Esta entrada la escribí el día siete de abril aunque no he podido publicarlo hasta hoy por los problemas de conexión.
Sigo viajando por el sur de Birmania (yo personalmente lo prefiero a Myanmar como nombre), he decidido aprovechar para visitar algunas cosas ahora que estoy por la zona. En principio el plan de hoy era subirnos Katanka y yo en un ferri que va desde Hpa An a Mawlamyine por el río Thanlwin, como hoy no había ferri hemos decidido hacer el camino sobre dos ruedas. Hemos madrugado como siempre y hoy eran sólo sesenta y cinco kilómetros y sobre todo no hay montaña así que hemos hecho el trayecto sin agotarnos ni que nos pegara el calor. Creo que a partir de ahora debería tener más cuidado con esto del calor, no me siento preparado para estar pedaleando a cuarenta grados que es lo que tenemos ahora a mediodía aproximadamente. Haremos rutas cortas y los trayectos complicados en tren o autobús o ferri o lo que sea.
A unos quince kilómetros de Hpa An hemos
visitado un templo que está al pié de una de estas montañas que parecen tal cual rocas puestas ahí por Buda o quién corresponda. Cuanto mayor es la roca, mayor el templo pero creo que no he visto todavía ninguna roca sin su templo correspondiente. Este era bastante normalito, lo que me ha llamado la atención ha sido el jardín que tenía antes de llegar al templo con un montón de figuras de Buda alineadas entre los arbustos que, con la neblina que había de buena mañana, tomaba un aspecto como fantasmal de película de terror. La primera impresión al verlo ha sido de sorpresa y susto a la vez.
Para llegar a Mawlamyine he tenido que cruzar un par de puentes sobre ríos muy caudalosos. Son, por tanto, puentes muy largos, con estructura metálica, y sustentados por cables. Cuando pasas por estos puentes no es que tengas la sensación de que el puente se mueve, es que se mueve y mucho. Además el piso es de metal también y hay zonas en las que está acanalado con huecos por los que justo cabe la rueda de Katanka. Sólo queda un paso relativamente estrecho por el que se puede ir con la bici y esto unido al movimiento hace que pasar los puentes sea como subirse a una atracción de feria. No soy yo muy de tiovivos así que no voy a decir que disfrute con el cruce de estos puentes.
Mawlamyine es la tercera cuidad de Birmania en tamaño. Es una cuidad fabulosa. Por una parte es como si el tiempo se hubiera parado en la época colonial. Por otra parte tiene algunos templos realmente llamativos. Tiene el río que aquí es casi el mar. Hay un mercado impresionante. Tiene un puente larguísimo de la época de las colonias. Tiene una catedral católica (también herencia de las colonias). Y, en particular, tiene ese encanto de los lugares remotos donde la vida parece estar desconectada de todo lo que nos tiene tan preocupados en el resto del mundo. Pasear por las calles de esta ciudad te deja esa sensación de haber retrocedido casi dos siglos en el tiempo, es fantástico. En esta ocasión voy a dejaros una serie de fotos de lugares de Mawlamyine creo que se explican mejor que yo.





He disfrutado de un atardecer maravilloso desde lo alto de una colina en la propia ciudad que es donde están los templos. El momento no tenía desperdicio. Cae la tarde, llega una brisa del mar que refresca un poco el ambiente, estás ahí sentado mirando a la puesta de sol, hay niños jugando que te miran inquisitivamente, sonríen y saludan. Momentos como estos son duros cuando viajas sólo, por no tener con quién compartirlos. Yo lo intento compartir con todos vosotros, espero que algo de esas sensaciones llegue.
Mañana tren. Nos vamos a Kyaikto desde donde nos acercaremos al Monte Kyaikhteeyoe o cómo quiera que se llame. Este creo que habrá que subirlo. Lo más probable es que lo hagamos Katanka y yo juntos pero son equipaje. No creo que habrá problemas para llegar el viernes a Yangon y coger un avión el sábado a Sittwe para pasar allí el Water Festival o lo que viene a ser el año nuevo para los birmanos.
Follow
Parece que esta vez he dado con la puerta correcta. He llegado a las ocho o así a la frontera y después de que un amable policía me indicara que no tenía que hacer la cola como todo el mundo si no dirigirme a la ventanilla de no tailandeses ni birmanos (vamos la del resto del mundo que en este caso éramos claramente minoría) la cosa fue rodada. La policía de fronteras no tenía pinta de corrupta (tampoco sería la primera vez) y además han sido bastante amables sobre todo en el lado Birmano.
y aún con todo esto, el viaje ha sido como un bálsamo para mí. Hemos avanzado unos ciento cincuenta kilómetros que me permiten asegurar que el viernes llego a Yangon. De hecho, voy a visitar esta zona un poco más tranquilamente en la medida en que pueda. Esto me va a obligar a tirar de autobuses, barco y tren pero realmente no me importa mucho.
Hpa An está bañada por el río Thanlyin. Es un río muy ancho y del que sacan al menos pesca y arena para la construcción. Drenan el fondo del río con unos barcos no muy grandes y consiguen con mucho trabajo y esfuerzo sacar arena. El proceso es muy curioso, he pasado buena parte de la tarde observándolo.
ocho para rezar. Cualquiera que esté leyendo atentamente ahora es cuando preguntará por el octavo altar, ese para quién es. Resulta que es para los nacidos el miércoles por la noche algo que ellos llaman Yahoo o al menos así lo ha pronunciado el chico que me lo ha explicado. Es decir que si naces un miércoles por la noche ya te estas quitando las colas para los rezos, primera ventaja, y no sé qué más implicaciones tiene pero seguro que hay más. En el momento en que estaba visitando el templo no había mucha cola para rezar pero quién sabe si en las horas punta…
ya sólo lo hablaban los curas y dudo mucho que supieran bien lo que decían. Ahora el latín ha quedado para cuatro tipos raros como mi tío Chema y para que algunos se puedan lucir diciendo el nombre científico de algún árbol u algún elemento farmacéutico. Desconozco cuál será el final de este idioma budista. Atentos a las bicicletas con dos sitios para pasajeros, no tienen desperdicio.
Hace un par de días estaba a unos treinta kilómetros de entrar en Myanmar y hoy estoy a unos diez. Supongo que habrá que explicar cómo es posible que en dos días mi situación haya cambiado tan poco aparentemente y sin embargo es bastante distinta. Si miráis en la página mapas de este blog veréis que el plan de ruta ha variado sensiblemente. El motivo es sencillamente que tenían razón los agoreros y no me han dejado entrar en Myanmar por dónde tenía previsto. Resulta que por esa frontera sólo pueden entrar tailandeses con visado. Sin embargo por allí entraba cantidad de gente de Myanmar, aparentemente entran a trabajar y regresan en el día. Cuando llegaba a la frontera me encontré con un río de gente en sentido contrario con su correspondiente fiambrera para la comida.
me dice un policía birmano que me vaya otra vez para Tailandia. No me ha dado ni una explicación ya que dudo que hablara inglés. De nada sirvieron mis suplicas y las indicaciones hacia Katanka diciendo que era una calamidad enorme la que estaban generando con su negativa. No se pasa y no se pasa como los porteros de las discotecas. El policía del lado Tailandés, mucho más amable, me ha explicado la situación. Me sugería que volviera atrás con la bici, otros cuatro días, y luego tomara otro paso de frontera más al Sur. Al final he optado por algo que me dejaba mucho menos desmoralizado y es coger un autobús de vuelta a Kanchanaburi y de ahí otro a Tak, bastante más al norte. Desde Tak pretendía coger otro autobús a la frontera pero, al no haber ninguno que me permitiera meter a Katanka, he hecho esta parte en bici. He llegado a Moe Sot y estoy en un hotel a unos diez kilómetros de la frontera. Con este cambio de ruta, he tenido que cruzar las montañas otra vez y parece que mañana me espera otra especie de cordillera. Intentaré
hacerlo en bus, con estas temperaturas y la paliza que me he pegado, tengo las posaderas un tanto irritadas y mejor no jugar con estas cosas.
Ayer no quise relatar la etapa del día. Preferí contar la del día anterior que la tenía pendiente y así tomar un poco de perspectiva acerca de las penurias pasadas ese mismo día. Salí de Tong Pha Phum como siempre muy temprano, de hecho incluso un poco antes que en días anteriores. Al principio todo iba sobre ruedas, nunca mejor dicho, pero ya a unos veinte kilómetros la cosa empieza a ponerse divertida con continuos toboganes arriba y abajo. Los toboganes se hacían cada vez más pendientes tanto al subir como al bajar con el paso de los kilómetros, no me pareció muy grave y pensé que era lo más duro que iba a encontrar. A partir de ahí esa ley de que no importa lo mal que estén las cosas, siempre pueden ir a peor, se cumplió.
refrescarme y así iba haciendo camino a un ritmo desesperadamente lento. A unos quince kilómetros de Sangkhla Buri llegó una cuesta que no era un tobogán como los anteriores, pendiente de más del veinte por ciento y al menos un kilómetro de largo. Lo subí como pude y arriba paré de nuevo a refrescarme a la sombra de un árbol.De ahí bajada con mucha pendiente de nuevo de quizás otro kilómetro y nada más llegar abajo empieza otro puerto aún más pendiente que el anterior y en el que ya te avisa abajo que debes subir otro kilómetro. Katanka hizo un amago de pararse en este punto, comentándole las proezas de Babieca parece que se picó un poco y ahí vamos los dos arriba por la rampa infernal con un calor de los demonios. A media rampa me pasa un camión enorme que sube casi peor que nosotros y ya a doscientos metros del final más o menos no pude más y tuve que echar pié a tierra (no os lo creeréis, pero es la primera vez que lo hago en lo que va de este blog). Empujando llegué hasta arriba del puerto y allí había por suerte un puesto de policía en el que me dieron agua fresca, una especie de leche de soja muy dulce y algo de hielo. En ese momento no estaba dispuesto a dar una pedalada más, ni ese día ni nunca más en mi vida aunque el destino es caprichoso y tenía pensado otro final.
con casas flotantes, la jungla, montañas llenas de vegetación con formas muy escarpadas, ríos y mucho más. El pueblo de Sangkhla es muy acogedor, con su mercado, un lago cercano, un poblado Mon (son una raza que proviene de Birmania) al otro lado del lago, templos, mucha vida y a la vez un remanso de paz. Muy pocos turistas llegan hasta aquí, me encontré con Pascal, un francés que viaja en una moto alquilada y que viene todos los años unos meses al sudeste asiático. Pascal se entiende en Thai con los locales para lo básico. Cuando le dije que iba a la frontera, me comenta así como quien no quiere la cosa que yo no puedo pasar. Tranquilos creo que le informaron mal, por motivos ya conocidos he hablado con varios policías últimamente y parece que está todo correcto y que podré pasar la frontera sin problemas.
Como la jornada de ayer fue tan dura y este pueblo es tan interesante, he decidido quedarme un día aquí a descansar, lo que viene siendo no hacer nada o casi. Aun así he madrugado para no perder el ritmo y para evitar el calor en las horas centrales del día y me he ido a desayunar al mercado. Allí me he encontrado con un par de conductores de furgoneta que también habían cenado en mi misma mesa ayer. Me han confirmado que, con visado, sí puedo pasar la frontera. Desayuno contundente consistente en un plato de arroz con un pollo guisado en una salsa picante, luego un par de roscas con caramelo del mercado, muy ricas por cierto, y un café en tienda especialista de café.
un puente muy largo y construido a la vieja usanza a base de maderos y bambú. Nada más llegar al pueblo paso por delante de una casa donde parece ser que hay una boda y en cuanto me han visto han decidido que tenía que desayunar así que me han puesto un plato de noodles con una salsa de cebolla, una especie de torta crujiente, hierbabuena, judías verdes crudas y salsa de ajo (el picante es opcional). Me ha parecido que les hacía ilusión que me uniera y me parecía de mala educación decir que no así que he completado mi desayuno con ese delicioso plato. Hasta la cena no pienso mover ni las pestañas. Mañana cruzamos a Myanmar (Birmania). ¡Inshalláh!
llevaba un par de Tailandeses por delante, me dieron las ocho y media. En este país eso es muy tarde, me costó encontrar un sitio abierto para cenar. Por cierto en el sitio que encontré nadie hablaba inglés así que pasé a la cocina a señalar a mis víctimas de esa noche.
Dos horas después, cuando ya me había comido más de un kilo de plátanos, me paro en un manantial de agua caliente con sus pozas y demás para descansar un poco y relajarme. Primero, como llego en bici, me dicen que la entrada para mí es gratis. Luego un par de jóvenes de los que están allí para vender algún suvenir a los turistas me dicen que si pueden darse una vuelta con mi bici. Yo les dejo hacer, el parking tiene cincuenta por treinta metros y no tienen pinta de ir a salir de allí con las alforjas y demás. Efectivamente uno casi se cae nada más empezar y el otro me dice que eso cansa mucho, ha avanzado unos cuarenta metros con suerte. Entro en las termas, me baño, me tomo mi tiempo y al salir los dos tipos de la bici me la habían vigilado y me regalan una botella de agua y otro manojo de plátanos un poco mayor que el que yo había comprado. Les explico que ya llevo plátanos y que me he comido un montón como puedo pero que si quieres arroz Catalina. Voy cargando con un montón de plátanos todo el día y aquí no hay manera de regalarlos, todo el mundo tiene plátanos. Por cierto, cuando compras en la calle en Tailandia y eres blanco, no importa lo que quieras comprar que siempre costará, al menos, veinte Bath.
En cuanto a las incongruencias, voy encontrando unas cuantas, un par de ellas me han llamado mucho la atención hoy. En una cafetería de la carretera intento pedir un café en inglés, nadie habla inglés así que la chica de la barra, ni corta ni perezosa, me acompaña a la puerta del local y me muestra un cartel con los tipos de cafés y sus precios, lástima que las descripciones de los cafés estuvieran en tailandés y que no hubiera fotos de los cafés. Faltó poco. Paseando por Tong Pha Phum me he encontrado con una escuela,
aparentemente católica, en la que explicaban la navidad con una pintura de un muñeco de nieve y un Santa Claus. Creo que la última vez que nevó por esta zona se extinguieron los dinosaurios.
a decir que refrescara ya que ese viento viene a 25 o 26 grados, pero sí que hacía el paseo en bici agradable. Es a partir de las once cuando la cosa se pone tremenda. El sol pega de lleno y hay mucha humedad además de pararse casi totalmente el viento, cada pequeña cuesta se convierte en puerto de montaña.
stas temperaturas. Ahí he visto los últimos turistas blancos en furgoneta del día. En total he hecho unos 70 kilómetros pero, como no he avanzado siempre en línea recta, estoy sólo 62 kilómetros más cerca de Yangon. No tengo claro cuántos kilómetros hay de distancia total pero mis cálculos dicen que llegaré a Yangon el viernes que es lo que tenía marcado como plan de ruta. De momento no hay que variarlo y espero poder cumplirlo, más adelante espero viajar sin esta agenda marcada, es una cuestión circunstancial.
s y el proceso comienza a invertirse. Obviamente, la sensación de estar perdido la tienes a medida que te acercas a la frontera o te alejas de la civilización y todo se va haciendo más difuso.
ás económico, lejos del río y más cerca de la catarata y de lo que parece ser el pueblo. Un pueblo muy pequeño y tranquilo con otro tipo de calle principal diferente a lo que estamos acostumbrados, no encontré el Zara por ninguna parte.
Bangkok. El trayecto de la tienda de bicis a la estación de tren, apenas unos seis kilómetros, ha sido un infierno o lo más parecido a una yincana. Sin haber ajustado aún el motor a la máquina ni el resto de piezas el vehículo no se movía con solvencia. Se me ha caído el espejo y se ha soltado una alforja, por suerte todo a la vez y he tenido que ajustar algunas cosas pero esto no ha sido un problema serio, el inconveniente estaba en todos esos coches, motos, autobuses y tuc tuc que estaban dispuestos a pasar por encima de mí al más mínimo descuido. En fin, como me sobraba mucho tiempo y la paciencia es mejor que la inteligencia, me he armado de la primera sin
descuidar la segunda y he llegado a la estación sin mayores contratiempos.
Hoy no hay fotos apenas, he consumido la batería del móvil (que como todos imagináis es mi cámara) en seguir el navegador para llegar a la estación de tren. No me quedaba nada al llegar a Kantchanaburi y lo he dejado cargando en la habitación mientras me daba un paseo por el lugar. No he visto mucho tampoco ya que he llegado sobre las cinco de la tarde y a las seis y media o así anochece. Lo que sí he visto es un atardecer precioso sobre el famoso río Kwai. Sí, el del puente ese tan famoso con canción de silbidos, el mismo. Ahí os dejo la canción para animar el lunes.
Se acabó la semana de playa, islas, baños, masajes, y buena vida en general. Ana está ya en Sittwe, Myanmar, donde espera que yo llegue el día doce de Abril aproximadamente. En bici será imposible hacer todo el recorrido (estoy a casi dos mil kilómetros), mi intención es llegar desde Kantchanaburi a Yangon (en la página de mapas os podéis ir haciendo una idea). El lunes empieza lo bueno, la parte más dura y seguro que la más bonita del viaje. Recojo la bici por la mañana y por la tarde la meto en un tren que nos lleva hasta Kanchanaburi y desde ahí a pedalear hacia el oeste.
n lugar en el que puedes combinar las visitas típicas a playas para tomar el sol, hacer snorkel, submarinismo, o lo que se tercie que quieras hacer en las playas con algo de vida más local, de gentes que van a la compra, salen de paseo por las tardes a la orilla del río, comen en puestos ambulantes que son ya fijos y practican un poco de deporte en el parque.
Sepak Takraw. Se forman desde corros en los que invitan a jugar a cualquiera y ahí voy yo incluido hasta partidos con red por medio donde juegan los más profesionales. Estuve practicando un poco en el nivel más bajo y di más pena que otra cosa, habrá que seguir practicando, ya os contaré cómo van mis progresos.
edan flotando en el mar agarrados a un salvavidas o forman una gran conga agarrados uno al chaleco salvavidas del siguiente para moverse de un lado a otro, los malayos y de Singapur son más de interior, de lagos, paseos en elefante y esas cosas, etc… ¿Será que hay motivos para que dependiendo del origen nos gusten cosas similares o quizás es más que la tribu tiende a mantenerse unida para tener una sensación de seguridad intermedia entre estar perdido en la nada y quedarte en casa con los tuyos? Desconozco el motivo pero hoy me he dado cuenta viendo a los que llegan a Bangkok por primera vez que yo debía de tener ese mismo aspecto de desorientado que tienen ellos y que ahora me hace gracia. Hoy he visto a un turista novato preguntar por una oficina de información turística en una tienda y me han dado ganas de decirle que ni lo sueñe pero luego he pensado que es mejor que lo descubra él mismo, esa parte también es bonita.
Carlos con la propuesta de Sleipnir que es el caballo de Odín en la mitología nórdica y que al parecer tenía ocho patas. De entre todos los que tenemos me gustan Kantaka, Garudá y Falkor. En cuanto estemos rodando nos daremos cuenta de cuál es el nombre que mejor se ajusta a su comportamiento y características.
Ya sé que llevaba varios días sin comentar nada y no es porque me haya pasado nada malo sino más bien lo contrario. El viernes llegó Ana de Myanmar y desde entonces hemos dedicado los días a hacer turismo un poco más estándar, es decir, nos hemos venido a las islas del sur de Tailandia.
estar unos días en Bangkok, no merece la pena traer el visado de Myanmar desde Europa. Hay también agencias que te hacen los trámites si no quieres perder el tiempo en la embajada aunque tampoco está mal visitar la zona de la embajada y la experiencia es, cuando menos, interesante.
igual, sin embargo no he querido incluirlo como favorito (gracias animalito). Aún está abierto el concurso de ideas.
con un inglés de Manchester llamado Jimmy que viaja en bici desde Australia hasta Manchester. El tío parecía llevarlo bien aunque su camiseta estaba un poco más sucia de lo que el decoro aconseja. Me dio alguna idea de lo que me puede hacer falta y de rutas para seguir. También había dos chicos de Singapur que habían ido en avión hasta Phuket y regresaban en bici a casa. En fin, que voy a ver a varios viajeros en bici por la zona.
se me han hecho las doce casi y ya no era tiempo de ir a la embajada de Myanmar ni nada por el estilo.
budas. He pasado al lado del palacio del buda de esmeralda. No he entrado, lo haré otro día, tiene una pinta espectacular. En todo caso, esto de los budas es todo un mundo; que para nosotros son todos iguales como los chinos, japoneses y tailandeses pero luego resulta que son diferentes y que, dependiendo de si están de pie o sentados o tumbados, tienen un significado diferente y que luego también importa cómo tienen colocadas las manos y supongo que hay un montón de cosas más que son importantes. Cuando me vaya enterando del tema dedicaré una entrada a ello a ver si me voy empapando. Quizás tenga que retomar a Shidarta, no viene en el equipaje pero seguro que lo puedo conseguir.
El barrio chino, pues eso, chino. Cuando te piensas que Bangkok es un caos de gente y tráfico y tiendas y vendedores y calor y agobio, llegas al barrio chino y te das cuenta de que a todo hay quién gane. Ellos lo hacen igual pero con más gente, más tráfico, más tiendas, más calor y mucho más agobiante. Por suerte hoy no tenía nada en la agenda y he conseguido tomármelo con la tranquilidad necesaria para disfrutarlo que su encanto también tiene.
ñoles y dos chicas del grupo resulta que han estado viajando en bici por Laos y Camboya. Estaban encantadas y me han dado mucho ánimo. Los tres chicos habían venido a Bangkok a buscarlas para viajar un poco y regresar a España. No he querido molestar demasiado pero algo sí me han contado. Cosas del destino supongo.