Estamos en AitArbi, cerca de Boulmane Dadés y dentro de la Garganta del Dadés. Hoy hemos llegado desde Tinerhir y el día es soleado y con un poco de viento molesto para andar en bicicleta pero con una temperatura perfecta.
Los paisajes de esta zona son impresionantes. Tanto la Garganta del Todrá como la del Dadés forman paisajes que no podríamos imaginar. No se explica muy bien cómo han podido formarse estos grandes
barrancos con piedras enormes y cortes en el terreno a distintos niveles que muestran colores diferentes del terreno. Es curioso ver como las casas se camuflan en las laderas al estar hechas con la tierra que hay en sus colinas y así si la colina es rojiza las casas son rojizas y si es ocre pues casas ocres y si más blanca pues eso, casas más blancas.

Hoy me gustaría contaros algunas de las cosas que me van llamando la atención por el camino. Hago esto porque hoy me he encontrado una manifestación en la carretera cerca de un pueblo que se llama Imiter. Vamos tranquilamente por la carretera y de repente vemos a no menos de 500 personas con banderas y una pancarta que vienen de frente a nosotros. Los manifestantes cortan la carretera pero sólo un carril. Dejan pasar los vehículos en alternativamente en una dirección o en otra. Yo lo llamaría manifestación de baja intensidad. La manifestación se debe a que cerca del pueblo hay una mina de plata que explota una gran empresa y que utiliza el agua del río que pasa por el pueblo, contamina el suelo y las aguas de la zona y no emplea a personal local sino que el personal viene de otros pueblos o ciudades. Para los vehículos de dos ruedas no hay restricción así que podemos pasar sin problema, hago una foto y todos los manifestantes me saludan con
entusiasmo. Creo que he distraído un poco la atención del problema causante de la queja pero supongo que pronto han vuelto a centrarse en lo que les ha llevado a esa situación.
Hace unos días vi a una familia que bajaba de las montañas hacía un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo. La familia la formaban el padre, la madre, una niña de unos diez años, otra de unos ocho años, y tres niños varones de entre siete y cuatro años. El padre viajaba en un burro con dos de los niños varones, el mayor de unos siete años y el más pequeño. La madre camina detrás con un gran saco a la espalda, la niña de ocho años también va caminando y la de doce lleva a la espalda al niño varón de unos cinco años. Creo que esta estampa define perfectamente el papel de la mujer en estas tierras, viene a ser algo más que un burro pero mucho menos que un hombre.
Bajando del Atlas hace un par de días llegamos a un pueblo muy pequeño, apenas unas pocas casas y veo un grupo muy compacto y numeroso de gente que bailan cerca de un gran camión de cantera. Paramos a ver qué pasaba y resulta que era el primer día de una boda. Todo el pueblo estaba bailando delante de la casa del novio que es el que paga la música y la comida y bebida por tres días seguidos. Un paisano me explica que ese mismo día van a ir con el camión a buscar a la novia a un pueblo que está metido en la montaña a sesenta kilómetros. Cuando le pregunto si van todos me mira como si estuviera loco y me dice: No hombre no, todos no sólo irán unas treinta personas montadas en la caja abierta del camión de cantera. Los más allegados. Me alegro de no ser allegado porqué hace un frío de pelotas como para subir a la montaña en ese trasto antediluviano con su caja de frío metal. No les gusto la idea de salir en este blog y por eso no hay fotos.
Los grupos de turistas no me sorprenden menos que las gentes locales. Saliendo del hotel de Chefchauen me di de bruces con un grupo de al menos treinta chavales de EEUU que ocupaban completamente la estrecha calle y hacían fotos a diestro y siniestro para satisfacción de los chiquillos que luego se encargarán de sacarles unas monedas o un bolígrafo. Uno de los rubicundos jóvenes lleva en la mano una botella de Coca-Cola y colgada del cuello una cámara réflex. La imagen no tiene desperdicio. Lamentablemente los pobres chicos no encontraran un Macdonalds hasta que lleguen a Marrakesh para poder comerse una hamburguesa como Dios manda.
Al despertarme e ir al salón para el desayuno en Agoudal, me encuentro con que el salón ha sido tomado por doce alemanes grandes y fornidos que piden s desayuno adelantándose al españolito de la bicicleta que no ha madrugado demasiado si quiere hacer una ruta de verdad. Salgo a la calle y veo tres camiones grandes como torres, en uno de ellos llevan cuatro motos de monte y hay otras tres aparcadas en frente del albergue. La pobre Babieca se sintió muy ofendida por las miradas de menosprecio que la echaron los germanos de las grandes motos e inmensos camiones pero pronto estuvimos otra vez en la ruta y se la pasó el mal trago.
Al llegar a la Garganta del Todrá, pare en un café a tomar un té y pronto vino el hombre de la tienda de recuerdos que hay en frente del café. hablamos un rato y el hombre se levantó un par de veces a ver si alguno de los turistas que pasaban se interesaba en su tienda. No tuvo mucha suerte pero en un momento dado se formó un corro con turistas británicos alrededor de Babieca. Le comenté al hombre que podríamos hacer más negocio vendiendo mi bicicleta e inmediatamente me preguntó que cuánto valía. El que es comerciante aquí lo lleva en la sangre. Obviamente el precio que le di por Babieca no lo hubiera podido pagar ni él ni todos los turistas rubios del corro juntos.
El en albergue de Agoudal le cambié el candado de Babieca a Atman (el dueño del albergue) por un pañuelo largo y negro de esos que usan para hacer turbantes. Me viene bien para el frío y el polvo y no creo que vaya a necesitar el candado. Al menos hasta ahora no lo he utilizado así que pensaremos que no nos hará falta y el pañuelo puede serme útil aunque tampoco tengo mucha confianza en esto.
Hay más cosas curiosas y chocantes con las que me voy quedando pero esas son cosas que van formando parte de otras historias y que ya os iré contando… Inshala!
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