
El domingo salimos temprano de Chiang Rai en Tailandia hacia el norte para entrar a Myanmar por Mae Sai. La carretera es llana y con muy buen asfalto con lo que cruzamos la frontera sobre las once de la mañana y sin mayor inconveniente. El objetivo era volar a He Hoe en Myanmar desde el aeropuerto de Tacheleik, que está a sólo quince kilómetros de la frontera. Llegamos al aeropuerto y allí sólo había un par de guardias de seguridad y un tipo que vendía lotería y hablaba algo de inglés. Conseguí

entender que hasta las doce no iba nadie de las compañías aéreas para efectuar los check in de sus respectivos vuelos. Por suerte hay varias compañías que vuelan a He Hoe ya que en las dos primeras que pregunté no tenían hueco. La tercera sí tenía hueco y, tras poner algunas pegas para que viajara Katanka conmigo, accedieron a venderme el pasaje.
El vuelo salió a las cuatro de la tarde, más o menos según lo previsto, y llegamos a He Hoe poco antes de las cinco. El paisaje durante el vuelo es realmente espectacular, los campos de varios colores ahora, las montañas, los ríos, los lagos, es todo de postal. En He Hoe no estaba seguro de poder encontrar alojamiento pero al final encontré un lugar que ofrecía una cama cutre, un baño más cutre aún, agua fría para ducharse y un pequeño restaurante donde poder cenar algo. Estuve todo el día en la incertidumbre de dónde iba a llegar y dónde iba a dormir, como siempre fue peor pensarlo que hacerlo y allí estaba, en las montañas del estado Shan de Myanmar con todo resuelto y la carretera allí mismo para continuar viaje.

Circular en bici por esta zona es especial. La gente te saluda siempre, todos, los pequeños, los mayores, los camioneros, los motoristas, los que van en carro, los viandantes, los tenderos… Por la mañana hacía fresquito y salimos un poco más tarde que de costumbre, por esta zona no hay prisa, no aprieta el calor ni siquiera a mediodía y moverse en bici es un placer. Circulamos por colinas de varios colores, con pinos y otros árboles, con flores a la orilla de la carretera, con rocío en toda la vegetación y con una brisa agradable en todo momento. Así las cosas llegamos a Kalaw. Kalaw es un pueblo grande situado en un valle a más de mil trescientos metros sobre el nivel del

mar. El ambiente es local, sin demasiados turistas y con gentes simpáticas que te saludan y quieren interactuar contigo a toda costa. Me siento feliz de estar de nuevo en Myanmar.
El martes dedique la mañana a desayunar tranquilamente y no hacer demasiado. Salimos Katanka y yo sobre las diez para dar un paseo por la zona. Visitamos una cueva, de esas que tan dados son por aquí a convertir en templos, repleta de imágenes de Buda cada cual en su propio estilo y todo muy recargado. Desde allí nos fuimos a la Bamboo Pagoda, un templo que está en lo

alto de una colina. Allí me encontré con un tipo que había visto antes en el camino hacia Kalaw. Resulta que él es de allí y había estudiado con un monje de ese templo. Me enseñó el templo y alguna peculiaridad del mismo y me indicó un buen camino para subir a las montañas con Katanka y para allá nos fuimos. Al principio el camino ascendía suavemente pero luego la cosa se ponía divertida con rampas arriba y abajo. En un momento llegamos a ver una montaña en forma de cono con un templo en lo alto y, como no podía ser de otra forma, allí que nos fuimos. El paisaje es realmente increíble, mares de montañas verdes, campos de té, caminos empinados de tierra y piedras, pueblos colgados en las laderas de las montañas y todo con un aire puro y una temperatura muy agradable.

Al volver me paré en un garito que hay en un cruce de caminos a tomar un café y comer unas galletas que encontré entre las varias cosas que se vendían allí. Justo cuando acabo aparece de nuevo el paisano que me había encontrado en el templo. Los parroquianos se debieron quedar alucinados de que conociera a alguien en la zona y creo que más aún de que el hombre aquel pudiera comunicarse conmigo en un inglés básico y sin embargo suficiente para lo que había que contar. Bajando hacia Kalaw me

encontré con Nyaung So que subía en bicicleta en dirección contraria. Hablamos un poco y me cuenta que está de ruta desde Mandalay y que al día siguiente sale de Kalaw de vuelta a Mandalay por una ruta que yo no había contemplado. Le digo que si puedo ir con él y accede así que ahora haremos un par de días de ruta en compañía hacia Mandalay. Nyaung So no habla mucho inglés y yo muy poco Myanmar así que será divertido ver cómo nos apañamos.
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