
Llevo más de una semana sin escribir. No tengo mucha disculpa, simplemente he estado metido en algunas cosas que requerían mi tiempo aparte, por supuesto, de pedalear y de hacer algún traslado en autobús. Dejaba el relato del viaje en el sur de Camboya y ahora estoy al norte de Tailandia, dispuesto a cruzar mañana la frontera con Myanmar para seguir viaje con Katanka por allí. Han sido unos días de mucho viaje pero ha merecido la pena, a veces el destino te está esperando con alguna sorpresa y no sabiendo bien cómo ni por qué acabas yendo a su encuentro.
Desde Sihanoukville nos

pusimos en ruta hacia Tailandia. El plan era llegar a Trat pedaleando. La ruta por esta zona del sur se mueve entre pequeñas colinas que están cerca de la costa. La carretera sube y baja constantemente y, como no estamos a mucha altitud (las colinas no pasan de trescientos metros sobre el nivel del mar), las temperaturas son altas y el sol pega con fuerza. Se hace duro transitar por estas carreteras. Además, el firme no es muy regular que digamos, hay baches

continuamente y en muchas ocasiones es mejor moverse por el arcén que no está asfaltado para evitar el tráfico de la parte asfaltada. Es curioso ver el trabajo que hace la suspensión delantera de Katanka para movernos por carretera. Por suerte no hay demasiado tráfico y esto alivia un poco la situación. El paisaje es de palmeras dedicadas a la producción de aceite, arrozales, ríos y bosques.

Hicimos la primera escala en Srae Amber. Antes había un puerto bastante importante aquí hasta que se movió casi todo el transporte a Sihanoukville. Ahora es un pueblo a orillas del río con algunos barcos que transportan mercancías y se llevan arena de la zona y otros barcos abandonados o semi-hundidos. Más que un puerto parece un cementerio de barcos donde algunos aún flotan. En el pueblo hay un mercado que parece demasiado grande para los habitantes del lugar. Sólo hay dos casas de huéspedes y no me encontré ningún turista. Por la noche un grupo de perros decidieron que ladrar, pelear y gimotear debajo de mi ventana, era una gran idea y casi no pegué ojo. Creo que ha sido la primera noche que no he dormido como un bebé en todo el viaje.

Llegamos hasta Koh Kong al día siguiente después de recorrer 140 kms por colinas y con el mismo calor de días anteriores. Hace unos años no había carretera hasta allí y ahora se ha convertido en un modesto centro de turismo. De Koh Kong, otra etapa en bici hasta Trat, ya en Tailandia, después de un día de descanso reparador. En la zona de frontera de Camboya proliferan los casinos. Al parecer, el juego es legal en Camboya y no en Tailandia y muchos tailandeses llegan el fin de semana o en vacaciones cortas para jugarse los baths. Trat es, de nuevo, una típica ciudad

tailandesa, con su mercado de noche, sus comercios, una zona de casas de huéspedes para turistas y poco más. Lo más relevante de esta ciudad es que hay muchas golondrinas. Las crían para aprovechar los nidos para la apreciada sopa de nido de golondrina de los chinos. Hay una gran comunidad china también, claro.

Desde Trat un autobús diurno a Bangkok y otro nocturno de Bangkok a Chiang Mai. Cuando llegué a Chiang Mai no había forma de encontrar alojamiento. Pensé que lo de la temporada alta iba realmente en serio pero no era sólo eso. Resulta que el día 25 de noviembre (este año cae así) es la fiesta de Loy Krathong. Se celebra en la duodécima luna llena del año y se supone que indica el final de la época de lluvia. Por supuesto, tiene connotaciones religiosas budistas e hinduistas. La celebración consiste en arrojar al río unas balsas hechas con tronco de banana y hojas, adornadas, con queroseno en el centro y una mecha encendida y unos palos de incienso. También se sueltan linternas hechas de papel con fuego en el centro que suben

por el aire hasta desaparecer. Supongo que sabéis a lo que me refiero. El espectáculo es grandioso, por desgracia las fotos no hacen justicia. Al día siguiente se hace una cabalgata con todo tipo de motivos y mucha participación, las calles se llenan de carrozas muy decoradas y cada cual más original.

Con esto me he pasado unos días en Chiang Mai y ayer me vine, de nuevo en bus, hasta Chiang Rai a sólo 65 kms de la frontera con Myanmar. Hace casi tres meses que pasé por aquí en mi ruta hacia Laos. Lo veo ahora y parece que no ha pasado el tiempo y sin embargo ha sido un viaje largo y muchas vueltas de “rueda”. Eso que me llevo en las alforjas, sitio hay ya que he perdido algunas cosas, entre ellas algunos kilos. Ahora viajo más ligero de equipaje y veo las cosas con otros ojos.
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Desde Mae Salong hasta Chiang Rai solo hay unos setenta kilómetros. Saliendo de Mae Salong hay alguna cuesta que otra que, por suerte, son casi todas hacia abajo. Bajando me doy más cuenta aún de lo inclinadas que son las rampas. Tengo que apretar fuerte los dos frenos de Katanka para conseguir que no se desboque y nos estrellemos contra algún árbol o arbusto.
una carretera casi llana hasta Chiang Rai donde fuimos directamente a la tienda de bicicletas que nos habían recomendado desde el club ciclista de Chiang Mai. El dueño es un tal Bert que habla bastante bien inglés y que ya estaba sobre aviso de que íbamos a llegar. Al final optamos por cambiar el pedalier para solucionar el ruido que avisaba de una probable rotura de rodamiento y, ya puestos, los platos y la cadena. La cadena por desgaste mecánico y los platos por desgaste físico. Hemos optado por unos platos algo más pequeños que los que traía Katanka originalmente para facilitar algo los ascensos por estas montañas. De todo se aprende y creo que las rampas de Mae Salong han sido una universidad muy instructiva.
Chiang Rai es una ciudad de unos doscientos mil habitantes que está a orillas del río Kok pero que se encuentra muy cerca de las montañas y de la frontera con Laos al este y Myanmar al norte. Es un lugar de bastante actividad turística, con muchas casas de huéspedes, bares, mercados, templos, casas de masajes, agencias de viajes de todo tipo y algo de ambiente nocturno. Llegué tan cansado que no tenía ganas de mucho ajetreo y pasé la tarde del sábado y el domingo entero sin hacer gran cosa. Corte de pelo, afeitado, masaje, buena comida, siesta, pasear por el mercado nocturno de los sábados y poco más. Se trataba de reponer fuerzas para seguir el camino y creo que lo hice bastante bien.
de incertidumbre por lo que me iba a encontrar y ahora la cosa ha sido bastante más plácida sin llegar a la indiferencia pero muy distante de aquel sentimiento de hace unos meses. Hay muchos menos turistas que en mayo, y eso que entonces no había demasiados, así que el lugar está muy tranquilo. Me he alojado en el mismo sitio y en la misma habitación y la sensación es extraña, no puedo decir que me agrade mucho aunque por otra parte sé dónde está todo y no pierdo el tiempo buscando. En fin que tiene su lado positivo y también se pierde un poco de gracia.
Mañana nos vamos en un barco “lento” hacia Luang Prabang. El viaje dura dos días y dicen que los paisajes son espectaculares. Veremos qué hay de cierto en lo segundo, lo primero me temo que es indudable. Seguiremos hacía el sur atravesando todo Laos. Nos esperan seguro jornadas duras de montaña y alguna historia más que contar. Hoy estoy muy feliz.
Como no llegamos a tiempo de coger la barca para Chiang Rai desde Thaton y no queríamos esperar a la siguiente nos fuimos de madrugada hacia Mae Salong. En lugar de un viaje tranquilo en barca de tres horas sin mover músculo alguno habíamos optado, sin saberlo muy bien, por una carretera de cuestas imposibles en las que las subidas terminan donde comienza el descenso siguiente y viceversa. Las rampas entre Thaton (500metros sobre el nivel del mar) y Mae Salong (1200 metros sobre el nivel del mar) son inhumanas, se repite el tipo de carretera que ya encontré en mi camino hacia el fallido intento de llegar a Myanmar por el paso de las Tres Pagodas. Las rampas son tan empinadas que
a duras penas conseguimos seguir avanzando. Por suerte, a partir de cierta altura y con los días nublosos que nos acompañan, las temperaturas son mucho más agradables que hace unos meses y el camino no era demasiado largo, sólo 45 kilómetros separan Thaton y Mae Salong.
poner los pies. En fin, el caso es que los grandes infinitos pueden pasar inadvertidos y que no saquemos partido de ellos y los pequeños infinitos pueden limitarse a un instante y ser tan intensos que los podamos apreciar en cada fracción de tiempo, espacio, etc… y ser por eso tan infinitos como los más grandes. Esa es la sensación que tuve en esos 45 kms y más concretamente en los veinte últimos, aquello no se acababa nunca con sus partes duras y sus gratificantes vistas. No sabía a dónde mirar, ni de dónde sacar una foto para compartir o recordar y, desde luego, no sabía cuándo se acabarían las cuestas.
o pueblo se formó a raíz del asentamiento de un grupo de soldados chinos que huyeron de su país en 1949 tras la revolución china. El ejército revolucionario chino, cuando ya habían consolidado la revolución, se empeñó en erradicar a todos los disidentes que pudieran quedar. En la región de Yuann quedaron algunos batallones que fueron aniquilados, huyeron a Taiwan o Hong Khong, o se quedaron en la zona retrocediendo al sur. Un grupo de unos doce mil soldados se retiró a Myanmar y allí fueron combatidos unos años más tarde por el ejército local apoyado por China con lo que se quedaron en estas montañas y establecieron su cuartel en Mae Salong. De 1973 a 1975 este ejército colaboró en la expulsión o aniquilación (dependiendo de la prisa que se dieron en huir en cada caso) de los comunistas del norte de Tailandia
colaborando con el rey de Tailandia y obteniendo así la nacionalidad tailandesa. La financiación de este ejército venía del cultivo del opio y tras ser aceptados en Tailandia debieron comprometerse a no cultivar esta planta nunca más y pasaron a cultivar té.
hoteles y casas de huéspedes, sin olvidarnos del seven-eleven de turno que no falta tampoco aquí. Hay un museo en recuerdo de los caídos en la guerra contra los comunistas en Tailandia en el que se ensalza la valentía de los soldados chinos que se establecieron aquí. Doy por seguro que la historia será muy diferente en el lado chino de las cosas.
Mis compañeros de club se han dado la vuelta a sus casas en Chiang Mai. Ahora seguiremos Katanka y yo solos unos días en la ruta hacía Laos. En realidad ya tenía ganas de volver a la carretera a mi ritmo y seguir avanzando sin estar pendiente de nada más que la ruta, las piernas y un ruido que le ha dado por hacer a Katanka ahora y que espero poder solucionar pronto. Eric me ha puesto en contacto con una tienda de bicis de confianza en Chiang Mai por la que nos pasaremos en cuanto sea posible. Es un ruido que molesta aunque podría ser sólo una cuestión de ajuste o quizás haya que poner una pieza nueva, en cualquiera de los dos casos, lo mejor es ir a una tienda con ciertas garantías.
110 kms desde Chiang Dao. Estaba valorando la posibilidad de tomar una barca e ir directamente a Chiang Rai y el sino ha decidido por mí. Hemos llegado a las 12:38 y la barca salía a las 12:30 y resulta que ha salido puntual, tengo mis dudas de que salga en su hora habitualmente pero el amigo Murphy ha vuelto a hacer de las suyas. En realidad, no me importa quedarme en Thaton esta noche y ya que estamos nos vamos a Mae Salong en lugar de tomar el barco a Chiang Rai. Esto quiere decir que vamos a tardar dos días en lugar de tres horas en llegar allí y seguramente que veremos paisajes espectaculares por estas montañas del norte de Tailandia. Estoy seguro de que hemos llegado tarde porque algo bueno nos espera estos días.
En Chiang Dao fui a visitar una cueva de origen cárstico que es bastante grande y al parecer una de las mejores que se pueden visitar por la zona. La cueva, como tantas otras, no está preservada como debería. Como quiera que es un lugar señalado, se convierte en sede de una serie de altares con budas y otras figuras sagradas que seguro tienen alguna leyenda de haber obrado milagros o algo parecido en la cueva. Además de esto nadie se ha preocupado de proteger estas cuevas con lo que de alguna manera han desaparecido muchas estalactitas y estalagmitas, básicamente todas las que se podían romper sin necesitar una escalera ni un martillo neumático las han roto y seguramente llevado a algún jardín o repisa de chimenea donde estarán siendo de gran adorno y aportaran belleza. Algo así como lo que pasa con los colmillos de los elefantes, por poner un ejemplo.
Como veis, voy poniendo algunas fotos que me gustan más o que ayudan a entender mejor lo que cuento en cada entrada. Sin embargo, los olores que percibo cada día en la carretera, en los mercados, en los pueblos es algo que no se puede transmitir ni es fácil de explicar. A cada paso o pedalada que voy dando los olores van cambiando desde una humedad caliente al olor de tierra mojada, asfalto mojado, o los golpes de aire fresco seguidos de otros calientes como si atravesara vetas de aire de diferente densidad y composición diferente. Las comidas varían desde los efluvios de los desayunos locales por la mañana, entre agrios y dulces, las ricas salsas a mediodía, y las brasas con carnes en parrillas por la tarde y noche. En la carretera huele a asfalto, a ferodo de frenos y embragues, a malas
combustiones de motocicletas, a humo de camiones demasiado viejos y demasiado cargados, a mi propio sudor pedaleando y, de vez en cuando, a flores de las cunetas, a resinas de árboles, a campos de arroz. Es como ir olfateando piezas de un puzle que en ocasiones se forma completo uniendo todos estos olores en una sola inspiración y configurando lo que yo definiría como el olor del este de Asia. Supongo que no me entenderéis o pensareis que me he metido al budismo y la meditación transcendentales, al menos sé que he intentado transmitiros esas sensaciones que tengo un día sí y otro también.
en Myanmar y sigue su curso al sureste hacía Chiang Rai y luego Chiang Mai. El caso es que este río se está utilizando para transportar grandes troncos desde Myanmar a Tailandia. Es lo mismo que está ocurriendo con Laos hacía Vietnam. Los países más desarrollados ya han agotado los grandes árboles centenarios o conservan algunos en parques nacionales que están protegidos y no se pueden talar. Como sigue habiendo demanda de madera de estos grandes
árboles, lo que hacen es pagar por ellos en el país pobre vecino que toque en cada caso. En el caso de Tailandia es Myanmar. Esta tarde he visto como sacaban uno de esos troncos del río entre diez hombres. La permeabilidad de las fronteras en estos países para ciertas cosas es legendaria.
El domingo me levanté bastante temprano. El plan era tomar un buen desayuno en “World of Breakfast” (lo recomiendo si vais alguna vez a Chiang Mai), enviar un paquete a Myanmar con algunas cosas que no uso y que suponen un peso innecesario que Katanka tiene que cargar, preparar a Katanka para los próximos días de viaje y quizás subir al templo de Doi Suthep para entrenar un poco las piernas y comprobar la climatología. Después de cambiar los neumáticos de Katanka y darme una ducha pusimos rumbo a un desayuno tranquilo y completo. Al pasar por las puertas principales de la vieja ciudad nos encontramos con un grupo de no menos de setenta ciclistas que estaban preparándose para salir a dar una vuelta. Paramos, pregunté hacia dónde iban y si nos podíamos unir, contestaron que cerca y que no había problema en que nos uniéramos y así lo hicimos.
locales y algunos extranjeros retirados en Chiang Mai sale todos los domingos a hacer una ruta tranquila y socializar, sobre todo a socializar. El club se llama “Sunday Morning Cycling Club” y te reciben como parte del club de forma inmediata. Sólo tuve que poner mis datos en una libreta y decir unas palabras en una presentación que hicieron a todo el grupo con un altavoz y ya soy miembro del club. Mi presentación fue individual, ya que llegué tarde a la oficial en que habían presentado a otros tres nuevos miembros del club, y además la hicieron en la primera parada que era un mercado de comida orgánica donde tuve que avituallarme entre saludos, presentación megafónica y demás.
Mai, Peter, un suizo retirado, James, un americano de 45 años que vendió su empresa y decidió no trabajar más, Jim, Garrick, y algunos más que no recuerdo. El paseo fue muy interesante, visitamos algún templo, la casa de un socio del club que vive en la montaña, unas cataratas y un parque botánico bastante impresionante. El ritmo de pedaleo fue muy tranquilo, empezamos a las ocho y media y terminamos a las cinco y media de la tarde para hacer poco más de cincuenta kilómetros. Como ya he dicho, en este club ciclista se trata de socializar más que de hacer ejercicio.
con otros amigos a dar una vuelta pronto por la mañana y me apunté a esta también. La ruta que tocaba en esta ocasión nos llevó por la orilla de un río al sur hasta Lamphun y allí me llevaron a una tienda de bicicletas enorme donde desmontaron y limpiaron a conciencia casi todas las partes móviles de Katanka y la dejaron como nueva. Ahora tiene nuevos neumáticos y una limpieza como los chorros del oro con lo que está en perfecta forma. Si le añades que hemos bajado cuatro kilos de equipaje y que las temperaturas son bastante más aceptables que hace un par de meses el panorama se presenta prometedor. Veremos si consigo poner mis piernas a tono pronto.
Viajar con grupos supone un montón de paradas que no haría si estuviera sólo y también es una ayuda para avanzar más y conseguir cierta distracción de la ruta de vez en cuando, lo que hace que los kilómetros pasen más deprisa. En general, he de decir que sigo prefiriendo viajar sólo aunque entiendo que un grupo no muy amplio es probablemente la mejor opción. Cuando digo reducido me refiero a máximo cuatro y óptimo dos, no los setenta del domingo que hicieron el paseo entretenido en exceso. Está previsto que todo el club suba al templo de Doi Suthep el día seis de diciembre y yo, por supuesto, estoy invitado. Seré uno más de los setecientos ciclistas que suben al templo el primer domingo de diciembre cada año si estoy por la zona en esas fechas.
Cuando digo hemos me refiero a mí mismo, a Katanka, a Eric, Bob, James y Tak. Cuando les conté mi plan de viaje decidieron venir conmigo hasta Chiang Dao, al norte de Chiang Mai, y quedarse a dormir allí para regresar mañana. No es que haya tenido que convencerles, como dice Bob, no tienen nada que hacer en todo el día y todo el día para hacerlo. Quitando a Tak que es el hijastro de Eric, el resto son retirados en Chiang Mai que gustan de salir a andar en bicicleta por la zona. No es una mala vida y, sin embargo, no siento mucha envidia de ellos. Quizás estoy poniendo el listón muy alto pero quiero pensar que se puede vivir de muchas maneras, todas buenas, y cada uno debe buscar lo que más le conviene. No será una tarea fácil y requiere pararse a pensar en ello… recomiendo hacerlo si se tiene la oportunidad.
Llegué a Chiang Mai hace una semana y aún estoy por retomar de nuevo el viaje en bicicleta. Las cosas, para variar, no han salido exactamente como las tenía planeadas, si es que tenía algo planeado, que no es del todo cierto y, por tanto, no puedo decir que haya cambiado demasiado mis planes. El caso es que cuando estaba en viaje desde España hacía Tailandia, Ana me envío unos mensajes diciendo que una compañera suya estaba de “vacaciones de compensación” en Bangkok y no sabía bien qué hacer. Al parecer a Sandra, que así se llama la compañera de Ana y es canadiense para más señas, le habían “ofrecido” (es prácticamente obligatorio) salir una semana de Myanmar en compensación por el trabajo realizado en varias semanas estresantes debido al ciclón que ha creado graves inconvenientes e incluso algunas muertes en la zona oeste de Myanmar. Como quiera que Sandra estaba un poco perdida, le propuse venirse a Chiang Mai y así lo hizo.
hemos estado viajando por Pai (que yo ya conocía) y, algo más lejos hasta Mae Hong Som, y vuelta a Chiang Mai por Doi Inthanon. En total hemos hecho unos setecientos kilómetros por las montañas del noroeste de Tailandia. A pesar de conocer gran parte del recorrido, ha sido interesante ver el cambio que se ha producido en la zona en los últimos dos meses. Cuando me fui era el final de la estación seca y ahora estamos en medio, o bien avanzada la estación de lluvias. El cambio en el paisaje es espectacular. Todo era muy verde antes, mas ahora los campos son de un verde fluorescente de esos que no se ven en Europa. La sensación es que todo está creciendo a gran velocidad en estos momentos debido a la humedad unido a unas temperaturas todavía bastante altas. Por suerte ya no llegamos a los 38º de hace dos meses con lo que creo que el viaje va a ser mucho más llevadero. Aparentemente de septiembre a marzo es la mejor época para viajar por la zona. Ya os lo iré contando.
Recuerdo que en mayo estaban sembrando cacahuetes en la zona y ahora se pueden ver ya las plantas completamente crecidas y con gran cantidad de pequeñas vainas que se convertirán en cacahuetes en las próximas semanas. Los arrozales estaban secos en junio y era la época en que se habían quemado los campos con los restos de la cosecha para preparar de nuevo el terreno. Ahora el arroz está creciendo y ya alcanza una altura considerable. La vegetación se está apoderando de algunas carreteras en las que no dan abasto para cortar lo que crece y mantener las cunetas decentemente limpias. Hay insectos por todas partes. Es curioso ver como las hormigas se trasladan de la zona baja, cerca de los cauces, a otras zonas más altas en previsión de mayores lluvias y de una previsible inundación de la zona en que han permanecido en la época más seca. En los mercados hay todo tipo de frutas, algunas conocidas, otras que parecen ser más o menos habituales y otras que no he visto en mi vida. En fin, todo ha cambiado en el paisaje de forma bastante radical.
el cañón de Pai, un campo de elefantes, aguas termales naturales, los campos, las montañas, varias poblaciones y demás. En general ha sido un viaje de esos de carretera y paradas cuando algo nos llamaba la atención. Fuimos hasta un pueblo de la etnia Karen (las mujeres del cuello largo) cerca de Mae Hong Som. Se pueden ver mujeres de esta etnia, venida de Myanmar, en varias poblaciones, casi siempre exhibidas como producto turístico, nosotros preferimos ir al pueblo en el que viven como refugiados. Al no tener papeles para trabajar en Tailandia, estas mujeres optan por convertirse en una especie de mono de feria que todos los turistas quie
ren fotografiar. Se ganan la vida con la venta de algunos suvenires y en algunos casos con entradas que se cobran a los turistas. Preferimos no tomar fotos de la única mujer de cuello largo que encontramos en
la montaña más alta de Tailandia, Doi Inthanon, con una altitud de 2.565 metros sobre el nivel del mar. La temperatura a esa altura era de 19º y muchos locales, Sandra incluida, parecían estar pasando más frío que en Burgos en enero. En el monte hay, como no, un templo bastante curioso y muy bien cuidado y con muy buenas instalaciones. Hay también un museo con unas breves pero muy interesantes explicaciones acerca de la flora y fauna de la zona. En conjunto es un buen lugar para visitar con una oferta amplia para el turista. Estaba todo lleno de furgonetas cargadas de turistas que van desde Chiang Mai a hacer una vista de un día. No se trata sólo de turismo extranjero en este caso sino
Han pasado dos meses desde la última entrada del blog. Dos meses en los que he estado en España, principalmente en Burgos. Dicen que el tiempo vuela cuando estás en buena compañía, creo que podemos aplicar el dicho a este tiempo que he pasado en España. El plan era descansar y no hacer demasiadas cosas y, para no variar, no he cumplido con el plan previsto. Desde los primeros días ya se intuía que la cosa no iba a ser muy relajada, como pasa siempre cuando regresas a tu tierra, después de un tiempo de viaje lejos de familia y amigos, aprovechas la visita para ver a todos aquellos que significan algo para ti o, al menos lo intentas.
cantidad y calidad de gente que he podido ver y con los que he podido compartir algunos momentos más o menos largos y más o menos exclusivos y entrañables en esta ocasión. Creo que se alinearon varios planetas para favorecer el encuentro con grupos de los diversos lugares y ambientes con los que estoy ligado por unos u otros motivos. Sin embargo, me he dejado a varios amigos y mucha familia sin visitar, espero poder compensar en otra ocasión. No concreto para no olvidarme de nadie. A todos aquellos a los que no he podido ver a pesar de los intentos les pido disculpas.
En lo que respecta al país en sí, lo he encontrado más o menos cómo lo dejé. Creo que las televisiones, radios y prensa en general deberían estar obligadas a colar una noticia atrasada (al menos un año) en cada telediario, noticiero o periódico y la gente debería votar para determinar si se identifica correctamente la actualidad y se diferencia del pasado. Con seguridad nos encontraríamos con situaciones en las que algo que se ofrece como primicia es percibido como noticia del pasado por la audiencia en general y viceversa. Con este tema tengo la sensación de estar caminando por un pasillo infinito en el que las puertas se repiten una y otra vez, lo terrible es que ninguna de esas puertas llama mi atención lo más mínimo, con lo que sólo queda la opción de seguir avanzando por el pasillo tratando de encontrar algún matiz que me haga pensar que me muevo y no perder la esperanza de girar o entrar en alguna habitación en algún momento.
ner más problemas de pinchazos en el futuro próximo. El resto de mi equipaje consiste en dos mudas, tres camisetas, un bañador, y el ordenador con el que escribo. Supongo que en estas fechas me puede hacer falta algo más de ropa bien sea de abrigo o para la lluvia pero he decidido que compraré lo que me haga falta cuando sea necesario y no antes. En general es algo que llevo tiempo intentando aplicar y no me ha provocado ningún trauma, no pasa nada por enfocar la vida de esta manera.
un plan de ruta determinado para seguir los próximos días. Mirando el mapa, diría que voy a volver a entrar en Laos y quizás me dirija al sur hasta Camboya atravesando este país. Como siempre, depende de muchos factores que haga esto y es un plan bastante genérico como para admitir variaciones sobre esta base, habrá que seguir echando monedas al aire. En estos días he oído una frase que va como anillo al dedo a este tipo de viaje: “El turista es aquel que regresa de su viaje sin saber dónde ha estado, y el viajero es el que se va de viaje sin saber a dónde va.” Ahora creo que sé un poco más de dónde voy aunque no puedo estar seguro de que sea así.
Chiang Mai después de un viaje largo y un poco pesado. En estos casos ayuda mucho relativizar el viaje con respecto al viaje en bicicleta para apreciar las bondades que tiene el avión que te permite pasar de una punta a otra del planeta en muy poco tiempo. Por supuesto que cada cosa tiene sus ventajas. Lo que sí hay que reconocer que los viajes y los viajeros han cambiado de forma radical en los últimos treinta años, probablemente mucho más que en miles de años anteriores. Aquí se abre la discusión de si estamos evolucionando o destruyendo nuestro planeta, no quiero entrar en ese jardín y si alguien quiere tirar la primera piedra que se sienta libre a hacerlo… aunque no esté libre de pecado.
Después de un par de días en Chiang Mai nos fuimos hacia Pai que está algo más al norte, en una zona que se supone es menos conocida y con montañas y valles. El trayecto de Chiang Mai a Pai es de 130 kms y la primera idea era hacerlo en dos días aunque luego resultó que se puede hacer en un día a pesar de los problemas mecánicos. Durante el viaje de ida tuvimos tres pinchazos que conseguimos ir solventando sobre la marcha, todos en la rueda delantera de Katanka y todos comenzando muy poco a poco. Al reparar los pinchazos revisé la cubierta, lo hicieron dos mecánicos de talleres que encontramos por el camino y no vimos nada raro hasta el día siguiente cuando al ir a reparar una cámara de repuesto y la puesta que también estaba pinchada miramos con lupa la zona del pinchazo y encontramos una espina tan pequeña que no se veía por fuera ni se podía palpar por dentro de la cubierta. La espina en cuestión es la responsable de, al menos, cinco pinchazos y varios quebraderos de cabeza. Es la típica “espina en el camino”.
montañosa, subimos de 400 a 1400 metros con varios puertos intermedios que hay que subir para luego perder cota de nuevo y tener que remontar otra vez. Es mucho más divertido que ir por zonas llanas y es más duro también, yo diría que, en conjunto, merece mucho la pena. El clima es ahora benigno, las nubes cubren el cielo casi todo el día, y llueve de forma suave frecuentemente. A veces tenemos tormentas que ya no son seguidas de un sol espléndido sino que el cielo se mantiene gris mucho más tiempo. Se acerca el monzón y, según tengo entendido, el clima evolucionará a muy lluvioso en breve. La parte positiva, es que no hace calor sofocante, y menos aún en las alturas, así que se puede andar en bici todo el día, cosa que antes era imposible. En la parte negativa está que los paisajes son más lóbregos y no se aprecia el verde intenso de la vegetación de la zona como ocurriría con un día soleado.
se me hizo eterna. Salí a las cinco y media de la mañana de Chiang Mai y llegué a las cinco y media de la tarde a Pai. Con tanta parada para reparar pinchazos e hidratarme, el día se me fue pedaleando. Cuando casi estaba llegando a Pai, se pararon dos motos a mi lado, una con una china y la otra con dos. A las criaturas aquellas les pareció muy pintoresco ver a un tipo en una bici, todo sudado, y con pinta de haberse pasado toda su vida unido a aquella estructura metálica con ruedas. Así medio en broma les hice entender que no importaba que me sacaran diecisiete fotos, en esos momentos me daba igual una que ochenta, y que si querían podíamos cambiar de montura. Para mi sorpresa, Lin, una de las chinas (las otras eran Min y Dan Kao o algo así quise entender), me dijo que sí que le bajara el sillín un poco y ella llevaría la bici y yo la moto. Sólo fue por un kilómetro o quizás menos pero creo que es la primera vez que alguien se monta en Katanka con equipaje y para ser una china que no pesaría más de cuarenta kilos no lo hizo nada mal. Por mi parte, recorrer un kilómetro más o menos no me iba a cambiar la vida aunque he de reconocer que en moto se hace menos esfuerzo.
a un valle y este a su vez cede el nombre a un pueblo. El nombre del pueblo originalmente era algo mucho más complicado que no recuerdo pero todo el mundo lo conoce como Pai. Hace veinticinco años ni siquiera había carretera asfaltada para llegar a este valle, era uno de esos lugares remotos, hermosos y poco conocidos, hasta que un tipo que se dedicaba a viajar por Asia y escribir para la Lonely Planet decidió que el valle era el más bonito de Tailandia y el lugar uno de los imprescindibles para ser visitado en un viaje por Tailandia. Ahora, el valle sigue siendo muy bonito, con sus cascadas por doquier, campos de arroz, el río, aguas termales naturales, un cañón formado por la erosión del terreno, y todos los lugares pintorescos que se puedan imaginar. El pueblo, sin embargo, ha cambiado para ser más una agrupación de casas de huéspedes, hoteles, restaurantes y agencias de viajes que una población en sí misma. A pesar de ser temporada baja, estaba plagado de turistas, en esta zona se unen los chinos a los ya conocidos rubios occidentales. A pesar de esto, la vida transcurre lentamente en este lugar y sigue teniendo mucho encanto e infinidad de puntos de interés.
Me sorprendió encontrar en algunas de las agencias de viajes que ofrecen paseos en elefante, motos de alquiler, visitas a los pueblos de la zona, rutas guiadas por el monte y billetes de autobús, que también ofrecían el viaje directamente a Luang Prabang. Es decir, te organizan una furgoneta hasta la frontera de Laos y de allí el barco por el Mekong hasta Luang Prabang. Me pareció una locura, ese viaje a mí me llevaría varias semanas hacerlo y seguramente cambiaría de rumbo entre dos y tres veces en el camino y sin embargo allí había gente que se iba en un par de días de uno a otro lugar. No es sólo una cuestión de distancias, es un cambio cultural enorme aunque hay que reconocer que los dos son dos sitios en los que sacar bonitas fotos. Me acordé de unas chicas argentinas que nos dijeron en Bali que estaban viajando por un mes y que “sólo” iban a visitar tres países ya que de lo contrario no les daba tiempo a conocerlos bien. Lamentablemente nos movemos cada vez más hacia ese tipo de viajes y personalmente me parece una pena aunque entiendo perfectamente que ocurra.
Bueno, llegó el momento de hacer una pausa. Regreso a España este mismo viernes y me quedaré allí hasta que Grecia salga del Euro o hasta el dos de septiembre. Katanka se queda en Chiang Mai desde donde seguiremos pedaleando a partir de entonces. Me vendrá bien el descanso, ver a los seres queridos y dejar que pase el monzón. Quizás escriba algo desde el hogar aunque no prometo nada.
Desde Ayutthaya a Chiang Mai hay más de seiscientos kilómetros y cualquier medio de transporte tarda al menos doce horas en recorrer la distancia que separa estos dos destinos. No es que no haya nada en el camino entre una y otra ciudad, es simplemente que lo que hay no me parece demasiado interesante. Con estas perspectivas, decidí que lo mejor era que esta vez nos moviéramos en un tren nocturno. El tren salió a las ocho de la noche de Ayutthaya y llegó a las ocho y media de la mañana a Chiang Mai con todo el día por delante y la distancia ya resuelta. Katanka fue, esta vez, en el vagón de las mercancías que por otra parte debería ser lo normal y no la excepción. Tener nombre no hace que deje de ser una bicicleta aunque no lo parezca.
“nómadas digitales”. Se trata de gente que se dedica a trabajos relacionados con internet y que trabajan siempre en remoto, es decir, trabajan desde donde quiera que se encuentren y entregan sus trabajaos a través de la red haciendo uso de eso que todavía llamamos nuevas tecnologías. El modelo no parece malo y Chiang Mai, al parecer, ofrece todo lo que este modo de vida y trabajo requiere, buen clima, buena conexión a internet y buena comunicación para viajar en los ratos de menos trabajo. Además en Chiang Mai puedes pasar en unos metros de un restaurante local con su comida típica de la zona y muy barata al restaurante tipo occidental con pizzas, hamburguesas o costillar de cerdo asado a la barbacoa, no me digáis cómo me he enterado de esto pero me he enterado bien. Según he oído, algunos de los mejores diseñadores web y profesionales del sector de la publicidad digital se están asentando en esta ciudad creando un nido de cerebros y de oportunidades para desarrollar o
trabajar en algún proyecto online. Esta es una idea que me lleva tiempo rondando en la cabeza y que espero poder avanzar en los próximos meses. No tiene porqué ser desde Chiang Mai pero la filosofía que hay detrás de todo esto me parece bastante positiva y con amplias posibilidades en el futuro de España y en plena efervescencia en el resto del mundo occidental. Sé que en España, donde hay gente que mira su Facebook en la oficina para no irse a casa antes que su jefe y otros que envían correos a las doce de la noche de un domingo para guardar esa apariencia de compromiso total con la empresa, esto suena a ciencia ficción y está muy lejos el día en que ese malsano deporte nacional llamado envidia permita combinar formas de trabajar dispares dentro de la misma empresa. El trabajo de calidad no tiene necesariamente que ocupar mucho tiempo y una gran idea no cambia por el hecho de que la tengas mientras ojeas el marca en la oficina o esperas en tu tabla para coger la próxima ola en una playa de Martinica.
mil habitantes con un centro histórico relativamente pequeño y muy distinguible por estar rodeado de los restos de una muralla de ladrillo y un canal muy parecido a los fosos de los castillos medievales. Dentro del recinto amurallado se encuentran los principales monumentos y un montón de restaurantes, hoteles, agencias de viajes, bares, alquiler de medios de transporte y todo lo que siempre rodea a los destinos turísticos. No hay mucho tráfico y el entramado de callejuelas es complejo y crea una especie de laberinto donde perderse y huir por unos momentos del constante tráfico rodado en las ciudades de Tailandia. Alrededor de este centro histórico se pueden encontrar algunos barrios bastante interesantes con sus mercados y puntos de interés menos concentrados que en el centro aunque también atractivos.
En uno de los templos del centro de Chiang Mai me encontré con que había un monje explicando la filosofía detrás del budismo y contestando a las preguntas de algunos turistas que se iban sentando alrededor del monje. Allí me quedé un rato a escuchar lo que se estaba comentando. Las preguntas son sobre las horas que dedican a la meditación y en qué piensan o qué repiten. Las explicaciones son acerca del punto medio y hacer el bien a los demás y todas esas cosas que no son exclusivas del budismo, sino más bien algo común a todas las religiones y que tiende a ser obviadas en el día a día cuando no te queda tiempo entre meditación y rezos para hacer el bien a los demás, por no comentar que no siquiera te hace falta, irás al cielo de todas formas ya que has rezado mucho y eso es la clave. ¿O no? De los sentimientos mejor no hablar, preguntado por sus sentimientos hacía los musulmanes, el monje no supo decirme nada que no me pueda contestar cualquier paisano encontrado en la calle, no habló de perdón, o comprensión, o conciliación, sino más bien de considerar el pasado como pasado y así esquivar con estilo budista la pregunta. Los curas y los monjes deben ser seleccionados de una forma muy parecida, en mi opinión.
de la ciudad casi desde cualquier parte. Con este panorama en mente os podéis imaginar que no podíamos dejar de hacer una visita a la montaña. El martes salimos pronto por la mañana para subir al templo de Doi Su Thep que está a unos veinte kilómetros de la ciudad. Mucha gente sube en bicicleta a este templo por las mañanas, puedes ver turistas, algún ciclo turista, paisanos de Chiang Mai y muchos occidentales asentados en la ciudad que gustan de hacer deporte por la mañana. Es un ambiente fantástico, y viene muy bien ir encontrando compañeros de ruta en los once kilómetros de subida hasta el templo. Ver a los que van más deprisa que tú te sorprende y te motiva a seguir mejorando y pasar a alguno más lento te alegra un poco el día. Como yo no tengo obligaciones, y nos sentíamos bien, seguimos subiendo por otros seis kilómetros y luego tomamos un camino para todoterrenos para bajar hasta un lago a unos ocho kilómetros al norte de Chiang Mai. Una ruta muy bonita
y divertida de no ser porque volvimos a pinchar dos veces. Más adelante descubrí que no se trata sólo de que el material del calzado que usa Katanka es de una calidad lamentable, pero esta es otra historia acerca de nuestro viaje al norte. Escribo desde Pai, os contaré el viaje y lo que por aquí me estoy encontrando en otra entrada.
Escribo esto desde el aeropuerto de Don Muedang de Bangkok mientras espero a que llegue Ana ya que mañana sábado salimos a primera hora para Bali. De momento no voy a poder publicarlo hoy, así que lo haré en cuanto tenga conexión decente. Como siempre, no estoy seguro de cuándo será, espero que no se demore demasiado. Ha pasado casi una semana desde que dejé a Agur y Elena en el otro aeropuerto de Bangkok y, como no me daba mucho tiempo a viajar con Katanka y además tenía algunas cosas que hacer en la embajada de España en Bangkok, me he pasado la semana atrapado entre el tráfico, la polución, el ruido y el ajetreo de esta inmensa ciudad.
humana que se genera alrededor de los turistas en la capital. Aquí nos juntamos todos, los que llevan un día de viaje, los que hacen escala para ir a una playa, los que están dando la vuelta al mundo, los cooperantes en escapada de sus obligaciones, los occidentales que se han instalado y yo. Katanka no ha venido, espero que siga bien y descansando donde la dejé. Hay ciertas zonas y monumentos señalados donde todo está organizado alrededor del turista y, quién más quién menos, está al acecho para ver si consigue sacar algunos cuartos al sudoroso visitante que pasea con su palo de selfís en una mano y el plano turístico de Bangkok en la otra. Tiene la ventaja este país de que, cuando te están cobrando lo que en términos locales sería, no sólo un precio abusivo. sino un robo en toda regla, a ti te sigue pareciendo que es muy barato y, como estás cansado, sudado y no tienes mucho tiempo para discusiones, te dejas engañar tan ricamente o te cabreas mucho y te engañan igual. Opciones tienes.
Dediqué un día a hacer turismo de ese de mapa y palo (yo no llevo palo pero estaba rodeado de ellos) y me fui a ver el Grand Palace. El Grand Palace era antiguamente la residencia del rey que ahora sólo viene en ocasiones especiales. En el recinto, aparte del palacio real, hay varios templos que se construyeron a partir de 1782. Los edificios son bastante singulares y, desde luego, los tienen en perfecto estado de revista para los turistas. Hay un par de budas importantes, el buda de esmeralda que trajeron de Chang Rai previo paso por Luang Prabang (Laos) y el buda reclinado que es una imagen de un buda tumbado de más de cuarenta metros de largo. La visita merece la pena aunque se hace realmente pesada con la saturación de visitantes y el calor. Parece ser que cuando el rey de turno por entonces, que creo era el Rama IV (vamos por el IX), decidió construirse el palacio y lo que lo rodea tuvo que echar a unos cuantos chinos que se habían acomodado en la zona. Los movió a lo que ahora es el barrio chino
de Bangkok. Visitando el barrio chino, te das cuenta de que los chinos tienen esa capacidad de colonizar que pocas razas humanas y casi ninguna especie animal pueden igualar. Por cierto, el rey de Tailandia es, según creo, el regente con más tiempo en el puesto, lleva la friolera de 69 años que cumplió precisamente el 9 de junio. El señor tiene 88 años aunque nadie lo diría viendo las fotos que de él abundan por todos lados.
Como me he tenido que desplazar por la ciudad por varios asuntos, he tenido ocasión de probar casi todos los medios de transporte de la ciudad. Lo que más he usado es el bus, los autobuses son como pequeños negocios familiares en tránsito y subvencionados por el ayuntamiento. El conductor viaja con su mujer o algún familiar, sospecho que el autobús es propio o licenciado; cobran muy barato los billetes y pasan informe a unos oficiales que están en las estaciones de cada línea. La estación de línea no es otra cosa que una garita de uno por uno con un oficial dentro y un escribano fuera que anota los viajes y tiempos de cada bus familiar. Algunos autobuses tiene aire acondicionado y otros simplemente tienen techo y algunas ventanas que se abren y unos ventiladores colocados aleatoriamente en el techo. Es lento debido a los atascos y no muy cómodo. Se paga diferente según el número de paradas que se recorren lo cual complica mucho las cosas si no sabes dónde vas ni hablas el idioma aunque en el peor de los casos pagarás el equivalente a cincuenta céntimos.
conectadas con lo que es un medio que no usa casi nadie. El metro es una infraestructura moderna, amplia y limpia que tiene el inconveniente comentado y el de que las estaciones no llegan a ningún lugar accesible caminando, desde las estaciones hay que jugarse la vida cruzando carreteras o subir pasos elevados o pagar a una moto o tuctuc para que te lleve al destino final. Parece que el metro está creciendo aunque sospecho que la ciudad crece más deprisa. La prioridad, como en todo transporte público, es para los monjes, ancianos, discapacitados, embarazadas y niños, por ese orden.
Hay líneas de tren elevado que funcionan bastante bien. Hay infinidad de taxis, moto taxi y tuctuc que trabajan casi de forma constante, con los locales para sobrevivir y con turistas para algún capricho. Las bicicletas no abundan, es muy complicado y ciertamente peligroso desplazarse en bici por esta ciudad. Tienes la sensación de que van todos en contra de las bicis, los autobuses las pitan, los taxis las acorralan, las motos las acechan como si fueran sus presas y a los peatones no les hace gracia que el medio metro de acera que queda entre la pared y el asfalto, después de colocar los cubos de basura, los tenderetes de comida, de ropa, de café o de frutas, los cuadro de la luz, las farolas, los postes de luz, la silla de descanso de los trabajadores de un comercio y algún que otro mendigo, sea invadido por un ser humano y su bicicleta. Es por esto que Katanka se ha quedado en Ayutthaya estos días y seguirá hasta que regresemos de Bali.