Aterrizamos en Bangkok a las seis de la mañana del día 18 de Marzo. Empecé a escribir esto a las cuatro de la tarde y con esa extraña sensación de que este día no se va a acabar nunca. Intento permanecer despierto para coger el ritmo de sueño lo antes posible, el reto es aguantar hasta las nueve o las diez de la noche y con eso creo que ya puedo decir que he cumplido para el primer día.
Al llegar a Bangkok no tenía reservado ningún hotel así que he tenido que vagar un poco por la ciudad para aceptar, al cabo de un rato, que, si quieres ver varios hoteles de forma rápida, hacerte una idea de lo que puedes encontrar y reservarlo para no tener
que andar arrastrando mochilas por las calles con 28º de temperatura y una humedad del noventa y pico por ciento, lo mejor es entrar en la red de redes (esta) y proceder.
Vuelvo al relato y ahora es día 19 por la mañana para mí y la tarde en España, ayer me fue imposible acabar nada que pudiera tener sentido. Creo que sigo un poco desorientado con esto del cambio de hora, supongo que serán unos días hasta que me haga una idea de cómo va todo.
Pasé el día vagando por Bangkok, viendo las gentes, los budas, el tráfico, la contaminación, el ajetreo, los tuc tuc, los cazadores de turistas ofreciendo desde rollitos tailandeses a un traje de Armani, tu
ristas sudando la gota gorda por las calles del centro, etc… Visité el barrio de las tiendas de bicis, aquí las tiendas están agrupadas como por gremios y hay un barrio donde las tiendas de bicicletas son una de cada dos. No son tiendas como las que estamos acostumbrados a ver aunque en algunos casos se parecen bastante. Me costó mucho encontrar algo que se parezca a lo que yo ando buscando hasta que di con una
tienda que está especializada en bicicletas de la marca Merida. Hay una bici que cumple con todos los requisitos (la negra del centro) salvo que es un poco más cara de lo que yo tenía pensado y luego vi otra que se acerca a lo que yo quiero y es de segunda mano y bastante más barata. Tendré que deshojar la margarita.
En el hotel donde estoy alojado hay una piscina en la azotea que me ayuda a permanecer despierto y bajar la temperatura de mi cuerpo unos grados. Tengo desayuno buffet incluido y comer en Bangkok es una cuestión de tener hambre. Te ofrecen comida por todas las esquinas, cosas que hacen ellos en el momento, batidos de frutas, bolas de carne fritas, cerdo o pollo en barbacoa, empanadillas y rollitos, sopas, arroces, frutos se
cos, oreja de cerdo, hígado de pollo, criadillas de cerdo, y casi cualquier cosa que se pueda imaginar y alguna de las que no te puedes imaginar. Con este panorama podéis comprender que me encuentro de maravilla y que mi supervivencia está asegurada por el momento así que… todos tranquilos.
Follow