De Pattaya salimos pronto por la mañana ya que el sitio no nos pareció ninguna maravilla y los compañeros de viaje que por allí encontramos no eran de nuestro estilo por así decirlo. Pasamos por un pequeño pueblo de pescadores en el que dimos un paseo por el muelle. Los barcos de pescadores en Tailandia son muy coloridos y, en muchos casos, siguen siendo de madera y bambú pintados del color que más abunde en su momento. Me temo que la intención no es tanto decorar como proteger la madera y otros materiales de la fuerza erosiva y corrosiva del mar. Parece que hay cierta polémica con la sobreexplotación que Tailandia hace de los recursos marinos, no creo que sea gracias a los pescadores de este pueblo que eso esté ocurriendo.
Del pueblo nos dirigimos por intuición a buscar una playa.
La intuición se basaba en que, en Google Maps, se veían zonas blancas rodeadas de verde y junto al mar lo cual, como todo el mundo sabe, es un claro indicio de que se trata de una playa salvaje, de arena blanca, en una cala rodeada de vegetación y poco explotada. Nos costó un poco dar con la dirección correcta ya que en Maps está todo, hasta los caminos más estrechos y a veces no es el más corto el mejor camino. Sin embargo, Google no tiene en cuenta señalizar las barreras de control militar donde te piden dejar una documentación para darte un pase de acceso a la zona donde viven y hacen sus prácticas los miembros de ejército tailandés y nos encontramos con una que salvamos después de algunos
intercambios gestuales de impresiones. El caso es que después de superados los pequeños problemas llegamos a una playa salvaje, de arena blanca, en una cala rodeada de vegetación y poco explotada que era lo que estábamos buscando.
Unos baños, comer algo de pescado y mariscos de la región y desde allí nos fuimos al embarcadero para tomar el ferri que nos llevaría a Koh Samed. Koh Samed es una isla de unos siete kilómetros de largo y no muy ancha que alberga muchas pequeñas calas en su costa este
y que está a una distancia no muy grande de Bangkok lo que la convierte en destino de escapadas de fin de semana desde la capital. Nos alojamos en un resort estupendo con salida a la playa, piscina y jacuzzi en la piscina por la noche (hasta las diez).
Dedicamos el día siguiente a ir probando una a una todas las calas que había desde nuestro hotel hasta el extremo este de la isla haciendo valoraciones de detalles como la finura de la arena, temperatura del agua, vegetación, pendiente, abundancia de turistas y calidad de sus chiringuitos. Una labor ímproba dadas las circunstancias que nos tuvo atareados hasta bien entrada la tarde. Al final no recuerdo bien la clasificación cómo quedó aunque sí he de decir que fue una votación ajustada.
Se suponía que el viernes se nos unía Ana que llegaba a Bangkok desde Yangon por la mañana. No sé si os habréis enterado del asunto de los Rohingya, pero el caso es que están repatriando algunos de los que se encontraban en el mar a la deriva sin ser acogidos por ningún país y con este panorama el viaje de Ana se ha visto cancelado. También hemos tenido que posponer el viaje que íbamos a hacer a Bali esta semana y ahora estoy en Bangkok en espera de noticias para decidir los próximos pasos. Con este cambio de situación decidimos aprovechar los dos últimos días de visita de Agur y Elena para ir a la isla de Koh Chang mucho mayor y un poco más alejada que la de Koh Samed.
A Koh Chang llegamos en ferri con el coche y nos
alojamos en un resort en primera línea de playa, con piscina y este con playa privada (no vaya a ser que se complique…). La isla mide unos treinta kilómetros de largo por diez o así de ancho y en este caso las mejores playas estaban al este. Fuimos a ver una catarata que no tenía demasiada agua por ser el comienzo de la época de lluvias y visitamos algún pueblo y varias playas. Vida tranquila y reposada sin muchos contratiempos salvo un encuentro fortuito entre una medusa y la baja espalda de Agur que terminó con la medusa a la fuga y una marca roja intensa en sálvense las partes que Agur no dudó en enseñar en el bar, a la policía y en una clínica y que fue objeto de varias controversias clínicas antes de aplicar vinagre, grasa de
tigre y recetar unas pastillas de antiestamínicos. No ha habido daños físicos y aparentemente no se ha creado trauma aunque quizás deberíamos preguntar a las enfermeras de la clínica. Creo que todavía se estarán riendo.
De Koh Chang al aeropuerto a devolver el coche y despedir a las visitantes que vinieron de Roma. Ha sido una semana a un ritmo ligeramente superior al que yo llevo normalmente pero acompañado de descanso, buena comida, buena vida y muy buena compañía. ¿Qué más puedo pedir? ¿Alguien más se anima a una escapadita? Yo, como ya he comentado, sigo esperando.


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Llegamos a Ayutthaya el sábado treinta de mayo tras un viaje en tren de ocho horas para cubrir una distancia de unos quinientos kilómetros. El tren en Tailandia es lento pero no es incómodo, no se mueve demasiado y a pesar de ir en vagones con ventiladores y ventanas abiertas para sofocar el calor no se sufre demasiado en este sentido. El revisor no me dejó llevar a Katanka atada en un lateral al lado de los asientos alegando que estos eran para que se sentaran los pasajeros. Su razón no le faltaba al buen señor pero es que resulta que el tren fue todo el viaje a mitad de capacidad y siempre había muchos asientos vacíos o al menos los había en el vagón que ocupábamos. Tuve que desmontar y colgar a Katanka en la repisa de encima de los asientos cosa que me pareció harto peligrosa para los pasajeros del tren, donde manda capitán, no manda marinero y la burra se ata donde diga el amo, aunque se ahorque.
En Ayutthaya pasé un par de días esperando la llegada de las turistas romanas. Pasé el día y medio de espera haciendo pequeños paseos por el parque histórico y viendo con calma los templos y descansando un poco en previsión de una semana de ajetreo. Agur y Elena sólo iban a estar una semana en Tailandia y se preveía una semana intensa para abarcar lo posible en el corto plazo. Al final ha resultado una semana de descanso y placer como luego veréis aunque eso no se sabía en ese momento. Aparte de esto busqué un alojamiento para Katanka durante los días que íbamos a viajar en grupo ya que no era cuestión de ir yo en bici y las intrépidas viajeras en medios más contaminantes y rápidos.
la época colonial menos destacados. Una vez llegaron los refuerzos, alquilamos un tuctuc por unas horas para ir de un templo a otro. Hicimos la visita de once a dos de la tarde, en las horas de más calor y además ahora sigue haciendo mucho calor sólo que encima hay bastante más humedad que hace un par de meses por las tormentas que empiezan a presagiar el comienzo del monzón con lo que hicimos la visita usando paraguas para evitar el sol que caía de pleno y sudando como pollos. El objetivo estaba claro, llegar a una playa lo antes posible.
ya está al este de Bangkok y es la zona de playas más cercana a la capital. Es por tanto un destino fácil para visitas relámpago a Tailandia y un destino socorrido para muchos turistas y algunos locales que salen del ruido de la gran ciudad durante fines de semana o vacaciones cortas. Es además un centro dedicado al turismo sexual, la densidad de mujeres ofreciendo una especie de masaje que no es el tailandés precisamente es, a todo punto, excesiva. La cantidad de señores de cierta edad, calvos o canosos, con sus barrigas, pantalón bermuda, camiseta y aire de estar disfrutando de los privilegios que otorga ser occidental en este mundo y aprovechándose de la desgracia que supone para la mayoría de la humanidad haber nacido con poco o nada es también impresionante incluso en esta época del año en que se supone que estamos en temporada baja. Nosotros formábamos un grupo extraño en el tinglado que hay montado en Pattaya y creo que me libré de muchas invitaciones interesadas gracias a la compañía feme
nina de la que hacía gala. Nos vieron Papinta de ser público de escenas pornográficas de cabina o de espectáculo con pelotas de ping-pong lanzadas o cartas escritas con partes insospechadas de la anatomía femenina y eso es lo que nos ofrecieron en varias ocasiones. Ocurre que el día que llegamos a Pattaya era un día señalado para los budistas en el que el consumo de alcohol está prohibido hasta las doce de la noche y recorrimos los locales de alterne en un estado de espera tranquila que supongo se alteraría a partir de las doce de la noche puesto que los camareros estaban velando armas en previsión de la refriega previsible.
e cenar. Escribo esto desde Bangkok donde no debería estar de acuerdo con el plan trazado aunque ya sabéis que hago planes para luego cambiarlos. En esta ocasión ha sido un cambio obligado por las circunstancias, nada grave que también os contaré en otro rato. No os dejo sin comentar que, en mi opinión, quien viene a este tipo de países a hacer turismo sexual es un ladrón aparte de otras consideraciones morales. Ladrones de valor ético y humano que pagan con dinero que sólo representa la diferencia de cuna entre unos y otros y que no tiene ninguna justificación. Confirma esto mi teoría de que el exceso de turistas estropea todo, vamos por ahí pagando por las personas cómo quién se alquila un parapente o una excursión en trineo. Triste y demasiado notorio y aceptado en la época en que vivimos y en la que nos jactamos de estar tan evolucionados.
Hemos vuelto a la “civilización” de Tailandia. Esta vez el choque no ha sido tan grande como al llegar desde Myanmar. No sé si es que Laos está en un punto de desarrollo intermedio entre Tailandia y Myanmar o simplemente que ya me lo esperaba y me estoy acostumbrando. En todo caso no deja de ser sorprendente como una línea imaginaria y un par de puestos de control de pasaportes pueden cambiar el nivel de vida y el tipo de vida a un lado y otro de la línea esa que trazamos para decir que a un lado el país se llama Tailandia y al otro Laos o cualesquiera sean los nombres que se pinten en mapas y banderas se desplieguen a uno y otro lado. En este caso, al menos está el río Mekong por medio que puede ser cualquier cosa pero desde luego no es una línea y tiene poco de imaginario.
lado del río a la derecha después de cruzar el puente. Cruzar el puente con Katanka sabiendo que estamos pasando de un país a otro y que en esos momentos no estamos oficialmente en ningún país genera una extraña sensación que está en alguna zona entre la libertad y la alegalidad. Es un poco como estar disfrutando de algo ilegal pero consentido. Se une esa sensación de estar llegando a otro lugar por tus propios medios, es agradable y raro al cincuenta por ciento.
Nong Khai es una ciudad pequeña y muy agradable, un gran lugar para pasar unos días ya que es de esos lugares en los que vas descubriendo cosas nievas de la mañana a la tarde y la ciudad también cambia de fisonomía dependiendo de la hora del día. Es algo general por esta zona del mundo, y supongo que tiene que ver con las temperaturas tan altas a mediodía y lo agradable de las tardes y las noches. Los ritmos humanos se han adaptado al medio, es importante tratar de sincronizar los movimientos y actividad con estos ritmos o acabas pasando por el mercado cuando ya no hay pescado o por los restaurantes más de moda cuando aún están cerrados. Me ha costado cierto trabajo adaptarme y aún tengo mis momentos de descoordinación adaptativa humana y geofísica ( ¿cómo os quedáis?). Coincidí en la comida con tres señores tailandeses de edad avanzada que han hecho un viaje en bici desde Luang Prabang hasta Nong Khai. Una pena que nos hayamos encontrado el último día de su viaje creo que yo he ido por delante y me han alcanzado al parar unos días en Vientiane.
hasta Udon Tthani. Las carreteras en Tailandia son de dos carriles o tres en cada sentido y bastante llanas en general. El viaje ahora consiste en estar varias horas encima de la bicicleta, avanzando a buen ritmo y sin ver demasiado paisaje ni puntos de interés. En base a esto, a que tengo un resfriado potente, estoy cansado y no llego a Ayutthaya de otro modo he decidido que mañana nos subiremos a un tren para llegar en un solo día a nuestro destino y tener tiempo de aterrizar y descansar antes de que lleguen los refuerzos romanos que seguro van a llegar con las baterías a tope y muchas ganas de ver mucho en poco tiempo.
Udon Thani es una ciudad de tamaño bastante respetable en la que no queda nada de etnias, naturaleza, tradiciones y todo eso. Hay muchas tiendas, el mercado ha sido sustituido por un gran centro comercial, los restaurantes tradicionales con mesas cubiertas de manteles de plástico han dado paso a pizzerías y hamburgueserías, las bicicletas se han cambiado por motocicletas chinas o coreanas, el trabajo duro en el campo se ha cambiado por lavanderías (con lavadoras) y servicios de masaje, veo muchas parejas de rubios de edad avanzada con mujeres tailandesas de no tan avanzada edad, en fin, se trata de desarrollo en estado puro, avances para la humanidad y esas cosas. Da pena ver el peaje que se paga para cambiar el nivel de vida y a la vez sirve para apuntalar mi pensamiento de que las cosas nos hacen esclavos cuando no orientamos bien nuestras necesidades. No está mal tener piscina en el hotel y, sin embargo, es mejor jugar con los niños que se bañan en el río (Sidharta).
se llama siesta) mientras pasa un poco el calor y la ciudad se prepara para ese rato de frescor de la tarde y todo lo que puede traer. Me estoy tomando unas pastillas que no sé ni lo que son ni para lo que sirven y que me ha vendido un señor muy amable que tenía algo parecido a una farmacia (las letras de la pared estaban en verde y no entendía nada) y que me ha recomendado descanso y beber mucho agua. ¡Si es que la sabiduría asiática es legendaria!
como líder indiscutible fueron capaces de llegar a una guerra contra China por haber prohibido esta el “comercio” de opio a través de sus fronteras y sin embargo hoy se persigue el “tráfico” de drogas de una forma inexorable.
Sin embargo, cuando vencieron los comunistas en China se impuso el cierre de fronteras a las drogas y ahí termino el flujo de drogas hacía China. Por entonces ya había otros consumidores dispuestos a absorber ese excedente como los EEUU, Europa o Australia. El negocio estaba servido y la zona de producción era un campo abonado para los señores de la guerra que traficaban con este producto. Además por entonces a los EEUU les interesaba que estos señores de la guerra fueran fuertes para tratar de luchar contra los comunistas chinos y si no derrocarlos, sí, al menos, frenar su avance. Se hizo la vista gorda con unas producciones de opio que ya no se exportaban así en bruto sino convertido en heroína para hacerlo más rentable. Los señores de la guerra se hicieron multimillonarios y muy poderosos. El mejor ejemplo el de Lo Hsing Han que en 1973 fue detenido en Tailandia, extraditado a Myanmar, condenado por traición a la patria por apoyarse en milicias Shan contrarias al régimen militar a cadena perpetua y amnistiado en 1980 convirtiéndose en un prestigioso empresario cuya empresa lleva los principales contratos de construcción en Myanmar. Murió en su casa en 2011 y su familia lleva negocios por toda la zona del sureste asiático.
(Hong Kong, Shanghai, Banking, Corporation) que se creó en el siglo XIX para gestionar los capitales que generaba este tráfico de drogas. Luego nos suena poco ético cuando vemos a esta entidad involucrada en asuntos de blanqueo de dinero y otras menudencias similares. Alguien debería revisar la historia, no sólo la de los bancos, la de los países y el mundo en general, antes de permitir que determinadas entidades o privadas o públicas sigan paseando sus logos y sus “valores” por el mundo como si de ellos dependiera el futuro de toda la humanidad y en sus sabias cabezas y delicadas y limpias manos debiéramos confiar nuestras vidas. Lo peor de todo es que esta historia nunca formará parte delos libros de historia o al menos no de momento, hasta que hayamos diseñado una historia que nos deje bien y no altere los pensamientos de nuestros hijos o bien hasta que haya pasado tanto tiempo que podamos decir aquello de “agua pasada no mueve molino”. Que no cunda el pánico, seguiremos enseñando en las escuelas lo de los romanos, la historia medieval y todo eso y les diremos que es importante conocer el pasado para no repetir los mismos errores en el futuro. Y digo yo… ¡Hay que joderse!
En estos momentos estamos en Chiang Saen que es la localidad más cercana al triángulo de oro. Se trata del vértice que une los países de Tailandia, Laos y Myanmar. No sé muy bien porqué se llama triángulo de oro aunque creo que tiene que ver con el comercio de opio que se llevó a cabo en esta zona en el siglo XIX y que reportaba pingues beneficios sobre todo para los británicos. Tengo pendiente una visita a un museo que trata de este tema y espero enterarme un poco mejor de qué va la historia y os cuento algo más.
y las cuestas son muy parecidas a lo que ya casi no recordaba de Tailandia. Ocurre que como aquí está casi todo asfaltado y se puede acceder de forma más fácil con vehículos, hago recorridos que hacen los coches y las motos de forma habitual y se pierde toda sensación de estar explorando zonas ignotas. De hecho, ayer domingo cuando estaba en lo alto de una montaña, después de sudar tinta china para llegar, recorriendo parajes fascinantes y con vistas espectaculares de la montaña, me encontré en un pueblecito en el que había dos tiendas de estas que abundan por aquí en las que te venden de todo a pesar de no tener estanterías y todo el mundo, incluidos un par de turistas de Singapur con su guía y su chofer, estaba viendo los pequeños televisores en el fondo de las pequeñas tiendas para seguir atentamente el combate de boxeo del siglo o eso dicen. No quiere decir que el esfuerzo no valga la pena, es simplemente que es completamente diferente a lo que pasaba en Myanmar.
Mae Sai es la típica localidad de frontera. Es casi toda ella un gran mercado de todo y en todas las cantidades, desde un lapicero a un camión de lavadoras se puede comprar de todo. El pueblo está a los dos costados de la vía principal que no es otra que la carretera que va al paso fronterizo con Myanmar. En esta carretera, a partir de las cuatro de la tarde, se monta una especie de mercado nocturno al estilo de Tailandia en el que hay varios y variados puestos de comida combinado en este caso con las tiendas de la vía principal que abren hasta mucho más tarde que el resto de tiendas del mercado. Por supuesto en esta vía principal están los bancos, el Tesco y el Seven-Eleven que no faltan ya en ninguna ciudad de Tailandia. En el lado de Myanmar está la ciudad de Tachileik en la que no estuve mucho tiempo pero pude observar que se acumulan almacenes de electrodomésticos, concesionarios de coches y otros almacenes dedicados a la importación de bienes. Algo que es un buen negocio en Myanmar en estos momentos con el país desarrollándose a gran velocidad.
cuece por allí (espero no ser yo dadas las circunstancias). Estoy justo en frente del río Mekong y al otro lado está Laos. Me eh informado un poco y parece que el norte de Laos es elevado con mucha montaña y temperaturas más suaves en estos meses antes de que lleguen las lluvias. Definitivamente es una buena opción aunque voy a tener que sopesar un poco más los pros y los contras. Por una parte quiero ir para allá y por otra me fastidia irme así tan rápido de Tailandia sin casi haber aterrizado. Por otra parte el plazo para visitar esta zona es casi el perfecto, de hoy a final de mes.
cara y tiene menos encanto. No se dan apenas situaciones en las que tengas que señalar lo quieres comer o pasar a la cocina a verlo tú mismo. Es muy difícil poder hablar en inglés con gente local en Myanmar mientras que en Tailandia es relativamente fácil encontrar alguien que hablé la lengua de Shakespeare. En general todo es mucho más cómodo para el viajero en Tailandia mientras que en Myanmar todo cuesta más y también, por el contrario, es más gratificante y tiene más encanto. Hace poco me dijo alguien que, cuando viajas (especialmente si lo haces en bicicleta), los peores días resultan ser luego con la perspectiva que da el tiempo los mejores días. Igual es por eso que creo que me quedo con Myanmar y también creo que poder salir a Tailandia de vez en cuando es todo un alivio y un descanso.
Hace un par de días estaba a unos treinta kilómetros de entrar en Myanmar y hoy estoy a unos diez. Supongo que habrá que explicar cómo es posible que en dos días mi situación haya cambiado tan poco aparentemente y sin embargo es bastante distinta. Si miráis en la página mapas de este blog veréis que el plan de ruta ha variado sensiblemente. El motivo es sencillamente que tenían razón los agoreros y no me han dejado entrar en Myanmar por dónde tenía previsto. Resulta que por esa frontera sólo pueden entrar tailandeses con visado. Sin embargo por allí entraba cantidad de gente de Myanmar, aparentemente entran a trabajar y regresan en el día. Cuando llegaba a la frontera me encontré con un río de gente en sentido contrario con su correspondiente fiambrera para la comida.
me dice un policía birmano que me vaya otra vez para Tailandia. No me ha dado ni una explicación ya que dudo que hablara inglés. De nada sirvieron mis suplicas y las indicaciones hacia Katanka diciendo que era una calamidad enorme la que estaban generando con su negativa. No se pasa y no se pasa como los porteros de las discotecas. El policía del lado Tailandés, mucho más amable, me ha explicado la situación. Me sugería que volviera atrás con la bici, otros cuatro días, y luego tomara otro paso de frontera más al Sur. Al final he optado por algo que me dejaba mucho menos desmoralizado y es coger un autobús de vuelta a Kanchanaburi y de ahí otro a Tak, bastante más al norte. Desde Tak pretendía coger otro autobús a la frontera pero, al no haber ninguno que me permitiera meter a Katanka, he hecho esta parte en bici. He llegado a Moe Sot y estoy en un hotel a unos diez kilómetros de la frontera. Con este cambio de ruta, he tenido que cruzar las montañas otra vez y parece que mañana me espera otra especie de cordillera. Intentaré
hacerlo en bus, con estas temperaturas y la paliza que me he pegado, tengo las posaderas un tanto irritadas y mejor no jugar con estas cosas.
Ayer no quise relatar la etapa del día. Preferí contar la del día anterior que la tenía pendiente y así tomar un poco de perspectiva acerca de las penurias pasadas ese mismo día. Salí de Tong Pha Phum como siempre muy temprano, de hecho incluso un poco antes que en días anteriores. Al principio todo iba sobre ruedas, nunca mejor dicho, pero ya a unos veinte kilómetros la cosa empieza a ponerse divertida con continuos toboganes arriba y abajo. Los toboganes se hacían cada vez más pendientes tanto al subir como al bajar con el paso de los kilómetros, no me pareció muy grave y pensé que era lo más duro que iba a encontrar. A partir de ahí esa ley de que no importa lo mal que estén las cosas, siempre pueden ir a peor, se cumplió.
refrescarme y así iba haciendo camino a un ritmo desesperadamente lento. A unos quince kilómetros de Sangkhla Buri llegó una cuesta que no era un tobogán como los anteriores, pendiente de más del veinte por ciento y al menos un kilómetro de largo. Lo subí como pude y arriba paré de nuevo a refrescarme a la sombra de un árbol.De ahí bajada con mucha pendiente de nuevo de quizás otro kilómetro y nada más llegar abajo empieza otro puerto aún más pendiente que el anterior y en el que ya te avisa abajo que debes subir otro kilómetro. Katanka hizo un amago de pararse en este punto, comentándole las proezas de Babieca parece que se picó un poco y ahí vamos los dos arriba por la rampa infernal con un calor de los demonios. A media rampa me pasa un camión enorme que sube casi peor que nosotros y ya a doscientos metros del final más o menos no pude más y tuve que echar pié a tierra (no os lo creeréis, pero es la primera vez que lo hago en lo que va de este blog). Empujando llegué hasta arriba del puerto y allí había por suerte un puesto de policía en el que me dieron agua fresca, una especie de leche de soja muy dulce y algo de hielo. En ese momento no estaba dispuesto a dar una pedalada más, ni ese día ni nunca más en mi vida aunque el destino es caprichoso y tenía pensado otro final.
con casas flotantes, la jungla, montañas llenas de vegetación con formas muy escarpadas, ríos y mucho más. El pueblo de Sangkhla es muy acogedor, con su mercado, un lago cercano, un poblado Mon (son una raza que proviene de Birmania) al otro lado del lago, templos, mucha vida y a la vez un remanso de paz. Muy pocos turistas llegan hasta aquí, me encontré con Pascal, un francés que viaja en una moto alquilada y que viene todos los años unos meses al sudeste asiático. Pascal se entiende en Thai con los locales para lo básico. Cuando le dije que iba a la frontera, me comenta así como quien no quiere la cosa que yo no puedo pasar. Tranquilos creo que le informaron mal, por motivos ya conocidos he hablado con varios policías últimamente y parece que está todo correcto y que podré pasar la frontera sin problemas.
Como la jornada de ayer fue tan dura y este pueblo es tan interesante, he decidido quedarme un día aquí a descansar, lo que viene siendo no hacer nada o casi. Aun así he madrugado para no perder el ritmo y para evitar el calor en las horas centrales del día y me he ido a desayunar al mercado. Allí me he encontrado con un par de conductores de furgoneta que también habían cenado en mi misma mesa ayer. Me han confirmado que, con visado, sí puedo pasar la frontera. Desayuno contundente consistente en un plato de arroz con un pollo guisado en una salsa picante, luego un par de roscas con caramelo del mercado, muy ricas por cierto, y un café en tienda especialista de café.
un puente muy largo y construido a la vieja usanza a base de maderos y bambú. Nada más llegar al pueblo paso por delante de una casa donde parece ser que hay una boda y en cuanto me han visto han decidido que tenía que desayunar así que me han puesto un plato de noodles con una salsa de cebolla, una especie de torta crujiente, hierbabuena, judías verdes crudas y salsa de ajo (el picante es opcional). Me ha parecido que les hacía ilusión que me uniera y me parecía de mala educación decir que no así que he completado mi desayuno con ese delicioso plato. Hasta la cena no pienso mover ni las pestañas. Mañana cruzamos a Myanmar (Birmania). ¡Inshalláh!
llevaba un par de Tailandeses por delante, me dieron las ocho y media. En este país eso es muy tarde, me costó encontrar un sitio abierto para cenar. Por cierto en el sitio que encontré nadie hablaba inglés así que pasé a la cocina a señalar a mis víctimas de esa noche.
Dos horas después, cuando ya me había comido más de un kilo de plátanos, me paro en un manantial de agua caliente con sus pozas y demás para descansar un poco y relajarme. Primero, como llego en bici, me dicen que la entrada para mí es gratis. Luego un par de jóvenes de los que están allí para vender algún suvenir a los turistas me dicen que si pueden darse una vuelta con mi bici. Yo les dejo hacer, el parking tiene cincuenta por treinta metros y no tienen pinta de ir a salir de allí con las alforjas y demás. Efectivamente uno casi se cae nada más empezar y el otro me dice que eso cansa mucho, ha avanzado unos cuarenta metros con suerte. Entro en las termas, me baño, me tomo mi tiempo y al salir los dos tipos de la bici me la habían vigilado y me regalan una botella de agua y otro manojo de plátanos un poco mayor que el que yo había comprado. Les explico que ya llevo plátanos y que me he comido un montón como puedo pero que si quieres arroz Catalina. Voy cargando con un montón de plátanos todo el día y aquí no hay manera de regalarlos, todo el mundo tiene plátanos. Por cierto, cuando compras en la calle en Tailandia y eres blanco, no importa lo que quieras comprar que siempre costará, al menos, veinte Bath.
En cuanto a las incongruencias, voy encontrando unas cuantas, un par de ellas me han llamado mucho la atención hoy. En una cafetería de la carretera intento pedir un café en inglés, nadie habla inglés así que la chica de la barra, ni corta ni perezosa, me acompaña a la puerta del local y me muestra un cartel con los tipos de cafés y sus precios, lástima que las descripciones de los cafés estuvieran en tailandés y que no hubiera fotos de los cafés. Faltó poco. Paseando por Tong Pha Phum me he encontrado con una escuela,
aparentemente católica, en la que explicaban la navidad con una pintura de un muñeco de nieve y un Santa Claus. Creo que la última vez que nevó por esta zona se extinguieron los dinosaurios.
a decir que refrescara ya que ese viento viene a 25 o 26 grados, pero sí que hacía el paseo en bici agradable. Es a partir de las once cuando la cosa se pone tremenda. El sol pega de lleno y hay mucha humedad además de pararse casi totalmente el viento, cada pequeña cuesta se convierte en puerto de montaña.
stas temperaturas. Ahí he visto los últimos turistas blancos en furgoneta del día. En total he hecho unos 70 kilómetros pero, como no he avanzado siempre en línea recta, estoy sólo 62 kilómetros más cerca de Yangon. No tengo claro cuántos kilómetros hay de distancia total pero mis cálculos dicen que llegaré a Yangon el viernes que es lo que tenía marcado como plan de ruta. De momento no hay que variarlo y espero poder cumplirlo, más adelante espero viajar sin esta agenda marcada, es una cuestión circunstancial.
s y el proceso comienza a invertirse. Obviamente, la sensación de estar perdido la tienes a medida que te acercas a la frontera o te alejas de la civilización y todo se va haciendo más difuso.
ás económico, lejos del río y más cerca de la catarata y de lo que parece ser el pueblo. Un pueblo muy pequeño y tranquilo con otro tipo de calle principal diferente a lo que estamos acostumbrados, no encontré el Zara por ninguna parte.
Bangkok. El trayecto de la tienda de bicis a la estación de tren, apenas unos seis kilómetros, ha sido un infierno o lo más parecido a una yincana. Sin haber ajustado aún el motor a la máquina ni el resto de piezas el vehículo no se movía con solvencia. Se me ha caído el espejo y se ha soltado una alforja, por suerte todo a la vez y he tenido que ajustar algunas cosas pero esto no ha sido un problema serio, el inconveniente estaba en todos esos coches, motos, autobuses y tuc tuc que estaban dispuestos a pasar por encima de mí al más mínimo descuido. En fin, como me sobraba mucho tiempo y la paciencia es mejor que la inteligencia, me he armado de la primera sin
descuidar la segunda y he llegado a la estación sin mayores contratiempos.
Hoy no hay fotos apenas, he consumido la batería del móvil (que como todos imagináis es mi cámara) en seguir el navegador para llegar a la estación de tren. No me quedaba nada al llegar a Kantchanaburi y lo he dejado cargando en la habitación mientras me daba un paseo por el lugar. No he visto mucho tampoco ya que he llegado sobre las cinco de la tarde y a las seis y media o así anochece. Lo que sí he visto es un atardecer precioso sobre el famoso río Kwai. Sí, el del puente ese tan famoso con canción de silbidos, el mismo. Ahí os dejo la canción para animar el lunes.