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Viaje de regreso en furgoneta

Es Navidad, no es una blanca Navidad porque parece que el otoño vaya a durar hasta que llegue la primavera. Ya estamos en Burgos de nuevo y es casi como si nada hubiera ocurrido. Lo que para mi y para Babieca ha sido una eternidad, en realidad sólo han sido unos meses para el resto de la humanidad y la sensación es de cierto desajuste pero poco a poco nos vamos adaptando.

El viaje de regreso lo hicimos en una furgoneta. Salimos desde Nouadhibou el día 14 de diciembre con Sergio, Fadel y Sera (la perra de Sergio que en realidad se llama Serafina). El paso de la frontera no fue demasiado complicado ni traumático y el viaje se nos dio bastante bien hasta Dakhla. Ese mismo día por la tarde se nos unió Sergio “el oso pardo” en Dakhla y allí coincidimos también con Sonia. La noche se alargó, con la primera edición del relato de sus aventuras que nos hizo Sergio, hasta las tantas de la madrugada.

El día siguiente salimos pronto de Dakhla con intención de ir avanzando y parar donde nos pareciera que podíamos descansar. Avanzabamos de forma bastante lenta por las propias condiciones de la carretera y por unos pequeños problemas mecánicos que fueron apareciendo con los kilómetros. Fadel llevaba el equipo necesario para preparar te sobre la marcha y nos agasajó con infusiones todo el camino. El té lo preparaba con un camping gas dentro de la furgoneta. Si los tramos de carretera entre poblaciones eran lo suficientemente largos había té, si los tramos eran cortos esperábamos al siguiente. Al llegar la noche seguimos avanzando hasta el pueblo siguiente y luego decidimos seguir un poco más y acabamos conduciendo toda la noche manteniéndonos despiertos a base de té y relevándonos en la conducción para llegar a Rabat a las nueve de la mañana del día siguiente. La paliza fue colosal pero no para nosotros que nos íbamos turnando para dormir en la parte de atrás de la furgoneta si no para la propia furgoneta que comenzó a dar problemas mecánicos cada vez mayores hasta llegar con la caja de cambios completamente estropeada a Rabat.

Pasamos el día en Rabat reparando la furgoneta y nos quedamos en casa de Elmar que además tenía previsto continuar el viaje con nosotros hasta Madrid. La reparación de la furgoneta fue una odisea. La caja de cambios que necesitábamos no existía y la tuvimos que conseguir de segunda mano. Dimos con unos piratas que nos cambiaron la caja pero dejaron la reparación a medias con lo que al día siguiente tuvimos que ir a otro mecánico para que lo acabara de arreglar. Por la noche tomamos una cena con amigos y luego disfrutamos de una velada hasta las tantas de la mañana de nuevo para descansar luego otras pocas horas y seguir viaje hasta Chefchauen. En Chefchauen pasamos un día completo de descanso y luego pasamos la frontera por Ceuta y llagamos a Jerez a dormir en casa de mi prima Pili. Mi prima me confesó más tarde que si nos hubiera encontrado en la calle se hubiera cambiado de acera pero aún así nos acogió de maravilla.

Desde Jerez otro largo viaje hasta Navalcarnero y a comer en casa de Sergio para luego intentar hacer los últimos cuarenta kilómetros hasta Madrid. Resulta que nos llevó toda la tarde hacer estos últimos kilómetros ya que la furgoneta se quedaba en Navalcarnero y el coche que nos dejaba la hermana de Sergio tenía el embrague completamente estropeado. Nos costó un rato y unos cuantos paseos empujando al pequeño utilitario por Navalcarnero darnos cuenta de que teníamos que encontrar otro medio de locomoción. Conseguimos dar pena a otra de las hermanas de Sergio y ya con un coche en perfecto estado llegamos a Madrid con bastante retraso sobre lo previsto pero sanos y salvos.

En resumen, lo que nos había costado recorrer más de dos meses lo desanduvimos en menos de una semana. Eso si, tuvimos muchos más problemas mecánicos en esa semana que en los dos meses anteriores.