
Ya estamos en Camboya, más concretamente en Siem Reap. Volé el lunes de Bangkok a Ubon donde me reencontré con Katanka que estaba tranquilamente esperando en el hall de un hotel. El martes salimos hacia Si Sa Ket, de allí a la frontera de Camboya y hoy hemos llegado a Siem Reap. Son más de trescientos kilómetros en tres días, había mono de pedalear y Katanka está en perfecta forma. Los campos de arroz están ya en sazón y ha comenzado la cosecha. Se pueden ver esas pequeñas máquinas como de juguete y colas interminables de camiones, camionetas y Pick-Ups cerca de los almacenes donde limpian y seleccionan el arroz.
Avanzando desde Ubon a Si Sa Ket

se produjo una situación realmente extraña. La carretera es muy llana, con rectas infinitas y hay que entretenerse en algo. Estaba yo intentándome acordar de la canción aquella de la película “Oh Brother” de los hermanos Coen cuando pasamos al lado de un todoterreno Pick Up negro aparcado en el arcén, uno más. Al cabo de un kilómetro o así nos adelanta despacio y un chaval de unos veintitantos años me saluda sonriente, uno más. Al cabo de otro poco lo volvemos a adelantar y de nuevo la misma jugada, esto ya empieza a parecer raro. La tercera o cuarta vez que pasa esto, nos adelanta tan despacio que decido parar a ver qué quiere el muchacho. A continuación lo que él me dice (LQED), lo que yo entiendo (LQYE), lo que yo digo (LQYD) y lo que él debió entender (LQEDE):
LQED: Guud Morninn!
LQYE: ¡Buenos días!
LQYD: Jou Ar iou?
LQEDE: ¿Cómo estás?
LQED: Hay guantes fred!
LQYE: ¡Quiero ser tu amigo.
LQYD: Naise, tankiu!
LQEDE: ¡Qué alegría! ¡Gracias!
LQED: Hay ambises ual!
LQYE: Soy bisexual.
LQYD: Guud for iu!
LQEDE: ¡Qué alegría!

LQED: Hay guant….. guait! (se pone a buscar algo en el móvil)
LQYE: Yo quiero…. ¡Espera! (Me da tiempo a pensar un poco en lo que está pasando y me doy cuenta de que este chaval lo que quiere es sexo conmigo. No me extraña tal y como me estoy poniendo con la bici pero no sé dónde meterme!)
Cuando acaba de buscar en su móvil, le da la vuelta para que yo pueda ver la pantalla. Ahí está. Se confirma la noticia. Me está enseñando una página porno Gay.
LQED: ¡Hay guant dis!
LQYE: Yo quiero esto. (Ya está claro que el tipo quiere sexo conmigo, lo que hace la comunicación).
LQYD: Sorri hay amnot interestid. (Mi cara debía ser un poema).
LQEDE: Ostias, ¿pero qué dices tío? No me interesa, no entiendo esto.
LQYD: Gudbai.
LQEDE: Me las piro.
Seguí mi camino y el muchacho con su gran todoterreno desaparecieron como por arte de magia. Creo que ha sido una de las situaciones más surrealistas del viaje, y hay otras a concurso pero esta se lleva la palma.

Al llegar a la frontera entre Tailandia y Camboya tuve la sensación casi borrada en mi cerebro de aquellas fronteras en África por donde no pasa casi nadie y desde luego, por aquí apenas pasan turistas. En Tailandia, todo más o menos normal. Al llegar al control de aduanas de Camboya, un oficial me pide el pasaporte y, una a una, ojea todas las páginas del mismo con ritmo cadencioso. Cuando termina me dice que no tengo visa (si me lo hubiera preguntado habríamos llegado ahí cinco minutos antes) y que me la tengo que hacer allí detrás. Miro detrás del habitáculo de bambú y chapas donde se haya el oficial y sólo veo algunos árboles y una mesa a la sombra. No me parece que el hombre aquel no sepa lo que se hace así que voy y me siento allí a la sombra. Al

cabo de diez minutos llega otro señor, este de paisano, con un maletín y me pregunta que si soy extranjero. Juro que era el único rubio en varios kilómetros a la redonda. Una vez aclarado que yo era un turista, saca unos formularios, una pegatina tipo visado, un set de sellos con escudos y fechas, me pide una foto y me arregla la visa en cinco minutos, previo pago de treinta dólares claro. Camino cuatro metros hasta el primer oficial, le muestro el pasaporte abierto por la página del visado y, tras darle otro repaso completo, me pone un sello de entrada. Estamos oficialmente en Camboya.
La primera noche me quedé en Anlong Veng. Allí conseguí una tarjeta de teléfono (ya no sé las que tengo), alojamiento, y saqué dinero. Lo del dinero también es raro. Vas al cajero y allí sólo puedes sacar dólares. Tienes que sacar dólares en el cajero y luego ir a la caja del banco a cambiar a moneda local. Los dólares se aceptan en casi todos sitios con lo

que sólo cambié una pequeña parte en moneda local, ya iré ajustando las proporciones con más tiempo. En el banco a mi lado, un hombre con una pierna ortopédica firma unos documentos usando sus huellas dactilares. No puedo evitar pensar que puede haber perdido su pierna en una de esas minas antipersona que trajeron de occidente y ahora acude al banco donde el cajero sólo expide dólares americanos. En fin…
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