He estado unos días a medio gas por un resfriado. El jueves hicimos un día de descanso absoluto y recuperación y el viernes ya me encontraba mucho mejor. Con fuerzas renovadas nos fuimos desde Pakse (200 metros de altitud) hasta Paksong (1300 metros de altitud) en pleno Bolaven Plateau. La distancia no es mucha, sólo unos cincuenta kilómetros, sin embargo la carretera es siempre hacia arriba, no hay nada llano ni nada hacia abajo, es siempre hacia arriba. Así, la pendiente es liviana y se hace relativamente fácil… insisto, es siempre hacia arriba.
Unos quince kilómetros antes de llegar a Paksong el terreno es quebrado y los pequeños ríos y arroyos de la zona forman gran cantidad de cascadas. Visitamos algunas de ellas, cada cual más espectacular. En todos los casos se trata
de zonas privadas en las que cobran por entrar y suele haber un resort para dormir dentro del recinto. En todo caso, la entrada es muy barata y merece mucho la pena ver este espectáculo de agua y ruido, especialmente ahora que estamos al final de la época de lluvias y los caudales de los ríos son mayores que en otros momentos del año.
Paksong es un pueblo difícil de definir, cuando llegué no estaba seguro de haber llegado. Es como una larga hilera de casas a ambos lados de la carretera que se extiende por casi dos kilómetros y apenas hay ninguna calle más. Luego descubrí que hay una manzana alrededor del mercado que es lo que se podría considerar como el centro aunque hay que ser generoso en la apreciación. Las gentes por aquí son muy simpáticas y no hay demasiados turistas. El ambiente en los pocos restaurantes del pueblo es muy agradable y la comida es muy rica y variada con mucha influencia de Vietnam.
El Bolaven Plateau es reconocido por la producción de café. Al principio y en una pasada por la carretera, sólo se ven pequeños huertos con cafetales, cuando te internas por algún camino o te detienes a indagar descubres que hay café plantado por todas partes, en ocasiones mezclado con los árboles de la zona que no se han querido o podido retirar. Hay grandes almacenes donde se
procesa el café desde que se recoge hasta seleccionar los mejores granos, que pasaran a ser tostados en la fábrica de Café Dao que se encuentra en la ruta entre Pakse y Paksong. Algunos de estos almacenes son accesibles y en otros no te dejan entrar. En el que te dejan entrar, también te ofrecen beber un chupito de Lao-Lao y comer si te apetece. Parecen sacados de mundos diferentes, me gustaría saber a qué se debe, no llegué a indagar tanto.
La mecanización brilla por su ausencia y casi todas las granjas se autodenominan ecológicas y orgánicas. Creo que algunas lo son por vocación aunque la gran mayoría lo son por la imposibilidad de controlar la selva con productos químicos. No disponen de mucho material con el que trabajar en este sentido y he llegado a ver el abono vendido en bolsas de un kilogramo. Se ve algún pequeño tractor y algunos aperos básicos pero la mayor parte del trabajo se hace a mano. Los trabajadores para tareas intensivas puntuales, se recogen en los poblados, se les sube a un camión y se les devuelve al poblado al anochecer. Por supuesto no tienen derecho a ningún tipo de beneficio y me da que los salarios son bastante mezquinos. No son esclavos y sin embargo no parecen estar muy lejos de serlo.
A pesar de todo esto, el terreno es tre
mendamente
fértil y la temperatura y humedad son perfectas para cualquier tipo de cultivo. Visitamos alguna plantación que producía sin apenas cuidados, sitios casi abandonados, con invernaderos casi destruidos por el sol y el viento y que aun así producen lechugas, repollo, tomates, pimientos, acelgas, calabazas, y otros muchos productos hortícolas que no conozco. En las plantaciones más cuidadas, la producción es brutal. Las cosechas se solapan unas con otras y es la auténtica
despensa de Laos y también se exporta producción a Vietnam. Una de las mejores plantaciones que vimos era de capital chino. ¿No era Dios el que estaba en todas partes? ¡Dios es chino!
También pudimos visitar una fábrica de ladrillos. El procedimiento es muy básico, se
mezcla la tierra, se llenan los moldes, se sacan los ladrillos, se secan en hileras, se meten en el horno, se cuecen y se sacan para venderlos. Una amable señora, seguramente la propietaria, me estuvo explicando el proceso con muy pocas palabras en inglés y muchos gestos. ¡Encantadora la señora! Me pareció un trabajo muy interesante y con una gran proyección. Creo que toda esta zona está
en pleno desarrollo y que muy pronto crecerá en todos los sentidos. La cantidad y calidad de terreno que queda por explotar es inmensa y seguro que los grandes capitales pondrán el Plateau en su punto de mira muy pronto, si es que no lo han hecho ya. Espero que sea para bien aunque, por supuesto, tengo muy serias dudas al respecto.
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El domingo dormimos en la orilla oeste del río Mekong y el lunes madrugamos para cruzar al otro lado y seguir la carretera principal hacia una zona que denominan las cuatro mil islas. El “ferri” que nos cruza el río no es otra cosa que dos barcas de bajo calado que están unidas por unas tablas, que forman una plataforma, sobre la que pueden viajar personas, bicicletas y motos. Sólo una de las barcas lleva motor y suele estar equipado con una sombrilla de playa para dar sombra a la tripulación (un solo hombre obviamente) y a algún afortunado pasajero que consiga cobijarse del sol en el escaso espacio sombreado.
y muy recta. Se hace un poco pesada aunque el día estaba nublado y los kilómetros iban cayendo con fluidez. Para llegar a la primera isla, la más grande, que se llama Don Kong pensaba que debía tomar otro ferri y sin embargo me encontré con un puente muy nuevo y muy grande en comparación con cualquier otro de la zona. Por el puente apenas si había tráfico, pude pararme a tomar unas fotos en medio de la carretera sin riesgo de que nadie viniera a molestar.
La isla de Don Kong es muy tranquila y hay algunos alojamientos bastante confortables y varios restaurantes. El paisaje es mucho más verde que lo que hay fuera del río. Hay muchos búfalos de agua, patos y otros animales de granja, hay campos de arroz y diversos huertos con todo tipo de cultivos. La percepción es que se trata de un lugar que hubiera podido autoabastecerse de alimentos en ciertos momentos, un pequeño oasis dentro del río. La gente es aún más tranquila aquí que en el resto del país, no pasa casi nada y, sin embargo, es está placidez y relajación algo absolutamente fascinante. Hay que tomárselo con calma para no acabar atacado de los nervios aunque esto, a estas alturas no cuesta demasiado.
argentinos (Juliana o Julie y Venceslao o Vence) que también estaban viajando en bicicleta. Ellos vienen de Vietnam y se van al sur para no encontrarse con las montañas del norte. Antes estuvieron en Nueva Zelanda trabajando un año en todo tipo de cosas y así ahorrar para poder viajar, y de allí salieron con sus bicicletas nuevas hacia indonesia y luego Vietnam. Son una pareja muy joven y con gran espíritu y seguro que un maravilloso futuro por delante. Creo que iban un poco obsesionados con las montañas, lo cual tampoco me parece timorato
sino más bien respetable y consciente. Fue un verdadero placer charlar con ellos (en castellano) del viaje, de política, de la humanidad y de varias cosas más. Decidimos seguir juntos una jornada al sur, ellos luego siguen hacia Camboya y nosotros regresamos a Pakse. Pasamos un par de días a gusto con compañeros de ruta, quizás sea porque fueron sólo dos días…
orilla este del río para tomar un autobús (camión de transporte local adaptado para pasajeros en esta ocasión) de regreso a Pakse. No teníamos ninguna necesidad ni intención de hacer ciento cincuenta kilómetros por la misma aburrida carretera. Hoy estamos en Pakse, pensábamos haber subido al Bolaven Plateau pero llevo unos días que no me encuentro muy bien por un pequeño resfriado y supongo que bastante desgaste físico así que hoy es día de desayuno tranquilo, escribir, leer, buenos alimentos, siesta y nada más.
El jueves amaneció el día entre despejado y cubierto, salimos pronto aunque tuvimos que parar por una pequeña tormenta que pasó en unos minutos y luego seguimos sesenta kilómetros al oeste hasta Na Him. En Na Him buscamos un alojamiento, nos dimos una ducha, tomamos un rico desayuno y, con todo el día aún por delante, alquilé una moto para llegar hasta las cuevas de Kong Lor que están a cuarenta y cinco kilómetros. Es un desvío de la ruta que luego hay que hacer de vuelta por el mismo camino y no me pareció oportuno hacer noventa kilómetros más en un día ni dejar de visitar las cuevas.
río que ha atravesado una de esas paredes verticales de roca formando un túnel de unos siete kilómetros de largo. La visita se hace en una barca sin mucho calado que pasa por algún rápido dentro del túnel y por zonas con muy poca profundidad, incluso es necesario bajarse de la barca en algún tramo para que pueda pasar. El interior de la cueva es muy espectacular y la sensación de navegar en la oscuridad con la única guía de una linterna que lleva el barquero es bastante especial. Hay una zona iluminada a mitad de camino en un tramo que se hace andando y que permite ver las formaciones de estalagmitas, estalactitas y columnas a cada cual más impresionante. Al otro lado del túnel hicimos una parada para tomar una cerveza y regresar, esta vez río abajo. Es, en resumen, una experiencia muy diferente de cualquier otra que se puede tener en viajes por esta parte del mundo y hasta la fecha no está demasiado explotada para el turismo.
Pasé la noche en Na Him y al día siguiente hicimos los cuarenta y cinco kilómetros que nos separaban de la ruta principal atravesando un par de puertos muy empinados pero no muy largos. Las vistas en este tramo son espectaculares, hay un punto donde se pueden ver infinidad de rocas puntiagudas y cubiertas de vegetación desde lo alto de una pequeña montaña. El recorrido circular acababa así regresando de nuevo a la ruta.
cuatrocientos kilómetros más al sur y que, después de múltiples paradas y un cambio de autobús en Savannaket, nos dejó en Pakse a las tres de la mañana. Había sido un día muy duro y también muy gratificante. Costó un poco encontrar alojamiento a esas horas de la madrugada en Pakse, al final lo conseguimos y descansamos esa noche y el día siguiente con una visita a la sauna y masaje.
Pakse es una ciudad pequeña con un mercado muy grande, situada entre el río Mekong y el Xe Don. Es un lugar perfecto para no hacer nada y estar entretenido y disfrutar de la vida tranquila de las ciudades de Laos y es eso exactamente lo que hicimos. El masaje estuvo bien aunque el aire acondicionado estaba demasiado fuerte y creo que me he resfriado un poco. Hoy es domingo y ya estoy en Champassak unos kilómetros más al sur hasta donde hemos venido para visitar el lugar histórico de What Pou donde se encuentran las ruinas de un templo hinduista del siglo V que luego se pasó al rito budista en el siglo XI. Nada que ver con los templos que vamos viendo por la ruta y seguramente un buen
aperitivo para cuando vayamos a Angkor que será algún día de estos… ¡Digo yo! Llevamos tiempo teniendo Angkor como destino y, por unas cosas u otras, no llegamos nunca. Habrá que aplicar aquello de que quién la sigue la consigue. Os dejo algunas fotos del templo que creo que merecen la pena. No hay que perderse la señal de “no corten el árbol”, quizás los ecologistas tomen nota y se dediquen a ponerlas en todos los árboles del mundo a pesar de que la propia señal está hecha en madera. Llegaría un momento en el que para poder poner señales nuevas habría que cortar un árbol que ya tuviera la señal y por tanto inc
umplir 
la norma.


El martes salimos de Vientiane rumbo al sur con el visado de Myanmar en el pasaporte (el día siete de octubre me voy para allá unos días y luego a Malasia). Salimos un poco tarde ya que estaba lloviendo y teníamos la esperanza de que aclarara pronto, cosa que no sólo no hizo, sino que cada vez llovía más. Ante este panorama, nos paramos al lado de un bus que hace la ruta al sur y le preguntamos si nos llevaría a Katanka y a mí hasta Thakhek, y como no hubo ningún inconveniente, continuamos el viaje al sur cómodamente sentado yo y Katanka incómodamente acoplada en la escalera de la parte de atrás del autobús. Thakhek está unos trescientos kilómetros al sur de Vientiane y es el punto de partida del “Thachek loop” que no es otra cosa que una ruta circular en carretera de unos cuatrocientos kilómetros que se adentra en las montañas del sur de Laos hacia el este hasta cerca de la frontera con Vietnam. Por supuesto, decidimos hacer este circuito del que todo el mundo nos hablaba maravillas.
estupendo y comenzamos
grande y desde allí se sube un puerto corto pero bastante empinado hasta una planicie que está completamente plagada de pantanos que se unen unos con otros formando formas extrañas y conformando paisajes completamente surrealistas. El origen de este paisaje parece estar en un dique que han construido y que hace que el agua permanezca embalsada muy por encima del nivel de los ríos. Se ven muchos árboles que se han muerto a raíz de la inundación del terreno y esto ha creado cierta polémica como suele ocurrir en estos casos. Hay que reconocer que el paisaje es espectacular y un poco místico.
Después de los pantanos viene una pequeña bajada y a subir de nuevo un puerto no muy largo. En este punto llevábamos ya más de cien kilómetros y ahí el asfalto desaparece y tuvimos que continuar unos treinta kilómetros por una pista que estaba muy embarrada por algunas zonas
mayor problema para llegar a un valle lleno de cultivos y con irrigación desde donde fuimos hasta Laksao que fue la primera parada. Habíamos recorrido más de ciento cincuenta kilómetros y era ya hora de ducha, cena y descanso.
Desde Chiang Rai a la frontera con Laos en Huay Xay hay 110kms bastante llanos. El trayecto lo cumplimos sin mayores incidencias, una lluvia suave nos acompañó una parte del camino y luego un día nublado que mantuvo las temperaturas suaves. El trámite de la frontera, al ser ya conocido, lo cumplimos de forma sencilla y de ahí nos fuimos a la misma casa de huéspedes que ya había seleccionado hace unos meses. Es una curiosa sensación la de alojarte de nuevo en el mismo sitio en el que has estado antes. No sé si decir que es agradable o simplemente más sencillo, y con esto se pierde un poco de chispa y sensación de descubrimiento. Con esto en mente decidí cambiar la ruta y llegar a Luang Prabang en el barco que baja por el Mekong.
de camino en un pequeño pueblo que no es muy grande y que se ha convertido en un centro de casas de huéspedes y restaurantes enfocados a recibir cada día a los barcos que van en una y otra dirección en el río, y que hacen siempre su parada aquí. Los paisajes desde el barco son hermosos, aunque no tienen nada que envidiar los que se pueden ver desde cualquier carretera de la zona que invariablemente circulan por montañas arriba y abajo. En el barco coincidí con un montón de jóvenes rubios que el primer día nos dieron el viaje con un altavoz conectado a cualquier dispositivo que emitía lo que ellos llaman música y yo no definiría exactamente así. Por supuesto, tenían que competir por conocer y pinchar la música más rara y “cool” del momento. Ese primer día se bebieron prácticamente todas las existencias de cerveza del barco, más unas cuantas botellas de ron tailandés y varias más de la bebida espirituosa típica de Laos. El segundo día ni respiraron e incluso alguno estuvo leyendo y hasta escribiendo una especie de cuaderno de bitácora. Pensé en pedirles notas para este blog aunque pronto cambié de idea. El segundo día pudimos escuchar el río mientras navegábamos a una velocidad exasperantemente lenta.
Interesante ver los pequeños poblados en los que parábamos para dejar a algún habitante de esa localidad o recoger a otros. Los niños se acercaban al barco, al principio con timidez y luego más divertidos. Hubo algún turista que les arrojó unos caramelos desde el barco que los niños recogen, pelan, y tiran el envoltorio al suelo rápidamente. Si hubiera podido le hubiera dado un coscorrón al “solidario” viajero.
una noche y madrugué mucho para ver la procesión de los monjes pidiendo comida por la ciudad y salir con Katanka hacia la montaña. El plan era llegar a Phonesavan a 262kms en dos días y para eso hay que aprovechar el tiempo. El primer día pasamos de 400 metros sobre el nivel del mar a 1.400 y tuvimos que ascender varios puertos. El día fue muy cansado y muy espectacular. Un recorrido impresionante por una carretera que discurre en medio de un mar de montañas, da igual hacia dónde mires o lo lejos que se pueda ver en cada momento, siempre hay montañas verdes con laderas imposibles a tu alrededor. Llegamos a las cinco de la tarde pasadas a Phou Khoun que es el punto intermedio entre Luang Prabang y Phonesavan. A las seis o así empezó a llover y ya no hizo otra cosa hasta que nos fuimos de allí a las siete de
la mañana. Con este panorama, el estado de las carreteras y los consejos que nos dieron algunos locales, decimos bajar de las montañas hacia Vangvieng que está a 300 metros sobre el nivel del mar y seguro el clima iba a ser mucho más favorable. Empezamos el trayecto por una carretera en muy mal estado (esta es la principal no la que tenía pensado tomar) y pronto habíamos descendido suficiente para que la lluvia se fuera disipando e incluso pasamos a tener un día soleado en el valle.
furgoneta de transporte de pasajeros y nos fuimos a Vientiane el mismo día. Llegamos tarde a Vientiane, ya de noche y al llegar vi que se había perdido la tuerca que fija el eje de la rueda delantera de Katanka. Tuve que recorrer medio Vientiane en un moto taxi hasta que encontramos lo que nos hacía falta en una tienda que seguía abierta a las ocho de la noche en el barrio chino. Reparar, montar, volver a cargar el equipaje y
una forma tan rápida. Eran las nueve de la noche cuando llegué al hotel sin cenar y después de quince horas en ruta, 100 kms en bici y cuatro horas más en la furgoneta, pero todo había salido perfecto y ahora nos podemos dirigir hacia la zona de Laos que no recorrimos en la anterior visita.
Hoy, aparte de escribir estas líneas, no voy a hacer nada. Toda mi ropa salvo lo que llevo puesto está en la lavandería, no me quedaba nada limpio ni seco después de los últimos cuatro días de yincana, y cuando digo nada incluyo lo que llevo puesto, eso lo lavaré en otra ocasión. Supongo que es algo muy personal pero he de decir que, después de estos días
sentir mejor es volver a tener ropa limpia, si además pudiera cambiar un poco de vestuario… Saldremos hacia el sur el martes, aún no sé dónde vamos ni qué es lo que vamos a ver, intentaré planificar algo esta tarde.
El lunes volvimos a hacer Katanka y yo una de esas etapas maratón. Recorrimos la distancia que separa Vangvieng de Vientiane, algo más de 150 kms. El terreno no era muy complicado y madrugamos mucho para no pasar demasiado calor. Dependiendo de las zonas, prefiero llegar a un lugar con cierto interés cansado y luego tomarme un par de días para visitarlo como en este caso que no partir la ruta en dos jornadas tranquilas con parada en algún lugar conveniente en el camino y sin demasiado que ver. Tampoco me va mal hacer un día mucho y otro nada a nivel físico, ahora estoy cada vez menos cansado físicamente aunque también es verdad que ya no hay tantas cosas que me sorprendan y sin embargo Vientián lo ha hecho.
Precisamente acabo de visitar el Museo Nacional de Laos, un edificio de dos plantas de la época colonial francesa en el que se explica con bastante detalle la última etapa de la historia del país, sobre todo lo relacionado con el Pathet Lao (grupo marxista parecido y apoyado por el Viet Cong de Vietnam) y su lucha contra el colonialismo francés y el imperialismo de USA. Obviamente cuentan la historia desde su lado, como pasa siempre con los vencedores. Para cualquier occidental no deja de ser este hecho una oportunidad de oír por una vez la historia contada desde otra óptica y así dejar de basarnos en las películas norteamericanas para conocer y opinar acerca de hechos que han ocurrido hace realmente poco tiempo.
En la exposición del museo se pueden ver algunos de los “juguetes” que usaron los estadounidenses para combatir contra los revolucionarios del Pathet Lao. Las imágenes son siempre fotos de soldados estadounidenses huyendo, algún avión abatido, prisioneros capturados por el ejército del pueblo y movimientos de tropas con cabeceras tipo “avance del ejército de liberación en campo abierto” mientras en la foto se ve a unos veinte soldados cruzando un puente de bambú. Hay fotos de los héroes de guerra y algunas fotos de las obras de construcción de carreteras. Si no fuera porque ya me he dado una vuelta por el país podría llegar a pensar que hay una red viaria moderna y densa. Quiero decir con todo esto que no es bueno quedarse con una sola versión en ningún caso y leer, viajar e informarnos nos hace más capaces de valorar el pasado y enfrentar el futuro. En el museo tuve también la oportunidad de asistir a la captura de una serpiente de algo más de un metro de largo que se había escondido detrás de un cajón que contiene una maqueta de una zona en guerra. Cultura y naturaleza salvaje aunados en un solo lugar, fantástico.
El centro está bastante comprimido entre el río Mekong y tres calles paralelas a este. La ciudad es completamente diferente por la mañana, a mediodía y por la noche. Es como si fueran tres ciudades en una sola, es fascinante ver como una plaza que parece un solar por la mañana, se convierte en un centro de terrazas y ocio por la noche. El tráfico que es denso por la mañana se ralentiza a mediodía, los comercios cierran unas horas y todo se queda en calma salvo algunos restaurantes locales donde se acercan a comer su sopa de noodles los trabajadores de los diferentes negocios en el centro. Los restaurantes son de lo más variopinto, creo que he visto comida de todo el mundo, sólo me falta ver un restaurante de comida española para confirmar.
La zona del río Mekong es como una especie de paseo marítimo. Por la mañana pronto, se ve a gente haciendo algo de deporte, el resto del día se queda desolada, y por la noche se llena de gente haciendo deporte, paseando, se monta un mercadillo en un parque cercano, todo el paseo se llena de terrazas de restaurantes para tomar algo o cenar, hay música en directo, chavales haciendo Break-Dance, parejas que se llevan su propia cena y montan un picnic allí mismo, turistas, ciclistas, patinadores, niños y mayores. Es como si todos quisieran estar en el mismo sitio a esa hora independientemente de que unos prefieran hacer compras y otros hacer fotos del atardecer. Lo mejor de esto es que es uno de esos sitios
que te gustan más cuando has ido más veces.
Llegamos ayer a Vangvieng en autobús. La distancia desde Luang Prabang era mucha, nos hubiera llevado tres días en la carretera y ahora no nos sobra el tiempo, si queremos estar el día dos de junio cerca de Bangkok debemos empezar a movernos un poco más deprisa. Esto no quita para que nos hayamos quedado un día en Vangvieng para visitar un poco los alrededores de la ciudad. Vangvieng está en una zona de poca elevación (unos cuatrocientos metros sobre el nivel del mar) surcada por pequeños ríos por todas partes y salpicada de montañas de origen Kárstico. El paisaje es sobrecogedor, son esas montañas imposibles que alguna vez hemos visto en documentales o películas y están ahí, casi al alcance de la mano con esa orografía que parece irreal, imposible de ciencia ficción y sin embargo es real y es tangible.
mochila, rubios y occidentales, de turistas venidos de Corea y otros países asiáticos y de turistas locales, especialmente los fines de semana. En varios sitios nos dijeron que el hotel o casa de huéspedes de turno estaba completo algo que no nos ha pasado hasta ahora en ningún sitio. El centro de la ciudad es un maremágnum de restaurantes, casas de huéspedes, hoteles, agencias de viajes, masajes y todo eso que nos gusta tanto a los turistas y viajeros. El enclave de la ciudad, a orillas de un río y entre las montañas hace que sólo haga falta moverse unos kilómetros o centenares de metros para estar en medio de ese paisaje tan espectacular que abunda por esta zona.
Hoy hemos madrugado poco, anoche llovió bastante y esta mañana seguía nublado, y nos hemos ido a dar una vuelta por los alrededores de la ciudad. El día ha estado nublado lo cual no creo que le reste mucho esplendor a las montañas, valles y ríos. En muchas montañas hay cuevas producidas por la erosión de la roca por efecto del tiempo y el agua, en todas las cuevas hay algún buda o templo o similar y en algunas han montado pequeñas atracciones para justificar el pago de un peaje por parte de los turistas. En el recorrido hemos estado acompañados en algunos tramos por una tropa de karts conducidos por felices coreanos acompañados de sus parejas que se dirigían a un campo para practicar tirolinas y nadar en la poza artificial al lado de una cueva con su buda reclinado. El paquete completo, que no falte nada.
los paisajes sin olvidar los paisanajes. Al pasar por un pueblo me han llamado desde un grupo de gente que andaba celebrando el domingo. Me han invitado a comer y beber y beber otra vez y no he querido ser desagradecido ni parecerlo por un solo momento. El grupo que me ha invitado estaba formado por hombres y mujeres en proporción similar, subidos en una plataforma no muy grande hecha de bambú, con comida en el centro y algunos bailando al fondo, todos agrupados y pasándoselo bastante bien por lo que he podido entender. El lugar remoto y el escenario precario y sin embargo no faltaba el equipo de audio con música de Laos y un micrófono para que cada uno cantara las estrofas que se sabe de la canción que sonaba en cada momento. En un momento dado me he visto cantando el “lalala” estilo Masiel con el micrófono en la mano. Por suerte sólo sabéis esto porque os lo cuento, de lo contrario me daría mucha vergüenza.
Con más cerveza y laolao (bebida local bastante parecida al orujo) de lo debido para conducir cualquier vehículo he conseguido abandonar la reunión familiar después de agradecer a todo el mundo la hospitalidad. Por suerte ya no me quedaba mucho para llegar a Vangvieng. Antes de entrar en el pueblo me he parado en el río a darle un fregado a Katanka que se había puesto de barro hasta las trancas. En el río he coincido con una pareja de franceses que viven en Vientiane y estaban de fin de semana. Había un par de niños jugando y bañándose que, al cabo de un tiempo prudencial, se nos han acercado a salpicarnos con agua y con los que he estado jugando a hacer ranas con las piedras del río durante más de una hora. En este país las cosas funcionan así, en general son muy buena gente pero se toman su tiempo. Si quieres tener alguna interactuación con los locales debes permanecer en el mismo sitio un tiempo prudencial, sin agobios y sin prestar mucha atención a lo qué puede estar pasando a tu alrededor. Cuando ya consideran que eres un elemento más del paisaje o que ha pasado el tiempo necesario (no sé para qué, pero necesario), se te acercan y te ofrecen comida, bebida, conversación o simplemente juegan contigo como en el caso de estos niños. No suelo sacar fotos de esto momentos, seguro que me arrepentiré en el futuro, ahora me parece lo correcto, no quiero estropear el momento sacando el móvil para hacer una foto.
he comido algo y me he retirado a mis aposentos a escribir estas líneas y echarme una pequeña siesta. Mañana se plantea otro día duro, queremos llegar a Vientiane que está a algo más de 150 kms de Vangvieng y, para esto, habrá que madrugar y pedalear mucho. Así vamos alternando días de nada, poco y mucho pedalear según conveniencia. Mucha gente me preguntó si no iba a entrenar para el viaje, hoy puedo decir que el entrenamiento ha concluido y no ha habido que tirar de bicicleta estática ni de gimnasio. Entrenamiento sobre la marcha lo llamo.
Desde Nong Khiaw mi intención era subirme en una barca con Katanka y hacer los cien kilómetros por el río que separan esta localidad de Luang Prabang. Como es la época seca el río no lleva mucho caudal y además no hay muchos turistas por la zona con lo que mi plan se vio desbaratado (otra vez) y en lugar de un día de cumpleaños placentero en una barca tuve un día de carretera y muchos kilómetros. Hicimos 150 kms el día de mi cumpleaños desde Nong Khiaw hasta Luang Prabang (por carretera es bastante más largo que por el río. Madrugamos mucho y el trayecto no fue nada duro así que llegamos a Luang Prabang cansados y satisfechos de haber conseguido realizar ese recorrido.
contrario al nuestro. La segunda que encontramos viajaba en una bicicleta tipo tándem y convertible de esas en las que uno de los viajeros va tumbado dando pedales. Una máquina muy bonita e interesante, llevaban hasta cargador para el teléfono en la bici. Como todo tiene su cara oculta, tenían un problema con el cable del cambio que estaba roto y, al ser una bici tan especial, no podían encontrar repuesto tan largo como necesitaban. Esas cosas que nunca contamos y que se pueden convertir en grandes inconvenientes como llevar una china en un zapato o algo parecido.
Luang Prabang es una ciudad muy importante en Laos, fue capital del reino por muchos años y ha sido declarada patrimonio de la humanidad de la UNESCO. Además se encuentra en un cruce de caminos entre Vientiane (la capital de Laos) por el sur, China al norte, Vietnam al este y Tailandia al oeste. Con todos estos datos agitamos un poco y ya lo tenemos, está plagada de turistas. El centro está formado por una pequeña península entre el río Mekong y el río Khan formada por apenas cuatro calles paralelas al Mekong y sus callejuelas perpendiculares. Esto hace que la concentración de turistas en el centro sea sobrecogedora, no me lo esperaba, buscaba civilización y me encontrado a todos los rubios y no rubios de la zona en el mismo lugar y momento. Me he descubierto a mí mismo sacando fotos de los grupos de turistas porque me parecen extraños, como si yo no fuera uno más que lo soy.
pan, hay helados, pasteles, pizza, hamburguesas, hay comida local, tailandesa, vietnamita, coreana, no he encontrado tortilla de patata aunque creo que si dedico un poco de tiempo a buscar la encontraré también. El jamón serrano lo descarto, eso sí. Me han llegado algunas fotos de jamón que se agradecen por el cariño aunque sólo consiguen agravar la añoranza. Hay todo tipo de alojamientos, desde casas que acogen huéspedes como si fuera un pueblecito perdido en la selva hasta hoteles lujosos. Hay agencias de viajes que te solucionan cualquier problema que puedas tener y te venden el billete que necesitas para llegar a ese sitio que quieres visitar. No está mal aprovecharse de estos temas de vez en cuando. Yo me he ido en barca a una localidad cercana a ver unas cuevas con budas y esas cosas. En realidad no
me importaba el destino sólo quería ir por el Mekong en barca por una vez ya que lo he estado intentando y parecía que no iba a ser posible. Así me quito ese tema de encima, seguramente tendré muchas más ocasiones de hacerlo y sin embargo era algo que me tenía ya un poco intranquilo. Volveré a dormir a pierna suelta.
los que tengo fecha y lugar a los que llegar y me muevo un poco más. La intención es seguir hasta Vientiane en ruta con Katanka y luego ya veremos cómo podemos afrontar el resto.
hubo una fiesta de mi cumpleaños en la que yo estaba invitado aunque nadie esperaba que llegara a tiempo. He visto las fotos y parece que no estuvo mal. Supongo que la excusa no era mala y el detalle de que el cumpleañero no estuviera tampoco hay que tomárselo muy en serio.
Ayer decidí avanzar un poco más ya que los días pasan y me muevo poco. Me entretengo en visitas cortas y excursiones y así se me pasan los días y no estoy avanzando demasiado. Mi objetivo es ahora llegar a Pattaya el día dos de junio. La parte de recorrido que tengo que hacer por Tailandia no me importa hacerlo más deprisa, me gustaría poder hacer la visita de Laos de forma más tranquila y visitar las cosas pausadamente y por eso me estoy centrando sólo en la parte norte de Laos y aun así me tengo que empezar a mover un poco más. El caso es que cogí un autobús que me acercaba a unos treinta kilómetros de Nong Khiaw desde donde tenía la intención de coger una barca por el río para llegar a Luang Prabang.
convenientemente. A las diez y media o así el conductor hizo una parada para ir al baño en medio de una recta de la carretera donde no había nada más que campo alrededor. A las once y media paramos a comer en Oudomxai, la localidad más grande en nuestro recorrido.
en Nong Khiaw. Sin entretenerme demasiado me puse en marcha. El cielo estaba nublado y amenazaba tormenta por todos los lados. Empezaron pronto a caer unas pocas gotas que por esta zona suelen ser el presagió del diluvio universal. Sin embargo no acababa de llover ni aclaraba y mientras nosotros íbamos avanzando a buen ritmo. Con la lluvia dispersa que caía y las nubes la temperatura era muy agradable para anda en bici. El único inconveniente es que me estaba poniendo poco o poco como una sopa pero de eso ya me ocuparía cuando tuviera que parar ya que no estaba claro si el cielo se abriría o caería la del pulpo.
la izquierda y allí estábamos circulando entre dos montañas impresionantes con el río a nuestra derecha en un cañón muy estrecho y a sólo unos kilómetros de Nong Khiaw. El sol estaba cayendo y entonces apareció a nuestra espalda por debajo de las nubes, seguían cayendo gotas, avanzábamos hacia nuestra propia sombra, las montañas nos observaban desde ambos lados, el viento estaba en calma, la sensación de plenitud, un escalofrío por la espalda, sentimiento de poder, de felicidad, momento mágico. Estos son los pequeños momentos que hacen que un viaje se recuerde, lo que separa una experiencia de un enriquecimiento. No es fácil de explicar, me hubiera gustado que lo hubierais sentido.
En este momento tan mágico me acordé de una persona muy especial que lo está pasando muy mal. Intenté enviar la energía que sentí en ese momento de forma telepática para que le infunda ánimos y se recupere del bache de ahora y le de fuerzas para encarar lo que venga que sabemos que no será sencillo, ni fácil, pero que superará como ya ha hecho otras veces. Bea, sabes que te llevo en el corazón. Un beso.
Después de la ruta de dos días por la jungla estuve un día en cuidados intensivos. Sauna, masaje, buena comida y mucha cama fueron mis actividades y el efecto fue bastante positivo. Tenía el muslo de la pierna izquierda como una tabla y una amable señorita estuvo una hora dándome masaje en la zona dolorida. Cando terminó volví a notar cierto movimiento en mi masa muscular (debería poner esto en mayúsculas) pero he estado dos días más dolorido a consecuencia del masaje. Supongo que es lo normal y lo cierto es que ahora estoy mucho mejor.
He pasado tres días con Katanka en Muang Sing. Está a sólo sesenta kilómetros por una carretera que circula al lado de un río y luego sube y baja una montaña. Es un paraje espectacular y un paseo formidable para hacer en bicicleta. Por el camino hay varios poblados de diversas etnias, plantaciones de árbol del caucho, arrozales, la jungla y un montón de curvas. Tanto al ir como al volver me he levantado muy temprano y así consigo llegar a mi destino sin que el calor sea agobiante. Ahora llueve casi todos los días y no sé si será por la altitud o por la lluvia pero lo cierto es que las temperaturas ya no son tan agobiantes como hace un mes.
Los cultivos que realizan los campesinos de la zona siguen estrictamente la demanda China. Si se paga bien el látex se plantan los árboles del caucho, si hacen falta plátanos, se arrancan los árboles del caucho y se plantan plátanos, y así sucesivamente. Lo único invariable es el arroz, dónde se puede sembrar arroz no hay dudas, es el elemento primordial de la dieta local. En Muang Sing se ve algo de mecanización en el campo. Algunas máquinas parecen juguetes sacados de un ToysR´Us para mayores y casi con toda seguridad están más tiempo en el taller que en los campos aunque no dejan de ser máquinas que aumentan de modo exponencial la capacidad de producción de los campesinos.
Muang Sing es una población en desarrollo visible. Se pueden ver construcciones nuevas por todas partes. El hotel en el que me quedé llevaba un mes abierto. He visto una construcción en la que estaban trabajando con dos hormigoneras a la vez. Los camiones con grava y arena hacen cola a la entrada de los pueblos para llegar a sus destinos. Los hombres se acercan a la báscula municipal por la mañana donde esperan a que llegue un camión que necesite algunos trabajadores para cargar y descargar. No se trata de grandes construcciones, son casas sencillas hechas de ladrillo y hormigón que, por comparación con las chozas de madera y hojas secas, son un gran avance. Sólo puedo explicar este maremágnum constructivo por la cercanía con el mercado chino y los beneficios que esto
acarrea a la población de la zona. Desconozco el grado de sostenibilidad que puede tener este crecimiento y si habrá una burbuja inmobiliaria en Muang Sing, el caso es que la situación es muy diferente de la que he percibido en el resto de lugares que he visitado hasta ahora.
con algunos de los pobladores de estas aldeas y otras veces nos quedamos en el saludo, me paseo por allí, ellos comentan lo que sea que comenten, a veces se ríen, supongo que de mí y me voy a seguir mi camino tan ricamente y otras veces me invitan a sentarme, a comer algo, prueban a subirse en Katanka y conseguimos intercambiar información básica como si viajo sólo, de dónde soy y cosas así. No hemos hablado de las elecciones del día 24 en ningún momento por si alguien tenía la duda.
El día 15 había una especie de feria en Muang Sing. Desconozco si celebraban San Isidro o de qué se trataba. Había castillos inflables, una noria, coches de choque, tómbolas y demás. Pude ver a una mujer con un niño de pecho y otro de menos de dos años en auto de choque, se me pusieron los pelos de punta y el coche de al lado con tres niños de no más de cinco años conduciendo solos y sin ningún elemento de seguridad me pareció una forma segura de participar en la fiesta. Además, al ser viernes, era el día de la lotería de Laos, las mujeres salen a la calle, ponen unas mesitas con unos papeles enormes llenos de números y venden boletos que no he conseguido entender cómo se sabe si están premiados. En paralelo pude asistir a una gran timba entre hombres en la que se jugaban grandes cantidades de dinero, paquetes de billetes nuevos y fajos enormes alrededor de unas fichas parecidas a las de dominó. Tampoco entendí cómo se ganaba o perdía, solo sé
que jugaban todos contra un tipo con mucho fajos de dinero que cubría todas las apuestas (no me dejaron sacar fotos de esto). En Laos se juega siempre con dinero. Si hay un grupo de chavales de no más de catorce años jugando al billar, están jugando por dinero, poco en este caso pero el caso es que los billetes arrugados pasan siempre de unas manos a otras. Incluso los pequeños de menos de diez años juegan con gomas elásticas y el que gana se queda con las gomas de los demás. No he tenido ocasión de jugar a petanca y espero que no me vaya a costar una “fortuna” en apuestas.