Ayer llegamos en tren a Kyaikto y de ahí en bici unos quince kilómetros hasta Kin Pun Sakhan. Me habían hablado de este sitio como un centro de peregrinaje para los budistas, lo que no me habían contado es que es una locura no sé bien si religiosa o cultural o una mezcla de ambas. Nada más llegar me acerqué a una especie de terminal de camiones donde estaban cargando gente en los camiones, en bancos corridos de parte a parte de la caja del camión a razón de seis o siete si son pequeños por fila y nueve filas en un camión que apenas tendrá unos cinco metros de largo. Para cargar a la gente tienen montadas unas plataformas con escaleras a las que se suben más o menos como les va dando la gana. Completar un camión no es sencillo. Se trata de llenarlo a toda su capacidad sin dejar ni un hueco y como por aquí las familias son largas y además no se separan para montar en los camiones, los últimos lugares en el camión resultan difíciles de completar.
Una vez cargado completamente el camión este
parte hacia la montaña. En un punto intermedio, que creo que varía según el camión, se para a cobrar el billete. El coste por persona es de dos euros y medio ida y lo mismo la vuelta. Esto, que para nosotros no es dinero, se puede convertir en una pequeña inversión para una familia de birmanos de pongamos ocho personas. Además del billete están los costes de penitencia que diríamos, que consisten en arrojar billetes (pequeños, de menos de un euro) a una especie de cacerolas que portan unos charlatanes (no entiendo nada de lo que dicen obviamente) que se suben a los costados del camión cuando este para y cuentan una historia que parece indicar lo bien utilizado que será ese dinero y lo buenas personas que son los que lo dan libremente. Por supuesto esto no te exime de dejar algo más de dinero en las múltiples capillas que luego encontrarás y ya para nota te puedes comprar una pegatina dorada que anuncian como hoja de oro que puedes pegar a la roca de oro y que cuesta otros dos euros al cambio. Quiero pensar que si crees esta manera de tirar un dinero que no parece sobrarles al menos les hará sentirse bien que no es tan importante como comer pero no es baladí tampoco.
Cuando llegas a lo alto de la montaña vas encontrándote varias estampas. Primero lo que parece un mercado en el que te ofrecen cualquier cosa. Luego la entrada a la zona digamos sagrada, donde te tienes que quitar el calzado, y en cuya puerta hay unos arcos de seguridad que no creo que piten aunque vistas una armadura medieval. En la parte noble está todo alicatado con baldosas blancas y negras. Pronto estamos todos caminando sólo por las blancas ya que las negras se calientan demasiado con el sol. El elemento principal del templo es una roca muy grande que se ha quedado soportada sobre otra más grande aún en una situación que parece inestable aunque al parecer no lo es tanto ya que un pelo de Buda la sujeta y eso es mucha sujeción. La roca está completamente pintada de dorado y así ya tenemos el lugar sagrado. Habría
que plantearse montar un par de estos en La Pedriza. Por supuesto todo esto está rodeado de tiendas de suvenires, restaurantes, capillas, pequeños templos, tiendas de medicina birmana, puestos de comida, de bebida y cualquier cosa imaginable. No en vano calculo que suben más de diez mil personas cada día al monte sagrado de la roca de oro.
Mañana nos vamos en un bus a Yangon y ahí me tendré que separar unos días de Katanka para volar a Sittwe. Cerramos así la primera etapa del viaje. Ahora toca descansar para el Water Festival y luego seguiremos ruta.
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Parece que esta vez he dado con la puerta correcta. He llegado a las ocho o así a la frontera y después de que un amable policía me indicara que no tenía que hacer la cola como todo el mundo si no dirigirme a la ventanilla de no tailandeses ni birmanos (vamos la del resto del mundo que en este caso éramos claramente minoría) la cosa fue rodada. La policía de fronteras no tenía pinta de corrupta (tampoco sería la primera vez) y además han sido bastante amables sobre todo en el lado Birmano.
y aún con todo esto, el viaje ha sido como un bálsamo para mí. Hemos avanzado unos ciento cincuenta kilómetros que me permiten asegurar que el viernes llego a Yangon. De hecho, voy a visitar esta zona un poco más tranquilamente en la medida en que pueda. Esto me va a obligar a tirar de autobuses, barco y tren pero realmente no me importa mucho.
Hpa An está bañada por el río Thanlyin. Es un río muy ancho y del que sacan al menos pesca y arena para la construcción. Drenan el fondo del río con unos barcos no muy grandes y consiguen con mucho trabajo y esfuerzo sacar arena. El proceso es muy curioso, he pasado buena parte de la tarde observándolo.
ocho para rezar. Cualquiera que esté leyendo atentamente ahora es cuando preguntará por el octavo altar, ese para quién es. Resulta que es para los nacidos el miércoles por la noche algo que ellos llaman Yahoo o al menos así lo ha pronunciado el chico que me lo ha explicado. Es decir que si naces un miércoles por la noche ya te estas quitando las colas para los rezos, primera ventaja, y no sé qué más implicaciones tiene pero seguro que hay más. En el momento en que estaba visitando el templo no había mucha cola para rezar pero quién sabe si en las horas punta…
ya sólo lo hablaban los curas y dudo mucho que supieran bien lo que decían. Ahora el latín ha quedado para cuatro tipos raros como mi tío Chema y para que algunos se puedan lucir diciendo el nombre científico de algún árbol u algún elemento farmacéutico. Desconozco cuál será el final de este idioma budista. Atentos a las bicicletas con dos sitios para pasajeros, no tienen desperdicio.