Después de un par de días en Chiang Mai nos fuimos hacia Pai que está algo más al norte, en una zona que se supone es menos conocida y con montañas y valles. El trayecto de Chiang Mai a Pai es de 130 kms y la primera idea era hacerlo en dos días aunque luego resultó que se puede hacer en un día a pesar de los problemas mecánicos. Durante el viaje de ida tuvimos tres pinchazos que conseguimos ir solventando sobre la marcha, todos en la rueda delantera de Katanka y todos comenzando muy poco a poco. Al reparar los pinchazos revisé la cubierta, lo hicieron dos mecánicos de talleres que encontramos por el camino y no vimos nada raro hasta el día siguiente cuando al ir a reparar una cámara de repuesto y la puesta que también estaba pinchada miramos con lupa la zona del pinchazo y encontramos una espina tan pequeña que no se veía por fuera ni se podía palpar por dentro de la cubierta. La espina en cuestión es la responsable de, al menos, cinco pinchazos y varios quebraderos de cabeza. Es la típica “espina en el camino”.
La ruta hasta Pai discurre por una zona muy
montañosa, subimos de 400 a 1400 metros con varios puertos intermedios que hay que subir para luego perder cota de nuevo y tener que remontar otra vez. Es mucho más divertido que ir por zonas llanas y es más duro también, yo diría que, en conjunto, merece mucho la pena. El clima es ahora benigno, las nubes cubren el cielo casi todo el día, y llueve de forma suave frecuentemente. A veces tenemos tormentas que ya no son seguidas de un sol espléndido sino que el cielo se mantiene gris mucho más tiempo. Se acerca el monzón y, según tengo entendido, el clima evolucionará a muy lluvioso en breve. La parte positiva, es que no hace calor sofocante, y menos aún en las alturas, así que se puede andar en bici todo el día, cosa que antes era imposible. En la parte negativa está que los paisajes son más lóbregos y no se aprecia el verde intenso de la vegetación de la zona como ocurriría con un día soleado.
La jornada
se me hizo eterna. Salí a las cinco y media de la mañana de Chiang Mai y llegué a las cinco y media de la tarde a Pai. Con tanta parada para reparar pinchazos e hidratarme, el día se me fue pedaleando. Cuando casi estaba llegando a Pai, se pararon dos motos a mi lado, una con una china y la otra con dos. A las criaturas aquellas les pareció muy pintoresco ver a un tipo en una bici, todo sudado, y con pinta de haberse pasado toda su vida unido a aquella estructura metálica con ruedas. Así medio en broma les hice entender que no importaba que me sacaran diecisiete fotos, en esos momentos me daba igual una que ochenta, y que si querían podíamos cambiar de montura. Para mi sorpresa, Lin, una de las chinas (las otras eran Min y Dan Kao o algo así quise entender), me dijo que sí que le bajara el sillín un poco y ella llevaría la bici y yo la moto. Sólo fue por un kilómetro o quizás menos pero creo que es la primera vez que alguien se monta en Katanka con equipaje y para ser una china que no pesaría más de cuarenta kilos no lo hizo nada mal. Por mi parte, recorrer un kilómetro más o menos no me iba a cambiar la vida aunque he de reconocer que en moto se hace menos esfuerzo.
Pai es el nombre de un río que a su vez da nombre
a un valle y este a su vez cede el nombre a un pueblo. El nombre del pueblo originalmente era algo mucho más complicado que no recuerdo pero todo el mundo lo conoce como Pai. Hace veinticinco años ni siquiera había carretera asfaltada para llegar a este valle, era uno de esos lugares remotos, hermosos y poco conocidos, hasta que un tipo que se dedicaba a viajar por Asia y escribir para la Lonely Planet decidió que el valle era el más bonito de Tailandia y el lugar uno de los imprescindibles para ser visitado en un viaje por Tailandia. Ahora, el valle sigue siendo muy bonito, con sus cascadas por doquier, campos de arroz, el río, aguas termales naturales, un cañón formado por la erosión del terreno, y todos los lugares pintorescos que se puedan imaginar. El pueblo, sin embargo, ha cambiado para ser más una agrupación de casas de huéspedes, hoteles, restaurantes y agencias de viajes que una población en sí misma. A pesar de ser temporada baja, estaba plagado de turistas, en esta zona se unen los chinos a los ya conocidos rubios occidentales. A pesar de esto, la vida transcurre lentamente en este lugar y sigue teniendo mucho encanto e infinidad de puntos de interés.
Me sorprendió encontrar en algunas de las agencias de viajes que ofrecen paseos en elefante, motos de alquiler, visitas a los pueblos de la zona, rutas guiadas por el monte y billetes de autobús, que también ofrecían el viaje directamente a Luang Prabang. Es decir, te organizan una furgoneta hasta la frontera de Laos y de allí el barco por el Mekong hasta Luang Prabang. Me pareció una locura, ese viaje a mí me llevaría varias semanas hacerlo y seguramente cambiaría de rumbo entre dos y tres veces en el camino y sin embargo allí había gente que se iba en un par de días de uno a otro lugar. No es sólo una cuestión de distancias, es un cambio cultural enorme aunque hay que reconocer que los dos son dos sitios en los que sacar bonitas fotos. Me acordé de unas chicas argentinas que nos dijeron en Bali que estaban viajando por un mes y que “sólo” iban a visitar tres países ya que de lo contrario no les daba tiempo a conocerlos bien. Lamentablemente nos movemos cada vez más hacia ese tipo de viajes y personalmente me parece una pena aunque entiendo perfectamente que ocurra.
Bueno, llegó el momento de hacer una pausa. Regreso a España este mismo viernes y me quedaré allí hasta que Grecia salga del Euro o hasta el dos de septiembre. Katanka se queda en Chiang Mai desde donde seguiremos pedaleando a partir de entonces. Me vendrá bien el descanso, ver a los seres queridos y dejar que pase el monzón. Quizás escriba algo desde el hogar aunque no prometo nada.
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Desde Ayutthaya a Chiang Mai hay más de seiscientos kilómetros y cualquier medio de transporte tarda al menos doce horas en recorrer la distancia que separa estos dos destinos. No es que no haya nada en el camino entre una y otra ciudad, es simplemente que lo que hay no me parece demasiado interesante. Con estas perspectivas, decidí que lo mejor era que esta vez nos moviéramos en un tren nocturno. El tren salió a las ocho de la noche de Ayutthaya y llegó a las ocho y media de la mañana a Chiang Mai con todo el día por delante y la distancia ya resuelta. Katanka fue, esta vez, en el vagón de las mercancías que por otra parte debería ser lo normal y no la excepción. Tener nombre no hace que deje de ser una bicicleta aunque no lo parezca.
“nómadas digitales”. Se trata de gente que se dedica a trabajos relacionados con internet y que trabajan siempre en remoto, es decir, trabajan desde donde quiera que se encuentren y entregan sus trabajaos a través de la red haciendo uso de eso que todavía llamamos nuevas tecnologías. El modelo no parece malo y Chiang Mai, al parecer, ofrece todo lo que este modo de vida y trabajo requiere, buen clima, buena conexión a internet y buena comunicación para viajar en los ratos de menos trabajo. Además en Chiang Mai puedes pasar en unos metros de un restaurante local con su comida típica de la zona y muy barata al restaurante tipo occidental con pizzas, hamburguesas o costillar de cerdo asado a la barbacoa, no me digáis cómo me he enterado de esto pero me he enterado bien. Según he oído, algunos de los mejores diseñadores web y profesionales del sector de la publicidad digital se están asentando en esta ciudad creando un nido de cerebros y de oportunidades para desarrollar o
trabajar en algún proyecto online. Esta es una idea que me lleva tiempo rondando en la cabeza y que espero poder avanzar en los próximos meses. No tiene porqué ser desde Chiang Mai pero la filosofía que hay detrás de todo esto me parece bastante positiva y con amplias posibilidades en el futuro de España y en plena efervescencia en el resto del mundo occidental. Sé que en España, donde hay gente que mira su Facebook en la oficina para no irse a casa antes que su jefe y otros que envían correos a las doce de la noche de un domingo para guardar esa apariencia de compromiso total con la empresa, esto suena a ciencia ficción y está muy lejos el día en que ese malsano deporte nacional llamado envidia permita combinar formas de trabajar dispares dentro de la misma empresa. El trabajo de calidad no tiene necesariamente que ocupar mucho tiempo y una gran idea no cambia por el hecho de que la tengas mientras ojeas el marca en la oficina o esperas en tu tabla para coger la próxima ola en una playa de Martinica.
mil habitantes con un centro histórico relativamente pequeño y muy distinguible por estar rodeado de los restos de una muralla de ladrillo y un canal muy parecido a los fosos de los castillos medievales. Dentro del recinto amurallado se encuentran los principales monumentos y un montón de restaurantes, hoteles, agencias de viajes, bares, alquiler de medios de transporte y todo lo que siempre rodea a los destinos turísticos. No hay mucho tráfico y el entramado de callejuelas es complejo y crea una especie de laberinto donde perderse y huir por unos momentos del constante tráfico rodado en las ciudades de Tailandia. Alrededor de este centro histórico se pueden encontrar algunos barrios bastante interesantes con sus mercados y puntos de interés menos concentrados que en el centro aunque también atractivos.
En uno de los templos del centro de Chiang Mai me encontré con que había un monje explicando la filosofía detrás del budismo y contestando a las preguntas de algunos turistas que se iban sentando alrededor del monje. Allí me quedé un rato a escuchar lo que se estaba comentando. Las preguntas son sobre las horas que dedican a la meditación y en qué piensan o qué repiten. Las explicaciones son acerca del punto medio y hacer el bien a los demás y todas esas cosas que no son exclusivas del budismo, sino más bien algo común a todas las religiones y que tiende a ser obviadas en el día a día cuando no te queda tiempo entre meditación y rezos para hacer el bien a los demás, por no comentar que no siquiera te hace falta, irás al cielo de todas formas ya que has rezado mucho y eso es la clave. ¿O no? De los sentimientos mejor no hablar, preguntado por sus sentimientos hacía los musulmanes, el monje no supo decirme nada que no me pueda contestar cualquier paisano encontrado en la calle, no habló de perdón, o comprensión, o conciliación, sino más bien de considerar el pasado como pasado y así esquivar con estilo budista la pregunta. Los curas y los monjes deben ser seleccionados de una forma muy parecida, en mi opinión.
de la ciudad casi desde cualquier parte. Con este panorama en mente os podéis imaginar que no podíamos dejar de hacer una visita a la montaña. El martes salimos pronto por la mañana para subir al templo de Doi Su Thep que está a unos veinte kilómetros de la ciudad. Mucha gente sube en bicicleta a este templo por las mañanas, puedes ver turistas, algún ciclo turista, paisanos de Chiang Mai y muchos occidentales asentados en la ciudad que gustan de hacer deporte por la mañana. Es un ambiente fantástico, y viene muy bien ir encontrando compañeros de ruta en los once kilómetros de subida hasta el templo. Ver a los que van más deprisa que tú te sorprende y te motiva a seguir mejorando y pasar a alguno más lento te alegra un poco el día. Como yo no tengo obligaciones, y nos sentíamos bien, seguimos subiendo por otros seis kilómetros y luego tomamos un camino para todoterrenos para bajar hasta un lago a unos ocho kilómetros al norte de Chiang Mai. Una ruta muy bonita
y divertida de no ser porque volvimos a pinchar dos veces. Más adelante descubrí que no se trata sólo de que el material del calzado que usa Katanka es de una calidad lamentable, pero esta es otra historia acerca de nuestro viaje al norte. Escribo desde Pai, os contaré el viaje y lo que por aquí me estoy encontrando en otra entrada.
El viernes 12 de junio, después de casi una semana de espera sobre el horario previsto, llegó Ana al aeropuerto de Don Muang en Bangkok. Su vuelo llegaba a las once de la noche y salíamos a las seis de la mañana para Bali así que ni nos molestamos en salir del aeropuerto, cenamos algo en uno de los dos restaurantes que hay en el aeropuerto de Don Muang y nos tiramos en la primera esquina a dormir al lado de un enchufe donde nuestros móviles recuperaban batería un poco más deprisa de lo que lo hacíamos nosotros mismos.
Indonesia, es un destino turístico de primera magnitud. En cuanto llegas a la isla te resulta muy sencillo imaginar los motivos que mueven a tanta gente a elegir este destino para sus vacaciones, bodas o lunas de miel. El clima es prácticamente constante todo el año, con una temperatura máxima de alrededor de treinta grados y mínimas que no bajan de los venticuatro grados. Las infraestructuras para el turismo son impecables, los hoteles no son caros y todos están muy bien. La gente es muy amable y siempre hay alguien dispuesto a ofrecerte un plan para visitar X o Y o para realizar todo tipo de deportes o rutas ya sea andando, en bici, en moto, en coche o en barco.
Hay un punto que resulta un poco agotador, sobre todo si ya llevas bastante tiempo en viaje, como es el caso; en los lugares más turísticos es imposible dar un paso sin que alguien te pare para que visites su tienda de suvenires, de telas, de ropa, de tallas de madera, de cerámica, de bisutería, de plata o de lo que sea. Tampoco faltan aquellos que te ofrecen taxi, moto, alquiler de lo que se te ocurra, espectáculo de danza, masaje, comida, bebida, y cosas mucho peores. Pasear por los lugares más turísticos resulta, en este sentido, agotador. Al principio te mantienes simpático, respondiendo a casi todas las ofertas de forma amable pero llega un momento en que ya no puedes seguir siendo amable y de ahí pasas a ser irónico, despectivo y hasta puede que maleducado. Son los efectos de setecientas invitaciones, llamadas o sugerencias por hora en el ser humano, está demostrado, hay quién tarda unos minutos en pasar de todo y otros aguantan horas, lo que está claro es que todo el mundo llega a su límite si le expones a este tratamiento. La verdad es que no creo que se deba culpar a unos ni a otros, simplemente ser conscientes de lo que hay, y actuar en consecuencia. Me llamó la atención descubrir una aplicación que te sugiere lugares poco transitados o menos visitados, alguien vio el negocio generado por estas situaciones antes que yo.
lo que, supongo, hace la mayoría de la gente en viaje por la isla y con el tiempo limitado. Nos hemos movido entre Kuta, Seminyak y Ubud como bases y hemos visitado las playas del sur, los acantilados de Uluwatu, los arrozales y campos frutales del norte, el volcán de Batur y algunas cosas más por el camino. Nos movimos toda la semana con una motocicleta que, es la forma más sencilla de transporte, y te permite parar dónde te apetece y no depender de terceros. Hemos hecho surf, subido en un paracaídas atado a una barca y a un elemento tipo colchoneta flotante que también volaba al ser arrastrado por una barca a toda velocidad y en contra del viento.
Lo mejor de todo, el surf. No pensaba yo que iba a practicar este deporte, entretenimiento más bien para nosotros, a estas alturas y ya veis, fue todo un éxito. Conseguimos ponernos sobre la tabla el primer día y hasta coger alguna ola de forma semi-decente y sobre todo pasar un rato muy divertido. No comento las agujetas que provoca, los moratones, raspones y la cantidad de agua que tragas, eso son los peajes que hay que pagar.
y conocer un poco más de, la que dicen, es la mejor parte de Tailandia. Sólo estaré unos días más y el dos de julio regreso a España a descansar un poco del viaje y recargar las pilas. Estos meses son los de más lluvias por la zona y además no me vendrá mal recuperar fuerzas para regresar en septiembre con nuevas energías y seguir pedaleando y disfrutando del viaje.
Escribo esto desde el aeropuerto de Don Muedang de Bangkok mientras espero a que llegue Ana ya que mañana sábado salimos a primera hora para Bali. De momento no voy a poder publicarlo hoy, así que lo haré en cuanto tenga conexión decente. Como siempre, no estoy seguro de cuándo será, espero que no se demore demasiado. Ha pasado casi una semana desde que dejé a Agur y Elena en el otro aeropuerto de Bangkok y, como no me daba mucho tiempo a viajar con Katanka y además tenía algunas cosas que hacer en la embajada de España en Bangkok, me he pasado la semana atrapado entre el tráfico, la polución, el ruido y el ajetreo de esta inmensa ciudad.
humana que se genera alrededor de los turistas en la capital. Aquí nos juntamos todos, los que llevan un día de viaje, los que hacen escala para ir a una playa, los que están dando la vuelta al mundo, los cooperantes en escapada de sus obligaciones, los occidentales que se han instalado y yo. Katanka no ha venido, espero que siga bien y descansando donde la dejé. Hay ciertas zonas y monumentos señalados donde todo está organizado alrededor del turista y, quién más quién menos, está al acecho para ver si consigue sacar algunos cuartos al sudoroso visitante que pasea con su palo de selfís en una mano y el plano turístico de Bangkok en la otra. Tiene la ventaja este país de que, cuando te están cobrando lo que en términos locales sería, no sólo un precio abusivo. sino un robo en toda regla, a ti te sigue pareciendo que es muy barato y, como estás cansado, sudado y no tienes mucho tiempo para discusiones, te dejas engañar tan ricamente o te cabreas mucho y te engañan igual. Opciones tienes.
Dediqué un día a hacer turismo de ese de mapa y palo (yo no llevo palo pero estaba rodeado de ellos) y me fui a ver el Grand Palace. El Grand Palace era antiguamente la residencia del rey que ahora sólo viene en ocasiones especiales. En el recinto, aparte del palacio real, hay varios templos que se construyeron a partir de 1782. Los edificios son bastante singulares y, desde luego, los tienen en perfecto estado de revista para los turistas. Hay un par de budas importantes, el buda de esmeralda que trajeron de Chang Rai previo paso por Luang Prabang (Laos) y el buda reclinado que es una imagen de un buda tumbado de más de cuarenta metros de largo. La visita merece la pena aunque se hace realmente pesada con la saturación de visitantes y el calor. Parece ser que cuando el rey de turno por entonces, que creo era el Rama IV (vamos por el IX), decidió construirse el palacio y lo que lo rodea tuvo que echar a unos cuantos chinos que se habían acomodado en la zona. Los movió a lo que ahora es el barrio chino
de Bangkok. Visitando el barrio chino, te das cuenta de que los chinos tienen esa capacidad de colonizar que pocas razas humanas y casi ninguna especie animal pueden igualar. Por cierto, el rey de Tailandia es, según creo, el regente con más tiempo en el puesto, lleva la friolera de 69 años que cumplió precisamente el 9 de junio. El señor tiene 88 años aunque nadie lo diría viendo las fotos que de él abundan por todos lados.
Como me he tenido que desplazar por la ciudad por varios asuntos, he tenido ocasión de probar casi todos los medios de transporte de la ciudad. Lo que más he usado es el bus, los autobuses son como pequeños negocios familiares en tránsito y subvencionados por el ayuntamiento. El conductor viaja con su mujer o algún familiar, sospecho que el autobús es propio o licenciado; cobran muy barato los billetes y pasan informe a unos oficiales que están en las estaciones de cada línea. La estación de línea no es otra cosa que una garita de uno por uno con un oficial dentro y un escribano fuera que anota los viajes y tiempos de cada bus familiar. Algunos autobuses tiene aire acondicionado y otros simplemente tienen techo y algunas ventanas que se abren y unos ventiladores colocados aleatoriamente en el techo. Es lento debido a los atascos y no muy cómodo. Se paga diferente según el número de paradas que se recorren lo cual complica mucho las cosas si no sabes dónde vas ni hablas el idioma aunque en el peor de los casos pagarás el equivalente a cincuenta céntimos.
conectadas con lo que es un medio que no usa casi nadie. El metro es una infraestructura moderna, amplia y limpia que tiene el inconveniente comentado y el de que las estaciones no llegan a ningún lugar accesible caminando, desde las estaciones hay que jugarse la vida cruzando carreteras o subir pasos elevados o pagar a una moto o tuctuc para que te lleve al destino final. Parece que el metro está creciendo aunque sospecho que la ciudad crece más deprisa. La prioridad, como en todo transporte público, es para los monjes, ancianos, discapacitados, embarazadas y niños, por ese orden.
Hay líneas de tren elevado que funcionan bastante bien. Hay infinidad de taxis, moto taxi y tuctuc que trabajan casi de forma constante, con los locales para sobrevivir y con turistas para algún capricho. Las bicicletas no abundan, es muy complicado y ciertamente peligroso desplazarse en bici por esta ciudad. Tienes la sensación de que van todos en contra de las bicis, los autobuses las pitan, los taxis las acorralan, las motos las acechan como si fueran sus presas y a los peatones no les hace gracia que el medio metro de acera que queda entre la pared y el asfalto, después de colocar los cubos de basura, los tenderetes de comida, de ropa, de café o de frutas, los cuadro de la luz, las farolas, los postes de luz, la silla de descanso de los trabajadores de un comercio y algún que otro mendigo, sea invadido por un ser humano y su bicicleta. Es por esto que Katanka se ha quedado en Ayutthaya estos días y seguirá hasta que regresemos de Bali.
De Pattaya salimos pronto por la mañana ya que el sitio no nos pareció ninguna maravilla y los compañeros de viaje que por allí encontramos no eran de nuestro estilo por así decirlo. Pasamos por un pequeño pueblo de pescadores en el que dimos un paseo por el muelle. Los barcos de pescadores en Tailandia son muy coloridos y, en muchos casos, siguen siendo de madera y bambú pintados del color que más abunde en su momento. Me temo que la intención no es tanto decorar como proteger la madera y otros materiales de la fuerza erosiva y corrosiva del mar. Parece que hay cierta polémica con la sobreexplotación que Tailandia hace de los recursos marinos, no creo que sea gracias a los pescadores de este pueblo que eso esté ocurriendo.
La intuición se basaba en que, en Google Maps, se veían zonas blancas rodeadas de verde y junto al mar lo cual, como todo el mundo sabe, es un claro indicio de que se trata de una playa salvaje, de arena blanca, en una cala rodeada de vegetación y poco explotada. Nos costó un poco dar con la dirección correcta ya que en Maps está todo, hasta los caminos más estrechos y a veces no es el más corto el mejor camino. Sin embargo, Google no tiene en cuenta señalizar las barreras de control militar donde te piden dejar una documentación para darte un pase de acceso a la zona donde viven y hacen sus prácticas los miembros de ejército tailandés y nos encontramos con una que salvamos después de algunos
intercambios gestuales de impresiones. El caso es que después de superados los pequeños problemas llegamos a una playa salvaje, de arena blanca, en una cala rodeada de vegetación y poco explotada que era lo que estábamos buscando.
y que está a una distancia no muy grande de Bangkok lo que la convierte en destino de escapadas de fin de semana desde la capital. Nos alojamos en un resort estupendo con salida a la playa, piscina y jacuzzi en la piscina por la noche (hasta las diez).
Se suponía que el viernes se nos unía Ana que llegaba a Bangkok desde Yangon por la mañana. No sé si os habréis enterado del asunto de los Rohingya, pero el caso es que están repatriando algunos de los que se encontraban en el mar a la deriva sin ser acogidos por ningún país y con este panorama el viaje de Ana se ha visto cancelado. También hemos tenido que posponer el viaje que íbamos a hacer a Bali esta semana y ahora estoy en Bangkok en espera de noticias para decidir los próximos pasos. Con este cambio de situación decidimos aprovechar los dos últimos días de visita de Agur y Elena para ir a la isla de Koh Chang mucho mayor y un poco más alejada que la de Koh Samed.
alojamos en un resort en primera línea de playa, con piscina y este con playa privada (no vaya a ser que se complique…). La isla mide unos treinta kilómetros de largo por diez o así de ancho y en este caso las mejores playas estaban al este. Fuimos a ver una catarata que no tenía demasiada agua por ser el comienzo de la época de lluvias y visitamos algún pueblo y varias playas. Vida tranquila y reposada sin muchos contratiempos salvo un encuentro fortuito entre una medusa y la baja espalda de Agur que terminó con la medusa a la fuga y una marca roja intensa en sálvense las partes que Agur no dudó en enseñar en el bar, a la policía y en una clínica y que fue objeto de varias controversias clínicas antes de aplicar vinagre, grasa de
tigre y recetar unas pastillas de antiestamínicos. No ha habido daños físicos y aparentemente no se ha creado trauma aunque quizás deberíamos preguntar a las enfermeras de la clínica. Creo que todavía se estarán riendo.

Llegamos a Ayutthaya el sábado treinta de mayo tras un viaje en tren de ocho horas para cubrir una distancia de unos quinientos kilómetros. El tren en Tailandia es lento pero no es incómodo, no se mueve demasiado y a pesar de ir en vagones con ventiladores y ventanas abiertas para sofocar el calor no se sufre demasiado en este sentido. El revisor no me dejó llevar a Katanka atada en un lateral al lado de los asientos alegando que estos eran para que se sentaran los pasajeros. Su razón no le faltaba al buen señor pero es que resulta que el tren fue todo el viaje a mitad de capacidad y siempre había muchos asientos vacíos o al menos los había en el vagón que ocupábamos. Tuve que desmontar y colgar a Katanka en la repisa de encima de los asientos cosa que me pareció harto peligrosa para los pasajeros del tren, donde manda capitán, no manda marinero y la burra se ata donde diga el amo, aunque se ahorque.
En Ayutthaya pasé un par de días esperando la llegada de las turistas romanas. Pasé el día y medio de espera haciendo pequeños paseos por el parque histórico y viendo con calma los templos y descansando un poco en previsión de una semana de ajetreo. Agur y Elena sólo iban a estar una semana en Tailandia y se preveía una semana intensa para abarcar lo posible en el corto plazo. Al final ha resultado una semana de descanso y placer como luego veréis aunque eso no se sabía en ese momento. Aparte de esto busqué un alojamiento para Katanka durante los días que íbamos a viajar en grupo ya que no era cuestión de ir yo en bici y las intrépidas viajeras en medios más contaminantes y rápidos.
la época colonial menos destacados. Una vez llegaron los refuerzos, alquilamos un tuctuc por unas horas para ir de un templo a otro. Hicimos la visita de once a dos de la tarde, en las horas de más calor y además ahora sigue haciendo mucho calor sólo que encima hay bastante más humedad que hace un par de meses por las tormentas que empiezan a presagiar el comienzo del monzón con lo que hicimos la visita usando paraguas para evitar el sol que caía de pleno y sudando como pollos. El objetivo estaba claro, llegar a una playa lo antes posible.
ya está al este de Bangkok y es la zona de playas más cercana a la capital. Es por tanto un destino fácil para visitas relámpago a Tailandia y un destino socorrido para muchos turistas y algunos locales que salen del ruido de la gran ciudad durante fines de semana o vacaciones cortas. Es además un centro dedicado al turismo sexual, la densidad de mujeres ofreciendo una especie de masaje que no es el tailandés precisamente es, a todo punto, excesiva. La cantidad de señores de cierta edad, calvos o canosos, con sus barrigas, pantalón bermuda, camiseta y aire de estar disfrutando de los privilegios que otorga ser occidental en este mundo y aprovechándose de la desgracia que supone para la mayoría de la humanidad haber nacido con poco o nada es también impresionante incluso en esta época del año en que se supone que estamos en temporada baja. Nosotros formábamos un grupo extraño en el tinglado que hay montado en Pattaya y creo que me libré de muchas invitaciones interesadas gracias a la compañía feme
nina de la que hacía gala. Nos vieron Papinta de ser público de escenas pornográficas de cabina o de espectáculo con pelotas de ping-pong lanzadas o cartas escritas con partes insospechadas de la anatomía femenina y eso es lo que nos ofrecieron en varias ocasiones. Ocurre que el día que llegamos a Pattaya era un día señalado para los budistas en el que el consumo de alcohol está prohibido hasta las doce de la noche y recorrimos los locales de alterne en un estado de espera tranquila que supongo se alteraría a partir de las doce de la noche puesto que los camareros estaban velando armas en previsión de la refriega previsible.
e cenar. Escribo esto desde Bangkok donde no debería estar de acuerdo con el plan trazado aunque ya sabéis que hago planes para luego cambiarlos. En esta ocasión ha sido un cambio obligado por las circunstancias, nada grave que también os contaré en otro rato. No os dejo sin comentar que, en mi opinión, quien viene a este tipo de países a hacer turismo sexual es un ladrón aparte de otras consideraciones morales. Ladrones de valor ético y humano que pagan con dinero que sólo representa la diferencia de cuna entre unos y otros y que no tiene ninguna justificación. Confirma esto mi teoría de que el exceso de turistas estropea todo, vamos por ahí pagando por las personas cómo quién se alquila un parapente o una excursión en trineo. Triste y demasiado notorio y aceptado en la época en que vivimos y en la que nos jactamos de estar tan evolucionados.