
Salimos de Mandalay el sábado a las siete de la mañana después de desayunar en el hotel. La idea era llegar en dos días a Bagan que está a unos 180 kms de Mandalay. El terreno es casi completamente llano, la carretera no es demasiado mala y las gentes de los pueblos que vamos encontrando por el camino son realmente amables, todo el mundo saluda y aprecian mucho que digas alguna palabra en su idioma. Aproximadamente a media jornada de camino del sábado me encontré con un tipo rubio y muy pálido, parado en la cuneta con una bicicleta bastante destartalada, una bolsa de esas impermeables atada en el trasportín trasero y algunas cosas más en una

cesta delantera de metal. Me paré a hablar con él y resulto ser un canadiense de 24 años llamado Etiene. Con unas cosas y otras, decidimos seguir viaje juntos hasta Bagan.
Etiene ha estado un mes viajando por India y luego se vino a Myanmar por otro mes y decidió viajar en bicicleta por el país en la medida de lo posible. Desde Yangon fue a Mandalay en autobús y allí compró una bicicleta de segunda mano y dejó parte de su equipaje en un hotel para recogerlo a la vuelta. Su plan de ruta consiste en ir al este desde Bagan

a Inle Lake y luego al norte hasta Mandalay por la ruta que nosotros hicimos hace unos días. Para él era su segundo día en bici y obviamente iba algo más lento que yo pero no me importó aflojar la marcha para que pudiéramos ir a la misma velocidad. Etiene estaba encantado con cada cosa que veíamos o hacíamos, lo mismo si parábamos a tomar un té y aprendía alguna palaba en Myanmar, como si parábamos a ver a los campesinos trabajando, o con los saludos de los niños, o con las reacciones de la gente a nuestra llegada a algún pueblo.
Hicimos una parada para dormir en Myingyan que está a 70 kms de Bagan, vimos un partido de chesslong, nos tomamos unos tés y compartimos una agradable cena. Al día siguiente fuimos hasta Bagan y pasamos un tercer día juntos visitando los templos en bicicleta. No me ha ido mal tener compañía unos días y con alguien que se ilusiona con todo, siempre tiene hambre y le gusta todo lo que probamos, da gusto viajar. Tuvimos un pinchazo y lo llevamos a reparar a un taller de carretera que se dedica a arreglar motos, cuando fuimos a pagar nos dijo el mecánico que era un regalo. Etiene se compró un espejo para su bici, cuando fuimos a pagar nos dijo la joven tendera que era un regalo y que

agradecía mucho que viniéramos a visitar su país. Cuando te dicen esto te dan ganas de abrazarles, es realmente emotivo que gente que no te conoce de nada y con la que apenas puedes comunicarte de forma verbal, te trate de esta manera. Con esto creo que queda claro porque digo que lo mejor de este país son sus gentes.

El día que llegamos a Bagan, fuimos a dar una vuelta por los templos después de alojarnos, darnos una ducha y comer algo. Sólo queríamos dar una vuelta y ver qué aspecto tenía todo aquello. En el segundo templo en el que paramos nos encontramos con un par de jóvenes lugareños que cuidan del templo e intentan vender alguna pintura o recuerdo a los turistas. Nos pusimos a hablar con ellos y nos ofrecieron jugar al “chie”, o algo parecido, que es un juego similar al parchís, que se juega con unas conchas en lugar de con dados. Estuvimos jugando hasta que se hizo de noche y pasamos un gran rato. Nuestros anfitriones estaban encantados de que nos gustara su juego y nosotros también con el propio juego y demás. Al día siguiente volvimos a jugar y nos

estaban esperando y eso que no dijimos nada de que íbamos a volver al día siguiente y el tercer día volví yo sólo ya que Etiene se fue un día antes en dirección a las montañas de Inle Lake mientras yo voy al sur hacia Yangon. Los templos me gustaron mucho pero los ratos que pasamos jugando al “chie” no estuvieron nada mal tampoco.

En Bagan hay, según dicen, 3.000 templos. Es evidente que verlos todos es imposible, así que la visita consiste más en pasear entre templos descubriendo algunos más grandes o más llamativos que merecen una visita más dedicada, que de ir a ver los templos en sí mismos. Los templos son de los siglos once, doce y trece principalmente y están en bastante buen estado. Prácticamente todos están construidos en ladrillo. Hay algunos realmente espectaculares y el hecho de haber tantos templos en un terreno tan extenso hace que la experiencia sea realmente especial. He de decir, sin embargo, que los templos de Angkor son mucho más espectaculares en sí mismos y tienen mucho más que ver.
Escribo esto el miércoles 9 de diciembre aunque no sé si lo podré publicar hoy o cuándo tendré una conexión para hacerlo. Por esta zona las conexiones funcionan de aquella manera. Hoy hemos venido Katanka y

yo desde Bagan a Kyaukpadaung. Por el camino hemos pasado a visitar el monte Popa. Se trata de un saliente rocoso elevado hacía el cielo en cuya cima han colocado un templo y al que van muchos locales en peregrinaje. El sitio es realmente espectacular y las vistas desde el templo en la cima son impresionantes. Seguiremos camino al sur aunque aún no tengo claro por qué ruta, si seguir el curso del río Ayeyarwady o ir más directos en paralelo a la carretera principal entre Mandalay y Yangon. Quizás ya toca que sea Katanka la que decida la ruta…
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