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Cinco días en Nuakchot

poesia kipplingComo ya había comentado, llegamos a Nuakchot el día 30 de Noviembre justo dos meses después de la salida de Madrid y un año después de una operación de ligamento cruzado en la rodilla derecha del que suscribe.

Al llegar a Nuakchot piensas que llegas a una balsa de aceite de la tranquilidad y que tu vida va a pasar a ser sedentaria, relajada y con tiempo para leer o escribir o poner orden a algunas cosas. Bien, pues no fue así. En cinco días he disfrutado de actividades que hacía tiempo que no practicaba o que no había hecho en toda mi vida.

nuakchotNuakchot es una ciudad caótica de tráfico y tranquila de gentes. No hay que ir huyendo de gentes que te ofrecen un safari o un paseo en trineo ni de gentes que te piden comida o un cigarro. El “tubabu” (blanco) puede pasear tranquilamente por las calles. Bueno, todo lo tranquilo que permiten los coches que vienen de todas las direcciones y en todos los sentidos que puedes imaginar y la compañía de las cabras u otros animales más o menos domésticos o domesticados.

El mismo miércoles por la tarde había fútbol 6 que no es fútbol 7 ni fútbol sala si no una modalidad intermedia. Por supuesto me invitaron a jugar y acepté la invitación con muchas ganas. Era la primera vez que hacía algo de carrera y que tocaba un balón desde hacía más de un año y medio y el reencuentro fue digamos que mediano. No di pie con bola, jugué con cierto miedo a volver a lesionarme y me dio un poquito de dolor en el tendón rotuliano pero las buenas noticias es que no he tenido ningún problema mayor a partir de ahí salvo una pequeña tendinitis que seguro que voy curando poco a poco.

nouadhibouEl día después de la llegada a Nuakchot se organizó una timba de póker de la que formé parte y no me fue tan mal ya que acabé disputando la última ronda con la única mujer que era capaz de seguir sujetando las cartas y que nos pulió a todos. Como es lógico después de haber ganado el dinero de amigos y conocidos, Aurelia nos invitó a una ronda en el bar de al lado y luego todo se complicó de forma insospechada haciendo imposible nuestro regreso a casa hasta pasadas las cuatro de la madrugada. Recorrimos un par de locales para juergas de expatriados que son realmente deprimentes por el ambiente tan sórdido que se respira pero que supongo que hay que ver alguna vez en la vida. En estos casos con una vez es suficiente. En estos locales las nativas o inmigrantes del sur (negras) tienen unos tipos espectaculares y llevan ropas un par de tallas menores de lo que sería aconsejable para respirar con fluidez y los inmigrantes del norte(blancos) son en general tipos medio calvos y con barriga que se piensan James Bond por el éxito que tienen con las mujeres en estos ambientes. Realmente lamentable pero nosotros por suerte íbamos cuatro hombres haciendo de escoltas de Marta que fue sin duda la reina de la fiesta y además tuvo la amabilidad de no darme una patada demasiado fuerte para que me bajara de su coche en la misma puerta de la casa dónde por circunstancias nos quedamos a dormir la tropa venida de Nouadhibou y yo.

Al día siguiente preparé un desayuno como Ala manda en casa de los primos Alberto y Marie. Se nos unió Ana Vicenta que rápidamente tomó el mando de las operaciones para preparar la fiesta de despedida de Ana Berta esa misma noche. Como quiera que la gente cuando está lejos de España siempre acaba echando de menos las tapas, la fiesta consistía en ir de casa en casa simulando una ronda de bares con sus vinitos, cañitas y sus tapas para terminar en un pub muy animado y bailar sobre la arena hasta que cantó el almuecín llamando a la oración.

Ese mismo día hubo un campeonato de mus “nacional” de Mauritania que por si alguien lo dudaba, hemos ganado Ana Berta y yo. Es decir, que somos los nuevos campeones nacionales de mus de Mauritania. Para daros importancia en reuniones de amigos podéis comentar que conocéis a los campeones de mus de Mauritania que es algo que queda muy bien en cualquier situación.

concierto piano y violin El día después de la fiesta fuimos invitados a un concierto de piano y violín en una casa con piscina, patio, plantas, garajes, vestidores, recibidores, mayordomo y todas esas cosas tan poco habituales en la casa del ciudadano medio mauritano. El concierto estuvo genial y se me pusieron los pelos de punta en varias ocasiones pero al salir de aquel paréntesis de glamour y ostentación en medio de tanta pobreza me sentí culpable de un delito que no había cometido.

Entre unas cosas y otras también fui un día a la playa con dos cántabros barbudos. Es impresionante la calidad de las playas, la falta de gente en ellas y la temperatura del agua. La temperatura es la misma dentro que fuera del agua, el agua es casi transparente y el oleaje es el justo para no aburrirse ni cansarse de los empujones de las olas.

Como podéis imaginar, la mayoría de la gente con la que me he encontrado en Nuakchot trabaja en proyectos de cooperación. Las personas que me he encontrado son maravillosas pero la cooperación es otro tema que merece que le dediquemos una entrada completa en otra ocasión. En cuanto tenga un rato me pongo con ello. Por cierto, ya estamos Babieca y yo juntos otra vez en Nouadhibou.