Como no llegamos a tiempo de coger la barca para Chiang Rai desde Thaton y no queríamos esperar a la siguiente nos fuimos de madrugada hacia Mae Salong. En lugar de un viaje tranquilo en barca de tres horas sin mover músculo alguno habíamos optado, sin saberlo muy bien, por una carretera de cuestas imposibles en las que las subidas terminan donde comienza el descenso siguiente y viceversa. Las rampas entre Thaton (500metros sobre el nivel del mar) y Mae Salong (1200 metros sobre el nivel del mar) son inhumanas, se repite el tipo de carretera que ya encontré en mi camino hacia el fallido intento de llegar a Myanmar por el paso de las Tres Pagodas. Las rampas son tan empinadas que
a duras penas conseguimos seguir avanzando. Por suerte, a partir de cierta altura y con los días nublosos que nos acompañan, las temperaturas son mucho más agradables que hace unos meses y el camino no era demasiado largo, sólo 45 kilómetros separan Thaton y Mae Salong.
Este cambio de orografía me hizo pensar en los pequeños infinitos. Cantor ya dijo cuando definió los conjuntos infinitos que había algunos que eran más grandes que otros. Él llegó a hablar del infinito absoluto como si se tratara de Dios, yo no iré tan lejos aunque, puestos a crear una religión me parece un buen comienzo, equiparable al paseo por el mundo de un príncipe indio, la expulsión de un par de creaciones de tu jardín o crear una tierra para que un dios etéreo pueda
poner los pies. En fin, el caso es que los grandes infinitos pueden pasar inadvertidos y que no saquemos partido de ellos y los pequeños infinitos pueden limitarse a un instante y ser tan intensos que los podamos apreciar en cada fracción de tiempo, espacio, etc… y ser por eso tan infinitos como los más grandes. Esa es la sensación que tuve en esos 45 kms y más concretamente en los veinte últimos, aquello no se acababa nunca con sus partes duras y sus gratificantes vistas. No sabía a dónde mirar, ni de dónde sacar una foto para compartir o recordar y, desde luego, no sabía cuándo se acabarían las cuestas.
Mae Salong tiene una curiosa historia. La ciudad
o pueblo se formó a raíz del asentamiento de un grupo de soldados chinos que huyeron de su país en 1949 tras la revolución china. El ejército revolucionario chino, cuando ya habían consolidado la revolución, se empeñó en erradicar a todos los disidentes que pudieran quedar. En la región de Yuann quedaron algunos batallones que fueron aniquilados, huyeron a Taiwan o Hong Khong, o se quedaron en la zona retrocediendo al sur. Un grupo de unos doce mil soldados se retiró a Myanmar y allí fueron combatidos unos años más tarde por el ejército local apoyado por China con lo que se quedaron en estas montañas y establecieron su cuartel en Mae Salong. De 1973 a 1975 este ejército colaboró en la expulsión o aniquilación (dependiendo de la prisa que se dieron en huir en cada caso) de los comunistas del norte de Tailandia
colaborando con el rey de Tailandia y obteniendo así la nacionalidad tailandesa. La financiación de este ejército venía del cultivo del opio y tras ser aceptados en Tailandia debieron comprometerse a no cultivar esta planta nunca más y pasaron a cultivar té.
Ahora se trata de un pequeño pueblo tailandés en el que se cultiva té y se aprecian algunas mezclas de rasgos. El pueblo sigue estando en la montaña, en lugar de calles está formado por una carretera que conecta la cima de una colina con la siguiente y a lo largo de la cual se van localizando alguna escuela, mercados, tiendas, restaurantes, y cada vez más
hoteles y casas de huéspedes, sin olvidarnos del seven-eleven de turno que no falta tampoco aquí. Hay un museo en recuerdo de los caídos en la guerra contra los comunistas en Tailandia en el que se ensalza la valentía de los soldados chinos que se establecieron aquí. Doy por seguro que la historia será muy diferente en el lado chino de las cosas.
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En estos momentos estamos en Chiang Saen que es la localidad más cercana al triángulo de oro. Se trata del vértice que une los países de Tailandia, Laos y Myanmar. No sé muy bien porqué se llama triángulo de oro aunque creo que tiene que ver con el comercio de opio que se llevó a cabo en esta zona en el siglo XIX y que reportaba pingues beneficios sobre todo para los británicos. Tengo pendiente una visita a un museo que trata de este tema y espero enterarme un poco mejor de qué va la historia y os cuento algo más.
y las cuestas son muy parecidas a lo que ya casi no recordaba de Tailandia. Ocurre que como aquí está casi todo asfaltado y se puede acceder de forma más fácil con vehículos, hago recorridos que hacen los coches y las motos de forma habitual y se pierde toda sensación de estar explorando zonas ignotas. De hecho, ayer domingo cuando estaba en lo alto de una montaña, después de sudar tinta china para llegar, recorriendo parajes fascinantes y con vistas espectaculares de la montaña, me encontré en un pueblecito en el que había dos tiendas de estas que abundan por aquí en las que te venden de todo a pesar de no tener estanterías y todo el mundo, incluidos un par de turistas de Singapur con su guía y su chofer, estaba viendo los pequeños televisores en el fondo de las pequeñas tiendas para seguir atentamente el combate de boxeo del siglo o eso dicen. No quiere decir que el esfuerzo no valga la pena, es simplemente que es completamente diferente a lo que pasaba en Myanmar.
Mae Sai es la típica localidad de frontera. Es casi toda ella un gran mercado de todo y en todas las cantidades, desde un lapicero a un camión de lavadoras se puede comprar de todo. El pueblo está a los dos costados de la vía principal que no es otra que la carretera que va al paso fronterizo con Myanmar. En esta carretera, a partir de las cuatro de la tarde, se monta una especie de mercado nocturno al estilo de Tailandia en el que hay varios y variados puestos de comida combinado en este caso con las tiendas de la vía principal que abren hasta mucho más tarde que el resto de tiendas del mercado. Por supuesto en esta vía principal están los bancos, el Tesco y el Seven-Eleven que no faltan ya en ninguna ciudad de Tailandia. En el lado de Myanmar está la ciudad de Tachileik en la que no estuve mucho tiempo pero pude observar que se acumulan almacenes de electrodomésticos, concesionarios de coches y otros almacenes dedicados a la importación de bienes. Algo que es un buen negocio en Myanmar en estos momentos con el país desarrollándose a gran velocidad.
cuece por allí (espero no ser yo dadas las circunstancias). Estoy justo en frente del río Mekong y al otro lado está Laos. Me eh informado un poco y parece que el norte de Laos es elevado con mucha montaña y temperaturas más suaves en estos meses antes de que lleguen las lluvias. Definitivamente es una buena opción aunque voy a tener que sopesar un poco más los pros y los contras. Por una parte quiero ir para allá y por otra me fastidia irme así tan rápido de Tailandia sin casi haber aterrizado. Por otra parte el plazo para visitar esta zona es casi el perfecto, de hoy a final de mes.
cara y tiene menos encanto. No se dan apenas situaciones en las que tengas que señalar lo quieres comer o pasar a la cocina a verlo tú mismo. Es muy difícil poder hablar en inglés con gente local en Myanmar mientras que en Tailandia es relativamente fácil encontrar alguien que hablé la lengua de Shakespeare. En general todo es mucho más cómodo para el viajero en Tailandia mientras que en Myanmar todo cuesta más y también, por el contrario, es más gratificante y tiene más encanto. Hace poco me dijo alguien que, cuando viajas (especialmente si lo haces en bicicleta), los peores días resultan ser luego con la perspectiva que da el tiempo los mejores días. Igual es por eso que creo que me quedo con Myanmar y también creo que poder salir a Tailandia de vez en cuando es todo un alivio y un descanso.
Se ha pasado una semana desde que llegué al lago Inle. Como ya comenté aquí el clima es mucho más benigno y el entorno es realmente espectacular así que decidí quedarme por estos parajes unos días más. Estaré hasta el sábado. Me voy en avión a Tachileik justo en la frontera con Tailandia por el norte. La razón de ir en avión es que no está permitido llegar hasta allí por tierra. Es una zona de conflicto permanente. Y voy a esa zona para continuar viajando por el norte mientras el clima siga siendo tan caluroso. Además todo el mundo habla maravillas de Chiang Mai y especialmente de Chiang Rai que es justamente a donde me dirijo. Al parecer, en los vuelos locales meter una bici en el avión no es ningún problema, ni siquiera hace falta empaquetarla, simplemente con no sobrepasar los veinte kilos de equipaje es suficiente. Llevaré en la mano lo que me haga falta para no sobrepasar ese peso y además creo que con eso tampoco es que se pongan muy estrictos. Por otra parte el coste del vuelo es el equivalente a lo que me iba a gastar desandando todo el camino para salir por donde entré que es la única otra opción que tengo.
rutas por las montañas de alrededor del lago. Normalmente los turistas vienen dos o tres días a Inle Lake, se dan el paseo en barca por el lago, ven los talleres de telas, tabaco, paraguas de papel, cuchillos, bisutería, etc… se compran uno o dos recuerdos o regalos para familiares y amigos, dan un paseo en bici por la zona norte del lago y en algunos casos bajan hasta In Thein a ver la pagoda. Es lo más accesible y además es donde está el negocio para los habitantes locales que viven del turismo. Las montañas son otra cosa, cuesta mucho llegar y no te venden nada y sin embargo puedes percibir lo que este país ha sido hasta hace no tanto y lo que se sigue conservando en zonas rurales escondidas. Supongo que estas no son las más recónditas del país esas seguro están en esas zonas que no son accesibles para los turistas.
indicado con un dibujo en un papel. No hay mapas, no hay indicaciones y casi nadie habla inglés por esos parajes. La ruta ascendía por un valle cortado a plomo entre las montañas, con un arroyo de agua limpia y algunos campos cultivados. La pendiente era muy fácil al principio hasta que abandonamos el lecho del valle y empezamos a subir y subir por rampas bastante fuertes. Al cabo de unos ocho kilómetros de subida llegué a un pueblo (Nambli) donde un hombre me invitó a entrar en su casa y me ofreció té y… oh sorpresa, plátanos. Obviamente la conversación no llegó muy lejos, con unos signos les expliqué que iba sólo y conseguí preguntar por Imne que era el siguiente pueblo en mi garabateada ruta. Los pueblos de la montaña se ubican sobre la parte más elevada de las montañas en las únicas zonas llanas que hay y las casas van en hileras por la cuerda de la montaña. Supongo que aparte de ser llano está protegido de desprendimientos de tierra con la lluvia y además no hay que olvidar que tienen las mejores vistas.
tres kilómetros más y allí las vistas son espectaculares. Era domingo y quizás por eso o por alguna fiesta local, la gente en edad de merecer estaba en las escuelas del pueblo bailando al son de un grupo de música compuesto por un batería, un guitarra, piano y cantante acompañados de un tipo que lo mismo tocaba el gong que una campanilla o un bombo muy largo de los que ya voy viendo varios por la zona. El baile no sabría muy bien cómo describirlo, los hombres a los lados o alrededor de las mujeres y todos haciendo movimientos acompasados en una coreografía que parecía bien ensayada y sin que nadie se llegará a tocar con nadie. Intenté grabar un vídeo pero me salió tan borroso que no sirve de nada.
Desde Imne seguí las indicaciones a Pon Tae y lego a Lwe Kok según estaba dibujado en el mapa sin problemas. Las vistas en esta parte del recorrido son sencillamente embriagadoras. La sensación de navegar por encima de las montañas con Katanka y de estar entrando en territorio inexplorado es indescriptible. Desde Lwe Kok se suponía que debía bajar directamente a Nyaung Shwe pero algo falló. No sé si fue por el hecho de que haya otro pueblo con un nombre parecido por allí, o quizás que cometí el error de fiarme sólo de la indicación de un niño que estaba sentado a la sombra de unos mangos, o simplemente que era lo que tenía que pasar; el caso es que me fui por el camino equivocado, y como además este camino pronto empezó a ser en descenso y me lo estaba pasando tan bien resultó que aparecí en una carretera que no me sonaba de nada. Cuando pude enterarme de dónde estaba eran las tres y media de la tarde y estaba a casi cincuenta kilómetros de Nyaung Shwe, pensé que no podía empeorar mi situación como empezó a llover. ¿Habéis visto “El jovencito Frankenstein”? Estaba claro que no podía llegar a Nyaung Shwe y me estaba mojando así que paré en la primera casa que encontré en la carretera. Resultó ser un pueblo católico y el dueño se dedicaba a llevar turistas en una furgoneta cuando había suficiente demanda. Miel sobre hojuelas vaya. Me llevó hasta casi mi destino previo pago de un módico precio y se salvó la situación sin mayores consecuencias.
vez haciéndola en sentido contrario y conseguí terminarla correctamente e incluso con un extra para bajar al lago por una zona de pendiente mu pronunciada y vistas maravillosas del lago. Me estoy haciendo un experto en la montaña y de hecho voy a escribir unas indicaciones en inglés con un plano que dibujaré con ayuda de un chico local que se dedica a alquilar bicicletas. Me lo ha pedido como favor y como él me ha ayudado con sus indicaciones pues se lo voy a preparar. No creo que esto ayude a masificar el turismo en las montañas, aún con indicaciones hay que pedalear por rampas muy duras para tener la recompensa de la cima.



El sábado fui todo el día por las montañas, por carreteras muy estrechas y sin nada de tráfico y disfrutando de vistas maravillosas que a veces se estropeaban un poco con alguna mancha negra o un poco de humo pero que realmente merecen la pena. Los pueblos son también bastante peculiares con arquitectura popular se lo más auténtico y en los que no ha tenido un gran impacto todavía el hecho de pertenecer a una ruta turística como puede ser loa Vía de la Plata. He de decir que esta que yo estoy haciendo es una variante que no se había promocionado demasiado y es por lo tanto una de las menos transitadas.






