Se ha pasado una semana desde que llegué al lago Inle. Como ya comenté aquí el clima es mucho más benigno y el entorno es realmente espectacular así que decidí quedarme por estos parajes unos días más. Estaré hasta el sábado. Me voy en avión a Tachileik justo en la frontera con Tailandia por el norte. La razón de ir en avión es que no está permitido llegar hasta allí por tierra. Es una zona de conflicto permanente. Y voy a esa zona para continuar viajando por el norte mientras el clima siga siendo tan caluroso. Además todo el mundo habla maravillas de Chiang Mai y especialmente de Chiang Rai que es justamente a donde me dirijo. Al parecer, en los vuelos locales meter una bici en el avión no es ningún problema, ni siquiera hace falta empaquetarla, simplemente con no sobrepasar los veinte kilos de equipaje es suficiente. Llevaré en la mano lo que me haga falta para no sobrepasar ese peso y además creo que con eso tampoco es que se pongan muy estrictos. Por otra parte el coste del vuelo es el equivalente a lo que me iba a gastar desandando todo el camino para salir por donde entré que es la única otra opción que tengo.
He aprovechado esta semana para realizar
rutas por las montañas de alrededor del lago. Normalmente los turistas vienen dos o tres días a Inle Lake, se dan el paseo en barca por el lago, ven los talleres de telas, tabaco, paraguas de papel, cuchillos, bisutería, etc… se compran uno o dos recuerdos o regalos para familiares y amigos, dan un paseo en bici por la zona norte del lago y en algunos casos bajan hasta In Thein a ver la pagoda. Es lo más accesible y además es donde está el negocio para los habitantes locales que viven del turismo. Las montañas son otra cosa, cuesta mucho llegar y no te venden nada y sin embargo puedes percibir lo que este país ha sido hasta hace no tanto y lo que se sigue conservando en zonas rurales escondidas. Supongo que estas no son las más recónditas del país esas seguro están en esas zonas que no son accesibles para los turistas.
El primer día me fui unos quince kilómetros al Sur para hacer una ruta que me habían
indicado con un dibujo en un papel. No hay mapas, no hay indicaciones y casi nadie habla inglés por esos parajes. La ruta ascendía por un valle cortado a plomo entre las montañas, con un arroyo de agua limpia y algunos campos cultivados. La pendiente era muy fácil al principio hasta que abandonamos el lecho del valle y empezamos a subir y subir por rampas bastante fuertes. Al cabo de unos ocho kilómetros de subida llegué a un pueblo (Nambli) donde un hombre me invitó a entrar en su casa y me ofreció té y… oh sorpresa, plátanos. Obviamente la conversación no llegó muy lejos, con unos signos les expliqué que iba sólo y conseguí preguntar por Imne que era el siguiente pueblo en mi garabateada ruta. Los pueblos de la montaña se ubican sobre la parte más elevada de las montañas en las únicas zonas llanas que hay y las casas van en hileras por la cuerda de la montaña. Supongo que aparte de ser llano está protegido de desprendimientos de tierra con la lluvia y además no hay que olvidar que tienen las mejores vistas.
Hasta Imne el camino sigue subiendo por otros
tres kilómetros más y allí las vistas son espectaculares. Era domingo y quizás por eso o por alguna fiesta local, la gente en edad de merecer estaba en las escuelas del pueblo bailando al son de un grupo de música compuesto por un batería, un guitarra, piano y cantante acompañados de un tipo que lo mismo tocaba el gong que una campanilla o un bombo muy largo de los que ya voy viendo varios por la zona. El baile no sabría muy bien cómo describirlo, los hombres a los lados o alrededor de las mujeres y todos haciendo movimientos acompasados en una coreografía que parecía bien ensayada y sin que nadie se llegará a tocar con nadie. Intenté grabar un vídeo pero me salió tan borroso que no sirve de nada.
Desde Imne seguí las indicaciones a Pon Tae y lego a Lwe Kok según estaba dibujado en el mapa sin problemas. Las vistas en esta parte del recorrido son sencillamente embriagadoras. La sensación de navegar por encima de las montañas con Katanka y de estar entrando en territorio inexplorado es indescriptible. Desde Lwe Kok se suponía que debía bajar directamente a Nyaung Shwe pero algo falló. No sé si fue por el hecho de que haya otro pueblo con un nombre parecido por allí, o quizás que cometí el error de fiarme sólo de la indicación de un niño que estaba sentado a la sombra de unos mangos, o simplemente que era lo que tenía que pasar; el caso es que me fui por el camino equivocado, y como además este camino pronto empezó a ser en descenso y me lo estaba pasando tan bien resultó que aparecí en una carretera que no me sonaba de nada. Cuando pude enterarme de dónde estaba eran las tres y media de la tarde y estaba a casi cincuenta kilómetros de Nyaung Shwe, pensé que no podía empeorar mi situación como empezó a llover. ¿Habéis visto “El jovencito Frankenstein”? Estaba claro que no podía llegar a Nyaung Shwe y me estaba mojando así que paré en la primera casa que encontré en la carretera. Resultó ser un pueblo católico y el dueño se dedicaba a llevar turistas en una furgoneta cuando había suficiente demanda. Miel sobre hojuelas vaya. Me llevó hasta casi mi destino previo pago de un módico precio y se salvó la situación sin mayores consecuencias.
Regresé a esta ruta un par de días después pero esta
vez haciéndola en sentido contrario y conseguí terminarla correctamente e incluso con un extra para bajar al lago por una zona de pendiente mu pronunciada y vistas maravillosas del lago. Me estoy haciendo un experto en la montaña y de hecho voy a escribir unas indicaciones en inglés con un plano que dibujaré con ayuda de un chico local que se dedica a alquilar bicicletas. Me lo ha pedido como favor y como él me ha ayudado con sus indicaciones pues se lo voy a preparar. No creo que esto ayude a masificar el turismo en las montañas, aún con indicaciones hay que pedalear por rampas muy duras para tener la recompensa de la cima.
También he hecho alguna incursión por la zona oeste del lago. No os aburriré con los detalles, sólo decir que las cuestas son aún más empinadas por ese lado y, por lo tanto, las vistas son mejores aún. Os dejo algunas fotos que seguro os gustará ver.




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El sábado tocaba día descanso después de la ruta del día anterior con Katanka. Una cosa que hay que hacer sí o sí en Inle Lake es tomar un barco para que te lleve a los lugares más señalados en el propio lago. Aproveché el sábado para esta actividad inexcusable y así dejar a Katanka descansar. Cada barca lleva a un máximo de cuatro turistas ya que no se pueden cargar mucho en esta época del año por estar las aguas del lago, y de los canales adyacentes, muy bajas. Me fui directamente a la zona del canal donde están todas las barcas (sobreoferta en estos días) y nada más llegar me preguntó Marvin (un chico francés de familia italiana) que si quería compartir. Le dije que perfecto pero que quizás podíamos encontrar a otros dos turistas y completar una barca. A los pocos metros encontramos a María y José, no es broma, (una pareja de chilenos que ya tenían una barca contratada) y estuvieron de acuerdo en compartir así que nos fuimos a dar el garbeo por el lago los cuatro.
La visita al lago es una de esas cosas que hacemos cuando viajamos como si fuéramos ganado, sin pensar, pero que lo hace todo el mundo porqué realmente merece la pena. Impresiona ver a los pescadores subidos en un extremo de sus pequeñas barcas manejando el remo con los pies para dejar libres las manos para ir colocando y sacando las redes. No nos pudimos acercar demasiado; la sensación es que no realizan demasiadas capturas ni parece que los peces sean muy grandes. Aun así, en los mercados alrededor del lago se ven algunos ejemplares enormes de pez gato y otros pescados de río de tamaño respetable con lo que imagino que en ocasiones tendrán suerte.
de cuello largo que están fabricando telas en una de las casas flotantes. Estas mujeres alargan sus cuellos de forma artificial poniéndose aros en el cuello y añadiendo uno nuevo cada cierto tiempo hasta conseguir cuellos realmente largos. No quise tomar la foto de este espectáculo que me pareció un tanto bochornoso. Dicen que una vez que hacen crecer su cuello con los aros no se los pueden quitar ya que la musculatura del cuello no soportaría la cabeza. También colocan aros en las pantorrillas para deformar las piernas y que no tengan gemelos, es una imagen curiosa que a mí me hizo sentir más tristeza que admiración y especialmente por el entorno en que nos encontrábamos. Se trataba de una más de las atracciones de la ruta.
Paramos también en varios pueblos, un mercado y varias pagodas. En una de ellas se encuentran los cincos budas que son cinco cabezas de buda en las que la gente coloca unas pegatinas de color oro y en las que han pegado ya tantas que apenas se distingue la forma, parecen más bien unas bolas de color oro un tanto informes. Este es el tercero de los lugares más sagrados para el budismo que visito después del monte Kyaikto o Golden Rock y Swendagon Paya la pagoda principal en Yangon. Estos días son de celebraciones de noviciados. Parece ser que son fechas para celebrar la incorporación al budismo de los nuevos feligreses y con ello encontramos alguna fiesta curiosa que se produce en las pagodas con comida para todo el mundo y algo fervor piadoso al estilo budista. Nos alejamos del lago por un canal que para mantener el
nivel de agua estaba perlado de exclusas consistentes en barricadas de sacos de arena con espacio reducido para que pase el agua y muy apurado para que pasen las barcas. Subimos a un lugar privilegiado para avistar el lago y también visitamos unos huertos flotantes principalmente de tomates y con todo esto de regreso a Nyaung Swhe a las seis de la tarde cuando está casi anocheciendo. El atardecer sobre el lago fue sencillamente espectacular. En conjunto es una visita que hay que hacer aunque tenga sus luces y sombras a mi modo de ver.
un poco de sociabilidad y además al ser tres hispano parlantes incluso pude hablar castellano en algunos momentos. Las formas de viajar son variadas y no creo que una sea mejor que otras, simplemente pienso que Siddhartha estaría de acuerdo en que el término medio es donde se encuentra la virtud y con ella la felicidad.
En el momento de escribir esta entrada sigo en Inle Lake y me voy a quedar hasta el miércoles o jueves para luego marcharme directamente a Tailandia de nuevo. Mi visado expira el día 3 de Mayo y podría usar los días para visitar Mandalay o Bagan pero he decidido que ahora se está muy bien donde estoy y ya tendré ocasión de volver a Myanmar más adelante cuando no haga tanto calor y visitaré algunas cosas de las que me dejo por el camino. En todo caso, también creo que parte del viaje consiste en llegar a conocer los sitios y, si es posible, las gentes en un poco más de profundidad y eso no se consigue pasando una noche en cada lugar al que vas llegando. Inle Lake es una zona muy turística dentro de Myanmar aunque al ser temporada baja no se ven tantos rubios y soy, por poner un ejemplo, el único huésped en la casa en la que me estoy quedando.
tranquilos con visitas apacibles al lago o lugares cercanos a Nyaung Swhe que es el pueblo en el que me he quedado alojado toda la semana. Hay muchas agencias de viajes que alquilan bicis para dar paseos cerca del pueblo y algunas alquilan también bicis de montaña de diversas calidades. Me han hablado de una agencia que tiene incluso bicis con marco de carbono para alquilar. Aún no he visto eso pero tengo la intención de investigar más en cuanto acabe con este relato.
de Myanmar y con el agua del lago, están en pleno desarrollo. El cultivo del arroz lo hacen en parcelas no muy grandes definidas con unos pequeños taludes de tierra entre unas y otras y que están en su mayoría inundadas. Primero siembran arroz en una parcela con mucha densidad de plantas y cuando estas plantas tienen un tamaño de unos treinta centímetros las arrancan a mano, hacen hatillos, y las plantan de nuevo una a una en otra parcela esta vez a una distancia de unos diez centímetros entre cada planta y la siguiente y diez centímetros también entre hileras. Todo esto lo hacen a mano, tienen unas mulillas mecánicas de esas que hay que dirigir con un manillar y caminar detrás de ellas, con ruedas de metal como norias, que usan para batir el limo del fondo de los arrozales. Creo que esta es toda la mecanización que utilizan, el resto de los trabajos se hacen a mano y muchas veces son las mujeres las que lo llevan a cabo.
espectáculo de malabares, exhibiciones atléticas, equilibrismo y doma de animales que van del perro al elefante pasando obviamente por la cabra el mono y el ponny. El caso es que cada vez que el ejercicio era realizado por mujeres, los narradores, que eran una especie de payasos a lo oriental, empezaban a hacer chistes de forma que se convertía más en un espectáculo de humor que uno de habilidad o destreza. Incuso cuando acaban las mujeres su parte, estos payasos hacían lo mismo que ellas demostrando así que no era tan difícil, quizás con la intención de quitarle importancia a lo que las mujeres habían realizado. Sumamos esto al hecho de que las mujeres no pueden acercarse a los lugares más sagrados del budismo y la foto está completa.
adentramos por una senda que corre al costado de un canal a través del humedal que rodea el lago y, así a lo tonto, llegamos hasta el propio lago por un paseo espectacular a la sombra de los árboles, entre cultivos de arroz, girasoles, pimientos, etc…, circulando por una vereda estrecha y cruzando infinidad de pequeños puentes de bambú. Ahí llegó el problema que ya preveíamos; para cruzar al otro lado e intentar el regreso por el costado Este del lago haría falta una barca. Por suerte llegamos a un punto cerca de una casa dedicada a la fabricación y venta de bisutería y suvenires para turistas y allí, por suerte, había un grupo de franceses con una guía local que me ayudó a entenderme con la gente de la casa que, por suerte, tenía una barca y que, por suerte, tenía que acudir al mercado al otro lado y que, por suerte, me llevó hasta allí sin cobrarme ni aprovecharse de mi delicada situación. A veces no sé si tengo mucha suerte o si es la suerte quien viene a buscarme cuando más me hace falta.
parte Este parando a comer y haciendo una breve incursión en las montañas para subir a visitar el Monasterio del Bosque. No es un sitio especialmente señalado ni muy bonito aunque tiene el aliciente de estar en las primeras estribaciones de las montañas a unos trescientos metros de altura sobre el lago y desde allí se puede ver casi el lago entero. La subida es dura pero asfaltada y no muy larga, merece la pena el paseo sólo por las vistas. Hasta aquí el relato del segundo día, seguiré contando el resto en otras entradas, hay mucho que contar para una sola.
El Water Festival se alargó algo más de lo esperado en Sittwe. La tradición consiste en tres días de tirarse agua unos a otros encima pero parece que en el estado Rakhine son un poco especiales con este tema y estuvieron a vueltas con las mangueras cubos y demás de martes a domingo ambos incluidos. En estos casos creo que encaja perfectamente el dicho ese tan castellano de que lo poco agrada y lo mucho molesta. Los últimos días ya no sabíamos qué hacer para intentar regresar secos a casa. Digo intentar porque no lo hemos conseguido en ningún momento.
Nada más llegar (a las siete de la mañana) he dejado el equipaje en una casa de huéspedes en la que me voy a quedar estos días y nos hemos ido a dar un paseo para ver el terreno y el lago. Al cabo de unos kilómetros me ha llamado la atención un resort que consiste en pequeñas casas de madera unidas por pasarelas y suspendidas sobre el lago. Es un sitio muy lujoso con precios muy altos por las habitaciones pero he pensado que me podía dar el lujo de desayunar ahí y así lo he hecho. El desayuno es espectacular, frutas variadas, zumo natural, té, surtido de panes, huevos, bacón, jamón cocido, tomate asado, arroz, fideos asiáticos y la estrella, el surtido de quesos. En realidad el surtido de quesos es muy sencillo pero hacía más de un mes que no comía queso y casi se me han caído las lágrimas. Todo esto por el módico precio de diez euros.
Carrasco (este también releído) y ahora estoy con “Días de Birmania” de George Orwell. Este último parece que es el libro que se lee todo turista que viaja a este país, está en las lecturas recomendadas de la Lonley Planet y con ese autor y título parece casi inevitable.
El argumento anterior queda completamente desbaratado cuando leemos “La invención de Morel”. Estoy seguro de que los clásicos griegos no pudieron imaginar algo tan fascinante como el invento este del tal “Morel” o de Bioy Casares supongo. Magnífica obra que recomiendo leer encarecidamente. No quiero destripar la novela contando la extraña invención que se nos relata, sólo decir que da para unos cuantos pensamientos acerca de la realidad y de la propia existencia humana. Por último “Intemperie” creo que es uno de los relatos más estremecedores y mejor escritos que he leído en mucho tiempo. El autor es casi desconocido y el libro seguramente también para muchos y sin embargo te hace vivir exactamente lo mismo que pasa el muchacho protagonista y sentirlo en los huesos. Por no hablar de que refleja la dureza de los paisajes castellanos y quizás ayude a entender algunas cosas acerca de sus habitantes. Sobre “Días de Birmania” ya comentaré más cuando lo haya terminado, estoy buscando aún la moraleja que seguro tiene tratándose de George Orwell.
hay un hueco para un libro. Yo antes era contrario al libro electrónico pero he de admitir que sin este aparato no hubiera podido venirme con tantos libros en la maleta y menos hacer que Katanka cargue con ellos. Creo que no he visto todavía a nadie que no fuera un turista leyendo un libro por estos parajes y sin embargo hay televisores en los mercados, en todas las casas y hasta en las calles debajo de los puentes. Todo el mundo conoce a Cristiano y a Messi y saben los resultados de los últimos partidos en Europa. A veces asusta ver el poder que tiene la televisión y lo poco que se lee en el mundo. ¿Seguro que estamos “progresando”?
Sittwe está al Nor-Oeste de Birmania en el encuentro de los ríos Kaladan, Mayu y Lay Mro que desembocan en la bahía de Bengala y es la capital del estado Rakhine. Birmania se organiza en estados y divisiones, hay siete de cada. Las divisiones son de mayoría Bamar o Burma y llevan el nombre de sus capitales como por ejemplo Yangon y los estados son de otras minorías étnicas y tienen cierta capacidad administrativa. Al ser la mayoría Bamar, el país se llamaba Birmania o país de los Birmanos (Burma), ahora se llama Myanmar para agrupar al resto de etnias o estados. Como siempre que se enfoca hacia lo diferenciador y no a lo que nos hace semejantes, se crean conflictos que en Birmania son variados y de diferente intensidad. Casi todas las regiones periféricas tienen sus propios problemas pero seguro que el caso de los Rohingya (musulmanes del estado Rakhine) se lleva la palma. Existen en Sittwe varios campos de refugiados en el que viven unos 140.000 musulmanes con restricción de movimientos. Los Rakhine alegan que los musulmanes están intentando crear un estado musulmán
en Rakhine y que luego intentarán expandir el modelo por el país y los musulmanes creen que se trata de una limpieza étnica con el consentimiento de todos (birmanos y comunidad internacional). Lo cierto es que las organizaciones internacionales que trabajan en la zona intentan mejorar las condiciones en que vive la población de los campos y mediar con el gobierno birmano en lo posible. Hasta ahora parece que el éxito es escaso.
territorio libre de presencia humana casi por completo. Un gran lugar para ir a bañarse por la mañana pronto o por la tarde y disfrutar de un mar casi sin olas, agua muy templada y playa casi plana que permite adentrarse muchos metros en el mar sin que apenas suba el nivel del agua. El atardecer en esta playa no tiene desperdicio. Hay también en Sittwe una pagoda importante y creo que interesante para visitar. Al ser un lugar con cooperantes, existen también algunos establecimientos con comidas más parecidas a lo que podemos estar acostumbrados que a veces viene bien para sentir un poco los sabores de casa. La comida Rakhine es picante y rica también. Con todo esto se convierte en un buen lugar para descansar unos días y recuperar fuerzas para seguir el viaje. El día 21 vuelvo a Yangon a buscar a Katanka y nos iremos al norte unos días, no muchos ya que mi visado expira el día tres de mayo.
fiesta para celebrar el año nuevo budista, no es exclusivo de Birmania, lo celebran también en Tailandia, Laos, Camboya y creo que en algún otro lugar. La celebración es peculiar. La forma de felicitar el año y desear suerte para el nuevo consiste en echar agua por encima a la persona a la que se felicita. Con esta excusa y la fiesta por medio, montan unos escenarios para bailes típicos de la región y propios de las fechas por las calles principales, colocan mangueras en los escenarios para regar a los transeúntes y la música a todo lo que den los altavoces. La gente se organiza en peñas o grupos y se suben en camiones, tuc tuc, camionetas, y cualquier otro vehículo para dedicarse a dar vueltas por las calles principales parando frente a cada escenario para refrescarse con el agua de las mangueras. Además sacan bidones a la puerta de las casas para que niños y no tan niños se dediquen a regar a los viandantes.
Obviamente dos extranjeros son carne de cañón dadas las circunstancias. En cuanto nos ven, cargan los cubos, cazuelas, preparan sus mangueras, pistolas de agua o lo que sea y esperan a que estemos a su alcance para felicitarnos efusivamente el año nuevo. Creo que ya nos ha felicitado toda la ciudad y algunos varias veces. Al principio piensas que es mejor que no te mojen aunque pronto te das cuenta que es fútil resistirse y además sería muy descortés no aceptar una felicitación tan cariñosa. Cuando te felicitan con agua helada que llevan en alguno de los camiones es, momentáneamente, un poco menos agradable pero hay que admitir que le ponen empeño al tema social de las felicitaciones. He visto a niños ponerse tan nerviosos al vernos acercarnos que no han podido cargar convenientemente sus calderos y en esos casos la felicitación queda incompleta y el niño algo triste. Pasaremos varias veces para que pueda demostrarnos sus buenas intenciones como merecemos. En todo caso, hace casi cuarenta grados de temperatura a mediodía y la idea de ir refrescándote por las calles no está nada mal.
la tradición también indica que hay que deshacerse de las cosas viejas y dar la bienvenida a lo nuevo. Como parte de esta tradición yo he cambiado mis chanclas y el cargador del ordenador. En realidad el cargador se quemó en un pico de tensión el primer día del Water Festival y las chanclas me desaparecieron entre el gentío a la orilla del mar. Las dejé un momento para bañarme y al salir no estaban, alguien debió pensar que eran su número. Es algo raro y supongo que más sentido de broma que de robo, las chanclas en cuestión me costaron dos euros y por estos lugares la gente respeta lo ajeno siempre que no esté demasiado bebida.
auto-fotos. Cuantos más palos más turistas y, generalmente, menos interesante y enriquecedora experiencia. Suele ocurrir que cuando hay muchos turistas el ciudadano local, ya sea éste tailandés, birmano o de Honolulu se ha habituado ya a esta nueva presencia que antes les parecía extraña y que ahora identifican con una oportunidad de negocio. Viajar se hace más complicado cuantos menos palos para auto-fotos vas encontrando. Por algún extraño motivo la población local alejada de estos elementos tiende a hablar poco o nada inglés y ni soñar con cualquier otro idioma que no sea el propio de dicho lugar. Además al no haber palos para auto-fotos las infraestructuras, equipamientos y nivel de servicio ofrecido suele ser más bajo.
cortar los pies o la cabeza o va a sacar un encuadre que no es el ideal o el que tú tenías pensado; supongo que es parte de la diversión y además no importa lo bien o mal que esté la foto, siempre has de sonreír al verla y afirmar que está muy bien, es un poco como si te regalan una corbata por Navidad, pones buena cara y cambias el regalo unos días después, con la foto pasa lo mismo, la borras y esperas tener más suerte con el siguiente voluntarioso transeúnte al que pidas el favor de hacerte una foto.
Igual que con los palos para auto-fotos, pasa con los mapas y navegadores que te indican dónde ir sin necesidad de preguntar a nadie por la dirección. He de admitir que esto de los mapas me está sirviendo de gran ayuda en este viaje. Ayer intenté llegar a un lugar determinado de Yangon a base de preguntar y estuve a punto de desistir incluso cuando estaba a unos pocos metros. Nadie me entendía y quien me entendía no conocía el lugar. Un mapa con navegación en estos casos es un alivio bastante grande.
menos un par de veces al día. Ocurre también que, en lugares con edificios singulares, monumentos, ríos, lagos, montañas, jardines o atardeceres bonitos, la probabilidad de que los viandantes deseen tener una auto-foto se eleva de forma exponencial. En estas condiciones se podría dar el caso de un incauto con cara de buena persona y de saber encuadrar una foto, que pasara haciendo fotos a diferentes personas varias horas sin parar. Podría ocurrir entonces que estuviéramos limitando la libertad de algunas personas para transitar por ciertos lugares a determinadas horas. Es en este caso cuando el palo para auto-fotos se convierte en un elemento liberador, sobre todo, para nuestro voluntario fotógrafo.
lo que fuera, sabías que debías intentar no interponerte entre la cámara y el elemento a fotografiar. Esperabas amablemente, sonreías tipo corbata en Navidad y seguías tu camino normalmente unos segundos después (el tiempo depende de la habilidad del fotógrafo de turno). Ahora nunca sabes cuándo puedes estar en el enfoque de una cámara, de repente alguien se para delante de ti, despliega su palo y ya estás inmortalizado en una foto de entre cuatro mil que visionaran un grupo de suecos en Estocolmo o unos gaditanos de Puerto de Santa María. Por supuesto, no es que esto sea un grave problema, no eres famoso ni nada, pero esto no quita para que no te apetezca que tu imagen se difunda sin tu conocimiento permiso y control.
En resumen, si quieres tener un palo para hacerte auto-fotos me parece bien, yo seguiré tirando del viejo método de pedir ayuda con mesura para no agobiar al personal. Sí me gustaría pedir a los usuarios de este utensilio que no sean tan rápidos haciendo la foto, de esta manera darán tiempo al resto de personas a su alrededor a salir del encuadre. Y sobre todo, no más corbatas por Navidad ni pases de fotos infinitos, si quieres a tu gente hazles una selección de veinte fotos de tu viaje y seguro lo aprovecharán y comprenderán mejor los relatos asociados. Ya lo he dicho.
Estoy en Sittwe con Ana. He llegado en avión desde Yangon. El vuelo es corto (poco más de una hora) y el paisaje que se ve por la ventanilla es realmente impresionante. Cuando miras el mapa ya te das cuenta de que esta parte del país está surcada por ríos muy caudalosos que se mueven por un terreno casi completamente llano y al nivel prácticamente del mar con lo que dibujan cursos imposibles y hacen que cualquier traslado por la zona tenga que ser en barco, avión o dando grandes rodeos. Esto me ha hecho pensar en la forma de moverse de un lado para otro por estos lugares y especialmente por carretera. Os cuento como lo voy viendo…
suplemento con mucha más capacidad de carga y dos ruedas en lugar de una, las hay de varios tamaños y cilindradas) y una moto, una bicicleta con sidecar para un pasajero y todos circulando más o menos a su aire y con el convencimiento de que ninguno de los demás debería estar allí en aquel preciso momento. Se trata de ocupar el espacio con tu vehículo como sea para que no pueda pasar nadie y de ese modo supongo que ganan esa sensación de preferencia o al menos de que es importante que ellos se muevan ya que hay gente detrás apoyando esta posibilidad. Cuanta más gente consigues taponar, mayor apoyo a tu movimiento. Supongo que el símil político está servido. Si taponas a todos eres el presidente de lo que sea que pretendas presidir.
pesados. Aparte de esto, en Tailandia se circula por la izquierda y en Birmania por la derecha. En Birmania casi todos los vehículos en circulación hoy en día son importados de Tailandia, es decir, traen el volante en el lugar equivocado. Para añadirle un poco más de picante (por estos lugares se lleva mucho) los conductores birmanos deberían llevar la “L” de prácticas en la inmensa mayoría de los casos, no tienen mucho control de lo que va debajo de sus culos por decirlo de una forma entendible y no ser muy incorrecto. Con todo esto y teniendo en cuenta que todo lo aplicable a Tailandia se puede decir de Birmania sin ningún apuro, tenemos un caos circulatorio total.
el espacio necesario para no rayar su coche con tu manillar. Otra ventaja es que te ven desde más lejos, al asomarse por el lado derecho del vehículo que va justo delante de ellos ya te van viendo y saben más o menos por dónde puedes andar.
es que no están. En ciudades, sin embargo, es un lío, nunca sabes si te pitan a ti y si vienen o van o te están intentando taponar como a los demás. Se les ve frustrados cuando se dan cuenta de que una bici pasa por donde ya pensaban que no se les iba a colar nadie. Probablemente lo sientan como una especie de golpe de estado.
Ayer llegamos en tren a Kyaikto y de ahí en bici unos quince kilómetros hasta Kin Pun Sakhan. Me habían hablado de este sitio como un centro de peregrinaje para los budistas, lo que no me habían contado es que es una locura no sé bien si religiosa o cultural o una mezcla de ambas. Nada más llegar me acerqué a una especie de terminal de camiones donde estaban cargando gente en los camiones, en bancos corridos de parte a parte de la caja del camión a razón de seis o siete si son pequeños por fila y nueve filas en un camión que apenas tendrá unos cinco metros de largo. Para cargar a la gente tienen montadas unas plataformas con escaleras a las que se suben más o menos como les va dando la gana. Completar un camión no es sencillo. Se trata de llenarlo a toda su capacidad sin dejar ni un hueco y como por aquí las familias son largas y además no se separan para montar en los camiones, los últimos lugares en el camión resultan difíciles de completar.
parte hacia la montaña. En un punto intermedio, que creo que varía según el camión, se para a cobrar el billete. El coste por persona es de dos euros y medio ida y lo mismo la vuelta. Esto, que para nosotros no es dinero, se puede convertir en una pequeña inversión para una familia de birmanos de pongamos ocho personas. Además del billete están los costes de penitencia que diríamos, que consisten en arrojar billetes (pequeños, de menos de un euro) a una especie de cacerolas que portan unos charlatanes (no entiendo nada de lo que dicen obviamente) que se suben a los costados del camión cuando este para y cuentan una historia que parece indicar lo bien utilizado que será ese dinero y lo buenas personas que son los que lo dan libremente. Por supuesto esto no te exime de dejar algo más de dinero en las múltiples capillas que luego encontrarás y ya para nota te puedes comprar una pegatina dorada que anuncian como hoja de oro que puedes pegar a la roca de oro y que cuesta otros dos euros al cambio. Quiero pensar que si crees esta manera de tirar un dinero que no parece sobrarles al menos les hará sentirse bien que no es tan importante como comer pero no es baladí tampoco.
Cuando llegas a lo alto de la montaña vas encontrándote varias estampas. Primero lo que parece un mercado en el que te ofrecen cualquier cosa. Luego la entrada a la zona digamos sagrada, donde te tienes que quitar el calzado, y en cuya puerta hay unos arcos de seguridad que no creo que piten aunque vistas una armadura medieval. En la parte noble está todo alicatado con baldosas blancas y negras. Pronto estamos todos caminando sólo por las blancas ya que las negras se calientan demasiado con el sol. El elemento principal del templo es una roca muy grande que se ha quedado soportada sobre otra más grande aún en una situación que parece inestable aunque al parecer no lo es tanto ya que un pelo de Buda la sujeta y eso es mucha sujeción. La roca está completamente pintada de dorado y así ya tenemos el lugar sagrado. Habría
que plantearse montar un par de estos en La Pedriza. Por supuesto todo esto está rodeado de tiendas de suvenires, restaurantes, capillas, pequeños templos, tiendas de medicina birmana, puestos de comida, de bebida y cualquier cosa imaginable. No en vano calculo que suben más de diez mil personas cada día al monte sagrado de la roca de oro.
Esta entrada la escribí el día siete de abril aunque no he podido publicarlo hasta hoy por los problemas de conexión.
visitado un templo que está al pié de una de estas montañas que parecen tal cual rocas puestas ahí por Buda o quién corresponda. Cuanto mayor es la roca, mayor el templo pero creo que no he visto todavía ninguna roca sin su templo correspondiente. Este era bastante normalito, lo que me ha llamado la atención ha sido el jardín que tenía antes de llegar al templo con un montón de figuras de Buda alineadas entre los arbustos que, con la neblina que había de buena mañana, tomaba un aspecto como fantasmal de película de terror. La primera impresión al verlo ha sido de sorpresa y susto a la vez.




He disfrutado de un atardecer maravilloso desde lo alto de una colina en la propia ciudad que es donde están los templos. El momento no tenía desperdicio. Cae la tarde, llega una brisa del mar que refresca un poco el ambiente, estás ahí sentado mirando a la puesta de sol, hay niños jugando que te miran inquisitivamente, sonríen y saludan. Momentos como estos son duros cuando viajas sólo, por no tener con quién compartirlos. Yo lo intento compartir con todos vosotros, espero que algo de esas sensaciones llegue.
Parece que esta vez he dado con la puerta correcta. He llegado a las ocho o así a la frontera y después de que un amable policía me indicara que no tenía que hacer la cola como todo el mundo si no dirigirme a la ventanilla de no tailandeses ni birmanos (vamos la del resto del mundo que en este caso éramos claramente minoría) la cosa fue rodada. La policía de fronteras no tenía pinta de corrupta (tampoco sería la primera vez) y además han sido bastante amables sobre todo en el lado Birmano.
y aún con todo esto, el viaje ha sido como un bálsamo para mí. Hemos avanzado unos ciento cincuenta kilómetros que me permiten asegurar que el viernes llego a Yangon. De hecho, voy a visitar esta zona un poco más tranquilamente en la medida en que pueda. Esto me va a obligar a tirar de autobuses, barco y tren pero realmente no me importa mucho.
Hpa An está bañada por el río Thanlyin. Es un río muy ancho y del que sacan al menos pesca y arena para la construcción. Drenan el fondo del río con unos barcos no muy grandes y consiguen con mucho trabajo y esfuerzo sacar arena. El proceso es muy curioso, he pasado buena parte de la tarde observándolo.
ocho para rezar. Cualquiera que esté leyendo atentamente ahora es cuando preguntará por el octavo altar, ese para quién es. Resulta que es para los nacidos el miércoles por la noche algo que ellos llaman Yahoo o al menos así lo ha pronunciado el chico que me lo ha explicado. Es decir que si naces un miércoles por la noche ya te estas quitando las colas para los rezos, primera ventaja, y no sé qué más implicaciones tiene pero seguro que hay más. En el momento en que estaba visitando el templo no había mucha cola para rezar pero quién sabe si en las horas punta…
ya sólo lo hablaban los curas y dudo mucho que supieran bien lo que decían. Ahora el latín ha quedado para cuatro tipos raros como mi tío Chema y para que algunos se puedan lucir diciendo el nombre científico de algún árbol u algún elemento farmacéutico. Desconozco cuál será el final de este idioma budista. Atentos a las bicicletas con dos sitios para pasajeros, no tienen desperdicio.