Ya os conté algo el otro día y ya hace tiempo que dejé Galicia atrás pero no puedo dejar de escribir sobre el tema.
Galicia está en llamas, arde por los cuatro costados, es impresionante, triste, desolador y lo peor es que parece que a nadie le importa un pimiento (de padrón eso sí) que desaparezcan los bosques que arda todo y que poco a poco Galicia se quede sin su valor fundamental.
Cuando te levantas por las mañanas ves esa bruma de un color extraño pero como eres peregrino y además vas en bici, es decir, eres un tipo que está en medio de la naturaleza disfrutando del aire puro, pues piensas que es esa niebla que surge de los valles en las mañanas frias del otoño y que poco a poco va subiendo hasta difuminarse. Estás equivocado, es humo. Humo de los quince o diciséis incedios activos en Orense o quizás de los trescientos que llevan producidos este año en Galicia o de las seis mil hectáreas de bosque que se han convertido en cenizas. 
Sales a pedalear como cada mañana esperando que el panorama mejore pero no mejora demasiado. Hay momentos en los que llegas a ver el cielo azul pero si miras al suelo ves las cicatrices que van dejando los fuegos en la piel de esta región tan hermosa pero que envejece de una forma preocupantemente precoz.
Sigo avanzando con Babieca, subiendo montañas y bajando colinas (al menos eso es lo que nos parece a nosotros) y de repente me encuentro que al final de una cuesta está comenzando un fuego. Pedaleo más deprisa, todo lo que puedo para llegar lo antes posible hasta esas
pocas llamas que están empezando a crecer y a trepar por la cuneta a favor del viento. Llego, vacío todo el agua que llevo que no es mucho. Intento pisar algunas llamas pero no hay forma de apagarlo, ya ha subido al bosque, hace calor y el viento sopla ladera arriba.
No os podéis ni imaginar lo frustrante que es ver que no puedes hacer nada por apagar lo que parecía una fogata de nada y pocos minutos después se ha convertido en un incendio. Lenguas de fuego que suben por los árboles y lo queman todo, arrasan con todo. Veo robles grandes y verdes convertirse en poco más que un tronco calcinado en minutos. 
Es terrible y lo peor de todo es que parece que a nadie le importe. Llamo a Protección Civil y es como si llamaras a telefónica para comentar que el aparto fijo de tu casa no funciona, es sólo una llamada más. Te dicen que ya está avisado y que te puedes marchar. Intento parar a una furgoneta que baja por la carretera para ver si con alguna herramienta que ellos puedan tener podemos hacer algo pero ni siquiera se para. Un señor se para a mi lado con su coche pero ya es tarde. Hace otra llamada para asegurarnos, nos lamentamos un rato y seguimos nuestro camino con un sentimiento de total impotencia.
Dicen que el 80% de los fuegos son provocados. Dicen que la mayoría lo son por intereses o por rencillas. Dicen que lo hacen los propios habitantes de los pueblos. Me da igual los motivos, las causas o las razones. Es una lástima que asistamos a esta catástrofe natural y es una lástima mayor que ya ni siquiera nos importe. Nos da igual. Comentamos delante de la tele: “que pena, no?”
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sólo me dan ganas de llorar…
Desolador!!! Cómo pamos perduede ser alguien capaz de hacer algo así!!!!Estamos perdiendo cosas fundamentales….