
Llevo más de una semana sin escribir. No tengo mucha disculpa, simplemente he estado metido en algunas cosas que requerían mi tiempo aparte, por supuesto, de pedalear y de hacer algún traslado en autobús. Dejaba el relato del viaje en el sur de Camboya y ahora estoy al norte de Tailandia, dispuesto a cruzar mañana la frontera con Myanmar para seguir viaje con Katanka por allí. Han sido unos días de mucho viaje pero ha merecido la pena, a veces el destino te está esperando con alguna sorpresa y no sabiendo bien cómo ni por qué acabas yendo a su encuentro.
Desde Sihanoukville nos

pusimos en ruta hacia Tailandia. El plan era llegar a Trat pedaleando. La ruta por esta zona del sur se mueve entre pequeñas colinas que están cerca de la costa. La carretera sube y baja constantemente y, como no estamos a mucha altitud (las colinas no pasan de trescientos metros sobre el nivel del mar), las temperaturas son altas y el sol pega con fuerza. Se hace duro transitar por estas carreteras. Además, el firme no es muy regular que digamos, hay baches

continuamente y en muchas ocasiones es mejor moverse por el arcén que no está asfaltado para evitar el tráfico de la parte asfaltada. Es curioso ver el trabajo que hace la suspensión delantera de Katanka para movernos por carretera. Por suerte no hay demasiado tráfico y esto alivia un poco la situación. El paisaje es de palmeras dedicadas a la producción de aceite, arrozales, ríos y bosques.

Hicimos la primera escala en Srae Amber. Antes había un puerto bastante importante aquí hasta que se movió casi todo el transporte a Sihanoukville. Ahora es un pueblo a orillas del río con algunos barcos que transportan mercancías y se llevan arena de la zona y otros barcos abandonados o semi-hundidos. Más que un puerto parece un cementerio de barcos donde algunos aún flotan. En el pueblo hay un mercado que parece demasiado grande para los habitantes del lugar. Sólo hay dos casas de huéspedes y no me encontré ningún turista. Por la noche un grupo de perros decidieron que ladrar, pelear y gimotear debajo de mi ventana, era una gran idea y casi no pegué ojo. Creo que ha sido la primera noche que no he dormido como un bebé en todo el viaje.

Llegamos hasta Koh Kong al día siguiente después de recorrer 140 kms por colinas y con el mismo calor de días anteriores. Hace unos años no había carretera hasta allí y ahora se ha convertido en un modesto centro de turismo. De Koh Kong, otra etapa en bici hasta Trat, ya en Tailandia, después de un día de descanso reparador. En la zona de frontera de Camboya proliferan los casinos. Al parecer, el juego es legal en Camboya y no en Tailandia y muchos tailandeses llegan el fin de semana o en vacaciones cortas para jugarse los baths. Trat es, de nuevo, una típica ciudad

tailandesa, con su mercado de noche, sus comercios, una zona de casas de huéspedes para turistas y poco más. Lo más relevante de esta ciudad es que hay muchas golondrinas. Las crían para aprovechar los nidos para la apreciada sopa de nido de golondrina de los chinos. Hay una gran comunidad china también, claro.

Desde Trat un autobús diurno a Bangkok y otro nocturno de Bangkok a Chiang Mai. Cuando llegué a Chiang Mai no había forma de encontrar alojamiento. Pensé que lo de la temporada alta iba realmente en serio pero no era sólo eso. Resulta que el día 25 de noviembre (este año cae así) es la fiesta de Loy Krathong. Se celebra en la duodécima luna llena del año y se supone que indica el final de la época de lluvia. Por supuesto, tiene connotaciones religiosas budistas e hinduistas. La celebración consiste en arrojar al río unas balsas hechas con tronco de banana y hojas, adornadas, con queroseno en el centro y una mecha encendida y unos palos de incienso. También se sueltan linternas hechas de papel con fuego en el centro que suben

por el aire hasta desaparecer. Supongo que sabéis a lo que me refiero. El espectáculo es grandioso, por desgracia las fotos no hacen justicia. Al día siguiente se hace una cabalgata con todo tipo de motivos y mucha participación, las calles se llenan de carrozas muy decoradas y cada cual más original.

Con esto me he pasado unos días en Chiang Mai y ayer me vine, de nuevo en bus, hasta Chiang Rai a sólo 65 kms de la frontera con Myanmar. Hace casi tres meses que pasé por aquí en mi ruta hacia Laos. Lo veo ahora y parece que no ha pasado el tiempo y sin embargo ha sido un viaje largo y muchas vueltas de “rueda”. Eso que me llevo en las alforjas, sitio hay ya que he perdido algunas cosas, entre ellas algunos kilos. Ahora viajo más ligero de equipaje y veo las cosas con otros ojos.
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Desde Chiang Rai a la frontera con Laos en Huay Xay hay 110kms bastante llanos. El trayecto lo cumplimos sin mayores incidencias, una lluvia suave nos acompañó una parte del camino y luego un día nublado que mantuvo las temperaturas suaves. El trámite de la frontera, al ser ya conocido, lo cumplimos de forma sencilla y de ahí nos fuimos a la misma casa de huéspedes que ya había seleccionado hace unos meses. Es una curiosa sensación la de alojarte de nuevo en el mismo sitio en el que has estado antes. No sé si decir que es agradable o simplemente más sencillo, y con esto se pierde un poco de chispa y sensación de descubrimiento. Con esto en mente decidí cambiar la ruta y llegar a Luang Prabang en el barco que baja por el Mekong.
de camino en un pequeño pueblo que no es muy grande y que se ha convertido en un centro de casas de huéspedes y restaurantes enfocados a recibir cada día a los barcos que van en una y otra dirección en el río, y que hacen siempre su parada aquí. Los paisajes desde el barco son hermosos, aunque no tienen nada que envidiar los que se pueden ver desde cualquier carretera de la zona que invariablemente circulan por montañas arriba y abajo. En el barco coincidí con un montón de jóvenes rubios que el primer día nos dieron el viaje con un altavoz conectado a cualquier dispositivo que emitía lo que ellos llaman música y yo no definiría exactamente así. Por supuesto, tenían que competir por conocer y pinchar la música más rara y “cool” del momento. Ese primer día se bebieron prácticamente todas las existencias de cerveza del barco, más unas cuantas botellas de ron tailandés y varias más de la bebida espirituosa típica de Laos. El segundo día ni respiraron e incluso alguno estuvo leyendo y hasta escribiendo una especie de cuaderno de bitácora. Pensé en pedirles notas para este blog aunque pronto cambié de idea. El segundo día pudimos escuchar el río mientras navegábamos a una velocidad exasperantemente lenta.
Interesante ver los pequeños poblados en los que parábamos para dejar a algún habitante de esa localidad o recoger a otros. Los niños se acercaban al barco, al principio con timidez y luego más divertidos. Hubo algún turista que les arrojó unos caramelos desde el barco que los niños recogen, pelan, y tiran el envoltorio al suelo rápidamente. Si hubiera podido le hubiera dado un coscorrón al “solidario” viajero.
una noche y madrugué mucho para ver la procesión de los monjes pidiendo comida por la ciudad y salir con Katanka hacia la montaña. El plan era llegar a Phonesavan a 262kms en dos días y para eso hay que aprovechar el tiempo. El primer día pasamos de 400 metros sobre el nivel del mar a 1.400 y tuvimos que ascender varios puertos. El día fue muy cansado y muy espectacular. Un recorrido impresionante por una carretera que discurre en medio de un mar de montañas, da igual hacia dónde mires o lo lejos que se pueda ver en cada momento, siempre hay montañas verdes con laderas imposibles a tu alrededor. Llegamos a las cinco de la tarde pasadas a Phou Khoun que es el punto intermedio entre Luang Prabang y Phonesavan. A las seis o así empezó a llover y ya no hizo otra cosa hasta que nos fuimos de allí a las siete de
la mañana. Con este panorama, el estado de las carreteras y los consejos que nos dieron algunos locales, decimos bajar de las montañas hacia Vangvieng que está a 300 metros sobre el nivel del mar y seguro el clima iba a ser mucho más favorable. Empezamos el trayecto por una carretera en muy mal estado (esta es la principal no la que tenía pensado tomar) y pronto habíamos descendido suficiente para que la lluvia se fuera disipando e incluso pasamos a tener un día soleado en el valle.
furgoneta de transporte de pasajeros y nos fuimos a Vientiane el mismo día. Llegamos tarde a Vientiane, ya de noche y al llegar vi que se había perdido la tuerca que fija el eje de la rueda delantera de Katanka. Tuve que recorrer medio Vientiane en un moto taxi hasta que encontramos lo que nos hacía falta en una tienda que seguía abierta a las ocho de la noche en el barrio chino. Reparar, montar, volver a cargar el equipaje y
una forma tan rápida. Eran las nueve de la noche cuando llegué al hotel sin cenar y después de quince horas en ruta, 100 kms en bici y cuatro horas más en la furgoneta, pero todo había salido perfecto y ahora nos podemos dirigir hacia la zona de Laos que no recorrimos en la anterior visita.
Hoy, aparte de escribir estas líneas, no voy a hacer nada. Toda mi ropa salvo lo que llevo puesto está en la lavandería, no me quedaba nada limpio ni seco después de los últimos cuatro días de yincana, y cuando digo nada incluyo lo que llevo puesto, eso lo lavaré en otra ocasión. Supongo que es algo muy personal pero he de decir que, después de estos días
sentir mejor es volver a tener ropa limpia, si además pudiera cambiar un poco de vestuario… Saldremos hacia el sur el martes, aún no sé dónde vamos ni qué es lo que vamos a ver, intentaré planificar algo esta tarde.
Como no llegamos a tiempo de coger la barca para Chiang Rai desde Thaton y no queríamos esperar a la siguiente nos fuimos de madrugada hacia Mae Salong. En lugar de un viaje tranquilo en barca de tres horas sin mover músculo alguno habíamos optado, sin saberlo muy bien, por una carretera de cuestas imposibles en las que las subidas terminan donde comienza el descenso siguiente y viceversa. Las rampas entre Thaton (500metros sobre el nivel del mar) y Mae Salong (1200 metros sobre el nivel del mar) son inhumanas, se repite el tipo de carretera que ya encontré en mi camino hacia el fallido intento de llegar a Myanmar por el paso de las Tres Pagodas. Las rampas son tan empinadas que
a duras penas conseguimos seguir avanzando. Por suerte, a partir de cierta altura y con los días nublosos que nos acompañan, las temperaturas son mucho más agradables que hace unos meses y el camino no era demasiado largo, sólo 45 kilómetros separan Thaton y Mae Salong.
poner los pies. En fin, el caso es que los grandes infinitos pueden pasar inadvertidos y que no saquemos partido de ellos y los pequeños infinitos pueden limitarse a un instante y ser tan intensos que los podamos apreciar en cada fracción de tiempo, espacio, etc… y ser por eso tan infinitos como los más grandes. Esa es la sensación que tuve en esos 45 kms y más concretamente en los veinte últimos, aquello no se acababa nunca con sus partes duras y sus gratificantes vistas. No sabía a dónde mirar, ni de dónde sacar una foto para compartir o recordar y, desde luego, no sabía cuándo se acabarían las cuestas.
o pueblo se formó a raíz del asentamiento de un grupo de soldados chinos que huyeron de su país en 1949 tras la revolución china. El ejército revolucionario chino, cuando ya habían consolidado la revolución, se empeñó en erradicar a todos los disidentes que pudieran quedar. En la región de Yuann quedaron algunos batallones que fueron aniquilados, huyeron a Taiwan o Hong Khong, o se quedaron en la zona retrocediendo al sur. Un grupo de unos doce mil soldados se retiró a Myanmar y allí fueron combatidos unos años más tarde por el ejército local apoyado por China con lo que se quedaron en estas montañas y establecieron su cuartel en Mae Salong. De 1973 a 1975 este ejército colaboró en la expulsión o aniquilación (dependiendo de la prisa que se dieron en huir en cada caso) de los comunistas del norte de Tailandia
colaborando con el rey de Tailandia y obteniendo así la nacionalidad tailandesa. La financiación de este ejército venía del cultivo del opio y tras ser aceptados en Tailandia debieron comprometerse a no cultivar esta planta nunca más y pasaron a cultivar té.
hoteles y casas de huéspedes, sin olvidarnos del seven-eleven de turno que no falta tampoco aquí. Hay un museo en recuerdo de los caídos en la guerra contra los comunistas en Tailandia en el que se ensalza la valentía de los soldados chinos que se establecieron aquí. Doy por seguro que la historia será muy diferente en el lado chino de las cosas.
El domingo me levanté bastante temprano. El plan era tomar un buen desayuno en “World of Breakfast” (lo recomiendo si vais alguna vez a Chiang Mai), enviar un paquete a Myanmar con algunas cosas que no uso y que suponen un peso innecesario que Katanka tiene que cargar, preparar a Katanka para los próximos días de viaje y quizás subir al templo de Doi Suthep para entrenar un poco las piernas y comprobar la climatología. Después de cambiar los neumáticos de Katanka y darme una ducha pusimos rumbo a un desayuno tranquilo y completo. Al pasar por las puertas principales de la vieja ciudad nos encontramos con un grupo de no menos de setenta ciclistas que estaban preparándose para salir a dar una vuelta. Paramos, pregunté hacia dónde iban y si nos podíamos unir, contestaron que cerca y que no había problema en que nos uniéramos y así lo hicimos.
locales y algunos extranjeros retirados en Chiang Mai sale todos los domingos a hacer una ruta tranquila y socializar, sobre todo a socializar. El club se llama “Sunday Morning Cycling Club” y te reciben como parte del club de forma inmediata. Sólo tuve que poner mis datos en una libreta y decir unas palabras en una presentación que hicieron a todo el grupo con un altavoz y ya soy miembro del club. Mi presentación fue individual, ya que llegué tarde a la oficial en que habían presentado a otros tres nuevos miembros del club, y además la hicieron en la primera parada que era un mercado de comida orgánica donde tuve que avituallarme entre saludos, presentación megafónica y demás.
Mai, Peter, un suizo retirado, James, un americano de 45 años que vendió su empresa y decidió no trabajar más, Jim, Garrick, y algunos más que no recuerdo. El paseo fue muy interesante, visitamos algún templo, la casa de un socio del club que vive en la montaña, unas cataratas y un parque botánico bastante impresionante. El ritmo de pedaleo fue muy tranquilo, empezamos a las ocho y media y terminamos a las cinco y media de la tarde para hacer poco más de cincuenta kilómetros. Como ya he dicho, en este club ciclista se trata de socializar más que de hacer ejercicio.
con otros amigos a dar una vuelta pronto por la mañana y me apunté a esta también. La ruta que tocaba en esta ocasión nos llevó por la orilla de un río al sur hasta Lamphun y allí me llevaron a una tienda de bicicletas enorme donde desmontaron y limpiaron a conciencia casi todas las partes móviles de Katanka y la dejaron como nueva. Ahora tiene nuevos neumáticos y una limpieza como los chorros del oro con lo que está en perfecta forma. Si le añades que hemos bajado cuatro kilos de equipaje y que las temperaturas son bastante más aceptables que hace un par de meses el panorama se presenta prometedor. Veremos si consigo poner mis piernas a tono pronto.
Viajar con grupos supone un montón de paradas que no haría si estuviera sólo y también es una ayuda para avanzar más y conseguir cierta distracción de la ruta de vez en cuando, lo que hace que los kilómetros pasen más deprisa. En general, he de decir que sigo prefiriendo viajar sólo aunque entiendo que un grupo no muy amplio es probablemente la mejor opción. Cuando digo reducido me refiero a máximo cuatro y óptimo dos, no los setenta del domingo que hicieron el paseo entretenido en exceso. Está previsto que todo el club suba al templo de Doi Suthep el día seis de diciembre y yo, por supuesto, estoy invitado. Seré uno más de los setecientos ciclistas que suben al templo el primer domingo de diciembre cada año si estoy por la zona en esas fechas.
Cuando digo hemos me refiero a mí mismo, a Katanka, a Eric, Bob, James y Tak. Cuando les conté mi plan de viaje decidieron venir conmigo hasta Chiang Dao, al norte de Chiang Mai, y quedarse a dormir allí para regresar mañana. No es que haya tenido que convencerles, como dice Bob, no tienen nada que hacer en todo el día y todo el día para hacerlo. Quitando a Tak que es el hijastro de Eric, el resto son retirados en Chiang Mai que gustan de salir a andar en bicicleta por la zona. No es una mala vida y, sin embargo, no siento mucha envidia de ellos. Quizás estoy poniendo el listón muy alto pero quiero pensar que se puede vivir de muchas maneras, todas buenas, y cada uno debe buscar lo que más le conviene. No será una tarea fácil y requiere pararse a pensar en ello… recomiendo hacerlo si se tiene la oportunidad.
Desde Ayutthaya a Chiang Mai hay más de seiscientos kilómetros y cualquier medio de transporte tarda al menos doce horas en recorrer la distancia que separa estos dos destinos. No es que no haya nada en el camino entre una y otra ciudad, es simplemente que lo que hay no me parece demasiado interesante. Con estas perspectivas, decidí que lo mejor era que esta vez nos moviéramos en un tren nocturno. El tren salió a las ocho de la noche de Ayutthaya y llegó a las ocho y media de la mañana a Chiang Mai con todo el día por delante y la distancia ya resuelta. Katanka fue, esta vez, en el vagón de las mercancías que por otra parte debería ser lo normal y no la excepción. Tener nombre no hace que deje de ser una bicicleta aunque no lo parezca.
“nómadas digitales”. Se trata de gente que se dedica a trabajos relacionados con internet y que trabajan siempre en remoto, es decir, trabajan desde donde quiera que se encuentren y entregan sus trabajaos a través de la red haciendo uso de eso que todavía llamamos nuevas tecnologías. El modelo no parece malo y Chiang Mai, al parecer, ofrece todo lo que este modo de vida y trabajo requiere, buen clima, buena conexión a internet y buena comunicación para viajar en los ratos de menos trabajo. Además en Chiang Mai puedes pasar en unos metros de un restaurante local con su comida típica de la zona y muy barata al restaurante tipo occidental con pizzas, hamburguesas o costillar de cerdo asado a la barbacoa, no me digáis cómo me he enterado de esto pero me he enterado bien. Según he oído, algunos de los mejores diseñadores web y profesionales del sector de la publicidad digital se están asentando en esta ciudad creando un nido de cerebros y de oportunidades para desarrollar o
trabajar en algún proyecto online. Esta es una idea que me lleva tiempo rondando en la cabeza y que espero poder avanzar en los próximos meses. No tiene porqué ser desde Chiang Mai pero la filosofía que hay detrás de todo esto me parece bastante positiva y con amplias posibilidades en el futuro de España y en plena efervescencia en el resto del mundo occidental. Sé que en España, donde hay gente que mira su Facebook en la oficina para no irse a casa antes que su jefe y otros que envían correos a las doce de la noche de un domingo para guardar esa apariencia de compromiso total con la empresa, esto suena a ciencia ficción y está muy lejos el día en que ese malsano deporte nacional llamado envidia permita combinar formas de trabajar dispares dentro de la misma empresa. El trabajo de calidad no tiene necesariamente que ocupar mucho tiempo y una gran idea no cambia por el hecho de que la tengas mientras ojeas el marca en la oficina o esperas en tu tabla para coger la próxima ola en una playa de Martinica.
mil habitantes con un centro histórico relativamente pequeño y muy distinguible por estar rodeado de los restos de una muralla de ladrillo y un canal muy parecido a los fosos de los castillos medievales. Dentro del recinto amurallado se encuentran los principales monumentos y un montón de restaurantes, hoteles, agencias de viajes, bares, alquiler de medios de transporte y todo lo que siempre rodea a los destinos turísticos. No hay mucho tráfico y el entramado de callejuelas es complejo y crea una especie de laberinto donde perderse y huir por unos momentos del constante tráfico rodado en las ciudades de Tailandia. Alrededor de este centro histórico se pueden encontrar algunos barrios bastante interesantes con sus mercados y puntos de interés menos concentrados que en el centro aunque también atractivos.
En uno de los templos del centro de Chiang Mai me encontré con que había un monje explicando la filosofía detrás del budismo y contestando a las preguntas de algunos turistas que se iban sentando alrededor del monje. Allí me quedé un rato a escuchar lo que se estaba comentando. Las preguntas son sobre las horas que dedican a la meditación y en qué piensan o qué repiten. Las explicaciones son acerca del punto medio y hacer el bien a los demás y todas esas cosas que no son exclusivas del budismo, sino más bien algo común a todas las religiones y que tiende a ser obviadas en el día a día cuando no te queda tiempo entre meditación y rezos para hacer el bien a los demás, por no comentar que no siquiera te hace falta, irás al cielo de todas formas ya que has rezado mucho y eso es la clave. ¿O no? De los sentimientos mejor no hablar, preguntado por sus sentimientos hacía los musulmanes, el monje no supo decirme nada que no me pueda contestar cualquier paisano encontrado en la calle, no habló de perdón, o comprensión, o conciliación, sino más bien de considerar el pasado como pasado y así esquivar con estilo budista la pregunta. Los curas y los monjes deben ser seleccionados de una forma muy parecida, en mi opinión.
de la ciudad casi desde cualquier parte. Con este panorama en mente os podéis imaginar que no podíamos dejar de hacer una visita a la montaña. El martes salimos pronto por la mañana para subir al templo de Doi Su Thep que está a unos veinte kilómetros de la ciudad. Mucha gente sube en bicicleta a este templo por las mañanas, puedes ver turistas, algún ciclo turista, paisanos de Chiang Mai y muchos occidentales asentados en la ciudad que gustan de hacer deporte por la mañana. Es un ambiente fantástico, y viene muy bien ir encontrando compañeros de ruta en los once kilómetros de subida hasta el templo. Ver a los que van más deprisa que tú te sorprende y te motiva a seguir mejorando y pasar a alguno más lento te alegra un poco el día. Como yo no tengo obligaciones, y nos sentíamos bien, seguimos subiendo por otros seis kilómetros y luego tomamos un camino para todoterrenos para bajar hasta un lago a unos ocho kilómetros al norte de Chiang Mai. Una ruta muy bonita
y divertida de no ser porque volvimos a pinchar dos veces. Más adelante descubrí que no se trata sólo de que el material del calzado que usa Katanka es de una calidad lamentable, pero esta es otra historia acerca de nuestro viaje al norte. Escribo desde Pai, os contaré el viaje y lo que por aquí me estoy encontrando en otra entrada.
Hemos vuelto a la “civilización” de Tailandia. Esta vez el choque no ha sido tan grande como al llegar desde Myanmar. No sé si es que Laos está en un punto de desarrollo intermedio entre Tailandia y Myanmar o simplemente que ya me lo esperaba y me estoy acostumbrando. En todo caso no deja de ser sorprendente como una línea imaginaria y un par de puestos de control de pasaportes pueden cambiar el nivel de vida y el tipo de vida a un lado y otro de la línea esa que trazamos para decir que a un lado el país se llama Tailandia y al otro Laos o cualesquiera sean los nombres que se pinten en mapas y banderas se desplieguen a uno y otro lado. En este caso, al menos está el río Mekong por medio que puede ser cualquier cosa pero desde luego no es una línea y tiene poco de imaginario.
lado del río a la derecha después de cruzar el puente. Cruzar el puente con Katanka sabiendo que estamos pasando de un país a otro y que en esos momentos no estamos oficialmente en ningún país genera una extraña sensación que está en alguna zona entre la libertad y la alegalidad. Es un poco como estar disfrutando de algo ilegal pero consentido. Se une esa sensación de estar llegando a otro lugar por tus propios medios, es agradable y raro al cincuenta por ciento.
Nong Khai es una ciudad pequeña y muy agradable, un gran lugar para pasar unos días ya que es de esos lugares en los que vas descubriendo cosas nievas de la mañana a la tarde y la ciudad también cambia de fisonomía dependiendo de la hora del día. Es algo general por esta zona del mundo, y supongo que tiene que ver con las temperaturas tan altas a mediodía y lo agradable de las tardes y las noches. Los ritmos humanos se han adaptado al medio, es importante tratar de sincronizar los movimientos y actividad con estos ritmos o acabas pasando por el mercado cuando ya no hay pescado o por los restaurantes más de moda cuando aún están cerrados. Me ha costado cierto trabajo adaptarme y aún tengo mis momentos de descoordinación adaptativa humana y geofísica ( ¿cómo os quedáis?). Coincidí en la comida con tres señores tailandeses de edad avanzada que han hecho un viaje en bici desde Luang Prabang hasta Nong Khai. Una pena que nos hayamos encontrado el último día de su viaje creo que yo he ido por delante y me han alcanzado al parar unos días en Vientiane.
hasta Udon Tthani. Las carreteras en Tailandia son de dos carriles o tres en cada sentido y bastante llanas en general. El viaje ahora consiste en estar varias horas encima de la bicicleta, avanzando a buen ritmo y sin ver demasiado paisaje ni puntos de interés. En base a esto, a que tengo un resfriado potente, estoy cansado y no llego a Ayutthaya de otro modo he decidido que mañana nos subiremos a un tren para llegar en un solo día a nuestro destino y tener tiempo de aterrizar y descansar antes de que lleguen los refuerzos romanos que seguro van a llegar con las baterías a tope y muchas ganas de ver mucho en poco tiempo.
Udon Thani es una ciudad de tamaño bastante respetable en la que no queda nada de etnias, naturaleza, tradiciones y todo eso. Hay muchas tiendas, el mercado ha sido sustituido por un gran centro comercial, los restaurantes tradicionales con mesas cubiertas de manteles de plástico han dado paso a pizzerías y hamburgueserías, las bicicletas se han cambiado por motocicletas chinas o coreanas, el trabajo duro en el campo se ha cambiado por lavanderías (con lavadoras) y servicios de masaje, veo muchas parejas de rubios de edad avanzada con mujeres tailandesas de no tan avanzada edad, en fin, se trata de desarrollo en estado puro, avances para la humanidad y esas cosas. Da pena ver el peaje que se paga para cambiar el nivel de vida y a la vez sirve para apuntalar mi pensamiento de que las cosas nos hacen esclavos cuando no orientamos bien nuestras necesidades. No está mal tener piscina en el hotel y, sin embargo, es mejor jugar con los niños que se bañan en el río (Sidharta).
se llama siesta) mientras pasa un poco el calor y la ciudad se prepara para ese rato de frescor de la tarde y todo lo que puede traer. Me estoy tomando unas pastillas que no sé ni lo que son ni para lo que sirven y que me ha vendido un señor muy amable que tenía algo parecido a una farmacia (las letras de la pared estaban en verde y no entendía nada) y que me ha recomendado descanso y beber mucho agua. ¡Si es que la sabiduría asiática es legendaria!
Se ha pasado una semana desde que llegué al lago Inle. Como ya comenté aquí el clima es mucho más benigno y el entorno es realmente espectacular así que decidí quedarme por estos parajes unos días más. Estaré hasta el sábado. Me voy en avión a Tachileik justo en la frontera con Tailandia por el norte. La razón de ir en avión es que no está permitido llegar hasta allí por tierra. Es una zona de conflicto permanente. Y voy a esa zona para continuar viajando por el norte mientras el clima siga siendo tan caluroso. Además todo el mundo habla maravillas de Chiang Mai y especialmente de Chiang Rai que es justamente a donde me dirijo. Al parecer, en los vuelos locales meter una bici en el avión no es ningún problema, ni siquiera hace falta empaquetarla, simplemente con no sobrepasar los veinte kilos de equipaje es suficiente. Llevaré en la mano lo que me haga falta para no sobrepasar ese peso y además creo que con eso tampoco es que se pongan muy estrictos. Por otra parte el coste del vuelo es el equivalente a lo que me iba a gastar desandando todo el camino para salir por donde entré que es la única otra opción que tengo.
rutas por las montañas de alrededor del lago. Normalmente los turistas vienen dos o tres días a Inle Lake, se dan el paseo en barca por el lago, ven los talleres de telas, tabaco, paraguas de papel, cuchillos, bisutería, etc… se compran uno o dos recuerdos o regalos para familiares y amigos, dan un paseo en bici por la zona norte del lago y en algunos casos bajan hasta In Thein a ver la pagoda. Es lo más accesible y además es donde está el negocio para los habitantes locales que viven del turismo. Las montañas son otra cosa, cuesta mucho llegar y no te venden nada y sin embargo puedes percibir lo que este país ha sido hasta hace no tanto y lo que se sigue conservando en zonas rurales escondidas. Supongo que estas no son las más recónditas del país esas seguro están en esas zonas que no son accesibles para los turistas.
indicado con un dibujo en un papel. No hay mapas, no hay indicaciones y casi nadie habla inglés por esos parajes. La ruta ascendía por un valle cortado a plomo entre las montañas, con un arroyo de agua limpia y algunos campos cultivados. La pendiente era muy fácil al principio hasta que abandonamos el lecho del valle y empezamos a subir y subir por rampas bastante fuertes. Al cabo de unos ocho kilómetros de subida llegué a un pueblo (Nambli) donde un hombre me invitó a entrar en su casa y me ofreció té y… oh sorpresa, plátanos. Obviamente la conversación no llegó muy lejos, con unos signos les expliqué que iba sólo y conseguí preguntar por Imne que era el siguiente pueblo en mi garabateada ruta. Los pueblos de la montaña se ubican sobre la parte más elevada de las montañas en las únicas zonas llanas que hay y las casas van en hileras por la cuerda de la montaña. Supongo que aparte de ser llano está protegido de desprendimientos de tierra con la lluvia y además no hay que olvidar que tienen las mejores vistas.
tres kilómetros más y allí las vistas son espectaculares. Era domingo y quizás por eso o por alguna fiesta local, la gente en edad de merecer estaba en las escuelas del pueblo bailando al son de un grupo de música compuesto por un batería, un guitarra, piano y cantante acompañados de un tipo que lo mismo tocaba el gong que una campanilla o un bombo muy largo de los que ya voy viendo varios por la zona. El baile no sabría muy bien cómo describirlo, los hombres a los lados o alrededor de las mujeres y todos haciendo movimientos acompasados en una coreografía que parecía bien ensayada y sin que nadie se llegará a tocar con nadie. Intenté grabar un vídeo pero me salió tan borroso que no sirve de nada.
Desde Imne seguí las indicaciones a Pon Tae y lego a Lwe Kok según estaba dibujado en el mapa sin problemas. Las vistas en esta parte del recorrido son sencillamente embriagadoras. La sensación de navegar por encima de las montañas con Katanka y de estar entrando en territorio inexplorado es indescriptible. Desde Lwe Kok se suponía que debía bajar directamente a Nyaung Shwe pero algo falló. No sé si fue por el hecho de que haya otro pueblo con un nombre parecido por allí, o quizás que cometí el error de fiarme sólo de la indicación de un niño que estaba sentado a la sombra de unos mangos, o simplemente que era lo que tenía que pasar; el caso es que me fui por el camino equivocado, y como además este camino pronto empezó a ser en descenso y me lo estaba pasando tan bien resultó que aparecí en una carretera que no me sonaba de nada. Cuando pude enterarme de dónde estaba eran las tres y media de la tarde y estaba a casi cincuenta kilómetros de Nyaung Shwe, pensé que no podía empeorar mi situación como empezó a llover. ¿Habéis visto “El jovencito Frankenstein”? Estaba claro que no podía llegar a Nyaung Shwe y me estaba mojando así que paré en la primera casa que encontré en la carretera. Resultó ser un pueblo católico y el dueño se dedicaba a llevar turistas en una furgoneta cuando había suficiente demanda. Miel sobre hojuelas vaya. Me llevó hasta casi mi destino previo pago de un módico precio y se salvó la situación sin mayores consecuencias.
vez haciéndola en sentido contrario y conseguí terminarla correctamente e incluso con un extra para bajar al lago por una zona de pendiente mu pronunciada y vistas maravillosas del lago. Me estoy haciendo un experto en la montaña y de hecho voy a escribir unas indicaciones en inglés con un plano que dibujaré con ayuda de un chico local que se dedica a alquilar bicicletas. Me lo ha pedido como favor y como él me ha ayudado con sus indicaciones pues se lo voy a preparar. No creo que esto ayude a masificar el turismo en las montañas, aún con indicaciones hay que pedalear por rampas muy duras para tener la recompensa de la cima.



En el momento de escribir esta entrada sigo en Inle Lake y me voy a quedar hasta el miércoles o jueves para luego marcharme directamente a Tailandia de nuevo. Mi visado expira el día 3 de Mayo y podría usar los días para visitar Mandalay o Bagan pero he decidido que ahora se está muy bien donde estoy y ya tendré ocasión de volver a Myanmar más adelante cuando no haga tanto calor y visitaré algunas cosas de las que me dejo por el camino. En todo caso, también creo que parte del viaje consiste en llegar a conocer los sitios y, si es posible, las gentes en un poco más de profundidad y eso no se consigue pasando una noche en cada lugar al que vas llegando. Inle Lake es una zona muy turística dentro de Myanmar aunque al ser temporada baja no se ven tantos rubios y soy, por poner un ejemplo, el único huésped en la casa en la que me estoy quedando.
tranquilos con visitas apacibles al lago o lugares cercanos a Nyaung Swhe que es el pueblo en el que me he quedado alojado toda la semana. Hay muchas agencias de viajes que alquilan bicis para dar paseos cerca del pueblo y algunas alquilan también bicis de montaña de diversas calidades. Me han hablado de una agencia que tiene incluso bicis con marco de carbono para alquilar. Aún no he visto eso pero tengo la intención de investigar más en cuanto acabe con este relato.
de Myanmar y con el agua del lago, están en pleno desarrollo. El cultivo del arroz lo hacen en parcelas no muy grandes definidas con unos pequeños taludes de tierra entre unas y otras y que están en su mayoría inundadas. Primero siembran arroz en una parcela con mucha densidad de plantas y cuando estas plantas tienen un tamaño de unos treinta centímetros las arrancan a mano, hacen hatillos, y las plantan de nuevo una a una en otra parcela esta vez a una distancia de unos diez centímetros entre cada planta y la siguiente y diez centímetros también entre hileras. Todo esto lo hacen a mano, tienen unas mulillas mecánicas de esas que hay que dirigir con un manillar y caminar detrás de ellas, con ruedas de metal como norias, que usan para batir el limo del fondo de los arrozales. Creo que esta es toda la mecanización que utilizan, el resto de los trabajos se hacen a mano y muchas veces son las mujeres las que lo llevan a cabo.
espectáculo de malabares, exhibiciones atléticas, equilibrismo y doma de animales que van del perro al elefante pasando obviamente por la cabra el mono y el ponny. El caso es que cada vez que el ejercicio era realizado por mujeres, los narradores, que eran una especie de payasos a lo oriental, empezaban a hacer chistes de forma que se convertía más en un espectáculo de humor que uno de habilidad o destreza. Incuso cuando acaban las mujeres su parte, estos payasos hacían lo mismo que ellas demostrando así que no era tan difícil, quizás con la intención de quitarle importancia a lo que las mujeres habían realizado. Sumamos esto al hecho de que las mujeres no pueden acercarse a los lugares más sagrados del budismo y la foto está completa.
adentramos por una senda que corre al costado de un canal a través del humedal que rodea el lago y, así a lo tonto, llegamos hasta el propio lago por un paseo espectacular a la sombra de los árboles, entre cultivos de arroz, girasoles, pimientos, etc…, circulando por una vereda estrecha y cruzando infinidad de pequeños puentes de bambú. Ahí llegó el problema que ya preveíamos; para cruzar al otro lado e intentar el regreso por el costado Este del lago haría falta una barca. Por suerte llegamos a un punto cerca de una casa dedicada a la fabricación y venta de bisutería y suvenires para turistas y allí, por suerte, había un grupo de franceses con una guía local que me ayudó a entenderme con la gente de la casa que, por suerte, tenía una barca y que, por suerte, tenía que acudir al mercado al otro lado y que, por suerte, me llevó hasta allí sin cobrarme ni aprovecharse de mi delicada situación. A veces no sé si tengo mucha suerte o si es la suerte quien viene a buscarme cuando más me hace falta.
parte Este parando a comer y haciendo una breve incursión en las montañas para subir a visitar el Monasterio del Bosque. No es un sitio especialmente señalado ni muy bonito aunque tiene el aliciente de estar en las primeras estribaciones de las montañas a unos trescientos metros de altura sobre el lago y desde allí se puede ver casi el lago entero. La subida es dura pero asfaltada y no muy larga, merece la pena el paseo sólo por las vistas. Hasta aquí el relato del segundo día, seguiré contando el resto en otras entradas, hay mucho que contar para una sola.
Estoy en Sittwe con Ana. He llegado en avión desde Yangon. El vuelo es corto (poco más de una hora) y el paisaje que se ve por la ventanilla es realmente impresionante. Cuando miras el mapa ya te das cuenta de que esta parte del país está surcada por ríos muy caudalosos que se mueven por un terreno casi completamente llano y al nivel prácticamente del mar con lo que dibujan cursos imposibles y hacen que cualquier traslado por la zona tenga que ser en barco, avión o dando grandes rodeos. Esto me ha hecho pensar en la forma de moverse de un lado para otro por estos lugares y especialmente por carretera. Os cuento como lo voy viendo…
suplemento con mucha más capacidad de carga y dos ruedas en lugar de una, las hay de varios tamaños y cilindradas) y una moto, una bicicleta con sidecar para un pasajero y todos circulando más o menos a su aire y con el convencimiento de que ninguno de los demás debería estar allí en aquel preciso momento. Se trata de ocupar el espacio con tu vehículo como sea para que no pueda pasar nadie y de ese modo supongo que ganan esa sensación de preferencia o al menos de que es importante que ellos se muevan ya que hay gente detrás apoyando esta posibilidad. Cuanta más gente consigues taponar, mayor apoyo a tu movimiento. Supongo que el símil político está servido. Si taponas a todos eres el presidente de lo que sea que pretendas presidir.
pesados. Aparte de esto, en Tailandia se circula por la izquierda y en Birmania por la derecha. En Birmania casi todos los vehículos en circulación hoy en día son importados de Tailandia, es decir, traen el volante en el lugar equivocado. Para añadirle un poco más de picante (por estos lugares se lleva mucho) los conductores birmanos deberían llevar la “L” de prácticas en la inmensa mayoría de los casos, no tienen mucho control de lo que va debajo de sus culos por decirlo de una forma entendible y no ser muy incorrecto. Con todo esto y teniendo en cuenta que todo lo aplicable a Tailandia se puede decir de Birmania sin ningún apuro, tenemos un caos circulatorio total.
el espacio necesario para no rayar su coche con tu manillar. Otra ventaja es que te ven desde más lejos, al asomarse por el lado derecho del vehículo que va justo delante de ellos ya te van viendo y saben más o menos por dónde puedes andar.
es que no están. En ciudades, sin embargo, es un lío, nunca sabes si te pitan a ti y si vienen o van o te están intentando taponar como a los demás. Se les ve frustrados cuando se dan cuenta de que una bici pasa por donde ya pensaban que no se les iba a colar nadie. Probablemente lo sientan como una especie de golpe de estado.