
Llevo más de una semana sin escribir. No tengo mucha disculpa, simplemente he estado metido en algunas cosas que requerían mi tiempo aparte, por supuesto, de pedalear y de hacer algún traslado en autobús. Dejaba el relato del viaje en el sur de Camboya y ahora estoy al norte de Tailandia, dispuesto a cruzar mañana la frontera con Myanmar para seguir viaje con Katanka por allí. Han sido unos días de mucho viaje pero ha merecido la pena, a veces el destino te está esperando con alguna sorpresa y no sabiendo bien cómo ni por qué acabas yendo a su encuentro.
Desde Sihanoukville nos

pusimos en ruta hacia Tailandia. El plan era llegar a Trat pedaleando. La ruta por esta zona del sur se mueve entre pequeñas colinas que están cerca de la costa. La carretera sube y baja constantemente y, como no estamos a mucha altitud (las colinas no pasan de trescientos metros sobre el nivel del mar), las temperaturas son altas y el sol pega con fuerza. Se hace duro transitar por estas carreteras. Además, el firme no es muy regular que digamos, hay baches

continuamente y en muchas ocasiones es mejor moverse por el arcén que no está asfaltado para evitar el tráfico de la parte asfaltada. Es curioso ver el trabajo que hace la suspensión delantera de Katanka para movernos por carretera. Por suerte no hay demasiado tráfico y esto alivia un poco la situación. El paisaje es de palmeras dedicadas a la producción de aceite, arrozales, ríos y bosques.

Hicimos la primera escala en Srae Amber. Antes había un puerto bastante importante aquí hasta que se movió casi todo el transporte a Sihanoukville. Ahora es un pueblo a orillas del río con algunos barcos que transportan mercancías y se llevan arena de la zona y otros barcos abandonados o semi-hundidos. Más que un puerto parece un cementerio de barcos donde algunos aún flotan. En el pueblo hay un mercado que parece demasiado grande para los habitantes del lugar. Sólo hay dos casas de huéspedes y no me encontré ningún turista. Por la noche un grupo de perros decidieron que ladrar, pelear y gimotear debajo de mi ventana, era una gran idea y casi no pegué ojo. Creo que ha sido la primera noche que no he dormido como un bebé en todo el viaje.

Llegamos hasta Koh Kong al día siguiente después de recorrer 140 kms por colinas y con el mismo calor de días anteriores. Hace unos años no había carretera hasta allí y ahora se ha convertido en un modesto centro de turismo. De Koh Kong, otra etapa en bici hasta Trat, ya en Tailandia, después de un día de descanso reparador. En la zona de frontera de Camboya proliferan los casinos. Al parecer, el juego es legal en Camboya y no en Tailandia y muchos tailandeses llegan el fin de semana o en vacaciones cortas para jugarse los baths. Trat es, de nuevo, una típica ciudad

tailandesa, con su mercado de noche, sus comercios, una zona de casas de huéspedes para turistas y poco más. Lo más relevante de esta ciudad es que hay muchas golondrinas. Las crían para aprovechar los nidos para la apreciada sopa de nido de golondrina de los chinos. Hay una gran comunidad china también, claro.

Desde Trat un autobús diurno a Bangkok y otro nocturno de Bangkok a Chiang Mai. Cuando llegué a Chiang Mai no había forma de encontrar alojamiento. Pensé que lo de la temporada alta iba realmente en serio pero no era sólo eso. Resulta que el día 25 de noviembre (este año cae así) es la fiesta de Loy Krathong. Se celebra en la duodécima luna llena del año y se supone que indica el final de la época de lluvia. Por supuesto, tiene connotaciones religiosas budistas e hinduistas. La celebración consiste en arrojar al río unas balsas hechas con tronco de banana y hojas, adornadas, con queroseno en el centro y una mecha encendida y unos palos de incienso. También se sueltan linternas hechas de papel con fuego en el centro que suben

por el aire hasta desaparecer. Supongo que sabéis a lo que me refiero. El espectáculo es grandioso, por desgracia las fotos no hacen justicia. Al día siguiente se hace una cabalgata con todo tipo de motivos y mucha participación, las calles se llenan de carrozas muy decoradas y cada cual más original.

Con esto me he pasado unos días en Chiang Mai y ayer me vine, de nuevo en bus, hasta Chiang Rai a sólo 65 kms de la frontera con Myanmar. Hace casi tres meses que pasé por aquí en mi ruta hacia Laos. Lo veo ahora y parece que no ha pasado el tiempo y sin embargo ha sido un viaje largo y muchas vueltas de “rueda”. Eso que me llevo en las alforjas, sitio hay ya que he perdido algunas cosas, entre ellas algunos kilos. Ahora viajo más ligero de equipaje y veo las cosas con otros ojos.
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