Sabes que estás en una zona turística cuando empiezas a ver palos para hacerse
auto-fotos. Cuantos más palos más turistas y, generalmente, menos interesante y enriquecedora experiencia. Suele ocurrir que cuando hay muchos turistas el ciudadano local, ya sea éste tailandés, birmano o de Honolulu se ha habituado ya a esta nueva presencia que antes les parecía extraña y que ahora identifican con una oportunidad de negocio. Viajar se hace más complicado cuantos menos palos para auto-fotos vas encontrando. Por algún extraño motivo la población local alejada de estos elementos tiende a hablar poco o nada inglés y ni soñar con cualquier otro idioma que no sea el propio de dicho lugar. Además al no haber palos para auto-fotos las infraestructuras, equipamientos y nivel de servicio ofrecido suele ser más bajo.
Ocurre que si no ves el dichoso palito, ni se te ocurre que puedas necesitar uno por ningún motivo. Siempre está la opción de alargar un poco el brazo o la mucho más social de pedir a alguien que te haga una foto con el fondo que te apetece. Sabes que esa persona que te va a hacer la foto te va a
cortar los pies o la cabeza o va a sacar un encuadre que no es el ideal o el que tú tenías pensado; supongo que es parte de la diversión y además no importa lo bien o mal que esté la foto, siempre has de sonreír al verla y afirmar que está muy bien, es un poco como si te regalan una corbata por Navidad, pones buena cara y cambias el regalo unos días después, con la foto pasa lo mismo, la borras y esperas tener más suerte con el siguiente voluntarioso transeúnte al que pidas el favor de hacerte una foto.
Ahora bien, cuando llevas un día paseando por una zona atestada de los palos de marras, sientes que tú deberías tener uno y así podrías sacarte esas fotos en las que sale tu cara y algo más y en las que pareces un miope de varias dioptrías ya que estás mirando a una pantalla de diez por cuatro centímetros e intentado atisbar cómo quedará esa foto en la pantalla de tu ordenador o cuando la pases en tu televisión de 52 pulgadas para tus familiares y amigos. Así que ahí tienes a tus amigos aguantando un pase de cuatro mil fotos de tus vacaciones de una semana en Santa Pola con cara de haber recibido una corbata por Navidad y pensando que tienes que ir urgentemente a graduarte la vista aunque no te lo digan.
Igual que con los palos para auto-fotos, pasa con los mapas y navegadores que te indican dónde ir sin necesidad de preguntar a nadie por la dirección. He de admitir que esto de los mapas me está sirviendo de gran ayuda en este viaje. Ayer intenté llegar a un lugar determinado de Yangon a base de preguntar y estuve a punto de desistir incluso cuando estaba a unos pocos metros. Nadie me entendía y quien me entendía no conocía el lugar. Un mapa con navegación en estos casos es un alivio bastante grande.
El boom de los palos estos tan manidos creo que viene originado por un hecho irrevocable. En el mundo occidental prácticamente cada persona o ser humano (no es lo mismo) tiene en su poder un móvil que es a su vez una cámara de fotos. Además se da la circunstancia de que a casi todos estos seres les gusta tener una foto con algo que les gusta de fondo al
menos un par de veces al día. Ocurre también que, en lugares con edificios singulares, monumentos, ríos, lagos, montañas, jardines o atardeceres bonitos, la probabilidad de que los viandantes deseen tener una auto-foto se eleva de forma exponencial. En estas condiciones se podría dar el caso de un incauto con cara de buena persona y de saber encuadrar una foto, que pasara haciendo fotos a diferentes personas varias horas sin parar. Podría ocurrir entonces que estuviéramos limitando la libertad de algunas personas para transitar por ciertos lugares a determinadas horas. Es en este caso cuando el palo para auto-fotos se convierte en un elemento liberador, sobre todo, para nuestro voluntario fotógrafo.
Veo un inconveniente fundamental en esta útil herramienta. Antes cuando pasabas por delante de alguien que iba a hacer una foto de otra persona, grupo de personas, edificio o
lo que fuera, sabías que debías intentar no interponerte entre la cámara y el elemento a fotografiar. Esperabas amablemente, sonreías tipo corbata en Navidad y seguías tu camino normalmente unos segundos después (el tiempo depende de la habilidad del fotógrafo de turno). Ahora nunca sabes cuándo puedes estar en el enfoque de una cámara, de repente alguien se para delante de ti, despliega su palo y ya estás inmortalizado en una foto de entre cuatro mil que visionaran un grupo de suecos en Estocolmo o unos gaditanos de Puerto de Santa María. Por supuesto, no es que esto sea un grave problema, no eres famoso ni nada, pero esto no quita para que no te apetezca que tu imagen se difunda sin tu conocimiento permiso y control.
En resumen, si quieres tener un palo para hacerte auto-fotos me parece bien, yo seguiré tirando del viejo método de pedir ayuda con mesura para no agobiar al personal. Sí me gustaría pedir a los usuarios de este utensilio que no sean tan rápidos haciendo la foto, de esta manera darán tiempo al resto de personas a su alrededor a salir del encuadre. Y sobre todo, no más corbatas por Navidad ni pases de fotos infinitos, si quieres a tu gente hazles una selección de veinte fotos de tu viaje y seguro lo aprovecharán y comprenderán mejor los relatos asociados. Ya lo he dicho.
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Apoyo completamente la iniciativa #nomascorbataspornavidad
Por cierto Emilio (pregunta también a Katanka) ¿el índice de palos para selfies se podría utilizar cómo indicador de desarrollo de la zona en cuestión?
Si hablamos del desarrollo en términos de abundancia económica y retardo en lo demás, sí, sin duda! jajaja
Muy bueno, yo tengo un montón de fotos mías cuando viajé sóla por Tailandia, porque todo el mundo se ofrecía a hacerlas …les debía de dar pena!!!