Como dicen que lo prometido es deuda y además me apetece, voy a escribir algunas opiniones acerca de la cooperación internacional y además os contaré un par de casos que ilustran muy bien las opiniones que tengo y que creo que orientan claramente estos pensamientos. Dicho esto, quiero matizar que todo esto son opiniones mías y que son por tanto muy discutibles y que además Babieca no tiene por qué estar de acuerdo con todo lo que aquí se escriba.
Lo primero que piensas cuando te hablan de cooperación es de gente que se va voluntaria al África Tropical (de dónde venía el negrito de aquel anuncio) a cuidar a niños que están en condiciones miserables. De esto hay mucho y es realmente loable esa actitud ante la vida que permite a una persona ser un ser humano muy humano y dedicar algunos años de su vida o la vida entera a los demás sin esperar nada a cambio. El problema es que aunque haya mucha gente de este calibre por el mundo (pienso que más del 0,7% de la población), hace falta una estructura bastante grande para hacer que esas personas puedan llegar al lugar adecuado y llevar a cabo esa labor que todos admiramos tanto y que tan difícil es emprender. Así, cuando hablamos de Cooperación Internacional
con mayúsculas hablamos de proyectos que mueven a mucha gente y sobre todo que mueven mucho dinero. Quizás no lo suficiente para los estándares occidentales pero cantidades ingentes para los países a los que va destinado. Es en esto en lo que se empiezan a originar las injusticias y las ineficiencias.
Hablaremos primero del dinero. Hay pequeñas ONGs con muy poca gente pero con mucha ilusión que consiguen mucho más que las grandes con tanto material de todo tipo. La clave está en que no sirve de nada gastarse 1 millón de Euros en hacer un centro de interpretación de la pesca en medio del desierto y ni siquiera molestarse en poner personal que lo gestione. Esto no es algo que escribo porque se me ha ocurrido que podía ser gracioso, esto existe y no tiene ni puta gracia.
Podemos mencionar también que, organismos oficiales como la AECID (Agencia Española para la Cooperación Internacional y el Desarrollo) organizan concursos para enviar a “jóvenes cooperantes” a otros países, de forma que estos se puedan ir formando y conociendo mejor cómo funciona la cooperación internacional. Se
dedican cantidades bastante considerables de dinero para estos temas que en principio son muy lógicos y razonables y además prácticamente imprescindibles. La incongruencia no tarda en aparecer en este proyecto tan estupendo cuando juntan a 75 “jóvenes cooperantes” y los meten en un AVE para que vayan de Madrid a Alicante a un hotel de cuatro estrellas, hagan una reunión con una ministra de infausto recuerdo y regresen en el mismo día después de haber comido con la susodicha. El coste de este viaje viene a demostrar a estos jóvenes en formación que hay que ahorrar en papel de impresora y hacer juegos para los niños con chapas y canicas en lo que se viene llamando “terreno” (nadie piense que es un solar ni un huerto para plantar patatas) pero no importa gastar lo que sea para organizar estos eventos que saldrán luego en algún medio de comunicación. Moraleja: no importa lo que se haga en la cooperación lo que importa es que el logo de nuestra organización salga perfectamente en el semanal del periódico de turno y para qué comentar si es en la tele.
Pasamos al tema humano que para mí es aún mucho más importante, más hiriente aunque mucho más difícil de identificar. No lo digo por
hacer la rosca ni por quedar bien pero hay que reconocer que la gente que se dedica a la Cooperación Internacional son en general personas hechas de buena madera. Probablemente ni mejor ni peor que la gente que colecciona sellos por nombrar un grupo, pero desde luego hay una cosa a reconocer y es que le echan un par de pelotas a la vida y esto ya es mucho.
Ocurre en la Cooperación Internacional que cuando se producen catástrofes o hay zonas en graves problemas humanitarios, los medios se hacen eco de estos hechos que llenan por unos días periódicos y telediarios, los financiadores ven aquí una oportunidad para hacer el bien o para obtener una mayor publicidad para sus obras sociales o las dos cosas a la vez, se dedican más fondos a estas zonas en situación crítica y todas las ONGs del mundo quieren hacer proyectos allí. Como quiera que todo esto cuadra perfectamente con los intereses de todos los implicados, un montón de ONGs colocan expatriados en terreno. Para que nada les ocurra a estos expatriados
se generan unos “Protocolos de Seguridad”. Lo normal sería ir a terreno para identificar la situación y ver qué normas de seguridad es necesario imponer a los expatriados pero como no siempre hay tiempo ni ganas se proponen e imponen protocolos de seguridad con normas absurdas o fuera de lugar. En Puerto Príncipe (Haití) los cooperantes no pueden caminar más de 15 metros por la calle. En Nuakchot una ONG de cuyo nombre no quiero acordarme ha despedido de un plumazo y sin demostrar la menor humanidad a dos personas realmente valiosas para su organización y que estaban sacando adelante proyectos para beneficio de los afectados locales y para mejor funcionamiento de esta ONG por el hecho de que se han saltado una norma de seguridad que sólo esta ONG y otras dos imponen en Mauritania. Es decir, otros cooperantes podrían haber salido de Nuakchot sin problema pero no estas dos personas que han sido despedidas. De este modo, las propias ONGs van quedándose con los autómatas, funcionarios e incapaces de discernir entre lo razonable y lo impuesto sin base lógica válida. No me parece una buena política esa que deja fuera a los mejores y crea robots sin sentimientos y sin discernimiento lógico, aptitudes ambas de máxima importancia para trabajar en cooperación.
Espero ver otras opiniones en los comentarios de esta entrada y quizás otras aportaciones para ilustrar opiniones similares o contrarias a las mías. En otra ocasión volveré sobre este tema que da para mucho más.
PS: Tengo un perro que se llama Ulises. Lo encontramos en la calle y es una bestia parda!
Follow
Como ya había comentado, llegamos a Nuakchot el día 30 de Noviembre justo dos meses después de la salida de Madrid y un año después de una operación de ligamento cruzado en la rodilla derecha del que suscribe.
Nuakchot es una ciudad caótica de tráfico y tranquila de gentes. No hay que ir huyendo de gentes que te ofrecen un safari o un paseo en trineo ni de gentes que te piden comida o un cigarro. El “tubabu” (blanco) puede pasear tranquilamente por las calles. Bueno, todo lo tranquilo que permiten los coches que vienen de todas las direcciones y en todos los sentidos que puedes imaginar y la compañía de las cabras u otros animales más o menos domésticos o domesticados.
El día después de la llegada a Nuakchot se organizó una timba de póker de la que formé parte y no me fue tan mal ya que acabé disputando la última ronda con la única mujer que era capaz de seguir sujetando las cartas y que nos pulió a todos. Como es lógico después de haber ganado el dinero de amigos y conocidos, Aurelia nos invitó a una ronda en el bar de al lado y luego todo se complicó de forma insospechada haciendo imposible nuestro regreso a casa hasta pasadas las cuatro de la madrugada. Recorrimos un par de locales para juergas de expatriados que son realmente deprimentes por el ambiente tan sórdido que se respira pero que supongo que hay que ver alguna vez en la vida. En estos casos con una vez es suficiente. En estos locales las nativas o inmigrantes del sur (negras) tienen unos tipos espectaculares y llevan ropas un par de tallas menores de lo que sería aconsejable para respirar con fluidez y los inmigrantes del norte(blancos) son en general tipos medio calvos y con barriga que se piensan James Bond por el éxito que tienen con las mujeres en estos ambientes. Realmente lamentable pero nosotros por suerte íbamos cuatro hombres haciendo de escoltas de Marta que fue sin duda la reina de la fiesta y además tuvo la amabilidad de no darme una patada demasiado fuerte para que me bajara de su coche en la misma puerta de la casa dónde por circunstancias nos quedamos a dormir la tropa venida de Nouadhibou y yo.
El día después de la fiesta fuimos invitados a un concierto de piano y violín en una casa con piscina, patio, plantas, garajes, vestidores, recibidores, mayordomo y todas esas cosas tan poco habituales en la casa del ciudadano medio mauritano. El concierto estuvo genial y se me pusieron los pelos de punta en varias ocasiones pero al salir de aquel paréntesis de glamour y ostentación en medio de tanta pobreza me sentí culpable de un delito que no había cometido.
Ayer llegamos a Tarfaya y hoy hemos viajado por una carretera alternativa a la nacional hasta El Marsa o lo que viene a ser el puerto de Laayoune. Tarfaya es una pequeña ciudad costera con su pequeño puerto de pequeñas embarcaciones y con un núcleo urbano formado por tres calles en un sentido y otras tres en otro. La carretera alternativa a resultado ser
un paseo por la costa durante más de cien kilómetros sin ver nada reseñable salvo que destaquemos las dunas, mucha arena, cuatro plantas mucha carretera y un pequeño pueblo costero dónde parece no haber nadie.
Resulta que ayer dieron el resultado de las elecciones en Marruecos y como casi siempre pasa, salvo las últimas en España, han ganado todos o casi todos. Estaba dando un paseo por el pueblo cuando de repente comienzo a oír los pitos de los coches y a la vuelta de una esquina aparecen varios coches todo terreno, normales, furgones y otros, completamente llenos de gente que canta y saca al viento lo que sea a falta de banderas. Resulta que en Marruecos ha ganado el partido de la lámpara que se llama algo así como Justicia y Desarrollo y digo yo que con ese nombre es normal
ganar. ¿Quién no quiere para su país “justicia y desarrollo”? Aunque ya puestos a elegir nombres grandilocuentes o que puedan atraer a la gente podrían hacer caso a los publicistas que de esto saben y ponerles nombres como: “super-justicia y desarrollo plus” o “hiper-justicia max y desarrollo system”. ¿Os imagináis lo que hubiera pasado en España si se hubiera presentado el “Super-soe” o el “maxi-partido popular 4.0”? Cualquiera de estos dos partidos con los medios con los que cuentan los grandes hubiera ganado de calle las elecciones. Por supuesto necesitarían esa financiación de los grandes bancos que tienen los campeones (Santander o BBVA) y el apoyo de los grandes grupos
mediáticos para tener minutos en sus radios, televisiones y en la prensa de tirada nacional. Pero con estos pequeños detalles seguro que conseguirían un gran resultado. De los mensajes y del programa ya nos preocuparemos luego que eso no es importante ya que lo que importa es ganar las elecciones y luego ya si eso vemos qué hacemos y cómo lo hacemos.
En Tarfalla ha ganado el partido de la balanza que no sé cómo se llama y parece que al partido del pájaro no le ha ido muy bien por estas latitudes. Es curioso que los habitantes del Sahara Occidental están contentos con la victoria de Rajoy en España. Se piensan que les va a ir mejor en su intento de ser independientes. Nosotros diremos que son unos ilusos pero creo que es lo mismo que ellos piensan de nosotros cuando creemos que nuestra economía va a mejorar con el nuevo gobierno. Quizás estemos los dos equivocados para bien o para mal, eso el tiempo lo dirá…
En El Marsa me he acercado al puerto al atardecer que es cuando llegan los barcos con su pescado. Las instalaciones parecen nuevas y limpias pero a medida que te acercas a los barcos vas viendo la realidad. Si algún día se acabara la vida en este planeta seguro que aún quedarían las gaviotas. En el muelle los barcos se apiñan en espacios tan ajustados para cada barco que si uno se mueve hay dos o tres que se tienen que mover también ara dar salida
o entrada al primero. Los pescadores descargan sus barcos repletos de sardinas con unas cestas de tamaño no muy grande pero que mueven a una velocidad pasmosa. Parece como si hicieran malabares. Sale una cesta de las manos de uno de los hombres de la cadena y ya tiene otra de nuevo cayendo de las manos del anterior. Dos cestas hacen una caja y un camión carga un montón de cajas. Es el caos mayor de barcos, gentes, camiones, y
gaviotas que yo he visto nunca. Al final los camiones salen tranquilamente con su carga hacia Agadir a fábricas de conservas. Supongo que esto es sólo una pequeña parte pero me permite imaginar la dureza de la vida de estas gentes y la próxima vez que me coma una sardina prometo mostrar más respeto.
A partir de aquí las distancias entre localidades se hacen insalvables para ir en bicicleta así que creo que mañana nos montaremos Babieca y yo en u bus con destino a Dakhla dónde espero encontrar un sitio agradable para descansar un par de días. Otra opción es hacer dedo y tratar de montar en un camión. Bueno, dejaremos que el sol salga mañana y luego emprenderemos el camino como mejor nos parezca.
Ayer salimos de Tiznit sin prisas. Como Babieca estaba un poco celosa de mi cambio de aspecto, paramos en la primera gasolinera con lavado y un señor muy agradable la dio un repaso que la dejó como nueva. Es importante limpiar bien la cadena para lo que se nos viene encima. La arena es criminal para la cadena si esta está sucia así que probablemente mañana o pasado le demos un repaso para dejarla sin gota de suciedad y creo que no habrá grasa ni aceite en un tiempo para Babieca aunque ella esto no lo sabe.
Había dos alternativas para ir a Sidi Ifni, una más corta pero con montañas y otra más larga pero más llana. Como viene siendo habitual en este viaje elegimos la de las cuestas. Creo que mereció la pena. Ascendimos por una carretera llena de curvas y pequeños descensos para luego subir y al cabo de unos treinta kilómetros apareció el mar al fondo. En realidad debería decir océano pero diremos mar por el momento.
Seguimos adelante y muy pronto estábamos siguiendo la carretera que bordea la costa. Me habían recomendado parar en un albergue en una playa cerca de Sidi Ifni. Sólo hay que bajar a la playa desde la carretera me habían dicho. Y así lo hicimos pero la cuesta para bajar es de las de armas tomar y según bajábamos estaba pensando cómo íbamos a salir de aquel agujero. Estamos en Sidi Ifni ahora con lo que hemos salido sin problemas y, como casi siempre ocurre, fue peor pensarlo que hacerlo.
El sitio merece muy mucho la pena. Es una playa espectacular con dos arcos naturales que ha formado el mar escarbando debajo de las laderas de terreno pedregoso que parece hormigón armado. Simplemente impresionante. Para comer pescado a la brasa y para cenar un tajine de pollo. Antes un paseo por la playa para hacer hambre. Había un grupo de franceses haciendo parapente sobre uno de los arcos. Todo un espectáculo y una envidia de poder hacer como ellos y volar como los pájaros.
El albergue estaba muy bien con una habitación grande, terraza mirando al mar y espacio para Babieca. La familia muy amable y por la zona poco más. Creo que soy uno de los pocos turistas que se han quedado a dormir allí esta noche. En el albergue en el que estaba era el único. La ducha en el mismo sitio dónde se supone que debes hacer tus necesidades después y cuando me voy a la habitación después de cenar el chico del albergue me dá dos velas para la noche. Me dice que son para la habitación que la luz es con generador y que lo apagan en quince minutos. No tome el
tiempo pero el generador estaba apagado en apenas cinco minutos y luego a leer con dos velas y dormir escuchando el mar de fondo. Una gozada para los sentidos.
Al llegar a Sidi Ifni paramos en una colina en frente de la ciudad y un señor se sentó sobre unos bloques al lado de Babieca. El hombre no era consciente de haberse convertido en víctima propiciatoria para una charla con un turista en bicicleta. Me senté entre Babieca y el hombre aquel y así estuvimos los tres charlando durante un rato largo de las cosas de Sidi Ifni, de España, de Marruecos y de todo y nada en una extraña mezcla de Francés, Español y Bereber.
Hoy estamos en hotel estupendo, he lavado ropa, he paseado por la playa. Por supuesto, el agua está helada, no hace demasiado calor y algunas piedras en el fondo de la playa con lo que… Claro que sí, me he bañado. Muy mal se tenían que poner las cosas para que no me diera un baño. De hecho ayer también me di un baño al llegar a la playa de los arcos ((la llamo así porque no me acuerdo del nombre). En la playa me he encontrado con un pescador que hablaba perfectamente español. Esto fue España hasta 1969. Me ha contado lo que pesca y cosas de su vida y sus tiempos en España y me ha enseñado un pez bastante grande que ha pescado esta misma mañana.
Ahora me retiraré a descansar después de una buena cena y mañana a Guelmim.
Escribo esto desde Anefgou aunque seguramente no podré subirlo al blog hasta mañana o pasado con suerte. Anefgou es un pueblo de 472 habitantes o al menos eso es lo que me ha dicho Mohamed que es el chico que tiene la tienda del pueblo y el hotel. En este caso hablar de hotel es quizás llevaros a engaño. En realidad se trata de una habitación de unos 30
metros cuadrados detrás de la tienda dónde guardan el cordero que mataron el otro día y algunas cosas de la tienda. El suelo está cubierto de una alfombra de plástico que parece ser un símbolo de gran confort en este pueblo ya que cada vez que entra alguien se quita los zapatos. Babieca duerme otra vez en la misma habitación que yo creo que ella se encuentra a gusto aquí y para mí no es un problema grave. El mobiliario consiste en una pequeña mesa de plástico de las de las terrazas, una alacena llena de cachivaches. una mesa baja de madera dónde está el cordero y un par de colchonetas. Hay muchas mantas con lo que podré taparme bien
para no pasar mucho frío.
Salimos el jueves de Azrou y nada más salir del pueblo la carretera se empina y ganamos pronto una altitud que rondará los 200 metros. Apareció pronto la nieve y pensé que era una buena idea hacer una foto por si no veía más nieve en mi camino. Pronto me daría cuenta de lo grueso de mi error. Las montañas eran cada vez más altas y más imponentes pero con paciencia y poco a poco llegamos hasta Boumia dónde me habían dicho que había hoteles. Antes de Boumia pregunté a un señor por el camino y me invitó a quedarme en su casa pero me pareció pronto para parar y además prefería quedarme en un hotel. En Boumia Mustafá me contó historias del Atlas y me explicó cómo llegar a Imilchil.
Moustafá habla bien el español y me invitó a un té además de recomendarme un “restaurante” para cenar. Cené sopa Harira y un tajine de pollo que me supieron a gloria y me costaron menos de tres euros con el té incluido y una botella de agua del grifo que no bebí por si las moscas.
río. La corriente es fuerte y llega por encima del eje de las ruedas de Babieca con lo que me mojé los pies completamente en dos ocasiones. Así las cosas seguimos hacia Imilchil (a 150 kilómetros de Boumia) pero la carretera se empina cada vez más y pasamos por un alto a 2.200 metros de altitud para bajar un montón y subir luego hasta otro paso a unos 2.600 metros. Las vistas impresionantes, las sensaciones increíbles pero estaba claro que no llegábamos a Imilchil ni de coña. Ante esto nos hemos quedado en Anefgou y he hecho un trato con Mohamed por la “cama”, cena y desayuno por 200 dirhams (menos de 20 euros).
Después de la ducha reparadora he estado viendo como construyen o reparan los tejados de las casas para prepararse para el invierno. Las casas son de tapial con grandes maderos en el techo para soportar el techo y la nieve. Me llama la atención que, en un sitio con tanta nieve, no hagan los tejados inclinados sino completamente planos. Es normal que cada año una o dos casas se hundan pero ellos sabrán por qué lo hacen así. Un poco más tarde me he sentado a ver atardecer y pronto ha llegado un
chaval con una baraja muy gastada que me ha propuesto jugar a un juego que, por su simpleza, he comprendido rápidamente a pesar de no entender una palabra de lo que decía el muchacho. Pronto nos han rodeado otros veinte o treinta chicos entre los cuales uno hablaba un poco de francés pero eso daba igual. Se han partido de risa con el español de la bicicleta y, claro está, yo he ganado la partida.
Ya me he tomado dos tés en el pueblo y ahora tengo tanto hambre que hasta he pensado en darle un tiento al cordero crudo que dormirá conmigo esta noche. Me contengo ya que Mohamed me ha prometido cuscús y eso es tentador. Si todo sale bien, mañana iremos a Imilchil y de ahí a Agouda en la entrada de la garganta del Dadés. Parece que ya sólo quedan un par de cuestas duras para atravesar el Atlas y además ya no hay vuelta atrás con lo que puedo aseguraros que está conseguido. Juro que era algo que me parecía imposible al salir de España y ahora estoy muy satisfecho de haberlo conseguido.
PS: Cuelgo este comentario desde Tinerhir al sur del Atlas y en muy cerca del valle del Dadés. He pasado por montañas increíbles y para terminar la Garganta del Todrá. Un paisaje impresionante que ha compensado las penurias por las montañas que ya os contaré otro día.
marihuana en el café por que no es normal que los blancos entren en los cafés marroqís. La verdad es que no entiendo porqué no lo hacen, es un ambiente agradable y todo el mundo trata de decirte algo a pesar de los pequeños problemas de comunicación debidos a mi mal francés y sobretodo al hecho de que la mayoría de la gente sólo habla árabe. Afortunadamente los camareros suelen hablar algo de español o francés y hacen de traductores. Me alucina cómo le gusta a esta gente jugar al parchís. Es como las partidas de mús o de tute en España que generan rivalidad y competencia pero con un juego que para nosotros es de niños.
En total son unos 22 kilómetros y los últimos 6 son de subida pero no demasiado dura.
A partir de la cruz comienza una bajada impresionante de unos 14 kilómetros con rampas realmente tendidas. Ahí Babieca se ha desbocado y nos estorbaban los camiones. He disfrutado pero estaba pensando mientras bajaba que eso lo tengo que subir cuando vuelva hacia Astorga y la sensación es un poquito desalentadora. Estoy casi seguro de que no voy a poder con esas cuestas pero eso ya lo veremos otro día.
una y media más o menos. Bueno, el relój marca las 13:35 asi que.. Seguramente eran las 13:35. No?
Babieca ha estado jugueteando con este imponente potro alazán y creo que según nos acerquemos a Galicia la cosa se puede poner más peliaguda. Alguién tiene un consejo para evitar que esto pase? La verdad es que no sé muy bien cómo evitar que la cosa vaya a mayores.



