuera a los mejores y crea robots sin sentimientos y sin discernimiento lógico, aptitudes ambas de máxima importancia para trabajar en cooperación.
Como ya había comentado, llegamos a Nuakchot el día 30 de Noviembre justo dos meses después de la salida de Madrid y un año después de una operación de ligamento cruzado en la rodilla derecha del que suscribe.
Nuakchot es una ciudad caótica de tráfico y tranquila de gentes. No hay que ir huyendo de gentes que te ofrecen un safari o un paseo en trineo ni de gentes que te piden comida o un cigarro. El “tubabu” (blanco) puede pasear tranquilamente por las calles. Bueno, todo lo tranquilo que permiten los coches que vienen de todas las direcciones y en todos los sentidos que puedes imaginar y la compañía de las cabras u otros animales más o menos domésticos o domesticados.
El día después de la llegada a Nuakchot se organizó una timba de póker de la que formé parte y no me fue tan mal ya que acabé disputando la última ronda con la única mujer que era capaz de seguir sujetando las cartas y que nos pulió a todos. Como es lógico después de haber ganado el dinero de amigos y conocidos, Aurelia nos invitó a una ronda en el bar de al lado y luego todo se complicó de forma insospechada haciendo imposible nuestro regreso a casa hasta pasadas las cuatro de la madrugada. Recorrimos un par de locales para juergas de expatriados que son realmente deprimentes por el ambiente tan sórdido que se respira pero que supongo que hay que ver alguna vez en la vida. En estos casos con una vez es suficiente. En estos locales las nativas o inmigrantes del sur (negras) tienen unos tipos espectaculares y llevan ropas un par de tallas menores de lo que sería aconsejable para respirar con fluidez y los inmigrantes del norte(blancos) son en general tipos medio calvos y con barriga que se piensan James Bond por el éxito que tienen con las mujeres en estos ambientes. Realmente lamentable pero nosotros por suerte íbamos cuatro hombres haciendo de escoltas de Marta que fue sin duda la reina de la fiesta y además tuvo la amabilidad de no darme una patada demasiado fuerte para que me bajara de su coche en la misma puerta de la casa dónde por circunstancias nos quedamos a dormir la tropa venida de Nouadhibou y yo.
El día después de la fiesta fuimos invitados a un concierto de piano y violín en una casa con piscina, patio, plantas, garajes, vestidores, recibidores, mayordomo y todas esas cosas tan poco habituales en la casa del ciudadano medio mauritano. El concierto estuvo genial y se me pusieron los pelos de punta en varias ocasiones pero al salir de aquel paréntesis de glamour y ostentación en medio de tanta pobreza me sentí culpable de un delito que no había cometido.