He estado unos días a medio gas por un resfriado. El jueves hicimos un día de descanso absoluto y recuperación y el viernes ya me encontraba mucho mejor. Con fuerzas renovadas nos fuimos desde Pakse (200 metros de altitud) hasta Paksong (1300 metros de altitud) en pleno Bolaven Plateau. La distancia no es mucha, sólo unos cincuenta kilómetros, sin embargo la carretera es siempre hacia arriba, no hay nada llano ni nada hacia abajo, es siempre hacia arriba. Así, la pendiente es liviana y se hace relativamente fácil… insisto, es siempre hacia arriba.
Unos quince kilómetros antes de llegar a Paksong el terreno es quebrado y los pequeños ríos y arroyos de la zona forman gran cantidad de cascadas. Visitamos algunas de ellas, cada cual más espectacular. En todos los casos se trata
de zonas privadas en las que cobran por entrar y suele haber un resort para dormir dentro del recinto. En todo caso, la entrada es muy barata y merece mucho la pena ver este espectáculo de agua y ruido, especialmente ahora que estamos al final de la época de lluvias y los caudales de los ríos son mayores que en otros momentos del año.
Paksong es un pueblo difícil de definir, cuando llegué no estaba seguro de haber llegado. Es como una larga hilera de casas a ambos lados de la carretera que se extiende por casi dos kilómetros y apenas hay ninguna calle más. Luego descubrí que hay una manzana alrededor del mercado que es lo que se podría considerar como el centro aunque hay que ser generoso en la apreciación. Las gentes por aquí son muy simpáticas y no hay demasiados turistas. El ambiente en los pocos restaurantes del pueblo es muy agradable y la comida es muy rica y variada con mucha influencia de Vietnam.
El Bolaven Plateau es reconocido por la producción de café. Al principio y en una pasada por la carretera, sólo se ven pequeños huertos con cafetales, cuando te internas por algún camino o te detienes a indagar descubres que hay café plantado por todas partes, en ocasiones mezclado con los árboles de la zona que no se han querido o podido retirar. Hay grandes almacenes donde se
procesa el café desde que se recoge hasta seleccionar los mejores granos, que pasaran a ser tostados en la fábrica de Café Dao que se encuentra en la ruta entre Pakse y Paksong. Algunos de estos almacenes son accesibles y en otros no te dejan entrar. En el que te dejan entrar, también te ofrecen beber un chupito de Lao-Lao y comer si te apetece. Parecen sacados de mundos diferentes, me gustaría saber a qué se debe, no llegué a indagar tanto.
La mecanización brilla por su ausencia y casi todas las granjas se autodenominan ecológicas y orgánicas. Creo que algunas lo son por vocación aunque la gran mayoría lo son por la imposibilidad de controlar la selva con productos químicos. No disponen de mucho material con el que trabajar en este sentido y he llegado a ver el abono vendido en bolsas de un kilogramo. Se ve algún pequeño tractor y algunos aperos básicos pero la mayor parte del trabajo se hace a mano. Los trabajadores para tareas intensivas puntuales, se recogen en los poblados, se les sube a un camión y se les devuelve al poblado al anochecer. Por supuesto no tienen derecho a ningún tipo de beneficio y me da que los salarios son bastante mezquinos. No son esclavos y sin embargo no parecen estar muy lejos de serlo.
A pesar de todo esto, el terreno es tre
mendamente
fértil y la temperatura y humedad son perfectas para cualquier tipo de cultivo. Visitamos alguna plantación que producía sin apenas cuidados, sitios casi abandonados, con invernaderos casi destruidos por el sol y el viento y que aun así producen lechugas, repollo, tomates, pimientos, acelgas, calabazas, y otros muchos productos hortícolas que no conozco. En las plantaciones más cuidadas, la producción es brutal. Las cosechas se solapan unas con otras y es la auténtica
despensa de Laos y también se exporta producción a Vietnam. Una de las mejores plantaciones que vimos era de capital chino. ¿No era Dios el que estaba en todas partes? ¡Dios es chino!
También pudimos visitar una fábrica de ladrillos. El procedimiento es muy básico, se
mezcla la tierra, se llenan los moldes, se sacan los ladrillos, se secan en hileras, se meten en el horno, se cuecen y se sacan para venderlos. Una amable señora, seguramente la propietaria, me estuvo explicando el proceso con muy pocas palabras en inglés y muchos gestos. ¡Encantadora la señora! Me pareció un trabajo muy interesante y con una gran proyección. Creo que toda esta zona está
en pleno desarrollo y que muy pronto crecerá en todos los sentidos. La cantidad y calidad de terreno que queda por explotar es inmensa y seguro que los grandes capitales pondrán el Plateau en su punto de mira muy pronto, si es que no lo han hecho ya. Espero que sea para bien aunque, por supuesto, tengo muy serias dudas al respecto.
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