El sábado tocaba día descanso después de la ruta del día anterior con Katanka. Una cosa que hay que hacer sí o sí en Inle Lake es tomar un barco para que te lleve a los lugares más señalados en el propio lago. Aproveché el sábado para esta actividad inexcusable y así dejar a Katanka descansar. Cada barca lleva a un máximo de cuatro turistas ya que no se pueden cargar mucho en esta época del año por estar las aguas del lago, y de los canales adyacentes, muy bajas. Me fui directamente a la zona del canal donde están todas las barcas (sobreoferta en estos días) y nada más llegar me preguntó Marvin (un chico francés de familia italiana) que si quería compartir. Le dije que perfecto pero que quizás podíamos encontrar a otros dos turistas y completar una barca. A los pocos metros encontramos a María y José, no es broma, (una pareja de chilenos que ya tenían una barca contratada) y estuvieron de acuerdo en compartir así que nos fuimos a dar el garbeo por el lago los cuatro.
La visita al lago es una de esas cosas que hacemos cuando viajamos como si fuéramos ganado, sin pensar, pero que lo hace todo el mundo porqué realmente merece la pena. Impresiona ver a los pescadores subidos en un extremo de sus pequeñas barcas manejando el remo con los pies para dejar libres las manos para ir colocando y sacando las redes. No nos pudimos acercar demasiado; la sensación es que no realizan demasiadas capturas ni parece que los peces sean muy grandes. Aun así, en los mercados alrededor del lago se ven algunos ejemplares enormes de pez gato y otros pescados de río de tamaño respetable con lo que imagino que en ocasiones tendrán suerte.
El barquero nos llevó a varias fábricas, unas de telas, otras de cuchillos, de figuras de papel, de cigarros, de joyas y en todas ellas tienen montado un pequeño show en el que te muestran cómo producen los diferentes artículos. En algunos casos es real y en otros se trata sólo del espectáculo para que el turista se lleve el recuerdo y pueda contar que vio cómo lo fabricaban. La palma se la llevan las mujeres
de cuello largo que están fabricando telas en una de las casas flotantes. Estas mujeres alargan sus cuellos de forma artificial poniéndose aros en el cuello y añadiendo uno nuevo cada cierto tiempo hasta conseguir cuellos realmente largos. No quise tomar la foto de este espectáculo que me pareció un tanto bochornoso. Dicen que una vez que hacen crecer su cuello con los aros no se los pueden quitar ya que la musculatura del cuello no soportaría la cabeza. También colocan aros en las pantorrillas para deformar las piernas y que no tengan gemelos, es una imagen curiosa que a mí me hizo sentir más tristeza que admiración y especialmente por el entorno en que nos encontrábamos. Se trataba de una más de las atracciones de la ruta.
Paramos también en varios pueblos, un mercado y varias pagodas. En una de ellas se encuentran los cincos budas que son cinco cabezas de buda en las que la gente coloca unas pegatinas de color oro y en las que han pegado ya tantas que apenas se distingue la forma, parecen más bien unas bolas de color oro un tanto informes. Este es el tercero de los lugares más sagrados para el budismo que visito después del monte Kyaikto o Golden Rock y Swendagon Paya la pagoda principal en Yangon. Estos días son de celebraciones de noviciados. Parece ser que son fechas para celebrar la incorporación al budismo de los nuevos feligreses y con ello encontramos alguna fiesta curiosa que se produce en las pagodas con comida para todo el mundo y algo fervor piadoso al estilo budista. Nos alejamos del lago por un canal que para mantener el
nivel de agua estaba perlado de exclusas consistentes en barricadas de sacos de arena con espacio reducido para que pase el agua y muy apurado para que pasen las barcas. Subimos a un lugar privilegiado para avistar el lago y también visitamos unos huertos flotantes principalmente de tomates y con todo esto de regreso a Nyaung Swhe a las seis de la tarde cuando está casi anocheciendo. El atardecer sobre el lago fue sencillamente espectacular. En conjunto es una visita que hay que hacer aunque tenga sus luces y sombras a mi modo de ver.
El grupo de cuatro que habíamos formado nos entendimos de maravilla y el día fue muy agradable. Incluso al llegar nos fuimos los cuatro a cenar juntos con lo que ha sido como viajar en un grupo por un día. Creo que me ha venido bien, a veces viajando sólo pierdes
un poco de sociabilidad y además al ser tres hispano parlantes incluso pude hablar castellano en algunos momentos. Las formas de viajar son variadas y no creo que una sea mejor que otras, simplemente pienso que Siddhartha estaría de acuerdo en que el término medio es donde se encuentra la virtud y con ella la felicidad.
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auto-fotos. Cuantos más palos más turistas y, generalmente, menos interesante y enriquecedora experiencia. Suele ocurrir que cuando hay muchos turistas el ciudadano local, ya sea éste tailandés, birmano o de Honolulu se ha habituado ya a esta nueva presencia que antes les parecía extraña y que ahora identifican con una oportunidad de negocio. Viajar se hace más complicado cuantos menos palos para auto-fotos vas encontrando. Por algún extraño motivo la población local alejada de estos elementos tiende a hablar poco o nada inglés y ni soñar con cualquier otro idioma que no sea el propio de dicho lugar. Además al no haber palos para auto-fotos las infraestructuras, equipamientos y nivel de servicio ofrecido suele ser más bajo.
cortar los pies o la cabeza o va a sacar un encuadre que no es el ideal o el que tú tenías pensado; supongo que es parte de la diversión y además no importa lo bien o mal que esté la foto, siempre has de sonreír al verla y afirmar que está muy bien, es un poco como si te regalan una corbata por Navidad, pones buena cara y cambias el regalo unos días después, con la foto pasa lo mismo, la borras y esperas tener más suerte con el siguiente voluntarioso transeúnte al que pidas el favor de hacerte una foto.
Igual que con los palos para auto-fotos, pasa con los mapas y navegadores que te indican dónde ir sin necesidad de preguntar a nadie por la dirección. He de admitir que esto de los mapas me está sirviendo de gran ayuda en este viaje. Ayer intenté llegar a un lugar determinado de Yangon a base de preguntar y estuve a punto de desistir incluso cuando estaba a unos pocos metros. Nadie me entendía y quien me entendía no conocía el lugar. Un mapa con navegación en estos casos es un alivio bastante grande.
menos un par de veces al día. Ocurre también que, en lugares con edificios singulares, monumentos, ríos, lagos, montañas, jardines o atardeceres bonitos, la probabilidad de que los viandantes deseen tener una auto-foto se eleva de forma exponencial. En estas condiciones se podría dar el caso de un incauto con cara de buena persona y de saber encuadrar una foto, que pasara haciendo fotos a diferentes personas varias horas sin parar. Podría ocurrir entonces que estuviéramos limitando la libertad de algunas personas para transitar por ciertos lugares a determinadas horas. Es en este caso cuando el palo para auto-fotos se convierte en un elemento liberador, sobre todo, para nuestro voluntario fotógrafo.
lo que fuera, sabías que debías intentar no interponerte entre la cámara y el elemento a fotografiar. Esperabas amablemente, sonreías tipo corbata en Navidad y seguías tu camino normalmente unos segundos después (el tiempo depende de la habilidad del fotógrafo de turno). Ahora nunca sabes cuándo puedes estar en el enfoque de una cámara, de repente alguien se para delante de ti, despliega su palo y ya estás inmortalizado en una foto de entre cuatro mil que visionaran un grupo de suecos en Estocolmo o unos gaditanos de Puerto de Santa María. Por supuesto, no es que esto sea un grave problema, no eres famoso ni nada, pero esto no quita para que no te apetezca que tu imagen se difunda sin tu conocimiento permiso y control.
En resumen, si quieres tener un palo para hacerte auto-fotos me parece bien, yo seguiré tirando del viejo método de pedir ayuda con mesura para no agobiar al personal. Sí me gustaría pedir a los usuarios de este utensilio que no sean tan rápidos haciendo la foto, de esta manera darán tiempo al resto de personas a su alrededor a salir del encuadre. Y sobre todo, no más corbatas por Navidad ni pases de fotos infinitos, si quieres a tu gente hazles una selección de veinte fotos de tu viaje y seguro lo aprovecharán y comprenderán mejor los relatos asociados. Ya lo he dicho.