Ayer decidí avanzar un poco más ya que los días pasan y me muevo poco. Me entretengo en visitas cortas y excursiones y así se me pasan los días y no estoy avanzando demasiado. Mi objetivo es ahora llegar a Pattaya el día dos de junio. La parte de recorrido que tengo que hacer por Tailandia no me importa hacerlo más deprisa, me gustaría poder hacer la visita de Laos de forma más tranquila y visitar las cosas pausadamente y por eso me estoy centrando sólo en la parte norte de Laos y aun así me tengo que empezar a mover un poco más. El caso es que cogí un autobús que me acercaba a unos treinta kilómetros de Nong Khiaw desde donde tenía la intención de coger una barca por el río para llegar a Luang Prabang.
El autobús salió a las nueve de la mañana de la estación de Luang Namtha a unos doce kilómetros del centro de la ciudad. Teníamos que recorrer 180 kilómetros y luego me quedaban otros treinta con Katanka para llegar a nuestro destino. Al principio el trayecto iba de forma normal, no avanzábamos muy deprisa por las paradas constantes para recoger a viajeros en los poblados o en cualquier lugar en el que un viajero lo solicite pero íbamos recorriendo los kilómetros
convenientemente. A las diez y media o así el conductor hizo una parada para ir al baño en medio de una recta de la carretera donde no había nada más que campo alrededor. A las once y media paramos a comer en Oudomxai, la localidad más grande en nuestro recorrido.
A partir de ese punto la cosa se complicó. La carretera estaba en obras y transitaba por un terreno con constantes subidas y bajadas. Había que parar en muchos lugares para dejar pasar tráfico alterno o simplemente porque las máquinas estaban trabajando en todo el ancho de la calzada y había que esperar a que una retro-excavadora cargara un camión de tierra o que unos operarios pusieran brea en un tramo para asfaltar. Con todas las paradas y el avanzar lento de nuestro autobús el tiempo fue corriendo y no llegábamos a la localidad en la que yo me bajaba. Hubo un momento que pensé que ni siquiera llegaríamos de día a este punto. A las cuatro y veinte de la tarde el conductor paró el autobús y me anunció que era mi parada.
Aquí anochece a las seis y media aproximadamente y aún tenía que hacer los treinta kilómetros a mi destino
en Nong Khiaw. Sin entretenerme demasiado me puse en marcha. El cielo estaba nublado y amenazaba tormenta por todos los lados. Empezaron pronto a caer unas pocas gotas que por esta zona suelen ser el presagió del diluvio universal. Sin embargo no acababa de llover ni aclaraba y mientras nosotros íbamos avanzando a buen ritmo. Con la lluvia dispersa que caía y las nubes la temperatura era muy agradable para anda en bici. El único inconveniente es que me estaba poniendo poco o poco como una sopa pero de eso ya me ocuparía cuando tuviera que parar ya que no estaba claro si el cielo se abriría o caería la del pulpo.
Así avanzamos por un terreno con pequeñas subidas y bajadas que enfilaba directamente hacia un grupo de montañas casi verticales en el fondo del horizonte. Al llegar a las montañas la carretera giró a la derecha y luego a
la izquierda y allí estábamos circulando entre dos montañas impresionantes con el río a nuestra derecha en un cañón muy estrecho y a sólo unos kilómetros de Nong Khiaw. El sol estaba cayendo y entonces apareció a nuestra espalda por debajo de las nubes, seguían cayendo gotas, avanzábamos hacia nuestra propia sombra, las montañas nos observaban desde ambos lados, el viento estaba en calma, la sensación de plenitud, un escalofrío por la espalda, sentimiento de poder, de felicidad, momento mágico. Estos son los pequeños momentos que hacen que un viaje se recuerde, lo que separa una experiencia de un enriquecimiento. No es fácil de explicar, me hubiera gustado que lo hubierais sentido.
En este momento tan mágico me acordé de una persona muy especial que lo está pasando muy mal. Intenté enviar la energía que sentí en ese momento de forma telepática para que le infunda ánimos y se recupere del bache de ahora y le de fuerzas para encarar lo que venga que sabemos que no será sencillo, ni fácil, pero que superará como ya ha hecho otras veces. Bea, sabes que te llevo en el corazón. Un beso.
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