
Desde Melaka me fui a Sepang a ver las carreras de motos. Supongo que habréis oído algo estos días acerca del tema. Que si Valentino le dio una patada a Márquez o que si Márquez intentó tirar a Valentino con la cabeza. Yo estaba muy lejos de donde ocurrió todo pero viendo las repeticiones una y otra vez en el circuito, se me estaba quedando cara de tonto. En Malasia todo el mundo que va a las carreras tiene una gorra, una camiseta o una bandera de Valentino Rossi y, por supuesto, todos estaban a favor de él. A mí no es que me importe mucho quién gane el mundial y menos si la

elección está entre Valentino o Lorenzo y, aun así, me estaba pareciendo que si aquello se quedaba sin sanción se estaba abriendo una puerta muy peligrosa. Conseguí hablar con un italiano que había visto lo mismo que yo salvo que él no esperaba sanción ni la deseaba, claro.

El ambiente en las carreras es especial. Creo que en esta parte del mundo no saben mucho de motos aunque hay que reconocerles que animando a Rossi son únicos. Cada vez que el público gritaba o animaba era que Rossi había aparecido en una pantalla, o pasaba por delante de la gente o cualquier otra cosa que tuviera que ver son él. Del resto no se preocupan demasiado, a Pedrosa le ignoraron a pesar de ser el mejor los tres días, y a Lorenzo sólo le silbaron alguna vez aunque tampoco muy convencidos. Los stands que se montan compiten por mostrar sus productos a un público que se supone es motero. Las chicas, estupendas ellas,

se pasan todo el día cerca de las motos de exposición sonriendo y haciéndose fotos con todo el que pasa. Al final del día la cara que ponen para la foto deja de ser muy sonriente y la pose es bastante más relajada que por la mañana. Se ven infinidad de parejas de británicos muy mayores con asiáticas no tan mayores y grupos de chavales locales que sólo quieren pasar un buen rato y, si es posible, llevarse una camiseta o gorra o bandera de Valentino a casa. Lo del autógrafo es para nota. Hay quien hace cola desde las ocho de la mañana hasta las once y media para poder llevarse uno aunque para ello se pierdan toda la acción de la mañana en la pista.

En la salida del circuito me robaron el móvil, en un tumulto que se formó para montar en un autobús que te lleva a otro autobús que te lleva a Kuala Lumpur, alguien aprovecho para aligerar mi carga. No es una gran pérdida y el lugar es el indicado para comprar teléfonos móviles. En Kuala Lumpur son muy baratos y mi modelo era ya antiguo. Me fastidia porque la cámara era bastante buena para móvil y quizás no demasiado potente para las fotos que voy poniendo en el blog aunque cubría el expediente. Ya me diréis si con el nuevo las fotos están a la altura de antes o no. Sólo he perdido las fotos del circuito y de las chicas de los stands, lo lamento

por los fans de las motos y de las asiáticas guapas, delgadas y sonrientes subidas en motos potentes y de diseño. Tampoco habrá tantos, ¿no?
Desde el domingo por la noche estoy en Kuala Lumpur. Kuala Lumpur era una aldea con apenas veinte o treinta chozas, asentadas en la unión de dos ríos, hace sólo 158 años. Hoy viven más de seis millones de personas en esta ciudad y tiene las torres más altas del mundo. El crecimiento es patente en la ciudad, hay obras nuevas por todos los sitios y la transformación de la ciudad es evidente. Hay zonas de grandes torres plagadas de centros comerciales y restaurantes de grandes cadenas o de lujo, y otras zonas en las que todavía predominan las casas de madera con tejados de latón de una o

dos alturas como máximo. La historia es muy parecida a la de Melaka, con su periodo colonial del que se conservan varios edificios, principalmente en la zona de la plaza Merdeka (libertad en malayo), donde los británicos tenían su campo de cricket y el club. Tiene su barrio chino y su barrio indio. Parece ser que los ingleses trajeron a los chinos para explotar las minas de estaño y a los indios como sirvientes. Antes de la independencia mantenían a unos separados de otros, en barrios diferentes, hoy se empiezan a mezclar aunque el factor étnico y, sobre todo, el religioso y cultural, siguen manteniendo unas comunidades separadas de las otras sin que la mezcla sea muy notable.
Mi plan era pasar sólo un par de días en Kuala

Lumpur y he estado casi una semana completa. Esta ciudad da para pasar mucho tiempo y además se da el caso de que cuanto más conoces más disfrutas de lo que tiene que ofrecer. Aparte de las atracciones turísticas, hay actividades diferentes cada día. No en vano se trata de una gran capital y, a pesar de esto, es una ciudad relativamente pequeña y con buen servicio de transporte público que te permite llegar a casi cualquier lugar de la ciudad de forma rápida y sencilla. Es una ciudad muy recomendable y en continua evolución. La sensación que da es que si regresas en unos años encontrarás una ciudad completamente distinta de la actual.
Estos días ha comenzado el monzón en esta zona. Ya hacía falta. La atmósfera estaba cargada de humo que viene de la quema de los restos de cosechas de arroz, principalmente

en Indonesia. Este humo se mantiene en suspensión sin moverse demasiado hasta que llegan las lluvias y lo eliminan del ambiente. La prueba de la limpieza es que ahora ya se ven las torres Petronas desde todos los extremos de la ciudad mientras que antes no se alcanzaban a ver desde lugares incluso cercanos. Un problema bastante serio, el de la polución en esta parte del mundo.

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Desde Singapur me compré un billete de autobús hasta Mersing en la costa este de Malasia y a salto de ferri de la Isla Tioman. Pensaba que iba a ser complicado llegar a la frontera, pasar, buscar un transporte y llegar hasta Mersing y resultó muy sencillo, se compra el billete directamente en Singapur y el conductor del bus te indica los pasos para cruzar la frontera de Malasia que son muy rápidos y sin mucha gente, al menos cuando yo pasé. El autobús recorre por Malasia unos doscientos kilómetros que son una secuencia infinita de campos de palmeras dedicadas a la producción de aceite de palma. Hasta ahora no había visto demasiadas palmeras de estas y me resultó bastante chocante ver la concentración que hay en esta zona. Todos los campos que son cultivables están dedicados a la producción de aceite de palma. Estamos en el final de la época seca en esta zona y es en esta época cuando se queman todos los restos de cosechas pasadas con lo que se crea un ambiente como de neblina permanente debido al humo en suspensión en el aire. La visibilidad no es muy buena y siempre se respira cierto grado de contaminación. Hay zonas de mayor concentración y menor y días peores y mejores pero el ambiente está un poco enrarecido.
de Tioman. El trayecto dura dos horas y media. En el viaje me senté al lado de Bobby “El Fuego”, un tipo de veintiséis años de edad que lleva el negocio familiar de la producción de aceite de palma y vive en Kuala Lumpur donde tiene un negocio de fotografía que es lo que realmente le gusta hacer. Me contó un montón de cosas de su vida y su trabajo y sus expectativas y también se interesó bastante por mi viaje y mi vida. Pasamos unas horas entretenidas charlando. Me ofreció llevarme hasta Malacca en la costa oeste y relativamente cerca de Kuala Lumpur el martes y es muy probable que acepte la invitación. Es un personaje curioso y aparentemente muy amable y divertido, igual nos vamos juntos a las carreras de motos aunque esa es otra historia que ya veremos cómo acaba.
Pulau Tioman es una isla bastante grande, unos veinticinco kilómetros de larga y once de ancha, con forma de tortuga según los locales. La principal actividad es el buceo y Snorkel. Es una isla muy turística, visitada por locales en los fines de semana y por extranjeros casi todo el año. Está época del año es la más tranquila en la isla ya que el monzón se aproxima y la isla queda casi desierta de noviembre a febrero. Las playas están casi vacías y no hay problema
de alojamiento, hay pocos locales abiertos para comer y casi ninguna opción para conectarse a internet. Aun así, he encontrado un restaurante muy tranquilo y barato con buena conexión, una silla mirando al mar y algunos gatos en el lugar que he convertido en mi oficina para algunos trabajos que tenía pendientes y para ir actualizando el blog.
No tengo licencia de buceo con lo que me fui a hacer snorkel. El grupo que me tocó en suerte estaba formado por cuatro chavales malayos, una turista francesa y mi menda. No tenía unas expectativas demasiado altas de lo que iba a conseguir ver y sin embargo es simplemente alucinante. Nos llevaron en una barca a motor hasta una isla a una media hora de la isla de Tioman de cuyo nombre no me acuerdo pero que el guía llamaba “Coral Island” y realmente lo es. Las aguas no son muy profundas con lo que con las gafas ves perfectamente hasta el fondo y se ven infinidad de corales, un gran jardín de coral debajo del agua, de todos los colores y formas. Hay peces blancos, amarillos, azules, morados, verdes, multicolor, blancos y negros, camuflados con el fondo, peces pequeños que nadan en grupos con forma de pez grande, bancos de peces que forman un gran cuerpo nadando, erizos, y mucho más. El espectáculo es grandioso y lo pasé de maravilla desde las diez de la mañana a las cinco de la tarde. Una gran actividad para quien tenga ocasión.
En Mersing conocí a un par de chavales escoceses que viajan con una guitarra, amplificador y algún instrumento más. Se dedican a cantar y a componer sus canciones. Me pidieron que les grabara mientras cantaban una canción para enviar el vídeo a un amigo suyo que cumplía los cuarenta años y así, hablando, nos hicimos un poco coleguitas. Ellos se alojaban cerca de donde yo estaba y coincidimos el lunes por la noche en un local en el que iban a tocar algunas canciones. Con eso de la música en directo y el ambiente del lugar, nos dieron las tres de la mañana tomando cervezas y cantando (ellos claro). Una pareja muy singular y realmente hacen una música muy digna. Espero seguir en contacto y enterarme algún día de que se han hecho famosos, aunque creo que están muy fuera de los círculos comerciales. El tiempo lo dirá.
Desde Paksong, en el Bolaven Plateau en Laos, nos fuimos directamente a la frontera con Tailandia, son unos cien kilómetros y los primeros cincuenta son de bajada continua, con lo que el camino se hace bastante sencillo. Por el camino tuvimos que parar varias veces por lluvias intermitentes que suelen ser flojas aunque a veces se ponen intensas y no te dejan ver casi nada. No es que moleste mucho que te llueva con temperaturas de treinta grados, es la visibilidad lo que impide continuar tranquilamente con la ruta y más cuando vas por carreteras con cierto tráfico, como es el caso de la ruta hasta la frontera.
nos quedamos a dormir cerca para hacer al día siguiente los otros cien kilómetros que nos separaban de Ubon Ratchathani, más conocido como Ubon. En cuanto entras en Tailandia, la cosa cambia, las carreteras son muy rectas, casi llanas y el asfalto es muy bueno. Katanka avanza con facilidad por este terreno y sin embargo, yo me aburro y no me agrada tener coches todo el tiempo pasando a nuestro lado. Creo que ya lo comenté antes, circular en bicicleta por Tailandia no es muy divertido ni los paisajes son demasiado interesantes, salvo en rutas concretas y siempre buscando carreteras secundarias.
Dejé a Katanka en Ubon el día siete de octubre y me fui a pasar unos días con Ana en Yangon, aunque luego tuvimos que cambiar los planes y acabamos pasando unos días en Yangon y otros en Bangkok. Ha sido una semana en total y nos hemos dedicado a descansar y recuperar fuerzas y salud para luego separarnos de nuevo. En el aeropuerto de Bangkok, tú a Yangon y yo a Singapur, los vuelos salían a la misma hora y fue extraño ir a acompañarnos mutuamente al avión.
centro financiero y de oficinas, pasando por barrios intermedios, el barrio chino y algunos parques. En general, es una locura de tráfico y ruido y se hace complicado moverse por la ciudad. Yangon está aún lejos del nivel de saturación de Bangkok aunque está cambiando a pasos acelerados hacia un modelo de ciudad muy similar.
Desde Bangkok me fui a Singapur. Llegar a Singapur es un choque para los sentidos. Nada más salir del metro me quedé impresionado con la cantidad de edificios altísimos que compiten por llevarse un trozo del horizonte visual. Es realmente impresionante ver esas moles de acero, hormigón y cristal. Son homenajes a la opulencia, cada banco o gran compañía compite con las demás por tener el edificio más impresionante, más alto, más moderno, más limpio, más sobrecogedor, más lejos de la escala humana y por supuesto, más caro. Las calles están impolutas y los jardines en perfecto estado gracias a una tropa de trabajadores venidos de Bangladesh e India. Las avenidas son anchas, sin mucho tráfico, todo muy civilizado y las aceras son anchas y están pensadas
para que la gente camine o incluso se mueva en bicicleta. La gente va de un lugar a otro con un destino claro en sus mentes, es todo muy eficiente. En algún sitio he leído que Singapur es el segundo país más competitivo del mundo, el cuarto puerto por movimiento de mercancías y el lugar del mundo donde es más fácil hacer negocios. Se percibe en el ambiente que es algo diferente y sin embargo, también se ve a gentes con caras serias, con tics nerviosos que delatan su estrés. Esto tampoco lo había visto antes en Asia, en otros lugares sí.





