Se ha pasado una semana desde que llegué al lago Inle. Como ya comenté aquí el clima es mucho más benigno y el entorno es realmente espectacular así que decidí quedarme por estos parajes unos días más. Estaré hasta el sábado. Me voy en avión a Tachileik justo en la frontera con Tailandia por el norte. La razón de ir en avión es que no está permitido llegar hasta allí por tierra. Es una zona de conflicto permanente. Y voy a esa zona para continuar viajando por el norte mientras el clima siga siendo tan caluroso. Además todo el mundo habla maravillas de Chiang Mai y especialmente de Chiang Rai que es justamente a donde me dirijo. Al parecer, en los vuelos locales meter una bici en el avión no es ningún problema, ni siquiera hace falta empaquetarla, simplemente con no sobrepasar los veinte kilos de equipaje es suficiente. Llevaré en la mano lo que me haga falta para no sobrepasar ese peso y además creo que con eso tampoco es que se pongan muy estrictos. Por otra parte el coste del vuelo es el equivalente a lo que me iba a gastar desandando todo el camino para salir por donde entré que es la única otra opción que tengo.
He aprovechado esta semana para realizar
rutas por las montañas de alrededor del lago. Normalmente los turistas vienen dos o tres días a Inle Lake, se dan el paseo en barca por el lago, ven los talleres de telas, tabaco, paraguas de papel, cuchillos, bisutería, etc… se compran uno o dos recuerdos o regalos para familiares y amigos, dan un paseo en bici por la zona norte del lago y en algunos casos bajan hasta In Thein a ver la pagoda. Es lo más accesible y además es donde está el negocio para los habitantes locales que viven del turismo. Las montañas son otra cosa, cuesta mucho llegar y no te venden nada y sin embargo puedes percibir lo que este país ha sido hasta hace no tanto y lo que se sigue conservando en zonas rurales escondidas. Supongo que estas no son las más recónditas del país esas seguro están en esas zonas que no son accesibles para los turistas.
El primer día me fui unos quince kilómetros al Sur para hacer una ruta que me habían
indicado con un dibujo en un papel. No hay mapas, no hay indicaciones y casi nadie habla inglés por esos parajes. La ruta ascendía por un valle cortado a plomo entre las montañas, con un arroyo de agua limpia y algunos campos cultivados. La pendiente era muy fácil al principio hasta que abandonamos el lecho del valle y empezamos a subir y subir por rampas bastante fuertes. Al cabo de unos ocho kilómetros de subida llegué a un pueblo (Nambli) donde un hombre me invitó a entrar en su casa y me ofreció té y… oh sorpresa, plátanos. Obviamente la conversación no llegó muy lejos, con unos signos les expliqué que iba sólo y conseguí preguntar por Imne que era el siguiente pueblo en mi garabateada ruta. Los pueblos de la montaña se ubican sobre la parte más elevada de las montañas en las únicas zonas llanas que hay y las casas van en hileras por la cuerda de la montaña. Supongo que aparte de ser llano está protegido de desprendimientos de tierra con la lluvia y además no hay que olvidar que tienen las mejores vistas.
Hasta Imne el camino sigue subiendo por otros
tres kilómetros más y allí las vistas son espectaculares. Era domingo y quizás por eso o por alguna fiesta local, la gente en edad de merecer estaba en las escuelas del pueblo bailando al son de un grupo de música compuesto por un batería, un guitarra, piano y cantante acompañados de un tipo que lo mismo tocaba el gong que una campanilla o un bombo muy largo de los que ya voy viendo varios por la zona. El baile no sabría muy bien cómo describirlo, los hombres a los lados o alrededor de las mujeres y todos haciendo movimientos acompasados en una coreografía que parecía bien ensayada y sin que nadie se llegará a tocar con nadie. Intenté grabar un vídeo pero me salió tan borroso que no sirve de nada.
Desde Imne seguí las indicaciones a Pon Tae y lego a Lwe Kok según estaba dibujado en el mapa sin problemas. Las vistas en esta parte del recorrido son sencillamente embriagadoras. La sensación de navegar por encima de las montañas con Katanka y de estar entrando en territorio inexplorado es indescriptible. Desde Lwe Kok se suponía que debía bajar directamente a Nyaung Shwe pero algo falló. No sé si fue por el hecho de que haya otro pueblo con un nombre parecido por allí, o quizás que cometí el error de fiarme sólo de la indicación de un niño que estaba sentado a la sombra de unos mangos, o simplemente que era lo que tenía que pasar; el caso es que me fui por el camino equivocado, y como además este camino pronto empezó a ser en descenso y me lo estaba pasando tan bien resultó que aparecí en una carretera que no me sonaba de nada. Cuando pude enterarme de dónde estaba eran las tres y media de la tarde y estaba a casi cincuenta kilómetros de Nyaung Shwe, pensé que no podía empeorar mi situación como empezó a llover. ¿Habéis visto “El jovencito Frankenstein”? Estaba claro que no podía llegar a Nyaung Shwe y me estaba mojando así que paré en la primera casa que encontré en la carretera. Resultó ser un pueblo católico y el dueño se dedicaba a llevar turistas en una furgoneta cuando había suficiente demanda. Miel sobre hojuelas vaya. Me llevó hasta casi mi destino previo pago de un módico precio y se salvó la situación sin mayores consecuencias.
Regresé a esta ruta un par de días después pero esta
vez haciéndola en sentido contrario y conseguí terminarla correctamente e incluso con un extra para bajar al lago por una zona de pendiente mu pronunciada y vistas maravillosas del lago. Me estoy haciendo un experto en la montaña y de hecho voy a escribir unas indicaciones en inglés con un plano que dibujaré con ayuda de un chico local que se dedica a alquilar bicicletas. Me lo ha pedido como favor y como él me ha ayudado con sus indicaciones pues se lo voy a preparar. No creo que esto ayude a masificar el turismo en las montañas, aún con indicaciones hay que pedalear por rampas muy duras para tener la recompensa de la cima.
También he hecho alguna incursión por la zona oeste del lago. No os aburriré con los detalles, sólo decir que las cuestas son aún más empinadas por ese lado y, por lo tanto, las vistas son mejores aún. Os dejo algunas fotos que seguro os gustará ver.




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El sábado tocaba día descanso después de la ruta del día anterior con Katanka. Una cosa que hay que hacer sí o sí en Inle Lake es tomar un barco para que te lleve a los lugares más señalados en el propio lago. Aproveché el sábado para esta actividad inexcusable y así dejar a Katanka descansar. Cada barca lleva a un máximo de cuatro turistas ya que no se pueden cargar mucho en esta época del año por estar las aguas del lago, y de los canales adyacentes, muy bajas. Me fui directamente a la zona del canal donde están todas las barcas (sobreoferta en estos días) y nada más llegar me preguntó Marvin (un chico francés de familia italiana) que si quería compartir. Le dije que perfecto pero que quizás podíamos encontrar a otros dos turistas y completar una barca. A los pocos metros encontramos a María y José, no es broma, (una pareja de chilenos que ya tenían una barca contratada) y estuvieron de acuerdo en compartir así que nos fuimos a dar el garbeo por el lago los cuatro.
La visita al lago es una de esas cosas que hacemos cuando viajamos como si fuéramos ganado, sin pensar, pero que lo hace todo el mundo porqué realmente merece la pena. Impresiona ver a los pescadores subidos en un extremo de sus pequeñas barcas manejando el remo con los pies para dejar libres las manos para ir colocando y sacando las redes. No nos pudimos acercar demasiado; la sensación es que no realizan demasiadas capturas ni parece que los peces sean muy grandes. Aun así, en los mercados alrededor del lago se ven algunos ejemplares enormes de pez gato y otros pescados de río de tamaño respetable con lo que imagino que en ocasiones tendrán suerte.
de cuello largo que están fabricando telas en una de las casas flotantes. Estas mujeres alargan sus cuellos de forma artificial poniéndose aros en el cuello y añadiendo uno nuevo cada cierto tiempo hasta conseguir cuellos realmente largos. No quise tomar la foto de este espectáculo que me pareció un tanto bochornoso. Dicen que una vez que hacen crecer su cuello con los aros no se los pueden quitar ya que la musculatura del cuello no soportaría la cabeza. También colocan aros en las pantorrillas para deformar las piernas y que no tengan gemelos, es una imagen curiosa que a mí me hizo sentir más tristeza que admiración y especialmente por el entorno en que nos encontrábamos. Se trataba de una más de las atracciones de la ruta.
Paramos también en varios pueblos, un mercado y varias pagodas. En una de ellas se encuentran los cincos budas que son cinco cabezas de buda en las que la gente coloca unas pegatinas de color oro y en las que han pegado ya tantas que apenas se distingue la forma, parecen más bien unas bolas de color oro un tanto informes. Este es el tercero de los lugares más sagrados para el budismo que visito después del monte Kyaikto o Golden Rock y Swendagon Paya la pagoda principal en Yangon. Estos días son de celebraciones de noviciados. Parece ser que son fechas para celebrar la incorporación al budismo de los nuevos feligreses y con ello encontramos alguna fiesta curiosa que se produce en las pagodas con comida para todo el mundo y algo fervor piadoso al estilo budista. Nos alejamos del lago por un canal que para mantener el
nivel de agua estaba perlado de exclusas consistentes en barricadas de sacos de arena con espacio reducido para que pase el agua y muy apurado para que pasen las barcas. Subimos a un lugar privilegiado para avistar el lago y también visitamos unos huertos flotantes principalmente de tomates y con todo esto de regreso a Nyaung Swhe a las seis de la tarde cuando está casi anocheciendo. El atardecer sobre el lago fue sencillamente espectacular. En conjunto es una visita que hay que hacer aunque tenga sus luces y sombras a mi modo de ver.
un poco de sociabilidad y además al ser tres hispano parlantes incluso pude hablar castellano en algunos momentos. Las formas de viajar son variadas y no creo que una sea mejor que otras, simplemente pienso que Siddhartha estaría de acuerdo en que el término medio es donde se encuentra la virtud y con ella la felicidad.
En el momento de escribir esta entrada sigo en Inle Lake y me voy a quedar hasta el miércoles o jueves para luego marcharme directamente a Tailandia de nuevo. Mi visado expira el día 3 de Mayo y podría usar los días para visitar Mandalay o Bagan pero he decidido que ahora se está muy bien donde estoy y ya tendré ocasión de volver a Myanmar más adelante cuando no haga tanto calor y visitaré algunas cosas de las que me dejo por el camino. En todo caso, también creo que parte del viaje consiste en llegar a conocer los sitios y, si es posible, las gentes en un poco más de profundidad y eso no se consigue pasando una noche en cada lugar al que vas llegando. Inle Lake es una zona muy turística dentro de Myanmar aunque al ser temporada baja no se ven tantos rubios y soy, por poner un ejemplo, el único huésped en la casa en la que me estoy quedando.
tranquilos con visitas apacibles al lago o lugares cercanos a Nyaung Swhe que es el pueblo en el que me he quedado alojado toda la semana. Hay muchas agencias de viajes que alquilan bicis para dar paseos cerca del pueblo y algunas alquilan también bicis de montaña de diversas calidades. Me han hablado de una agencia que tiene incluso bicis con marco de carbono para alquilar. Aún no he visto eso pero tengo la intención de investigar más en cuanto acabe con este relato.
de Myanmar y con el agua del lago, están en pleno desarrollo. El cultivo del arroz lo hacen en parcelas no muy grandes definidas con unos pequeños taludes de tierra entre unas y otras y que están en su mayoría inundadas. Primero siembran arroz en una parcela con mucha densidad de plantas y cuando estas plantas tienen un tamaño de unos treinta centímetros las arrancan a mano, hacen hatillos, y las plantan de nuevo una a una en otra parcela esta vez a una distancia de unos diez centímetros entre cada planta y la siguiente y diez centímetros también entre hileras. Todo esto lo hacen a mano, tienen unas mulillas mecánicas de esas que hay que dirigir con un manillar y caminar detrás de ellas, con ruedas de metal como norias, que usan para batir el limo del fondo de los arrozales. Creo que esta es toda la mecanización que utilizan, el resto de los trabajos se hacen a mano y muchas veces son las mujeres las que lo llevan a cabo.
espectáculo de malabares, exhibiciones atléticas, equilibrismo y doma de animales que van del perro al elefante pasando obviamente por la cabra el mono y el ponny. El caso es que cada vez que el ejercicio era realizado por mujeres, los narradores, que eran una especie de payasos a lo oriental, empezaban a hacer chistes de forma que se convertía más en un espectáculo de humor que uno de habilidad o destreza. Incuso cuando acaban las mujeres su parte, estos payasos hacían lo mismo que ellas demostrando así que no era tan difícil, quizás con la intención de quitarle importancia a lo que las mujeres habían realizado. Sumamos esto al hecho de que las mujeres no pueden acercarse a los lugares más sagrados del budismo y la foto está completa.
adentramos por una senda que corre al costado de un canal a través del humedal que rodea el lago y, así a lo tonto, llegamos hasta el propio lago por un paseo espectacular a la sombra de los árboles, entre cultivos de arroz, girasoles, pimientos, etc…, circulando por una vereda estrecha y cruzando infinidad de pequeños puentes de bambú. Ahí llegó el problema que ya preveíamos; para cruzar al otro lado e intentar el regreso por el costado Este del lago haría falta una barca. Por suerte llegamos a un punto cerca de una casa dedicada a la fabricación y venta de bisutería y suvenires para turistas y allí, por suerte, había un grupo de franceses con una guía local que me ayudó a entenderme con la gente de la casa que, por suerte, tenía una barca y que, por suerte, tenía que acudir al mercado al otro lado y que, por suerte, me llevó hasta allí sin cobrarme ni aprovecharse de mi delicada situación. A veces no sé si tengo mucha suerte o si es la suerte quien viene a buscarme cuando más me hace falta.
parte Este parando a comer y haciendo una breve incursión en las montañas para subir a visitar el Monasterio del Bosque. No es un sitio especialmente señalado ni muy bonito aunque tiene el aliciente de estar en las primeras estribaciones de las montañas a unos trescientos metros de altura sobre el lago y desde allí se puede ver casi el lago entero. La subida es dura pero asfaltada y no muy larga, merece la pena el paseo sólo por las vistas. Hasta aquí el relato del segundo día, seguiré contando el resto en otras entradas, hay mucho que contar para una sola.