Escribo esto desde el aeropuerto de Don Muedang de Bangkok mientras espero a que llegue Ana ya que mañana sábado salimos a primera hora para Bali. De momento no voy a poder publicarlo hoy, así que lo haré en cuanto tenga conexión decente. Como siempre, no estoy seguro de cuándo será, espero que no se demore demasiado. Ha pasado casi una semana desde que dejé a Agur y Elena en el otro aeropuerto de Bangkok y, como no me daba mucho tiempo a viajar con Katanka y además tenía algunas cosas que hacer en la embajada de España en Bangkok, me he pasado la semana atrapado entre el tráfico, la polución, el ruido y el ajetreo de esta inmensa ciudad.
Me ha dado tiempo esta semana a observar la jauría
humana que se genera alrededor de los turistas en la capital. Aquí nos juntamos todos, los que llevan un día de viaje, los que hacen escala para ir a una playa, los que están dando la vuelta al mundo, los cooperantes en escapada de sus obligaciones, los occidentales que se han instalado y yo. Katanka no ha venido, espero que siga bien y descansando donde la dejé. Hay ciertas zonas y monumentos señalados donde todo está organizado alrededor del turista y, quién más quién menos, está al acecho para ver si consigue sacar algunos cuartos al sudoroso visitante que pasea con su palo de selfís en una mano y el plano turístico de Bangkok en la otra. Tiene la ventaja este país de que, cuando te están cobrando lo que en términos locales sería, no sólo un precio abusivo. sino un robo en toda regla, a ti te sigue pareciendo que es muy barato y, como estás cansado, sudado y no tienes mucho tiempo para discusiones, te dejas engañar tan ricamente o te cabreas mucho y te engañan igual. Opciones tienes.
Dediqué un día a hacer turismo de ese de mapa y palo (yo no llevo palo pero estaba rodeado de ellos) y me fui a ver el Grand Palace. El Grand Palace era antiguamente la residencia del rey que ahora sólo viene en ocasiones especiales. En el recinto, aparte del palacio real, hay varios templos que se construyeron a partir de 1782. Los edificios son bastante singulares y, desde luego, los tienen en perfecto estado de revista para los turistas. Hay un par de budas importantes, el buda de esmeralda que trajeron de Chang Rai previo paso por Luang Prabang (Laos) y el buda reclinado que es una imagen de un buda tumbado de más de cuarenta metros de largo. La visita merece la pena aunque se hace realmente pesada con la saturación de visitantes y el calor. Parece ser que cuando el rey de turno por entonces, que creo era el Rama IV (vamos por el IX), decidió construirse el palacio y lo que lo rodea tuvo que echar a unos cuantos chinos que se habían acomodado en la zona. Los movió a lo que ahora es el barrio chino
de Bangkok. Visitando el barrio chino, te das cuenta de que los chinos tienen esa capacidad de colonizar que pocas razas humanas y casi ninguna especie animal pueden igualar. Por cierto, el rey de Tailandia es, según creo, el regente con más tiempo en el puesto, lleva la friolera de 69 años que cumplió precisamente el 9 de junio. El señor tiene 88 años aunque nadie lo diría viendo las fotos que de él abundan por todos lados.
Como me he tenido que desplazar por la ciudad por varios asuntos, he tenido ocasión de probar casi todos los medios de transporte de la ciudad. Lo que más he usado es el bus, los autobuses son como pequeños negocios familiares en tránsito y subvencionados por el ayuntamiento. El conductor viaja con su mujer o algún familiar, sospecho que el autobús es propio o licenciado; cobran muy barato los billetes y pasan informe a unos oficiales que están en las estaciones de cada línea. La estación de línea no es otra cosa que una garita de uno por uno con un oficial dentro y un escribano fuera que anota los viajes y tiempos de cada bus familiar. Algunos autobuses tiene aire acondicionado y otros simplemente tienen techo y algunas ventanas que se abren y unos ventiladores colocados aleatoriamente en el techo. Es lento debido a los atascos y no muy cómodo. Se paga diferente según el número de paradas que se recorren lo cual complica mucho las cosas si no sabes dónde vas ni hablas el idioma aunque en el peor de los casos pagarás el equivalente a cincuenta céntimos.
Apenas hay dos líneas de metro y no están muy
conectadas con lo que es un medio que no usa casi nadie. El metro es una infraestructura moderna, amplia y limpia que tiene el inconveniente comentado y el de que las estaciones no llegan a ningún lugar accesible caminando, desde las estaciones hay que jugarse la vida cruzando carreteras o subir pasos elevados o pagar a una moto o tuctuc para que te lleve al destino final. Parece que el metro está creciendo aunque sospecho que la ciudad crece más deprisa. La prioridad, como en todo transporte público, es para los monjes, ancianos, discapacitados, embarazadas y niños, por ese orden.
Hay líneas de tren elevado que funcionan bastante bien. Hay infinidad de taxis, moto taxi y tuctuc que trabajan casi de forma constante, con los locales para sobrevivir y con turistas para algún capricho. Las bicicletas no abundan, es muy complicado y ciertamente peligroso desplazarse en bici por esta ciudad. Tienes la sensación de que van todos en contra de las bicis, los autobuses las pitan, los taxis las acorralan, las motos las acechan como si fueran sus presas y a los peatones no les hace gracia que el medio metro de acera que queda entre la pared y el asfalto, después de colocar los cubos de basura, los tenderetes de comida, de ropa, de café o de frutas, los cuadro de la luz, las farolas, los postes de luz, la silla de descanso de los trabajadores de un comercio y algún que otro mendigo, sea invadido por un ser humano y su bicicleta. Es por esto que Katanka se ha quedado en Ayutthaya estos días y seguirá hasta que regresemos de Bali.
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Y el barco por el chao phraya…???
Sí, ese también lo usé. En realidad viene a ser como un bus por el río. Mucho más tranquilo y sin atascos de coches aunque sí de gente para embarcar y desembarcar.